Mientras continúan los ataques israelíes contra Gaza, el Gobierno de Joe Biden se afana en confeccionar escenarios para su futuro tras la guerra. Si bien los Estados Unidos e Israel coinciden en el objetivo de neutralizar la capacidad militar de Hamás y poner fin a su control sobre Gaza, difieren en su visión de la que debería ser la situación de la Franja tras la guerra y el futuro de un Estado palestino. Todo esto ha dado lugar a que surjan tensiones entre ambas partes.
La visión estadounidense de la "paz"
Habida cuenta de los más de tres meses de guerra en Gaza, y los brutales y continuos ataques de Israel contra la población civil —así como del nivel de destrucción, que ha hecho de la Franja un territorio inhabitable—, el Gobierno de Biden comenzó a buscar soluciones políticas para hacer frente a las presiones locales y a los crecientes esfuerzos internacionales por detener las hostilidades y encontrar una solución al conflicto. La visión estadounidense se basa en la premisa de que no hay solución militar posible para Hamás[1], como tampoco un planteamiento realista de cuál podría ser la situación tras la guerra. Es más, Israel no ha propuesto una fórmula que garantice los derechos de los palestinos, Por tanto, lo acontecido el 7 de octubre de 2023 terminará por repetirse en algún momento.
Dicha visión —ideada y promocionada por el responsable de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Brett McGurk— pasa por que Arabia Saudí firme un acuerdo de paz con Israel para normalizar las relaciones entre ambas partes y, posteriormente, se sume a otros países del Golfo para la reconstrucción de Gaza tras la guerra[2]. A cambio, Israel tendría que aceptar un alto el fuego y permitir que un nuevo Gobierno palestino gestionara conjuntamente Cisjordania y la Franja de Gaza, lo que dejaría a Israel una "influencia limitada" sobre ambas zonas y abriría una vía política para la creación de un Estado palestino. McGurk ha señalado que el visto bueno de Israel a este plan permitiría a los dirigentes saudíes "vender" el acuerdo de normalización a la opinión pública saudí (que, según una encuesta realizada por el ACRPS[3] se opone mayoritariamente a la normalización de las relaciones) so pretexto de que favorece a los palestinos. El plan propone un plazo de 90 días desde el momento en que Riad y Tel Aviv acuerden el fin de los combates en la Franja de Gaza y refleja los cálculos electorales de Biden. De hecho, se refiere al que sería el primer acuerdo entre Arabia Saudí e Israel como "Pacto Jerusalén-Yeda", lo que sugiere que Biden tiene previsto viajar más tarde a la región para supervisar la firma del acuerdo y valerse de él para ganar un segundo mandato presidencial[4].
Al parecer, la reciente visita de Antony Blinken a la región tenía como principal objetivo promover este plan, algo que el propio Secretario de Estado confirmó en varias capitales árabes y en Tel Aviv durante su viaje. Las líneas generales de la estrategia estadounidense para el futuro de Gaza tras la guerra pueden resumirse en los siguientes puntos:
1. Normalizar las relaciones entre Arabia Saudí e Israel a cambio de promesas de un futuro Estado palestino
En relación con esta cuestión, el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, declaró que la "la estrategia tras el 7 de octubre es buscar una normalización de las relaciones [entre Israel y Arabia Saudí] condicionada a un futuro político para los palestinos"[5]. La propuesta de Sullivan hacía hincapié en la aplicación de cuatro principios tras el acuerdo, a saber: "Cese permanente de los ataques terroristas desde Gaza contra Israel; paz entre Israel y los países árabes de la región; un Estado para los palestinos; y garantías de seguridad para Israel"[6]. Según responsables estadounidenses, la visita de Blinken a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Qatar antes de dirigirse a Israel en su último viaje a la región tenía por objetivo recabar el respaldo de dichos países al plan y presentar a Netanyahu una propuesta árabe unificada para el escenario posterior a la guerra[7]. En sus declaraciones en Tel Aviv el 9 de enero de 2024 Blinken fue claro: "Si Israel quiere que sus vecinos árabes tomen las decisiones difíciles que hacen falta para ayudar a garantizar una seguridad duradera, los líderes israelíes tendrán que tomar también las suyas"[8]. A esto añadió que "muchos países de la región [...] han expresado que, para poner fin de una vez por todas al ciclo de violencia que terminará por repetirse en algún momento en el futuro, es fundamental que los palestinos puedan ejercer sus derechos políticos", subrayando que "esto solamente puede conseguirse mediante un enfoque regional que incluya una vía hacia un Estado palestino"[9]. En El Cairo, Blinken afirmó que "construir esa integración, contar con Israel, asumir los compromisos necesarios en materia de seguridad y avanzar hacia la creación de un Estado palestino es la mejor manera de aislar y marginar a Irán y a aquellos de sus grupos afines que tantos problemas nos están causando a nosotros y a casi todo el mundo en la región"[10].
