El destino de los refugiados tras el cambio político en Siria 

Heba Gowayed
Heba Gowayed Fellow no residente del Arab Center Washington DC
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Refugiados sirios. / Shutterstock / Kardinal41

El pasado 8 de diciembre, el grupo de resistencia armada sirio Hay'at Tahrir al-Sham (HTS) acabó de forma abrupta con los 54 años del régimen implacable de Bashar al-Asad. La victoria del HTS llegó catorce años después del inicio de una guerra civil que se ha saldado con las vidas de aproximadamente 618.000 personas y ha desplazado a unos 13 millones, de las cuales se estima que la mitad se han visto obligadas a salir de Siria para escapar de la violencia.

En la actualidad, el destino de millones de sirios que buscaron refugio fuera del país pende de un hilo. Desde la caída de Bashar al-Asad, numerosos países europeos han dejado de tramitar solicitudes de asilo de ciudadanos sirios y algunos gobiernos han instado a que quienes ya han obtenido el asilo sean deportados o reciban incentivos para abandonar el país de acogida. Asimismo, algunos países de Oriente Medio han hecho llamamientos para que los sirios abandonen sus países o adoptado otras medidas contra los refugiados sirios dentro de sus fronteras.

El final de la guerra civil siria ha insuflado nueva vida a la retórica antiinmigración desplegada desde hace tiempo atrás contra los sirios, que son, junto con los afganos, el grupo de desplazados más grande del mundo. El caso sirio ilustra cómo algunos Estados signatarios de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y demás instrumentos internacionales están incumpliendo sus responsabilidades jurídicas con respecto al asilo y retratando cada vez más a los solicitantes como cargas que han de eliminarse o retirarse de forma expeditiva. Si los gobiernos europeos y de otros países que buscan su marcha consiguen sus objetivos, los sirios que han sufrido el trauma de la guerra, se han enfrentado a condiciones durísimas durante sus periplos en busca de refugio y construido nuevas vidas en sus países de acogida pueden verse abocados a un nuevo desplazamiento y, posiblemente, a la violencia tras su regreso a Siria.

Obligar a los refugiados a regresar a Siria se perfila como una perspectiva preocupante a la luz de la destrucción de las infraestructuras y recursos sirios por parte del régimen de al-Asad y los actores internacionales a través de las intervenciones militares y las sanciones económicas. Entre tanto, muchos de los mismos países europeos que están revocando o denegando la condición de refugiados a ciudadanos sirios están expresando sus dudas acerca del levantamiento de las sanciones económicas a Siria, añadiendo más incertidumbre si cabe a un futuro sirio ya de por sí incierto por la profunda transformación que vive el país.

Las políticas y realidades del refugio 

Conforme se propagaban las noticias sobre la caída de Damasco, muchos de los más de un millón de sirios que buscaron asilo en Alemania salieron a las calles para celebrar la caída del régimen. Lucieron sobre sus hombros las banderas verdes, blancas, negras y con estrellas rojas de una Siria libre mientras proferían cánticos y gritos de alegría por la libertad conquistada en su tierra natal. En estos momentos, políticos de toda Alemania debaten ya su futuro. Los líderes de derechas han solicitado que todos los sirios que buscaron refugio en Alemania sean repatriados a la mayor brevedad. Alice Weidel, líder del partido de derechas Alternative für Deutschland (AfD), escribió en X que "quien celebre en Alemania una 'Siria libre' obviamente ya no tiene ningún motivo por el que seguir huido y debería, por tanto, regresar de inmediato a Siria".

Alemania no es el único país en el que los políticos se han apresurado a hacer declaraciones de este tipo, instando a los sirios a regresar a su tierra pese a la incertidumbre que sigue reinando en el país. El 9 de diciembre, el canciller conservador austríaco anunció que su gobierno está preparando una "repatriación y deportación ordenada a Siria", añadiendo a continuación que Austria ofrece una ayuda de 1.000 euros a todo sirio que salga del país de forma voluntaria. En Líbano, el primer ministro interino Najib Mikati ha declarado que los dos millones de sirios que se han instalado en su país deberían regresar a sus hogares.

