Tras matar a Hasan Nasrala, ¿seguirá adelante Israel con su escalada en Líbano?

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La ofensiva de Israel en Líbano tras matar a Hassan Nasrallah

El 27 de septiembre por la noche, Israel lanzó uno de sus mayores ataques contra Líbano desde que decidió intensificar sus operaciones en el frente norte. El ataque, dirigido contra el mando central de Hezbolá en el barrio beirutí de Dahiya, consistió en intensos bombardeos desde el aire con los que arrasaron seis torres residenciales y asesinaron a Hasan Nasrala, el secretario general de Hezbolá. La organización confirmó su muerte en una declaración al día siguiente[1]. En los ataques murieron también otros dirigentes de Hezbolá, el subcomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y el comandante de la Fuerza Quds de la República Islámica en el Líbano, además de un número indeterminado de civiles.

Los cazas israelíes F-15I lanzaron más de 80 bombas "revientabúnkeres", cada una aproximadamente de una tonelada, sobre la hilera de edificios para destruirlos por completo y asegurarse de que no hubiese supervivientes. Aprovechando la confusión provocada por su ataque a la estructura de mando y control de Hezbolá, Israel procedió a continuación a efectuar una serie de incursiones en varias zonas de todo Líbano, con el consiguiente desplazamiento de miles de civiles.

Estas operaciones y el asesinato de Nasrala constituyen hasta la fecha el acontecimiento más trascendental en la escalada actual de Israel contra Líbano, la cual dio comienzo en julio y culminó el 23 de septiembre con el lanzamiento de la operación que Israel denominó Flechas del Norte[2]. Podría tratarse de un hecho precursor para una guerra de un alcance más amplio por parte de Israel, sobre todo en vista de la escasa reacción árabe, regional e internacional ante su ofensiva actual en Gaza y el Líbano.

Meses de escalada gradual

Al día siguiente de que Hamás pusiera en marcha el pasado mes de octubre la operación Inundación de Al-Aqsa contra la División Territorial de Gaza y otros emplazamientos militares y los asentamientos circundantes israelíes, Hezbolá anunció que procedía a abrir su propio frente de apoyo contra Israel. Desde entonces, tanto Israel como Hezbolá habían respetado unas normas de enfrentamiento específicas, con el intercambio de proyectiles de artillería con una penetración transfronteriza de entre 5 y 10 kilómetros y el desplazamiento de más de 60.000 israelíes y en torno a 110.000 libaneses a uno y otro lado de la frontera.

A pesar de que, desde entonces, Israel ha arrasado pueblos enteros a lo largo de la frontera libanesa y ha matado a muchos miembros y comandantes de Hezbolá, las normas de enfrentamiento han seguido vigentes, con algunas excepciones como el asesinato por parte de Israel de Saleh al-Arouri, vicepresidente del buró político de Hamás, también en Dahiya, en enero de 2024. A lo largo de ese periodo, Israel se ha cuidado de no ampliar su frente libanés mientras combatía al mismo tiempo con Hamás en Gaza y mantenía un buen número de sus efectivos —no menos de tres divisiones militares— en Cisjordania, un territorio también a punto de estallar. En cualquier caso, Israel se ha mostrado dispuesta a intensificar la escalada, máxime al saber que Hezbolá no parecía dispuesta a embarcarse en una guerra a gran escala.

La situación empezó a cambiar en julio, cuando se produjo un ataque con cohetes que mató a 10 niños en una escuela de la localidad drusa de Majdal Shams en el territorio sirio ocupado de los Altos del Golán, cuya autoría negó Hezbolá enérgicamente[3]. Sea como fuere, Israel aprovechó esta tragedia para cambiar las reglas del juego y alterar de manera radical el equilibrio de poder de la región. Lo cierto es que Israel habría tomado esta decisión con independencia de la justificación inmediata. En consecuencia, a finales de ese mismo mes, atacó en Dahiya a Fuad Shukr, comandante militar de Hezbolá, en lo que fue el primero de una serie de asesinatos de altos cargos del partido y de la mayoría de los miembros de su Consejo de la Yihad. Israel mató también a Ismail Haniyeh, presidente del Buró Político de Hamas, en julio, cuando se encontraba en Teherán para asistir a la toma de posesión del nuevo presidente iraní, Masoud Pezeshkian[4], y logró desbaratar lo que calificó de preparativos para la respuesta de Hamás al asesinato de Shukr mediante el bombardeo a gran escala de los lanzacohetes ubicados en el sur de Líbano.

