Introducción
Los ataques iraníes sobre los países árabes del Golfo han generado importantes desajustes regionales. No solo han quebrado la percepción de seguridad y prosperidad, sino que han evidenciado los límites del modelo de seguridad dependiente de Estados Unidos[1]. La guerra ha demostrado que las bases estadounidenses, en lugar de funcionar como elementos disuasorios, han contribuido en convertir los países árabes del Golfo en objetivos directos de represalia. La ruptura del equilibrio regional favorece, en este escenario, la búsqueda de nuevas alianzas y rutas estratégicas que reduzcan la dependencia estructural.
El desbordamiento del conflicto y la exposición del Golfo
La guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán el 28 de febrero se interpretó en un primer momento como una escalada más dentro de un ciclo ya conocido de confrontaciones regionales. Sin embargo, pronto se evidenció que, lejos de quedarse contenida -como había pasado en los enfrentamientos anteriores-, en esta ocasión el marco bélico se desbordaría rápidamente. La respuesta de Teherán fue inmediata y, como ya habían advertido previamente, se dirigió contra Israel, pero también contra objetivos estratégicos e intereses estadounidenses en los países árabes del Golfo: esa misma mañana Irán atacó Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin. En pocos días el conflicto se extendía a once países de la región.
Hasta ese momento, las monarquías del Golfo habían permanecido al margen de la confrontación directa, manteniendo cierta neutralidad táctica y proyectando una imagen de prosperidad y estabilidad, a pesar de su proximidad a las dinámicas bélicas regionales. Tras haber sido objetivo directo de los ataques iraníes, esta imagen se quebró y con ella la posibilidad de mantener una postura ambivalente. Para los países árabes del Golfo la guerra no solo ha alterado el equilibrio militar de la región, sino que ha expuesto los límites del modelo de externalización de la seguridad y ha puesto de manifiesto la fragilidad de un modelo de desarrollo económico vinculado estrechamente a la estabilidad.
Más allá del shock inicial, el conflicto también parece haber acelerado dinámicas que ya estaban puestas en marcha y que se vinculan a la erosión de la cohesión interna del Consejo de Cooperación del Golfo y a un proceso de búsqueda de diversificación de las alianzas regionales. En este contexto, interpretar la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP+ exclusivamente como consecuencia de la guerra en Irán resulta sesgado, sobre todo si tenemos en cuenta que, antes de los bombardeos, Emiratos ya había manifestado su incomodidad en un sistema de cuotas dictado por Arabia Saudí muy por debajo de sus capacidades productivas. Pero más allá del desacuerdo en lo económico, la confrontación entre Abu Dhabi y Riad era desde hace tiempo estructural y estratégica, aunque hasta el momento se había manifestado en escenarios secundarios como Yemen, Sudán y el cuerno de África.
El hecho de que la mayoría de las monarquías del Golfo se hayan abstenido de entrar en la confrontación directa contra Irán no significa que los bombardeos iraníes no hayan tenido un fuerte impacto diplomático. Tras la guerra, tendrá que abordarse una redefinición de las relaciones bilaterales de los países árabes del Golfo con su vecino Irán -que ha demostrado ser capaz de traspasar múltiples líneas rojas-. También se tendrá que recalibrar la alianza del Golfo con Estados Unidos, que lanzó una intervención militar sin tener en cuenta la oposición unánime de sus socios estratégicos. Cabe esperar de este nuevo reacomodo regional que afloren posiciones divergentes y que no exista unidad en los posicionamientos.
Para los países árabes del Golfo la geografía vuelve a imponerse como un factor estructural difícil de eludir. De un lado, existe una proximidad física con Irán, y por otro, la presencia de infraestructuras energéticas críticas y las bases militares estadounidenses en el territorio. Todo ello les convierte en un espacio especialmente vulnerable. Pero las consecuencias del conflicto van más allá. No se trata solo de una exposición indirecta potencial, pues Irán ha atacado también intereses nacionales estratégicos: instalaciones energéticas, aeropuertos y, de forma cada vez más preocupante, infraestructuras civiles esenciales. Existe un cambio cualitativo en la naturaleza de la amenaza: los ataques a plantas desalinizadoras en países como Kuwait o Bahréin indican una peligrosa escalada. Aquí el impacto no es únicamente económico, sino que enfatiza una vulnerabilidad estructural y potencialmente permanente: en una región donde el acceso al agua depende de este tipo de infraestructuras, este tipo de ataques amenazan la seguridad humana y la propia supervivencia nacional[2].
