"Furia Épica": los contradictorios objetivos bélicos de Washington en Irán

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Washington (Estados Unidos), 18/02/2026.- El presidente estadounidense Donald Trump gesticula antes de intervenir en una recepción con motivo del Mes de la Historia Negra en el Salón Este de la Casa Blanca en Washington, DC, EE. UU., el 18 de febrero de 2026. El evento tiene lugar menos de dos semanas después de que la cuenta del presidente en Truth Social compartiera un vídeo en el que se representaba al expresidente Barack Obama y a la exprimera dama Michelle Obama como simios, una publicación que la Casa Blanca atribuyó posteriormente a un miembro del personal después de que fuera denunciada como racista. EFE/EPA/JIM LO SCALZO / POOL

El 28 de febrero de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump anunció el lanzamiento de una operación militar conjunta entre Estados Unidos e Israel, denominada "Furia Épica", contra Irán. En menos de 24 horas, el ataque había provocado el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jameneí, junto con varios de sus principales colaboradores, y la destrucción de numerosas bases e instalaciones militares y de seguridad. Irán, seguido por sus aliados en Irak y Líbano, respondió con una serie de ataques contra Israel y las bases e intereses estadounidenses en toda la región, así como contra las instalaciones de producción de petróleo y gas en los Estados del Golfo. Aunque el objetivo declarado del ataque conjunto es la destrucción de los programas nucleares y de misiles de Irán, el presidente Trump sugirió en un discurso grabado al inicio de la operación que su objetivo más amplio es provocar un cambio de régimen en Irán, sin especificar cómo se podría lograr. En consecuencia, y dadas las declaraciones de Trump de que la operación podría durar entre cuatro y cinco semanas y requerir el despliegue de tropas terrestres estadounidenses, parece aumentar la probabilidad de una guerra prolongada, lo que eleva el riesgo de que la actual escalada empuje a la región hacia un estado de inestabilidad total. Mientras tanto, la destrucción sistemática de la infraestructura militar y civil de Irán, llevada a cabo a la vista de todo el mundo, señala el ascenso de la lógica de la fuerza.

Objetivos poco claros

Mientras que los objetivos de Israel en la guerra contra Irán parecen más claros —a saber, derrocar al régimen y provocar un estado de desorden en Irán, en lugar de limitarse a destruir su programa nuclear, frenar su capacidad para fabricar misiles balísticos o desmantelar sus alianzas regionales—, los objetivos de Estados Unidos parecen menos definidos y más incoherentes. Esto se debe en gran medida a las declaraciones contradictorias del presidente estadounidense Donald Trump.

Al anunciar el inicio de los ataques militares contra Irán, Trump dijo que su objetivo declarado era "defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní", sin especificar la naturaleza de dichas amenazas. También afirmó que Estados Unidos no permitiría que Teherán adquiriera armas nucleares y que destruiría su capacidad misilística y desmantelaría sus "milicias terroristas" en la región que amenazan a Estados Unidos y a sus aliados. Aunque estos tres objetivos parecían claramente articulados en su discurso, Trump también insinuó su deseo de un cambio de régimen cuando pidió al pueblo iraní que tomara el control de las instituciones de su país, sugiriendo que esta "probablemente será su única oportunidad en generaciones"[1].

Sin embargo, las dudas que rodean la posibilidad de derrocar al régimen iraní solo con ataques aéreos plantean interrogantes sobre la seriedad de esta propuesta. La situación se volvió aún más confusa el segundo día de los ataques, cuando el presidente estadounidense declaró que había acordado mantener conversaciones con un "nuevo liderazgo iraní" que podría ser nombrado pronto, sin dar más detalles. En una entrevista con The Atlantic, así como en declaraciones a un periodista de ABC News, Trump dijo que no podía especificar cuándo podrían tener lugar esas conversaciones, señalando que algunos de los iraníes que se habían considerado posibles alternativas habían muerto en los bombardeos[2].