Israel ha hecho todo lo que ha estado en su mano para deslegitimar y acallar la oposición mundial a esta guerra con el fin de eliminar cualquier cortapisa para su actuación militar. Esa oposición tampoco ha conseguido que se incremente el precio asequible que está pagando Israel por llevar a la práctica sus planes preconcebidos de ampliar los asentamientos ilegales y acabar con toda resistencia palestina en Cisjordania. Aprovechando el campo de batalla de Gaza, ha logrado avanzar en la ejecución del plan que ya tenía preparado para el Líbano. Ahora pretende acabar para siempre con su enfrentamiento con Hezbolá, o al menos obligar al grupo a desistir en lo tocante a Gaza, al mismo tiempo que modifica las reglas de enfrentamiento en su frontera septentrional para que Hezbolá deje de atacar los asentamientos israelíes del norte.

En la práctica, esta guerra empezó el 17 de septiembre, cuando Israel mató a docenas de personas e hirió a otras miles al hacer estallar dispositivos de comunicación que contenían explosivos, en lo que fue una operación que fue condenada ampliamente y, además de causar numerosas bajas de civiles, paralizó toda la red de comunicaciones de Hezbolá[5]. Por su parte, Hezbolá había recurrido a esos dispositivos de tecnología anticuada tras percatarse de que las comunicaciones por teléfono móvil eran susceptibles de ser interceptadas por las operaciones israelíes de piratería informática para localizar y atentar contra sus miembros y dirigentes. Al día siguiente del sabotaje de los buscas, Israel perpetró un ataque similar contra los walkie-talkies de Hezbolá. Estos ataques a través de dispositivos de comunicaciones constituyeron el mayor fallo de seguridad sufrido por Hezbolá desde su creación a principios de la década de 1980, y sirvieron de preludio a una intensificación de la escalada israelí. El 20 de septiembre, Israel asesinó a Ibrahim Aqil, el comandante de las operaciones especiales del grupo y miembro de su Consejo de Yihad que había asumido las responsabilidades de Shukr, junto a otros líderes de la unidad de élite Radwan de Hezbolá.

Israel justificó su escalada como una medida destinada a evitar la repetición de un ataque como el del 7 de octubre de Hamás en su frontera con Líbano. No obstante, en realidad no hacía más que asestar un golpe a la red de comunicaciones y la cadena de mando de Hezbolá para provocar una guerra a gran escala con el movimiento libanés. Tendría que haber sido evidente lo que planeaba Israel. Sin embargo, Hezbolá no cambió su estrategia en absoluto y mantuvo su determinación de evitar un conflicto regional, pese a que Israel le había declarado la guerra en la práctica. La organización aún no ha desplegado toda la fuerza de su arsenal de misiles y cabe la posibilidad de que Israel haya destruido una parte de ese arsenal antes de que pudiera ser utilizado. Mientras, la operación Flechas del Norte, que ha sido la campaña aérea más violenta que se ha vivido en Líbano desde 2006, ha hecho estragos en todo el país, desde la frontera sur con Israel hasta los pasos fronterizos del norte con Siria. La ofensiva llegó a su cénit el 27 de septiembre, con el asesinato de Nasrallah y la campaña de bombardeos a gran escala de Dahiya y otras zonas del país.

Plazos y objetivos de Israel

Desde finales de julio de 2024, Israel ha ido desplazando de manera evidente el centro de gravedad de sus operaciones militares desde la Franja de Gaza hacia el norte. Al principio, el objetivo principal parece haber consistido en intensificar la presión sobre Hezbolá para que se decantase por desentenderse de Gaza o embarcarse en una guerra a gran escala, pero Israel planteó otras condiciones para aceptar un alto el fuego, entre ellas la retirada de las unidades militares de Hezbolá, y en particular de la Fuerza Radwan, al norte del río Litani, de conformidad con la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad que supuso formalmente el final de la guerra en julio de 2006. Esa decisión podría dar pie a un alto el fuego de larga duración, y quizás a un acuerdo para delimitar la frontera terrestre con Líbano, similar al alcanzado en 2022 para determinar las fronteras marítimas.

Puede ser que, al dar muestras desde el principio de no tener interés en sumirse en una guerra abierta con Israel por motivos internos y regionales, Hezbolá haya animado sin darse cuenta a Israel a intensificar su ofensiva. El grupo parece haber calculado mal la firme determinación israelí de desencadenar una guerra a gran escala. El primer ministro Netanyahu podría haber optado por aprovechar la ocasión para desarrollar los objetivos de Israel, hasta el punto de emplear la guerra para provocar un cambio estratégico en el equilibrio de poder de la región. Según Herzi Halevi, jefe del Estado Mayor, Israel llevaba "años esperando esta oportunidad" de ajustar cuentas con sus distintos enemigos y transformar el panorama regional a su favor[6]. El pretexto llegó con el ataque del 7 de octubre y la evacuación temporal de aproximadamente 60.000 de sus ciudadanos del norte del país.