La estrategia iraní: lógica de desgaste y respuesta escalonada
De manera contraintuitiva, la respuesta de Irán no fue desordenada ni improvisada -como sería la propia de un régimen que lucha por su supervivencia-, sino que siguió una lógica reactiva. Los objetivos no fueron elegidos al azar: existía cierta correspondencia entre el tipo de infraestructuras atacadas en suelo iraní y la naturaleza de su represalia en el Golfo, es decir, si el conflicto se desplazaba a determinadas posiciones estratégicas, la respuesta iraní seguía ese patrón.
Una vez se evidenció que el conflicto se prolongaría en el tiempo, Irán optó por bajar la intensidad de sus ataques y aplicó una estrategia de desgaste sostenido, evitando los picos de intensidad característicos de los primeros días. De esta manera trataba de mantener la incertidumbre y desconcierto sin agotar rápidamente sus capacidades ofensivas. El objetivo final no era tanto responder a los ataques, sino condicionar el desarrollo del conflicto: elevar los costes, mantener la tensión regional y lo más importante, demostrar que la vulnerabilidad del Golfo no es coyuntural, sino estructural.
El mensaje implícito que Irán quería transmitir es difícil de ignorar: la presencia de las bases militares estadounidenses, lejos de actuar como elemento disuasorio, puede convertir a los estados que las acogen en objetivos prioritarios. No es una afirmación nueva, pero sí adquiría una dimensión distinta al haberse materializado ataques directos. Lejos de ser una reivindicación temporal, Irán la ha integrado al corpus de sus exigencias en las negociaciones con Estados Unidos, e invariablemente han aparecido en todas las propuestas de paz presentadas por Teherán en las negociaciones auspiciadas por Pakistán.
La amenaza iraní de bloquear el tránsito por el estrecho de Ormuz se inscribe también en la lógica de presión sostenida y búsqueda de elevar los costes económicos. Ormuz deja de ser un punto de estrangulamiento potencial para convertirse en la herramienta más efectiva de disrupción económica global, con efectos especialmente dañinos para las economías de los países árabes del Golfo. Kuwait, por ejemplo, ha tenido que suspender totalmente sus exportaciones en el mes de abril[3].
Pero esta no ha sido la única herramienta de presión. Irán ha empleado durante este tiempo otra amenaza latente y especialmente peligrosa: la posibilidad de reactivar, a través de los huzíes, sus aliados yemeníes, el bloqueo del mar Rojo. La combinación simultánea del cierre de Ormuz y una interrupción prolongada del tráfico marítimo en el mar Rojo podría desencadenar una grave crisis económica internacional aún mayor.
Aunque los huzíes anunciaron su entrada en la guerra mediante el lanzamiento de misiles balísticos contra Israel a finales de abril, y mantuvieron una retórica de apoyo a Irán, en la práctica usaron esta amenaza como instrumento disuasorio. Sus movimientos han reflejado cautela estratégica y poca voluntad de escalar el conflicto. Y es que los huzíes son conscientes de que una implicación directa en la guerra pondría en peligro sus ganancias políticas de los últimos años.
Fragmentación del Golfo: respuestas nacionales divergentes
Aunque todos los países del Golfo se han visto afectados, el impacto de la guerra y del bloqueo de Ormuz dista mucho de ser homogéneo. A nivel regional, más que generar una percepción compartida de amenaza, se han producido experiencias nacionales divergentes. La intensidad, la naturaleza y las consecuencias de los ataques han variado en cada caso, y con ello también las prioridades estratégicas de los países. En este sentido, los ataques iraníes a los países árabes del Golfo no han reforzado la cohesión entre ellos, sino que, al contrario, han tensionado sus límites. Aunque en un inicio se buscó una postura de condena común[4], lo que emerge tras la guerra no es un Golfo más coordinado, sino un espacio cada vez más fragmentado en el que la brecha -que ya existía- se ha exacerbado.