Además, ha surgido un desacuerdo dentro de la Administración estadounidense en cuanto al calendario de las operaciones militares. Si bien el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habló inicialmente de una guerra que podría durar entre cuatro y cinco semanas, más tarde declaró que "Sea cual sea el tiempo que dure, no importa. Lo que sea necesario".[3] Esta postura contradice las declaraciones realizadas solo unas horas antes por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, quien "rechazó las sugerencias de que Irán podría convertirse en el Irak de Trump, y prometió que no se convertiría en una guerra 'sin fin"[4]. Para añadir más confusión, Trump insinuó la posibilidad de desplegar tropas estadounidenses dentro de Irán[5], a pesar de haber criticado repetidamente a sus predecesores por enredarse en conflictos prolongados y de haber prometido durante sus campañas electorales de 2016 y 2024 poner fin a la era de las "guerras eternas".

Aunque Hegseth negó que Estados Unidos hubiera atacado Irán con el objetivo de derrocar al régimen, Trump habría llamado a los líderes kurdos en Irak para discutir el curso y los objetivos de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, aparentemente en un intento de utilizar las fuerzas kurdas en operaciones terrestres dentro del territorio iraní. Los grupos kurdos cuentan con miles de combatientes desplegados a lo largo de la frontera entre Irán e Irak y controlan zonas estratégicas que podrían cobrar cada vez más importancia a medida que avancen las operaciones militares[6]. Según medios de comunicación estadounidenses, estas conversaciones se produjeron tras meses de contactos entre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y los líderes kurdos de la región. Según dichas informaciones, Netanyahu espera que los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel faciliten el paso de miles de combatientes kurdos de la oposición desde Irak a Irán, lo que debilitaría el control territorial del régimen y abriría la puerta a levantamientos populares que podrían conducir a su colapso. Sin embargo, la oposición de Turquía, aliada de Estados Unidos, así como la percepción kurda de que Washington tiende a utilizarlos solo para abandonarlos en momentos críticos, plantean importantes retos a esta línea de actuación. Fuentes estadounidenses han confirmado que dichos contactos tuvieron lugar, afirmando que "el presidente está hablando con todo el mundo. Está hablando con los líderes kurdos. Ha hablado con [el presidente turco, Recep Tayyip] Erdogan"[7].

Pretextos cambiantes

El razonamiento de Washington para la guerra ha cambiado notablemente, lo que refleja una debilidad subyacente, no solo porque se basa en falsedades, sino también porque la Administración parece subestimar la opinión pública. En cambio, asume que los llamamientos al instinto y a la emoción tienen más resonancia política que las justificaciones racionales. Aunque Irán mantiene una retórica hostil hacia Estados Unidos, no constituye una amenaza militar directa para este. Por esta razón, Washington, bajo sucesivas administraciones demócratas y republicanas, ha seguido durante décadas una política de contención de Irán y de intento de modificar su comportamiento, en lugar de derrocar su régimen. Incluso ha habido momentos de cooperación limitada en los que los intereses de ambas partes convergieron durante la invasión estadounidense de Afganistán en 2001, la invasión de Irak en 2003 y, más tarde, en la guerra contra el autoproclamado Estado Islámico entre 2014 y 2017. Aunque las relaciones entre ambos países sufrieron ocasionales fricciones militares —como el fallido intento de rescatar a los rehenes de la embajada estadounidense en Teherán en 1980 y la "guerra de los petroleros" en la década de 1980—, esta relación siguió estando limitada por un techo que impedía la escalada hacia un enfrentamiento militar a gran escala con un país de aproximadamente noventa millones de habitantes.

Cuando la primera Administración de Donald Trump asesinó a Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, en un ataque cerca del aeropuerto de Bagdad en 2020, la respuesta iraní fue calculada y limitada. Incluso cuando Trump se retiró del acuerdo nuclear de 2015 concluido por la Administración de Barack Obama con Irán, sus esfuerzos se centraron en negociar un acuerdo nuclear más estricto, recurriendo a la acción militar solo en 2025, cuando Estados Unidos se unió a Israel en su ataque contra Irán y bombardeó las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán.

