La política exterior de Siria con al-Sharaa

Marta Tawil-Kuri
Marta Tawil-Kuri Profesora-investigadora en el Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México
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Un hombre sirio sostiene la bandera de la independencia de Siria durante la velada de celebración celebrada en París, en el interior de la Maison de la Mutualité, en París, Francia, el 1 de febrero de 2025. EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

Resumen

Desde octubre de 2025, el entorno regional de Siria no ha dejado de evolucionar y complicarse. El expediente israelí configura un entorno que obliga a Ahmad al-Sharaa a aplazar cualquier alineamiento ideológico definitivo y decantarse con mayor nitidez por una estrategia de "neutralidad pragmática": distanciarse de Irán sin provocarlo, evitar la confrontación directa con Israel, cultivar simultáneamente a Washington y a las monarquías del Golfo.

¿Qué impulsa la política exterior de Ahmad al-Sharaa? ¿Hasta qué punto la determina el papel de la nueva Siria como "polo de equilibrio y abierto al mundo"? ¿Se empieza a gestar en la Siria post-Asad una visión nacional compartida que pueda servir para amortiguar las presiones de los conflictos regionales? En el contexto interno de la política exterior siria contemporánea y en sus principales impulsos políticos, económicos, militares y de seguridad encontramos los primeros elementos de respuesta para entender la evolución del comportamiento externo de Damasco desde octubre de 2025.

Siria ante un orden internacional transicional

La reconfiguración de la política exterior de Siria es inevitablemente el reflejo de un orden transicional, definido por la incertidumbre, la temporalidad y la ambigüedad estratégica. Ese contexto de encontrarse en el espacio liminal entre el orden internacional anterior y uno en gestación implica que la imagen que al-Sharaa y su régimen tienen de las orientaciones o funciones que debe cumplir Siria en el exterior interactúa —y entra en tensión— con las prescripciones o expectativas que le imponen terceros actores. La existencia de múltiples centros de poder en Medio Oriente y en el escenario global —Estados, organizaciones regionales, actores no estatales y redes transnacionales— sigue generando dinámicas de poder fluidas y normas disputadas en las que el nuevo régimen en Damasco se mueve y ajusta.

Desde este ángulo, la política exterior de Damasco ha sufrido cambios rápidos y también ajustes graduales. Los cambios rápidos que se observaron durante el primer año tras la caída del antiguo régimen incluyen el reposicionamiento como actor neutral, el acercamiento a Israel y a Estados Unidos, y el congelamiento de las relaciones con Irán. Con relación a los ajustes graduales desde diciembre de 2025 a la fecha observamos que, a los papeles de "país neutral", "polo de equilibrio" y "promotor de la paz", se van añadiendo nuevos rasgos o dimensiones. Uno de ellos es la diversificación simultánea y sostenida de sus relaciones regionales e internacionales; otro que se ha sumado, cada vez con mayor nitidez, es el de orbitar —sin integrarse formalmente— en un eje de países regionales que buscan contener simultáneamente el expansionismo territorial de Israel y la proyección regional de Irán. Se trata, sin embargo, de una órbita construida sobre la misma ambigüedad estratégica que atraviesa al resto de los papeles sirios: Damasco se beneficia de la lógica de contención sin asumir un compromiso explícito con ninguno de sus polos. En otras palabras, al-Sharaa no elige una única postura nacional frente al sistema internacional, sino que sostiene varias, parcialmente contradictorias, frente a audiencias externas distintas.