La interdependencia energética entre Qatar e Irán, a través de los yacimientos gasísticos compartidos de North Field (Qatar) y South Pars (Irán) y su cercanía física, ha supuesto que Qatar haya mantenido tradicionalmente con Irán una relación pragmática basada en el diálogo trasnacional y la mediación entre Irán y su entorno árabe[5]. El ataque iraní a la Ciudad Industrial de Ras Laffan en Qatar y, sobre todo, a North Field ha afectado de manera directa a los recursos gasísticos del país. Durante los primeros días de la guerra, Qatar tuvo que interrumpir la producción de gas y helio afectando a las cadenas de suministro mundiales[6]. La proyección turística de Qatar sufrió, al igual que Emiratos, un fuerte impacto.
Ni la relación privilegiada de Qatar con Estados Unidos ni su canal de interlocución con Irán bastaron para evitar convertirse en objetivo militar. Si bien Qatar fue el primer país en expulsar al agregado militar de la embajada de Irán y declaró a alguno de sus trabajadores personas no gratas, no llegó a romper relaciones. Tras el inicio de la tregua, Doha ha retomado los canales de comunicación con Teherán, manteniendo un enfoque más moderado que otros países del Golfo, pero más cauteloso y limitado de lo que fue en el pasado.
Para Irán, Emiratos Árabes Unidos es clave en el cálculo estratégico. Su alineamiento inequívoco con Washington e Israel han situado a Emiratos en una posición de mayor exposición, traducido no solo en un elevado número de ataques -que supera incluso los registrados contra Israel-, sino también en un mensaje político: Irán está dispuesto a penalizar especialmente a aquellos actores percibidos como más directamente vinculados a la arquitectura de seguridad estadounidense-israelí.
El perjuicio infringido a Emiratos con la guerra trasciende al sector energético o los posibles daños materiales -sobre todo teniendo en cuenta que los ataques fueron interceptados en un 93%[7]-. La economía del país se basa en un modelo en el que la conectividad global, las finanzas, el sector inmobiliario y el turismo juegan un papel igual de importante que los hidrocarburos. La imagen que Emiratos proyecta al exterior es de prosperidad y estabilidad, y la actual situación de inseguridad supone un desafío sistémico que ha afectado a imagen, negocios y turismo[8].
De manera reactiva, Abu Dhabi ha adoptado la postura más rupturista del Golfo, siendo el único país que ha roto relaciones diplomáticas y comerciales con Irán. Al igual que Bahréin, adoptó una posición diferenciada al adherirse a la Declaración de Ormuz[9] que exigía la reapertura del estrecho acudiendo incluso a la fuerza militar, y acusó reiteradamente a Irán de promover el terrorismo económico.
A diferencias de otros países del Golfo, Emiratos ha podido mantener un pequeño flujo de exportaciones a través del puerto de Fuyairah, situado al sur del estrecho. Sin embargo, el ataque iraní a dicho puerto a principios de mayo no solo buscaba penalizar los nuevos virajes políticos de Abu Dhabi, sino que trataba de demostrar la posición de dominio iraní en Ormuz, que lejos de contraerse se extiende más allá del estrecho. Además, Irán ha acusado a Emiratos de llevar a cabo ataques y violaciones del espacio aéreo iraní[10]. El cruce de acusaciones y el incremento de amenazas mutuas reflejan una peligrosa escalada y sugieren que las relaciones diplomáticas y comerciales entre Emiratos e Irán -en otro tiempo prósperas- se encuentran en un punto muy difícil de revertir.
Kuwait y Bahréin, además de hacer frente al impacto económico, combinan vulnerabilidad externa e interna. Los ataques a infraestructuras críticas -incluidas plantas energéticas y desalinizadoras- evidencian la fragilidad material de ambos países, pero también reactivan preocupaciones latentes sobre la estabilidad interna asociada a la presencia de comunidades chiíes más o menos extensas en ambos países. En un contexto de escalada regional, la posibilidad de que actores vinculados a Irán operen en los países del Golfo introduce un elemento adicional de incertidumbre. Las autoridades de Kuwait han efectuado detenciones y han revocado la nacionalidad a extranjeros residentes bajo la acusación de espionaje. En Bahréin, donde también se han llevado a cabo detenciones bajo la acusación de colaboración con la Guardia Revolucionaria iraní, también se han efectuado revocaciones de ciudadanía bajo el delito de "glorificar o simpatizar con los ataques iraníes"[11].