El 17 de septiembre, el gabinete de seguridad israelí hizo pública su decisión de añadir a sus objetivos de guerra preestablecidos el regreso de los residentes del norte, una lista que ya incluye eliminar a Hamás, liberar a los prisioneros y evitar que la Franja de Gaza vuelva a suponer una amenaza para Israel en el futuro. Con este objetivo en mente, emprendió una campaña militar a gran escala en el Líbano. Sin embargo, Netanyahu ha afirmado que solo un "cambio radical" en la frontera con Líbano serviría para que los israelíes volviesen al norte[7]. Por su parte, el ministro de Defensa, Yoav Galant, ha declarado que "la única manera de conseguir que los residentes del norte vuelvan a su casa es recurrir a la fuerza militar"[8].

Es importante reconocer el papel del "frente de apoyo" de Hezbolá para mantener la moral alta en medio de la impotencia, el silencio, la incitación sectaria e incluso la complicidad de algunos países árabes. 

Sin embargo, Israel sigue adelante con su campaña genocida y rechaza de plano cualquier alto el fuego, actitud muy alejada de la de un bando derrotado. En ese sentido, centrarse en los fracasos de Israel en Gaza, exagerar las "victorias" de la resistencia o ensalzar en exceso las repercusiones militares de los misiles disparados desde Yemen o el Líbano —celebrados a menudo con independencia de si alcanzan o no su objetivo— puede ocultar el hecho de que, para Israel, los acontecimientos actuales brindan la oportunidad de llevar a la práctica sus planes en Gaza, Cisjordania y el Líbano.

Varios hechos han confirmado la percepción de Israel de que Irán se encuentra en una posición endeble a nivel interno y regional, y de que abandonaría a Hezbolá a su suerte en caso de guerra a gran escala. El indicio más claro en ese sentido fueron las reticencias de Irán a la hora de responder al asesinato de Haniyeh en Teherán. Además, Pezeshkian, el nuevo presidente iraní, ha hecho declaraciones que sugieren que Irán no tiene ningún interés en una confrontación con Israel y que pretende negociar con Occidente para solventar la crisis nuclear[9]. El deseo de Israel de persistir en su campaña contra Hezbolá quedó reforzado por la débil respuesta del grupo al asesinato de Shukr, por aquel entonces su oficial militar de mayor rango. El propio Nasrala señaló que el grupo daba por concluida la respuesta al asesinato de Shukr con un ataque contra el norte de Israel e instó a la población libanesa de las localidades fronterizas a volver a su casa. Como muestra de que el ataque había sido meramente simbólico, Israel negó la afirmación de Hezbolá de que los misiles habían alcanzado la base de Glilot, donde se encuentra la Unidad 8200 de Inteligencia y Vigilancia[10].

Esta circunstancia parece haber reforzado la impresión de Israel de que, después de los grandes golpes recibidos en las últimas semanas, la organización libanesa se encontraba debilitada y pretendía evitar la confrontación a toda costa. Ese fue el motivo que animó al Ejército israelí a seguir adelante con sus ataques a dirigentes de Hezbolá, ascendiendo por la cadena de mando hasta llegar al asesinato de Nasrala. Lo que ha quedado claro en los dos últimos meses es que el primer ministro Netanyahu y su gobierno se sienten libres para actuar sin restricciones. La débil reacción a nivel regional e internacional ante su genocidio en Gaza durante el último año, la ineficacia de las protestas multitudinarias en Israel para exigir un alto el fuego que garantice la liberación de los rehenes en Gaza y la preocupación de sus valedores estadounidenses por las elecciones presidenciales de noviembre no han hecho más que apuntalar la confianza de Israel. El Gobierno israelí ha aprovechado estos factores para proseguir con su estrategia a pesar de las advertencias en torno al riesgo de desencadenar una guerra regional total, lanzando de hecho una operación militar a gran escala contra Hezbolá que entraña el peligro de convertir a Líbano en una nueva Gaza.