La ambigüedad de los papeles en política exterior y las expectativas de terceros

Esta evolución en el comportamiento de Damasco no puede entenderse sin su principal determinante estructural externo, que es la política exterior de Israel. Desde la caída de al-Asad, Tel Aviv se apoderó de territorio en el suroeste de Siria, ha desplegado tropas en territorio sirio, y bombardeado decenas de instalaciones gubernamentales y militares sirias, alegando motivos de seguridad. A finales de agosto pasado, Israel bombardeó la base aérea de Abu al-Duhur, alegando que Damasco estaba a punto de permitir el despliegue de fuerzas turcas allí. Ante tales agresiones, al-Sharaa no ha reaccionado más que para aclarar que el balón está del lado israelí (y estadounidense) de la cancha. En cuanto a Israel en una entrevista a fines de julio de 2026 a al-Jazeera, al-Sharaa reveló que su gobierno trabaja en un "acuerdo de seguridad" con Israel junto con un grupo de países que, de concretarse, abriría camino a una paz integral sin que Siria renuncie a sus derechos sobre el Golán ocupado[1]. Por su parte, el ministro de exteriores sirio, Asaad Al-Shaibani, declaraba : "Estados Unidos está tratando continuamente de presionar a Israel para que regrese a la mesa de diálogo". En un intento de proyectar autonomía, añadió que "Damasco agradece el apoyo de Turquía en la reconstrucción de su ejército" y "no renunciará a ese apoyo"[2].

Es un hecho que las autoridades de transición de Siria han reducido el riesgo de que el país se vea arrastrado a dinámicas de conflicto más amplias. El gobierno del presidente Ahmad al-Sharaa ha restablecido lazos diplomáticos, aliviado sanciones y aislado a Siria de las repercusiones militares de la guerra en curso con Irán. En su discurso tras las oraciones del Eid, el 20 de marzo, el presidente señaló que Siria mantiene canales estables y armoniosos con los países vecinos y la comunidad internacional, al tiempo que es solidaria con las naciones árabes. Entre los elementos discursivos recurrentes que aparecen en las declaraciones del presidente y su ministro de Exteriores hay temas que se repiten transversalmente. Uno de ellos es la soberanía y la "diplomacia balanceada". Esta dimensión se aprecia con claridad en el reacomodo simultáneo de Damasco frente a Ankara, Riad, Moscú y Beirut, por mencionar algunos de los ejemplos más ilustrativos.

Ante el presidente ruso Vladimir Putin, al-Sharaa reconoció, en enero de 2026, un "papel histórico" de Rusia no sólo en la unidad siria sino en la de "toda la región" —un lenguaje notablemente conciliador hacia el antiguo patrocinador militar de al-Asad—, subrayando al mismo tiempo que Siria "respeta todos los acuerdos previos" pero trabaja para "redefinir la naturaleza de estas relaciones" garantizando independencia y soberanía nacional[3]. Hacia Riad, el discurso es marcadamente económico-transaccional: los comunicados oficiales hablan de "cooperación económica y de inversión", "proyectos de conectividad regional" y revisión de "desarrollos regionales e internacionales de interés mutuo". Hacia Líbano, aparece un lenguaje explícitamente afectivo: al-Shaibani declaró "amor y compromiso" de Siria para superar el legado doloroso entre ambos países. Ahora bien, ¿cómo esos ajustes y cambios en el papel de Siria han sido recibidos, condicionados o disputados por los actores que la rodean?

Para comenzar a responder a esa pregunta se debe mirar hacia Estados Unidos. La relación con Washington ha seguido profundizándose en la dirección ya anticipada: reconocimiento político, levantamiento casi total de las sanciones, pero también creciente disposición estadounidense a utilizar a Damasco como instrumento de presión regional, particularmente frente a Líbano. Esa dinámica es inseparable de la normalización económica en curso: Donald Trump anunció en mayo de 2025 el levantamiento de las sanciones estadounidenses, y Washington puso fin a su régimen global el 1 de julio de ese mismo año —antes de que el Congreso derogara la Ley César—, aunque mantuvo medidas focalizadas contra los allegados al antiguo régimen, los responsables de violaciones de derechos humanos, los traficantes, los grupos terroristas y las redes vinculadas a Irán. Ese mismo día, Washington revocó también la designación de Hayat Tahrir al-Sham como organización terrorista global y la retiró de la lista de sanciones del Tesoro estadounidense —su inclusión en la lista de organizaciones terroristas extranjeras ya había sido levantada en julio de 2025—. El proceso culminó el lunes 24 de agosto de 2026, cuando Siria salió de la lista estadounidense de Estados que patrocinan el terrorismo[4], en la que figuraba desde diciembre de 1979: durante 47 años el país había permanecido en una de las listas negras más restrictivas de Washington, que ya había desmantelado, más de un año antes, la mayor parte de su dispositivo de sanciones económicas, mientras varias empresas extranjeras comenzaban a anunciar proyectos por varios miles de millones de dólares.