En medio de esta creciente ansiedad por la seguridad, es posible que el autoritarismo de estos países se acentúe y que las nuevas disposiciones legales se empleen para reprimir y silenciar a periodistas y opositores políticos cuyos discursos chocan con la posición oficial. La Ley nº13 de 2026, promulgada en Kuwait -donde el parlamento lleva más de dos años disuelto- contempla penas de hasta diez años de prisión a quien "difunda noticias, publique declaraciones o propague rumores falsos relacionados con entidades militares". El periodista estadounidense-kuwaití Ahmed Shihab-Eldin fue uno de los primeros detenidos.
Omán se ha mantenido, al menos por ahora, en una posición relativamente diferenciada. Su relación más funcional con Teherán y su papel como canal diplomático han contribuido a reducir drásticamente su exposición a los ataques iraníes, siendo el país menos golpeado. Sin embargo, esta aparente ventaja también tiene costes: su postura más conciliadora genera fricciones con otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo y pone de manifiesto la creciente dificultad de sostener posiciones neutras en un contexto tan polarizado. También genera brechas con Estados Unidos, y a pesar de ser un estado clave en la arquitectura diplomática de la región, Omán ha desaparecido de los reconocimientos públicos que en los últimos tiempos ha hecho la Administración Trump.
Arabia Saudí: entre la cautela y el cálculo
Aunque Arabia Saudí también ha sido objeto de ataques por parte de Irán, la intensidad ha sido mucho más contenida. Como otros capitales de la región, Riad había iniciado en los últimos años un proceso de reconstrucción de su relación con Irán después del deterioro sufrido tras el asalto a su embajada en Teherán en 2016 y los posteriores ataques huzíes contra las instalaciones de petrolera Aramco en 2019, atribuidos a Irán. Este último episodio no solo tuvo un impacto inmediato al obligar a reducir drásticamente su producción de petróleo, sino que dejó una herida: evidenció, por primera vez, los límites del paraguas de seguridad estadounidense. El acercamiento a Irán, culminado en 2023 por mediación china, debe entenderse en este contexto.
Es más, este cálculo sigue vigente, y Arabia Saudí evalúa su relación con Irán en función del conflicto en Yemen, donde la tregua alcanzada con los huzíes desde 2022 resulta funcional. Mantener este equilibrio permite a los saudíes contener el riesgo de un frente al sur y seguir avanzando en la salida de la guerra de Yemen, que ha tenido un elevado coste económico y reputacional para Riad. Una implicación más activa contra Irán podría haber reactivado los ataques huzíes contra objetivos saudíes. La inquietud saudí es triple: por un lado, teme el fortalecimiento de Irán, por otro, necesita eludir la reactivación de la guerra con los huzíes y, por último, observa con preocupación el creciente poder hegemónico de Israel en la región.
Una vez que Riad constató que el régimen de Irán sobreviviría al ataque israelo-estadounidense, su discurso se moderó y optó por una posición más matizada. Aunque la crítica a Irán se mantuvo, Riad ha apostado por la vía diplomática para evitar la reanudación de las hostilidades. Inmediatamente después del establecimiento del alto el fuego, reanudó las conversaciones con Irán. Las prioridades saudíes están bien definidas: preservar su estabilidad interna, proteger su infraestructura crítica y garantizar la continuidad de su proyecto económico.
Hasta el momento, ha sido el país menos afectado por el bloqueo del estrecho de Ormuz, que ha podido extraer parte de sus exportaciones de crudo -al menos 7 millones de barriles al día- por medio de un oleoducto terrestre este-oeste que permite la salida del crudo por el puerto de Yambu, situado en el mar Rojo. Además, Arabia Saudí ha sido artífice de una serie de proyectos que buscan eludir el conflictivo punto de estrangulamiento de Ormuz, y recientemente ha anunciado que Neom, el megaproyecto urbano de la Agenda 2030, situado al noroeste de Arabia Saudí, podría consolidarse como centro neurálgico de un corredor terrestre multimodal que conecte Europa-Egipto-Neom con los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Este movimiento le permite reorientar el ambicioso y extremadamente costoso proyecto y, al mismo tiempo, colocar a Arabia Saudí como un importante núcleo estratégico internacional.