Estas declaraciones han venido acompañadas de acciones. A título ilustrativo, las autoridades egipcias han ordenado a las aerolíneas que dejen de aceptar a pasajeros sirios que no dispongan de un permiso de residencia temporal para no turistas. Algunos países europeos han dejado de tramitar solicitudes de asilo sirias. La Oficina Federal Alemana para la Migración y los Refugiados, por ejemplo, ha congelado todos los expedientes de asilo sirios pendientes de resolución, una decisión que afecta a 47.270 personas, muchas de las cuales llevan años esperando una decisión. El canciller austríaco también ha anunciado la suspensión de los procedimientos de asilo abiertos para los ciudadanos sirios. Otros países europeos, como Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Italia, Grecia, Suecia y el Reino Unido, han interrumpido provisionalmente o de manera permanente la tramitación de las solicitudes de asilo pendientes. (En el momento de redactar este artículo, la política oficial de la Comisión Europea es que "no se reúnen las condiciones para un retorno seguro, voluntario y digno a Siria".)

Para entender la magnitud de estas decisiones es necesario verlas desde el prisma de las personas afectadas. Hace más de una década, tras las protestas y escaramuzas que acabaron degenerando en una guerra total, las personas desplazadas en Siria buscaron refugio cerca de sus hogares en casa de familiares o amigos en zonas rurales o en otras ciudades. Hoy, más de 7,2 millones de personas siguen desplazadas internamente en Siria. El número de desplazamientos totales roza los 20 millones, lo cual indica que, de media, cada persona desplazada se ha reubicado entre dos y tres veces.

La mayoría de las personas que han huido de Siria se han trasladado a países vecinos como Turquía, Jordania y Líbano, y muchos permanecen en dichos lugares. De acuerdo con algunas estimaciones los sirios representan más de una cuarta parte de la población libanesa desde 2014. Sin embargo, los sirios están experimentando serias dificultades en estos países. Human Rights Watch, por ejemplo, ha informado de que Turquía estaba ya deportando sirios en 2022. Para muchos sirios que han perdido todo lo que poseían, así como muchos de sus seres queridos, la promesa de la estabilidad se enmarcaba en los países del Norte Global. Una posibilidad era el reasentamiento, una opción en la que los países, fundamentalmente Estados Unidos y Canadá, ofrecieron un salvoconducto seguro para los casos con una elevada necesidad humanitaria. Se trata de una solución infrecuente, sin embargo, pues apenas es accesible al 1 por ciento de todas las personas desplazadas. La mayoría de los sirios que buscaron refugio se vieron obligados a hacer arduas y peligrosas travesías a través de fronteras cada vez más violentas en busca del asilo. Al menos medio millón de sirios han viajado a la Unión Europea en barco, a menudo desde Turquía a las islas griegas del Egeo. Se han enfrentado a muchos escollos, incluidas roturas de motor que les han devuelto a aguas turcas. Y quienes tratan de migrar a Estados Unidos han de tomar la ruta terrestre más mortífera del mundo, que ha sido equipada para repeler y aplacarlos debido a unas condiciones climáticas extremas y un terreno difícil.

A su llegada a cualquiera de estos destinos, el estatuto jurídico no está garantizado. En Estados Unidos, los sirios pueden obtener un Estatusde Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), una figura jurídica discrecional que permite un empleo legítimo y protege contra la deportación, pero que ha de renovarse y está sujeta a los caprichos políticos de quienes ostenten el poder. La actual protección toca a su fin el 30 de septiembre de 2025. Quienes deseen solicitar asilo, ya sea en Estados Unidos o en Europa, se adentran en años de farragosos procedimientos, que incluyen la necesidad de acreditar con pruebas que no podían haber solicitado asilo en otro lugar y que se enfrentan a un temor creíble de persecución en su país natal. Pese a reconocer las condiciones de guerra, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) nunca concedió a Siria la condición de refugiado prima facie, que implica "el reconocimiento de la condición de refugiado con base en circunstancias evidentes y objetivas en el país de origen". Solo reconoce un "movimiento de refugiados", lo cual significa que cada persona y familia han de defender su propio caso y demostrar que están siendo perseguidos.