De todos los expedientes de esta política de acercamientos calculados, el libanés es el que mejor ilustra los límites y los usos de esa ambigüedad, con la que el gobierno sirio intenta responder a los condicionamientos y las expectativas externas. En al menos tres ocasiones a lo largo de 2026, Donald Trump ha propuesto públicamente que Siria intervenga para "resolver el problema" de Hezbolá, llegando a declarar que Israel debe "dejar que Siria se ocupe" del grupo chií porque, en su opinión, "haría un mejor trabajo"[5].

Aquí aparecen dos elementos clave en la posición siria: la negación reiterada de intervención militar y una apertura condicionada al diálogo con la milicia-partido chií. Esta postura se confirmó y se precisó en una entrevista de al-Sharaa con al-Mashhad en julio de 2026, en la que rechazó repetir el modelo de tutela que Siria ejerció sobre Líbano entre 1990 y 2005 y expuso su idea de que la solución al problema libanés debe pasar por Damasco, nunca por Teherán. Asimismo, mientras por un lado medios estatales sirios calificaron por primera vez a Hezbolá como "milicia terrorista" tras la intercepción de un cargamento de armas (14/07/2026), en la entrevista para al-Mashhad, el presidente sirio por primera vez afirmó estar dispuesto a sentarse con Hezbolá "si sirve a los intereses de Líbano y Siria" (hasta entonces sólo había dicho que no albergaba deseos de venganza)[6]. Esta ambigüedad respecto a posibles respuestas puede disuadir a Hezbolá o a Irán de emprender acciones provocadoras por temor a consecuencias impredecibles. Además, permite a al-Sharaa adaptarse a circunstancias cambiantes sin quedar atado a un curso de acción específico. Frente a las expectativas estadounidenses, al-Sharaa califica de "puras especulaciones" los rumores sobre una intervención siria en Líbano, consciente de que el costo político y militar de tal operación —rechazada tanto por Turquía y Arabia Saudí como por la propia opinión pública siria y libanesa— sería demasiado alto para sus ambiciones internas.

Con relación a Rusia, Damasco sabe que puede obtener algún alivio de la deuda, suministro de energía y apoyo diplomático. Por ello, al-Sharaa llegó incluso a describir a Rusia como "tierra bendita" durante su viaje a Moscú en enero de 2026. Se trata, sin duda, de un giro discursivo y práctico notable respecto de la desconfianza explícita que al-Sharaa había mostrado hacia Rusia durante su primera visita a Riad en 2025, cuando exigió que Moscú "reconociera sus errores pasados". En agosto, Damasco acordó transformar las bases militares rusas de Tartús y Hmeimim en "centros conjuntos de formación", mientras las instalaciones civiles de ambos enclaves pasan a manos de las autoridades sirias (a comienzos de 2026, el Kremlin ya había retirado sus fuerzas del aeropuerto de Qamishli, en la zona autónoma kurda del noreste). El texto del acuerdo estipula la devolución, bajo administración siria, de la infraestructura civil de ambos emplazamientos y la transformación de sus instalaciones militares en centros conjuntos sirio-rusos de formación.

Mientras que, con Rusia, el registro combina continuidad institucional con la renegociación de términos concretos, hacia Turquía, la postura es doble: por un lado, gratitud y coordinación en materia de seguridad — en un encuentro de diciembre de 2025 con una delegación encabezada por su homólogo turco, al-Shaibani destacó la cooperación de inteligencia turca en operaciones contra el Estado Islámico—; por otro lado, la reivindicación de cierta autonomía frente a Ankara. Así puede leerse, por ejemplo, que en agosto de 2026 al-Shaibani, en su visita a Ankara, endureciera el tono al exigir a Tel Aviv el retorno a las líneas previas al 8 de diciembre de 2024, y al declarar que Siria depende del apoyo turco para el entrenamiento militar y la cooperación, agregando que también recibe apoyo de Jordania, Arabia Saudí y otros países.