Nuevas rutas estratégicas y nuevas alianzas
Es precisamente en esta búsqueda de nuevas rutas de distribución donde ha existido un mayor punto de confluencia en los países árabes del Golfo. Además del proyecto articulado a través de Neom, se han desarrollado proyectos conjuntos como el establecido por la autoridad portuaria saudí de Mawani y una empresa emiratí que busca consolidar un corredor comercial entre Dammam-Sharjah a través de Khor Fakkan, un proyecto que también permitiría dar servicio a Qatar y Bahréin. En esta misma línea se ha impulsado el proyecto ferroviario emirato-omaní que conectará Sohar con Abu Dhabi[12] y el que unirá Arabia Saudí y Turquía a través de Siria y Jordania.
Estos proyectos no deben entenderse únicamente como una adaptación económica, sino como parte de una reconfiguración estratégica vinculada a una nueva mentalidad en el Golfo: la necesidad de empezar a gestionar su propia seguridad.
Esta constituye la pieza angular de la reconfiguración regional tras la guerra: la búsqueda de una arquitectura de seguridad más amplia, anclada en potencias regionales y menos dependiente de Estados Unidos. Esto no supone una ruptura con Washington, sino un reajuste para diversificar apoyos y ampliar los márgenes de maniobra.
Arabia Saudí ha asumido un papel especialmente activo en este propósito. Más allá de la propia cautela estratégica, Riad busca articular un marco de cooperación regional orientado a la estabilidad y la contención de riesgos. La consolidación de vínculos con países como Egipto, Turquía o Pakistán responde a esta lógica. Denominada en algunos medios como la "nueva OTAN sunní", los vínculos establecidos entre estos países no están orientados tanto a una alianza formal, como a un entramado de cooperación tecnológica, económica y militar.
El acercamiento de Arabia Saudí a Pakistán resulta especialmente significativo. La firma del acuerdo mutuo de defensa[13] no solo refuerza las capacidades militares saudíes, sino que introduce un elemento disuasorio adicional con la alianza con un país que cuenta con armas nucleares. Del mismo modo, el acercamiento con Egipto y Turquía, este último miembro de la OTAN, complementa la coordinación de un importante eje regional. Qatar y Omán avanzan en esta misma dirección.
En el polo opuesto, Emiratos refuerza su alianza con Israel en su búsqueda de erigirse como una potencia regional hegemónica distanciada del tradicional tutelaje saudí. Cuanto más profunda es su relación con Israel, más extensa es la brecha de Emiratos con su contexto inmediato.
Esta reconfiguración regional se produce en un contexto de creciente complejidad internacional. Las monarquías del Golfo no solo deben reacomodarse frente a la amenaza iraní o la creciente hegemonía israelí, sino que además deben evitar que la región se convierta en un espacio de competencia abierta entre grandes potencias internacionales. La profundización de las relaciones con China o con India forma parte de esta estrategia de diversificación.
Conclusión
Los bombardeos iraníes y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán han reforzado entre los países árabes del Golfo la percepción de que la estabilidad regional no puede darse por garantizada ni depender exclusivamente de Estados Unidos. En el contexto internacional actual se han incrementado las potenciales amenazas asimétricas capaces de tensionar los sistemas de defensa, más aún en ausencia de un sistema colectivo de seguridad. Las distintas posturas adoptadas por las monarquías árabes reflejan, no solo perspectivas divergentes sobre la amenaza iraní, sino también prioridades nacionales diferenciadas. Como resultado, gana fuerza la diversificación de alianzas, la búsqueda de marcos de defensa y distribución más integrados, pero, sobre todo, y la idea de que la seguridad militar y económica debe asumirse como una responsabilidad propia que no puede delegarse ni externalizarse en un único actor. Mucho menos en el actual contexto internacional, cada vez más fragmentado, multipolar e impredecible.
Crédito de imagen: Mark Dixon, "COP21_151208c‑0651", Flickr (CC – Algunos derechos reservados). Consejo de Cooperación del Golfo.