2. Reformar e impulsar la Autoridad Palestina
"Para 'revitalizar' la Autoridad Palestina hace falta encontrar a 'alguien' distinto a Mahmud Abbas, pero muy, muy similar a él en casi todos los demás aspectos', en especial en sus vínculos con Israel y los Estados Unidos"[11]. Muchos habrán tenido aquí un déjà vu de la situación de 2002 y 2003, cuando la política palestina se rediseñó para restar poder al entonces líder palestino Yaser Arafat.
Este proceso de "rediseño" fue erosionando la autoridad del difunto presidente y terminó con el propio Abbas ocupando el cargo vacante. El Gobierno de Biden pretende reforzar el poder de la Autoridad Palestina —que coopera estrechamente con Israel y los Estados Unidos en el control de Cisjordania— y convencer a Israel de la capacidad de esta autoridad "moderna" para asumir la responsabilidad de gobernar la Franja de Gaza tras el fin de la guerra y, más adelante, unificarla con Cisjordania bajo un liderazgo palestino. Según fuentes del Gobierno estadounidense, "los líderes árabes han mostrado su voluntad de comprometerse con su eventual papel en la transición hacia una Autoridad Palestina "revitalizada" que incorpore caras nuevas y más jóvenes al Gobierno encabezado por el casi nonagenario presidente Mahmud Abbas"[12].
Por otro lado, Blinken ha exigido que Israel "deje de emprender acciones que socaven la capacidad de los palestinos para gobernarse a sí mismos de manera eficaz", puntualizando que "la violencia extremista e impune de los colonos, la expansión de los asentamientos, las demoliciones y los desalojos no solamente no facilitan, sino que complican, que Israel alcance una paz y seguridad duraderas"[13]. Además, ha insistido en que Israel desbloquee los ingresos de la Autoridad Palestina para que "pueda pagar tanto a su personal, que está presentado servicios esenciales y realizando un trabajo vital en Cisjordania, como a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, que desempeñan un papel muy importante en el intento de mantener la paz, la seguridad y la estabilidad en Cisjordania, lo que favorece enormemente los intereses de Israel"[14].
Desafíos a los que se enfrenta el plan estadounidense
Durante la operación del 7 de octubre y el estallido de la guerra, McGurk (junto con Amos Hochstein) se encontraban trabajando en el proceso de normalización de las relaciones entre Arabia Saudí e Israel. Evidentemente, la prioridad era reactivar el proceso de normalización, y no ocuparse de una cuestión palestina que pretenden marginar. Sea como fuere, el plan de McGurk para el futuro de los palestinos tras la guerra de Gaza se enfrenta ahora a muchos desafíos, entre los cuales destacan los siguientes:
1. La ausencia de consenso en la Casa Blanca
El Gobierno de Biden ha adoptado oficialmente el enfoque de McGurk, donde Blinken ve "una extraordinaria y hasta ahora inédita oportunidad de regionalizar Oriente Medio y convertirlo en el Gran Oriente Medio"[15]. En cambio, dicho enfoque contempla cualquier solución a la cuestión palestina como un resultado de la normalización de las relaciones árabe-israelíes —y no como una condición previa— y, además, carece de consenso dentro de la Casa Blanca. Algunos mandatarios estadounidenses opinan que los acuerdos regionales adoptados por el Gobierno de Trump alimentaron la ira y la rabia palestinas que terminaron expresándose en la Operación Inundación de Al-Aqsa. Aun dando por hecho que la iniciativa cuente con el apoyo de algunos países árabes, dudan de que la Autoridad Palestina vaya a aceptar este proceso de "rediseño", y advierten de que la frustración palestina ante este enfoque podría desembocar en más violencia, sobre todo teniendo en cuenta que la falta de credibilidad de Biden ante los palestinos viene de antes de la guerra. El presidente perdió su confianza al no lograr revertir algunas decisiones de Trump[16], como el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, el traslado de la embajada estadounidense a dicha ciudad y la cancelación de la misión diplomática palestina en Washington.