En ese marco, la rivalidad entre los países patrocinadores de la "nueva Siria" se ha reconfigurado, sin desaparecer. Turquía sigue siendo la principal potencia extranjera con presencia militar en territorio sirio y el socio con el que Damasco firmó, en 2026, un memorando ferroviario trilateral con Jordania. Sin embargo, contrapesar a Arabia Saudí y Turquía ha dejado de ser prioritario para Damasco, en tanto esos dos países rivales se han acercado. La dimensión más amplia de este reacomodo se hizo explícita el 7 de agosto de 2026, cuando Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firmaron un pacto de defensa conjunta en La Meca, en el marco de una semana en la que Riad atacó objetivos proiraníes en Irak, lideró una coalición naval en el mar Rojo y presionó a Washington por la venta de cazas F-35. Se trata de una arquitectura de seguridad orientada a contener la proyección de Teherán y Tel-Aviv. Si bien ese acuerdo tripartito mostró recientemente sus límites (tras los ataques huzíes contra Arabia Saudí de septiembre 2026), y a pesar de que Siria no forma parte de ese pacto, su convergencia práctica con Riad y Ankara —vía el memorando ferroviario, la coordinación de inteligencia turca y el flujo condicionado de inversión saudí y emiratí— la sitúa en la órbita de esa misma arquitectura de contención, sin que Damasco necesite, ni pueda dada su fragilidad, asumir dentro de ella un rol activo o formal. Pero, más aún, pese a sus excelentes relaciones con Siria, sería difícil para estos tres países incluirla en la alianza formalmente pues Israel lo percibiría como provocación.

Siria como centro energético y comercial

Frente a una carga de reconstrucción estimada en 216.000 millones de dólares, el papel de Siria como promotor de la paz se despliega también mediante la diplomacia económica. La gira de al-Sharaa a Yedda en abril de 2026, su cuarta visita al reino saudí, se enmarcó explícitamente en términos económicos. Arabia Saudí, además, funciona discursivamente como el socio que valida la legitimidad internacional del nuevo gobierno. De hecho, en lugar de atar a la nación al patronazgo de una sola potencia o a préstamos institucionales occidentales politizados, el gobierno de transición ha rechazado explícitamente los préstamos internacionales. Damasco se ha enfocado, en cambio, fuertemente en cortejar al capital privado árabe del Golfo para financiar megaproyectos inmobiliarios y de reconstrucción a través de vehículos de riqueza soberana de nueva creación, opacos y directamente vinculados a la presidencia. Este financiamiento se extiende, pero también se condiciona más, al comportamiento externo y la evolución interna en Siria.

Asimismo, un elemento de continuidad con la política exterior de los al-Asad reaparece bajo una forma distinta: Siria vuelve a convertirse en terreno de proyectos de conectividad energética que trascienden sus propias capacidades. La eventual reactivación del oleoducto Kirkuk-Banias —construido en 1950, suspendido en distintos periodos por la guerra Irán-Irak y la invasión de 2003, y ahora relanzado con apoyo de Washington como alternativa parcial al bloqueo del estrecho de Ormuz— y el proyecto ferroviario que uniría Turquía, Siria y Jordania con el Golfo y Europa —revelado por el Financial Times y sustentado en un memorando trilateral entre Ankara, Ammán y Damasco— muestran a una Siria que, como en tiempos de los al-Asad, vuelve a ser pieza del rompecabezas geoeconómico regional. El interés expresado en julio de 2026 por el primer ministro libanés, Nawaf Salam, de restablecer también el histórico enlace hacia el puerto de Trípoli confirma que la normalización de Siria y la reconstrucción de su infraestructura energética se han convertido en piezas de un mismo tablero que involucra a Irak, Líbano y Estados Unidos frente al bloqueo intermitente del estrecho de Ormuz. De hecho, al-Sharaa propuso hacer concesiones a la comunidad chií libanesa para alejarla de la órbita iraní, ofreciendo incentivos económicos: posicionar a Siria como centro energético y comercial que esquive a Irán y el estrecho de Ormuz, integrando a los puertos de Beirut y Trípoli.