Para cuando los solicitantes de asilo sirios llegan a Occidente y sus solicitudes de asilo son tramitadas para su resolución, lo cierto es que ya han experimentado pérdidas inconmensurables. Sus vidas, otrora estables, han sido destrozadas por la guerra y han perdido a seres queridos, así como sus hogares y sus comunidades. El paisaje visual y sonoro de sus pueblos natales nunca volverá a ser el mismo. A menudo la gente vende sus posesiones para poder financiar estos viajes. Muchos se endeudan con familiares, amigos o usureros que se aprovechan de su vulnerabilidad. A partir de esta posición, tratan de reconstruir sus vidas: encuentran lugares donde vivir, matriculan a sus hijos en la escuela, consiguen un puesto de trabajo y hacen comunidad. Se mire por donde se mire, los sirios han sido miembros productivos de sus países de acogida. Han colmado lagunas en los mercados laborales pese a los obstáculos asociados a la convalidación. De hecho, los analistas alemanes que han estudiado las contribuciones de los sirios al mercado laboral advierten de que las repatriaciones afectarían negativamente a la economía alemana.

La búsqueda de refugio no es tarea rápida. Además, implica un trauma inenarrable para sus protagonistas, que se desplazan para encontrar un nuevo lugar en el que reconstruir sus vidas. Expulsarles por la fuerza y denegarles refugio es un acto de una crueldad atroz, máxime teniendo en cuenta que la situación en Siria sigue siendo incierta conforme el país lidia con las lesiones de la guerra, las sanciones y la agresión continuada de Israel.

Siria en la actualidad

Pese a la guerra y las terribles condiciones que se viven en el país, muchos sirios —quienes no quisieron seguir sufriendo las realidades del desplazamiento, fueron deportados de países terceros o creyeron que era seguro volver a sus hogares— han regresado. Según las estimaciones de ACNUR, entre 2016 y 2023, mientras el país seguía en guerra, regresaron un total de 391.488 personas . Desde el 8 de diciembre de 2024, según las Naciones Unidas, del orden de 115.000 sirios han decidido regresar a sus casas. Y es probable que les sigan más compatriotas. Estos retornados están regresando a un país que encierra un potencial enorme pero sigue sumido en una profunda crisis humanitaria.

Antes incluso de la guerra, la vida en Siria era difícil. Las perspectivas económicas eran limitadas y la crisis climática había golpeado el sector agrícola sirio con una serie de sequías. La liberalización impuesta por el régimen de al-Asad privatizó lo que en su día fueron activos públicos y redujo los subsidios gubernamentales a la agricultura. Como consecuencia, multitud de sirios se vieron obligados a salir del país en busca de trabajo: antes de la guerra, el 3 por ciento del PIB del país procedía de las remesas de trabajadores.

La guerra, junto con las sanciones internacionales, ha empeorado sustancialmente la situación: según estimaciones, la economía siria se contrajo en un 85 por ciento entre 2011 y 2023. Algunos de hecho han descrito la guerra en Siria como un conflicto que ha dividido a ricos y pobres. ACNUR calcula que el 70% de los habitantes del país necesitan asistencia humanitaria y que el 90% de todos los sirios viven por debajo del umbral de la pobreza. La creciente inflación, en la que el coste de la cesta de la compra se cuatriplica de año en año, ha dejado a más de 12,9 millones de personas en una situación de inseguridad alimentaria. La guerra ha arrebatado a los sirios su sustento y más de un tercio de los niños sirios no tienen acceso a la educación. Además, los matrimonios precoces se han convertido en un fenómeno más habitual debido a la inseguridad económica a la que se enfrentan las familias. Asimismo, el hecho de que las infraestructuras hayan sido diezmadas implica que el acceso a la vivienda, la asistencia sanitaria y demás servicios se haya visto gravemente obstaculizado. Ya en 2019, los expertos calcularon que el coste de reconstrucción del país se situaba entre los 250 y 400.000 millones de dólares, un coste que habrá crecido a todas luces de forma significativa en los cinco últimos años.