Sin embargo, la última campaña militar de Trump contra Irán —y su llamamiento a los iraníes para que derroquen a su régimen y tomen el control de las instituciones estatales— señala un cambio significativo en su enfoque durante su segundo mandato[8]. Este cambio puede reflejar en parte lo que él percibe como un éxito al alterar el comportamiento del régimen venezolano después de que las fuerzas especiales estadounidenses secuestraran al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa en el corazón de Caracas. Sin embargo, Irán difiere fundamentalmente de Venezuela, y entrar en conflicto directo con él conlleva riesgos geopolíticos mucho mayores. Por lo tanto, Trump asumirá las consecuencias de su apuesta por una campaña aérea a gran escala capaz de producir resultados políticos decisivos sobre el terreno[9]. También será directamente responsable de las bajas estadounidenses en esta guerra, así como de las repercusiones económicas del fuerte aumento de los precios de la energía, en un clima en el que los ciudadanos estadounidenses ya se enfrentan a presiones inflacionistas y al aumento del coste de la vida.

En este contexto, Trump ha esgrimido una serie de argumentos contradictorios para justificar la declaración de guerra a Irán, alegando que el objetivo es impedir que Teherán "amenace a Estados Unidos y a nuestros intereses fundamentales de seguridad nacional". Argumentó que Irán había "rechazado todas las oportunidades de abandonar sus ambiciones nucleares" y que Estados Unidos ya no podía "tolerarlo", a pesar de que Irán había hecho concesiones significativas durante las negociaciones, entre ellas acordar transferir todo el uranio enriquecido fuera de su territorio y aceptar una supervisión estricta de su programa nuclear. Trump también destacó el arsenal de misiles de Irán y su apoyo "desestabilizador" a grupos regionales como Hezbolá y Hamás, presentando estos factores como amenazas directas que requieren una respuesta militar decisiva. Para reforzar este discurso, invocó la larga y tensa historia entre Washington y Teherán desde la Revolución Iraní, describiendo los actuales ataques estadounidenses como la continuación de un conflicto prolongado y una forma de represalia por décadas de confrontación[10].

Trump citó la crisis de los rehenes de 1979, la muerte de 241 militares estadounidenses en el atentado con bomba de 1983 contra sus cuarteles en Beirut y el ataque al destructor estadounidense USS Cole en Yemen en 2000, un ataque en el que, según sugirió, Irán "podría" haber estado involucrado, a pesar de que desde hace tiempo se atribuye a al-Qaeda. También se refirió al apoyo de Teherán a los ataques contra las fuerzas estadounidenses en Irak durante la ocupación, presentándolo como una prueba más de que Irán supone una amenaza persistente para los intereses de Estados Unidos. Sin embargo, lo nuevo en la retórica de Trump radica en tres afirmaciones que no están respaldadas por las evaluaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses. La primera es que Irán está intentando reconstruir su programa nuclear. Pero el propio Trump había afirmado en repetidas ocasiones que Estados Unidos había destruido por completo el programa nuclear de Irán en los ataques aéreos del verano anterior. Además, el Organismo Internacional de Energía Atómica ha confirmado que no hay pruebas de que Irán haya reanudado sus actividades de enriquecimiento o esté trabajando en la construcción de una bomba nuclear, una valoración que también se refleja en las evaluaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses. La segunda afirmación es que Irán sigue desarrollando "misiles de largo alcance capaces de amenazar a Europa y a las fuerzas estadounidenses en el extranjero, y que pronto podrían alcanzar el territorio estadounidense". Sin embargo, la Agencia de Inteligencia de Defensa afirmó en una evaluación publicada el año pasado que no había indicios de que Irán hubiera comenzado a desarrollar un misil balístico intercontinental y que, si se iniciara un proyecto de este tipo, probablemente tardaría una década en completarse[11]. En cuanto a la tercera afirmación, que Irán tenía la intención de lanzar un ataque preventivo contra las fuerzas estadounidenses, el Departamento de Defensa de Estados Unidos reconoció en una sesión informativa a los miembros del Congreso el segundo día de la guerra (1 de marzo) que no había información de inteligencia que respaldara tal afirmación[12].