Estos son momentos que ilustran cómo el papel de Siria se negocia y valida; ambas dinámicas pueden o no legitimar la concepción de rol que Damasco proyecta de sí misma, a pesar de su vulnerabilidad interna.

Los límites internos: un poder personalista en un Estado en reconstrucción

El periodo reciente confirma que el margen de maniobra externo de al-Sharaa está estrechamente condicionado por su legitimidad interna, aún frágil a pesar de las diversas medidas que se han tomado. El 11 de agosto de 2026, un tribunal de Damasco condenó a muerte en ausencia a Bashar al-Asad, a su hermano Maher y a otros exfuncionarios por crímenes de lesa humanidad y de guerra[7] (sólo Atef Najib, antiguo jefe de la seguridad política en Deraa, fue juzgado y condenado en presencia). También fue condenado días después el ex gran muftí Ahmad Badreddin Hassoun a cadena perpetua por incitar al odio sectario y abusar de su poder[8]. Estos fallos, celebrados por buena parte de la población siria, conviven con una justicia transicional que activistas describen como lenta, simbólica y selectiva.

En el plano institucional, se contempla la restitución del cargo de primer ministro, para transferir formalmente parte de las funciones que al-Sharaa ejerce de facto como jefe de Estado y de gobierno. Pero, sobre todo, el 9 de mayo de 2026, al-Sharaa destituyó a su hermano Maher, hasta entonces secretario general de la Presidencia; otro hermano, Hazem, renunció a la vicepresidencia del Consejo Supremo para el Desarrollo Económico. El Ministerio de Asuntos Exteriores, por su parte, abolió la Secretaría General de Asuntos Políticos (SGAP), la estructura surgida en Idlib en 2024 bajo la dirección del canciller Asad al-Shaibani que había llegado a establecer oficinas en las ocho entidades territoriales del país y a operar con cerca de 700 personas, acusada de convertirse en —según la expresión de algunos analistas sirios— "el nuevo Baaz" por su injerencia en la vida política, social y asociativa. Por su parte, el Poder Legislativo también se recompone. El sistema mixto para la Asamblea General ayudó a superar las dificultades de organizar un censo electoral fiable tras años de desplazamiento masivo. Ninguno de estos ajustes, sin embargo, apunta a una descentralización real del poder. El Ejecutivo conserva un control desproporcionado sobre la composición del legislativo, cuyo mandato es de apenas treinta meses y cuyos poderes —proponer y aprobar leyes, sin que el gobierno deba obtener un voto de confianza— siguen siendo limitados frente a una presidencia que concentra la designación de los más altos cargos judiciales.

La representación de las minorías en la Asamblea ilustra el mismo patrón de inclusión controlada. En enero de 2026, el ejército sirio recapturó los barrios kurdos de Alepo y recuperó las provincias de Deir ez-Zor y Raqqa, incluido el yacimiento de gas de Conoco, el más importante del país. Ambas partes anunciaron un acuerdo "integral" que preveía la cesión inmediata de las provincias árabes a Damasco, la integración individual de los combatientes kurdos en el Estado sirio, el reconocimiento de derechos culturales y lingüísticos, y la posibilidad de que las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) propusieran candidatos para la gobernación de Hasakah. Pero el proceso de integración de los kurdos no es lineal en Raqqa y otras localidades recuperadas, y en Hasakah, bastión kurdo aún no reintegrado, la paz es frágil. Un decreto de enero de 2026 que restituye la ciudadanía a decenas de miles de kurdos privados de ella desde el censo de arabización de 1962 se inscribe en esta misma ambigüedad en tanto no parece resolver las causas estructurales de la desconfianza –tierra, empleo, educación en lengua kurda, régimen aduanero–. Sobre todo, Damasco parece considerar su relación con el gobierno kurdo de Irak como parte de una estrategia más amplia hacia la población kurda siria, lo cual es comprensible pero no prioritario. El 22 de julio, el diario emiratí The National informaba que una delegación del Ministerio de Asuntos Exteriores sirio había viajado a Erbil para impulsar el proyecto de apertura de un consulado[9].