El discurso pronunciado por Nasrala el 19 de septiembre, al día siguiente de la explosión de los dispositivos de comunicación del grupo, hizo hincapié en que los residentes israelíes de las ciudades del norte no volverían a sus hogares sin que hubiese un alto el fuego en Gaza. Es posible que esta afirmación fuera el detonante para que Israel decidiese atacarlo a él personalmente. La oportunidad llegó el 27 de septiembre. Israel sabía que acudiría a una reunión en Dahiya, igual que conocía otras reuniones de dirigentes con consecuencias funestas, por lo que vigiló su llegada.

Netanyahu, que dio la orden de matarlo mientras se encontraba en Nueva York para dirigirse a las Naciones Unidas, estaba pendiente de que Israel aprovechara cualquier oportunidad que surgiese de asesinar a Nasrala.

Implicaciones del asesinato de Nasrala

No cabe duda de que el ataque al centro de mando de Hezbolá y el asesinato de su secretario general son el mayor golpe recibido por el grupo desde su fundación en 1982. La personalidad de Hasan Nasrala iba más allá de su posición de líder de Hezbolá: incluso sus rivales reconocían que se trataba de una figura popular y carismática con gran influencia en la región. Tras la muerte en 2020 de Qasem Soleimani, líder de la Fuerza Al Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Nasrallah se convirtió en el director de operaciones de facto del 'Eje de la Resistencia'. Fue asesinado en una batalla por la causa palestina, una cuestión que muchos árabes sienten como propia. Ya hay precedentes: Hezbolá se repuso del asesinato en 1992 de su antiguo secretario general, Abbas al Musawi. En ese sentido, aunque parece poco probable que vaya a suponer la desintegración del grupo, la desaparición de la figura de Nasrallah de la escena libanesa y regional tendrá grandes repercusiones para Hezbolá, para Líbano y para toda la región.

Hezbolá debería haber dedicado más tiempo a analizar la evolución de los acontecimientos desde la guerra de 2006, un acto de resistencia y de victoria política que confundió equivocadamente con una victoria militar. Por su parte, Israel aprendió la lección en 2006 y puso en marcha el sistema antimisiles Cúpula de Hierro para hacer frente a Hamás, Hezbolá y otras amenazas. Destinó todo el tiempo del mundo a recabar datos de Inteligencia, a infiltrarse en Hezbolá, a desarrollar la tecnología necesaria para hacer un seguimiento de sus dirigentes y a penetrar en sus redes a través de herramientas de seguimiento y de reconocimiento facial y de voz, por poner algún ejemplo. Entre tanto, Hezbolá se distrajo con la intervención sin justificación moral en Siria que, desde el punto de vista militar, fue bastante primitiva y no contribuyó a desarrollar sus capacidades militares. Además, esta intervención dividió a la opinión pública árabe y puso a mucha gente en contra de Hezbolá, grupo que hasta entonces había disfrutado de un amplio respaldo público pese a la hostilidad oficial de las autoridades árabes. Al participar en operaciones junto a los regímenes sirio e iraní, Hezbolá se expuso a fuerzas que habían sido infiltradas. En consecuencia, las normas de esta guerra han sido completamente distintas de las de 2006, enfrentamiento en el que, a pesar de no conseguir de por sí una victoria militar, Hezbolá hizo retroceder a los soldados israelíes oponiendo una dura resistencia. La sensación ilusoria de fuerza y el exceso de confianza son en parte culpables de la crisis actual.

Lo más probable es que Hezbolá se encargue en los próximos días de reorganizarse y reconstruir su estructura de liderazgo, además de hacer frente a las numerosas brechas de seguridad. Mientras, Israel proseguirá con su ofensiva en Líbano, impondrá un asedio al aeropuerto de Beirut y a los puertos y pasos fronterizos terrestres del país y se esforzará por agotar al máximo a Hezbolá. También intentará debilitar la posición interna de Hezbolá en el Líbano, aprovechando la dinámica generada por su ataque en Dahiya.

No obstante, Israel también esperará a la respuesta por parte de Hezbolá e Irán a su agresión reciente, acción que determinará el rumbo del conflicto actual. Si Irán opta por no responder como sí hizo tras el asesinato de Ismail Haniyeh en Teherán, se arriesga a dejar a Hezbolá a su suerte frente a Israel. Por su parte, Israel, que considera a Hezbolá la amenaza militar más peligrosa a la que se enfrenta por su proximidad y por el tamaño de su arsenal de misiles, ve en esta situación la oportunidad de debilitar aún más las capacidades militares del grupo. La ausencia de una respuesta por parte de Irán animaría también a Israel a atacar en otro momento las instalaciones nucleares y el programa de misiles iraníes, puesto que el debilitamiento de Hamás y Hezbolá despojaría a Irán de los elementos disuasorios que Irán se ha esforzado por plantarle delante a Israel en las últimas décadas, con lo que el país quedaría completamente expuesto. Además, las dudas iraníes a la hora de responder minarían aún más la confianza de sus aliados, lo que en la práctica equivaldría al desmantelamiento del 'Eje de la Resistencia' y obligaría a Irán a replegarse sobre sí mismo, que no es sino el objetivo último de Israel.