Por lo tanto, hay motivos para creer que las negociaciones en sí mismas pueden haber sido poco más que un intento de ganar tiempo para completar los preparativos para la guerra en caso de que Irán se negara a ceder a todas las demandas estadounidenses. Esta interpretación se ve reforzada por la información emergente que indica que Washington y Tel Aviv habían planeado lanzar el ataque contra Irán aproximadamente una semana antes de que se llevara a cabo, pero que la operación se retrasó por razones operativas y de inteligencia. Este aplazamiento concedió efectivamente al presidente Trump una semana adicional para aparentar que estaba agotando todas las opciones diplomáticas antes de lanzar el ataque. Después de que la segunda ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán terminara sin acuerdo el 17 de febrero, los planificadores militares estadounidenses e israelíes se preparaban, según se informa, para ejecutar los ataques cuatro días después, el 21 de febrero. Sin embargo, la aprobación tardó otra semana, debido a las malas condiciones meteorológicas en la región, que impidieron la ejecución del plan en su calendario original[13].

Aunque Trump afirmó posteriormente que decidió atacar Irán tras las últimas conversaciones en Ginebra, citando información de inteligencia según la cual Irán había reanudado en secreto sus proyectos nucleares, diversas filtraciones sugieren que la última ronda de negociaciones pudo haber sido en realidad una maniobra deliberada para ganar tiempo para la aprobación y pillar a Irán con la guardia baja, convenciendo a Teherán de que la vía diplomática seguía activa mientras los preparativos militares se encontraban en su fase final[14].

Las contradicciones en las justificaciones de Washington para lanzar una guerra contra Irán también se extendieron al papel que Israel desempeñó en la decisión. El 2 de marzo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró que Estados Unidos había llevado a cabo su ataque contra Irán "de forma preventiva" tras saber que Israel se preparaba para actuar de forma unilateral, una acción que, según él, habría provocado la represalia iraní contra las fuerzas estadounidenses y causado mayores pérdidas. Sin embargo, la declaración pública de Rubio contradecía los comentarios que había hecho anteriormente en una reunión clasificada con un grupo de legisladores bipartidistas de alto rango en el Congreso, parte de la cual se filtró posteriormente a los medios de comunicación. En esa reunión, no indicó que Irán hubiera estado planeando atacar a Estados Unidos sin provocación. En cambio, esbozó un escenario en el que un ataque unilateral israelí podría llevar a Irán a atacar instalaciones estadounidenses en la región, lo que podría dejar a Washington sin otra opción que lanzar su propio ataque preventivo, lo que sugiere que el impulso original para la guerra podría haber venido de Israel. Rubio también discutió la posibilidad de ataques simultáneos de Estados Unidos e Israel, pero no mencionó ningún intento de disuadir a Israel de seguir adelante con sus planes[15].

Las declaraciones públicas de Rubio provocaron críticas considerables, especialmente entre la base MAGA de Trump, que desconfía de la participación de Estados Unidos en guerras extranjeras y sospecha de cualquier papel que Israel pueda desempeñar para involucrar a Estados Unidos en sus conflictos. Esta reacción llevó al presidente Trump a negar que los planes israelíes hubieran motivado su decisión de lanzar los ataques, insistiendo en cambio en que él "podría haber obligado a Israel a actuar", y no al revés. Añadió que estaba seguro de que Irán habría atacado primero si Washington no hubiera actuado de forma preventiva[16].