Los límites de esta estrategia orientada al exterior para estabilizar la relación con los kurdos se observan también con la población drusa[10]. El 19 de marzo de 2026, fuerzas israelíes realizaron un ataque aéreo contra fuerzas gubernamentales en Sweida, tras enfrentamientos entre las fuerzas del gobierno y facciones drusas.  Las autoridades sirias han buscado resolver los problemas a través de acuerdos negociados con otros países: Damasco acordó en septiembre de 2025 una hoja de ruta con Jordania y Estados Unidos para estabilizar la relación con los drusos, pero su implementación se estancó, rechazada por las autoridades locales de facto que habían sido excluidas de su negociación. Y es que, a diferencia de las FDS, que perdieron a su principal aliado extranjero tras el acercamiento entre Siria y Estados Unidos, el liderazgo druso sigue contando con Tel Aviv. En una entrevista concedida el mismo día del anuncio de la disolución de las FDS, el jeque druso Hikmat Hijri afirmó que los drusos son "parte integral de Israel"[11]. El gobierno sirio confía, sin embargo, en que los israelíes podrían abandonar a Hijri bajo presión estadounidense, en particular a cambio de garantías de seguridad respecto al despliegue de los ejércitos sirio y turco en el país.

Así, existe una construcción activa de rol —el tránsito de "neutralidad" a "promotor de la paz" y "pieza de la arquitectura regional" es deliberado y consistente en el discurso oficial y también en algunas acciones concretas. De estas últimas, una más ha sido la de comenzar a destruir el material relacionado con su antiguo programa de armas químicas y de comprometerse a cooperar con la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, autorizando a sus inspectores a establecer una presencia permanente en el país. La manera en la que Damasco socializa y configura su papel e identidad mediante arreglos transaccionales y específicos se observa también en la decisión de unirse a la coalición global contra el grupo Estado Islámico, participando en su primera reunión de coalición en Riad en febrero de 2026.

Este papel que el gobierno de transición proyecta hacia afuera (Estado responsable, socio confiable, actor anti-Estado Islámico) no necesariamente es aceptado por audiencias domésticas —fuerzas kurdas, población afectada por el alza de combustibles—, generando una brecha entre legitimidad internacional y legitimidad doméstica del rol. Y es que no puede hablarse todavía de una visión nacional compartida. El rol que Damasco proyecta hacia el exterior sigue siendo, ante todo, la construcción de una élite gobernante con legitimidad interna frágil, un Estado sin marco constitucional definido y conflictos comunitarios que se gestionan principalmente desde fuera. Un rol puede ser exitoso hacia afuera mientras es disputado a nivel nacional o en el seno de la misma élite en el poder.

Conclusiones

Siria es pieza clave de la reconfiguración de Oriente Medio que Estados Unidos e Israel tratan de consolidar, aunque ahora en un mapa regional más fragmentado. Washington exige un país libre de influencia iraní; Tel-Aviv exige que no se originen amenazas desde territorio sirio. Por su parte, Irán no quiere perder del todo su influencia; Turquía desea una Siria centralizada y cooperativa; y las monarquías del Golfo buscan reintegrar al país a su esfera árabe. En ese mapa, Siria no es miembro pleno de ningún eje, pero orbita cada vez más visiblemente en torno a la arquitectura regional —que busca contener tanto el expansionismo israelí como la proyección iraní, sin comprometerse abiertamente con ninguno de sus dos frentes—.

La "ambigüedad estratégica" que se observa en distintos grados en el comportamiento de Damasco hacia los actores arriba mencionados es una forma de gestionar el conflicto de roles: lo que Washington espera de Siria no es plenamente compatible con el rol que al-Sharaa preserva hacia Moscú, etcétera. Al-Sharaa administra este tipo de tensiones sin resolverlas, lo cual sugiere dos cosas: 1) que frente al orden internacional transicional, la 'nueva Siria' participa en coaliciones flexibles basadas en temas específicos y 2) que, en órdenes fragmentados, la ambigüedad deliberada es una estrategia viable y no forzosamente un fallo de coherencia.