2. El rechazo israelí
En cualquier caso, el principal obstáculo al que se enfrenta el plan McGurk es la postura israelí. Netanyahu y su Gobierno ultraderechista rechazan la mayoría de los aspectos del plan, incluida la propuesta de crear un Estado palestino y la idea de que la Autoridad Palestina controle la Franja de Gaza. Hasta ahora, el primer ministro y su gabinete se han negado a atender la demanda estadounidense de contener a los colonos extremistas en Cisjordania y reducir la intensidad de las operaciones militares en la Franja para limitar el número de víctimas civiles palestinas y permitir que llegue más ayuda humanitaria a la población.
Durante la conversación telefónica que Biden mantuvo con Netanyahu el 23 de diciembre de 2023, el Gobierno estadounidense se encontró con un rotundo rechazo del Gobierno israelí a estas peticiones[17]. Desde entonces, Netanyahu ha seguido ignorando cualquier propuesta estadounidense que no esté relacionada con el apoyo militar y político de los Estados Unidos a Israel debido a que Washington ha expresado su oposición al establecimiento de un Estado palestino como parte de cualquier solución posterior a la guerra. El primer ministro israelí así lo corroboró al decir que "[Israel] debe controlar la seguridad de todo el territorio al oeste del río Jordán" y subrayar: "Esto es lo que deben saber nuestros amigos estadounidenses, que deben renunciar a intentar coaccionarnos para que aceptemos una realidad que pondría en peligro al Estado de Israel"[18]. Netanyahu prometió ratificar esta postura tras una llamada telefónica con el presidente Biden (el 19 de enero de 2024), contradiciendo así las declaraciones del presidente estadounidense, que más tarde afirmaría que "Netanyahu no se opuso a la solución de dos Estados durante la conversación"[19].
Algunos responsables del Gobierno de Biden y el Partido Demócrata acusan a Netanyahu de anteponer sus intereses políticos a los intereses estratégicos de Israel, a los intereses de los Estados Unidos y a los intereses del propio Biden, quien tras la operación Inundación de Al-Aqsa se ha comprometido a proporcionar a Israel un apoyo sin precedentes pese a la posibilidad de que hacerlo perjudique sus opciones de reelección. Otra de sus reclamaciones es que Netanyahu se muestra "más dispuesto a escuchar" a los ministros extremistas de su Gobierno —concretamente a Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich— que al presidente de los Estados Unidos[20].
Al desafío de Netanyahu a Washington en cuestiones como el Estado palestino y el control futuro sobre Gaza se suman las reticencias de la cúpula militar israelí a atender la petición estadounidense de desescalar las operaciones militares en la Franja y reducir el número de las bajas civiles, una postura que comparten los ministros israelíes que Netanyahu considera candidatos a cooperar con Washington, entre ellos el titular de Defensa Yoav Gallant. Antes de la reciente visita de Blinken a Tel Aviv, Gallant presentó una propuesta para la situación de la Franja de Gaza tras la guerra que no implica el desplazamiento forzoso de palestinos, pero que desoye todas las demás demandas estadounidenses. Según esta propuesta, Israel no controlaría a los civiles de Gaza, pero asumiría la responsabilidad de las "partes palestinas" encargadas de hacerlo. Estas entidades palestinas no son la Autoridad Palestina en su forma actual ni la "nueva" Autoridad Palestina que resultaría de la propuesta estadounidense, sino "comités civiles" locales no hostiles hacia Israel (¡como las tribus!) creados a la usanza de las "relaciones a nivel de pueblos" que Israel intentó establecer en Cisjordania en la década de 1980. El plan de Gallant estipula, además, que Israel se reserva el derecho de emprender acciones militares y de seguridad dentro de la Franja de Gaza siempre que lo considere necesario, otra similitud con la realidad aún vigente en Cisjordania. Por lo tanto, Israel seguirá controlando las fronteras de Gaza, lo que impedirá la visión de Washington de crear un Estado palestino[21].