Conclusión

Aún es demasiado pronto para determinar la trayectoria de la guerra actual, que ya se ha extendido a gran parte del Golfo y de Oriente Medio en general. Sin embargo, lo que está claro es que la decisión de Trump de iniciar una guerra contra Irán ha sumido a la región —y, de hecho, al mundo— en una de las crisis más peligrosas desde la invasión de Irak en 2003, con consecuencias políticas, económicas y de seguridad de gran alcance. El peligro se ve agravado por la ausencia de una visión clara del futuro de Irán. Los posibles resultados van desde un caos interno y regional generalizado en caso de colapso del régimen, dada la falta de una alternativa creíble capaz de llenar el vacío resultante, hasta el surgimiento de una corriente aún más radical dentro del régimen, decidida a buscar venganza. En estas condiciones, la perspectiva de que se repita el escenario venezolano —donde el secuestro del presidente Maduro dio lugar a un cambio político— parece muy improbable.

Publicado originalmente por el Arab Center for Research and Policy Studies, puede consultarse en inglés en este enlace.

Las ideas expresadas en este Análisis corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.

Crédito de imagen: EFE / EPA / Jim Lo Scalzo / Pool


Notas y referencias

[1] "Read Trump's full statement on Iran attacks", PBS, 28/2/2026. Disponible en: https://www.pbs.org/newshour/world/read-trumps-full-statement-on-iran-attack

[2] Michael Scherer, "I Have Agreed to Talk", The Atlantic, 1/3/2026. Disponible en: https://www.theatlantic.com/national-security/2026/03/trump-iran-attack-negotiations/686201

[3] Daniel Bush, "Trump's Iran endgame unclear after mixed messaging on war aims", BBC, 2/3/2026. Disponible en: https://www.bbc.com/news/articles/cm214xk30vxo

[4] "Trump doesn't rule out sending U.S. troops into Iran if 'necessary", NBC News, 2/3/2026. Disponible en: https://www.nbcdfw.com/news/national-international/iran-us-israel-middle-east-conflict-march-03-2026-live-updates/3991645/?cardId=1:1:11137323

[5] Tara Copp, Alex Horton y Dan Lamothe, "U.S. won't rule out sending ground troops into Iran", The Washington Post, 2/3/2026. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/national-security/2026/03/02/hegseth-iran-ground-troops/

[6] Barak Ravid y Marc Caputo, "Scoop: Trump calls Kurdish leaders in Iran war effort", Axios, 2/3/2026. Disponible en: https://www.axios.com/2026/03/02/trump-iran-war-kurds-iraq

[7] Ibid.

[8] Kevin Liptak, "Trump deliberated on Iran for weeks. His 'massive and ongoing' operation comes with acknowledgment US lives could be lost", CNN, 28/2/2026. Disponible en: https://edition.cnn.com/2026/02/28/politics/trump-iran-strikes-decision

[9] Michael Birnbaum et al., "Push from Saudis, Israel helped move Trump to attack Iran", The Washington Post, 28/2/2026. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/politics/2026/02/28/trump-iran-decision-saudi-arabia-israel/

[10] "Read Trump's full statement on Iran attacks".

[11] "Push from Saudis, Israel helped move Trump to attack Iran".

[12] Phil Stewart y Humeyra Pamuk, "Pentagon tells Congress no sign that Iran was going to attack US first, sources say", Reuters, 2/3/2026. Disponible en: https://www.reuters.com/world/us/pentagon-tells-congress-no-sign-that-iran-was-going-attack-us-first-sources-say-2026-03-02/

[13] Barak Ravid y Marc Caputo "U.S. and Israel delayed original Iran strike by a week, officials say", Axios, 1/3/2026. Disponible en: https://www.axios.com/2026/03/02/iran-war-strike-israel-delay-trump

[14] Ibid.

[15] Tara Copp, Ellen Nakashima, Alex Horton y Lior Soroka, "In surprise daytime attack, U.S., Israel take out Iranian leadership", The Washington Post, 28/2/2026. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/national-security/2026/02/28/us-israel-military-operation-epic-fury-iran/

[16] Alexandra Koch, "Trump says he might have 'forced Israel's hand' in Iran strike decision as critics question war powers", Fox News, 3/3/2026. Disponible en: https://www.foxnews.com/politics/trump-might-forced-israels-hand-iran-strike-decision-critics-question-war-powers

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