Conclusiones

El asesinato de su secretario general durante el ataque a su centro de mando supone un duro golpe para Hezbolá. Netanyahu intentará sacar partido de esta victoria para compensar sus fracasos en Gaza, un año después de la guerra genocida con la que no ha alcanzado ninguno de sus objetivos declarados. El primer ministro israelí podría seguir apoyándose en la dinámica actual para intentar cosechar victorias políticas frente a sus oponentes y aliados dentro de su coalición de gobierno y aumentar su popularidad entre la opinión pública. En los próximos días, seguirá aumentando la presión sobre Hezbolá para que elija entre, por un lado, desentenderse del frente de Gaza, rendirse y retirarse al norte del río Litani o, por el otro, seguir luchando.

El Ejército israelí también seguirá asestando golpes a Hezbolá para debilitarla, contexto en el que cabría incluir una operación terrestre de corto alcance para acotar una zona de seguridad en la frontera con el Líbano. Ahora bien, ese paso equivaldría a que Hezbolá hubiese arrastrado a Netanyahu allá donde le gustaría tenerlo y donde la organización es más fuerte: a la lucha en su propio territorio.

Sea cual sea el caso, los enfrentamientos activos en Gaza y en Líbano amenazan con reconfigurar el panorama regional y tendrán consecuencias de amplio calado para Israel.

* Este trabajo fue publicado originalmente por el Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS). Puede consultarse aquí. 

Las ideas expresadas en este Análisis corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.

Crédito de imagen: ACRPS


Notas y referencias

[1] "Hezbolá anuncia el martirio de su Secretario General Hassan Nasrala", Al-Araby Al-Jadeed, 28/09/2024, consultado el 29/09/2024 (original en árabe), en: https://acr.ps/1L9zPbR

[2] "La ocupación llama 'Flechas del Norte' a su agresión al Líbano", X, Al-Araby Al-Jadeed, 23/09/2024, consultado el 29/9/2024 (original en árabe), en: https://acr.ps/1L9zP2C

[3] "Misil desconocido... 7 preguntas sobre el incidente de Majdal Shams", Al-Jazeera, 28/7/2024, consultado el 29/09/2024 (original en árabe), en: https://acr.ps/1L9zOPE

[4] "¿Guerra regional o última oportunidad para un alto el fuego? Posibles consecuencias del asesinato de Ismael Haniyeh", Evaluación de la Situación, Arab Center for Research and Policy Studies, 01/08/2024, (original en inglés) consultado el 29/9/2024, en: https://acr.ps/1L9zPaQ

[5] "Israel intensifica el conflicto con sus ataques contra los dispositivos de comunicación de Hezbolá", Evaluación de la Situación, Arab Center for Research and Policy Studies, 22/09/2024, (original en inglés) consultado el 29/09/2024, en: https://acr.ps/1L9zP8A

[6] "Llevamos años esperando esta oportunidad", dice el jefe del Estado Mayor israelí, Sarajevo Times, 27/09/2024, (original en inglés) consultado el 29/09/2024, en: https://acr.ps/1L9zOqp

[7] "El israelí Netanyahu exige un 'cambio radical' en la frontera con Líbano", Middle East Monitor, 17/09/2024, (original en inglés) consultado el 29/09/2024, en: https://acr.ps/1L9zOWP

[8] Ibid.

[9] "Irán confirma sin ambages su intención de reavivar la diplomacia con Occidente", MD East News Arabic, 25/09/2024, (original en árabe) consultado el 29/09/2024, en: https://acr.ps/1L9zOZG

[10] "Discurso del secretario general de Hezbolá en el Líbano, Hasan Nasrala, sobre la respuesta al asesinato de Fuad Shukr", Al Jazeera, YouTube, 25/08/2024, (original en árabe) consultado el 29/09/2024, en: https://acr.ps/1L9zOys; "Israel y Hezbolá: ¿nueva escalada o fin del enfrentamiento?", Deutsche Welle Arabic, (original en árabe) 25/08/2024, consultado el 29/09/2024, en: https://acr.ps/1L9zOno

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