Ahora bien, esto no se ha traducido en una asistencia adecuada. Esos mismos países que no han titubeado a la hora de determinar el derecho a la residencia de los sirios y denegar sus solicitudes de asilo no se han comprometido activamente a brindar apoyo económico a la transición siria. De hecho, muchos de ellos siguen manteniendo íntegra o parcialmente sus sanciones, alegando que han de hacerlo hasta tener la garantía de que el HTS se comprometa a una "no radicalización." Varios líderes europeos han declarado a su vez que no se levantarán las sanciones hasta que el HTS demuestre que compartirá el poder y gobernará de forma inclusiva, una restricción que impone poder e implica una posición de superioridad moral. Los Estados Unidos han suavizado algunas de sus sanciones para permitir la entrada de ayuda humanitaria pero mantienen otras que han contribuido al debilitamiento de la economía siria, pese a la caída de ese mismo régimen contra el que estaban dirigidas precisamente estas sanciones.

Además, la agresión israelí ha impactado reiteradamente a Siria. El bombardeo de Israel al Líbano el otoño pasado se ha traducido en la llegada a Siria de medio millón de desplazados, aproximadamente el 63% de ellos sirios y el resto libaneses o de otras nacionalidades. Más de la mitad de quienes huyeron a Siria son niños. Apenas unas horas después del derrocamiento por parte del HTS del régimen de al-Asad, Israel lanzó ataques contra el músculo militar sirio, destruyendo más del 70% de su capacidad naval y sus sistemas de radar. Israel también invadió la zona de amortiguación de los Altos del Golán, acaparando más territorio sirio aún. Es preciso destacar que los nuevos líderes sirios tienen una capacidad escasa para soportar esta agresión por parte de un país que lleva quince meses provocando una destrucción beligerante y sin cuartel de Gaza con financiación estadounidense.

Un futuro incierto

El futuro de Siria es incierto, como lo es el destino de los sirios que se han desplazado a tierras lejanas, creando una diáspora de personas que están tratando de reconstruir algo parecido a la vida que han dejado atrás durante los últimos catorce años. En la actualidad, los países están defendiendo que es demasiado prematuro levantar las sanciones a Siria debido a la incertidumbre política en el país y, al mismo tiempo, que es hora de que los asilados sirios regresen a sus hogares.

Se trata, sin duda, de estrategias políticas equivocadas. Una Siria estable y próspera requiere una inversión en su futuro, el levantamiento de todas las sanciones y la entrega de asistencia, no solo para cubrir sus necesidades humanitarias sino también la reconstrucción. Siria necesita además las remesas de las personas que han podido reconstruir sus vidas en el extranjero y tienen capacidad para ayudar a sus seres queridos en su país de origen.

Entre tanto, el asilo y las protecciones del estatus de protección temporal en los Estados Unidos y Europa han de mantenerse. Los sirios que tengan expedientes de asilo y reasentamiento en proceso de tramitación deberán poder seguir con el camino que se habían marcado años atrás, en el que se han gastado además los pocos recursos que tenían. Las personas no deberían ser deportadas y expulsadas de las casas que han construido. Tampoco pueden ser obligadas a viajar de regreso a un país que carece de las infraestructuras necesarias para recibirlos, sigue siendo objeto de sanciones y apenas está empezando a curarse de las heridas de décadas de dictadura y de una guerra injusta. Lo que necesitan Siria y los sirios es ayuda internacional, no más apatía y sanciones.

* Este trabajo fue publicado originalmente por el Arab Center Washington D. C. Puede consultarse aquí.

Las ideas expresadas en este análisis corresponden a su autora y no reflejan necesariamente la posición del CEARC.

Crédito de imagen: Shutterstock / kardinal41

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