El papel de Damasco en todo este entramado podría alterarse en tres escenarios: un ataque directo contra Siria, una escalada israelí que rebase los límites que Damasco considera tolerables, o una generalización del conflicto regional que haga inviable la propia neutralidad. En cualquier caso, mientras la brecha entre el papel aspiracional hacia el exterior y la cohesión nacional interna no se cierre, el "polo de equilibrio abierto al mundo" seguirá siendo, sobre todo, una estrategia de supervivencia del régimen frente a presiones externas contrapuestas, más que la expresión de una identidad nacional consolidada. El peligro de volver, como en tiempos de Asad, a usar la política exterior para enmascarar vulnerabilidades internas profundas, es real.

Las ideas expresadas en este Análisis corresponden a la autora y no reflejan necesariamente la postura del CEARC

Crédito de imagen: EFE / EPA / MOHAMMED BADRA


Notas y referencias

[1] "Al-Sharaa outlines Syria's approach to security with Israel and Lebanon", al-Jazeera, 26/7/2026. Disponible en: https://www.aljazeera.com/video/newsfeed/2026/7/26/al-sharaa-outlines-syrias-approach-to-security-with-israel-and-lebanon#flips-6402183552112:0 y "President Ahmed al-Sharaa: Syria seeking security deal with Israel", al-Jazeera, 26/7/2026. Disponible en: https://www.aljazeera.com/news/2026/7/26/president-ahmed-al-sharaa-syria-seeking-security-deal-with-israel   

[2] "Syria's foreign minister says door open for diplomacy with Israel", al-Jazeera, 23/8/2026. Disponible en: https://www.aljazeera.com/news/2026/8/23/syria-foreign-minister-says-door-open-for-diplomacy-with-israel

[3] "Al-Sharaa meets Putin as Russia seeks to secure military bases in Syria", al-Jazeera, 28/1/2026. Disponible en: https://www.aljazeera.com/news/2026/1/28/syrias-al-sharaa-discusses-fate-of-russian-military-bases-with-putin

[4] "Removal of Syria's designation as a State Sponsor of Terrorism and Associated Sanctions List Updates; Iran-related Designations; Updates to Iran-related General Licenses", Office of Foreign Asset Control - US Department of the Treasury, 24/8/2026. Disponible en: https://ofac.treasury.gov/recent-actions/20260824

[5] "Trump presses Syria to take on Hezbollah, raising alarm in Lebanon and Israel", Associated Press News, 28/6/2026. Disponible en: https://apnews.com/article/lebanon-syria-trump-israel-hezbollah-war-1de06c560491e9e74d7f4febe195fd31

[6] Puede visionarse la entrevista completa en árabe en el canal de al-Mashhad en You Tube:

"الرئيس أحمد الشرع يوضح بلقاء حصري مع "المشهد" حقيقة إعلان ترامب تسليمه ملف "حزب الله" - مقابلة خاصة"

[El presidente Ahmad al-Sharaa aclara en una entrevista exclusiva con al-Mashhad la verdad sobre el anuncio de Trump de entregarle el expediente Hezbolá], 21/6/2026. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=E2A6kLO4etk 

[7] "Damascus court sentences Bashar, Maher al-Assad, and Atef Najib to death", Syrian Arab News Agency (SANA), 11/8/2026. Disponible en: https://sana.sy/en/syria/2335708/

[8] "Syria sentences ousted regime's mufti Ahmad Hassoun to life for war crimes", SANA, 24/8/2026. Disponible en: https://sana.sy/en/syria/2338292/

[9] "Syria launches process to open consulate in Kurdistan capital", The National, 22/7/2026. Disponible en:  https://www.thenationalnews.com/news/mena/2026/07/22/syria-launches-process-to-open-consulate-in-kurdistan-capital/

[10] Haid Haid, "Syria's successful foreign policy masks a deeper risk", Chatham House, 27/3/2026. Disponible en: https://www.chathamhouse.org/2026/03/syrias-successful-foreign-policy-masks-deeper-risk

[11] "Spiritual leader Hikmat al-Hijri says Syria's Druze are 'integral part of Israel'", The New Arab, 25/8/2026. Disponible en: https://www.newarab.com/news/hijri-says-syrias-druze-are-integral-part-israel

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