[1] Para profundizar en el sistema de seguridad estadounidense en el Golfo, se recomienda la lectura de Rosa Meneses, "Estados Unidos, el estrecho de Ormuz y la teoría de la simbiosis geopolítica" Análisis CEARC, 27 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.cearc.net/estados-unidos-el-estrecho-de-ormuz-y-la-teoria-de-la-simbiosis-geopolitica/
[2] Manal Shehabi, "War on Iran: The Dangers of Attacking Water Desalination Plants in the Gulf", Policy Analysis, Arab Center Washington DC, 28 de abril de 2026. Disponible en: https://arabcenterdc.org/resource/war-on-iran-the-dangers-of-attacking-water-desalination-plants-in-the-gulf/
[3] Middle East Eye, "Kuwait halts crude exports in April as Strait of Hormuz blockade bites", 2 de mayo de 2026. Disponible en: https://www.middleeasteye.net/live-blog/live-blog-update/kuwait-halts-crude-exports-april-strait-hormuz-blockade-bites
[4] "Declaración emitida por la 50ª Reunión Extraordinaria del Consejo Ministerial del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) sobre la agresión iraní contra el CCG", Secretaría General, Consejo de Cooperación del Golfo, 1 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.gcc-sg.org/en/MediaCenter/News/Pages/news2026-3-1-2.aspx
[5] Giorgio Cafiero, "Qatar's Calculus Amid the Iran War", The American Conservative, 26 de abril de 2026. Disponible en: https://www.theamericanconservative.com/qatars-calculus-amid-the-iran-war/
[6] Qatar es responsable de un quinto de la exportación mundial de gas natural licuado (GNL). Los ataques iraníes a North Field -consecuencia directa del ataque israelí a South Pars- supusieron la eliminación en un 17% las capacidades qataríes de exportación por un periodo de 5 años. "Exclusive: Iran attacks wipe out 17% of Qatar's LNG capacity for up to five years, QatarEnergy CEO says", Reuters, 19 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.reuters.com/business/energy/iran-attack-damage-wipes-out-17-qatars-lng-capacity-three-five-years-qatarenergy-2026-03-19/
[7] Albert Vidal Ribé y Jasim Murad, "Cumulative confirmed missile, UAV and fighter-jet interceptions by the GCC states", International Institute for Strategic Studies, 6 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.iiss.org/online-analysis/data-visualisation/cumulative-confirmed-missile-uav-and-fighter-jet-interceptions-by-the-gcc-states/
[8] Georgy Kantchev, "Dubai Hotel Occupancy Predicted to Plunge to 10%, Moody's Says", The Wall Street Journal, 7 de mayo de 2026. Disponible en: https://www.wsj.com/livecoverage/iran-hormuz/card/dubai-hotel-occupancy-predicted-to-fall-to-10-moody-s-says-Yfcfxa5Xr6q25v9Yizvg
[9] United Arab Emirates Ministry of Foreign Affairs, "Joint Statement on strait of Hormuz", 21 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.mofa.gov.ae/en/mediahub/news/2026/3/21/uae-strait-of-hormuz
[10] "UAE Mirage jets suspected in post-ceasefire strike on Iranian refinery", Türkiye Today, 8 de abril de 2026. Disponible en: https://www.turkiyetoday.com/region/uae-mirage-jets-suspected-in-post-ceasefire-strike-on-iranian-refinery-3217720?s=1
[11] "Bahrain revokes citizenship of 69 people for 'glorifying or sympathising with' Iranian attacks", Reuters, 27 de abril de 2026. Disponible en: https://www.bna.bh/.aspx?cms=q8FmFJgiscL2fwIzON1%2bDnaki1O3a%2f2k92GeQ3%2buJ7k%3d
[12] "The Iran War Is Testing Strategic Cohesion in the GCC" Italian Institute for International Political Studies (ISPI), 21 de abril de 2026. Disponible en: https://www.ispionline.it/en/publication/the-iran-war-is-testing-strategic-cohesion-in-the-gcc-235911
[13]"Joint Statement Issued Following Pakistan Prime Minister State Visit to Saudi Arabia", 17 de septiembre de 2025. Disponible en: https://www.spa.gov.sa/en/w2399706