Conclusión
La estrategia del Gobierno de Biden sobre qué debe ocurrir tras el final de la guerra en Gaza está fuera del foco público y carece de un plan de implementación. Por un lado, es probable que no se pueda convencer a los ministros más extremistas de Israel, sobre todo porque el propio Netanyahu —que lucha por mantenerse en el cargo— es rehén de las tendencias ultras y chovinistas de los miembros de su gabinete. No está, por tanto, alineada con los intereses de Biden, quien se juega su futuro político. Como dijo un responsable estadounidense, Biden y su Gobierno están "suplicando a la coalición de Netanyahu y llevándose solamente una bofetada tras otra"[22]. Por otro, las promesas vacías sobre el establecimiento de un Estado palestino independiente en el futuro no apaciguarán a un pueblo palestino que ha realizado duros sacrificios y mostrado una feroz resistencia y que exigirá que sus esfuerzos se compensen con soluciones tangibles e inmediatas, como deberían hacer también el resto de países árabes.
Publicado originalmente por el Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS). Puede consultarse aquí.
Las ideas expresadas en este documento corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.
Crédito de imagen: Shutterstock / OogImages
Notas y referencias
[1] Andrea Mitchell, "Crecen las fricciones entre Biden y el primer ministro israelí Netanyahu" (original en inglés), NBC News, 17/01/2024, consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/3y37csf2
[2] Akbar Shahid Ahmed, "Un alto cargo de Biden impulsa un plan urgente para el futuro de Gaza tras la guerra que hace saltar las alarma entre algunos expertos" (original en inglés), Huffington Post, 13/01/2024, consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/2fdynvht
[3] The Arab Center for Research and Policy Studies, Public Opinion Polling Unit, "La opinión pública árabe sobre la guerra israelí contra Gaza" (original en inglés), enero de 2024, consultado el 23/01/2024 en: https://www.dohainstitute.org/en/Lists/ACRPS-PDFDocumentLibrary/arab-opinion-war-on-gaza-full-report-en.pdf
[4] Ahmed.
[5] Barak Ravid, "Sullivan: la estrategia de Estados Unidos para el escenario posterior a la guerra de Gaza condiciona el acuerdo de paz entre Arabia Saudí e Israel a la solución de los dos Estados" (original en inglés), Axios, 16/01/2024, consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/5hf7k9zk
[6] Ibid.
[7] Mitchell.
[8] "El secretario Antony J. Blinken en una rueda de prensa" (original en inglés), Departamento de Estado de los Estados Unidos, 09/01/2024, consultado el 23/01/2024, disponible en http://tinyurl.com/yxn39xh7
[9] Ibid.
[10] "Notas del secretario Blinken para la prensa" (original en inglés), Departamento de Estado de los Estados Unidos, 11/01/2024, consultado el 23/01/2024, disponible en http://tinyurl.com/w6wvdz5w
[11] Ahmed.
[12] John Hudson, "El optimismo de Blinken sobre el escenario en Gaza tras la guerra se topa con escepticismo en Oriente Medio" (original en inglés), The Washington Post, 11/01/2024, consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/2jjahz4h
[13] "Declaraciones del Secretario de Estado Antony J. Blinken en rueda de prensa".
[14] Ibid.
[15] Mitchell.
[16] Ahmed.
[17] Laura Kelly, "Biden habla con Netanyahu después de que líder israelí rechace la idea de un Estado palestino" (original en inglés), The Hill, 19/01/2024, consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/kmn6yc9n
[18] Najib Jobain, Josef Federman y Jack Jeffery, "Netanyahu afirma haber manifestado a los Estados Unidos su oposición a un Estado palestino en cualquier escenario posterior a la guerra" (original en inglés), The Associated Press, 19/01/2024, consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/4eh6wd2h
[19] Andrea Shalal, "Biden afirma que Netanyahu no se opone a todas las soluciones de dos Estados para los palestinos", Reuters, 19/01/2024, (original en inglés) consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/2xj6tk9y
[20] Barak Ravid, "A Biden se le 'agota' la paciencia con Netanyahu cuando se cumplen 100 días de guerra en Gaza", Axios, 14/01/2024, (original en inglés) consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/4shpne6h
[21] Assiya Hamza, "El futuro de Gaza tras la guerra: 'la Autoridad Palestina no está en condiciones de gobernar'" (original en inglés), France 24, 14/01/2024, consultado el 23/01/2024 en: http://tinyurl.com/3rt8fmsx
[22] Ravid.