Resumen
La reciente visita del presidente Donald Trump a la península Arábiga ha certificado que las relaciones bilaterales entre los principales integrantes del Consejo de Cooperación del Golfo y Estados Unidos gozan de buena salud. Las tensiones en torno al incondicional respaldo de la administración norteamericana a Israel en su campaña militar contra la Franja de Gaza parecen no haberle pasado factura, tal y como prueban los multimillonarios acuerdos comerciales rubricados. En lo que sí parecen coincidir Trump y los mandatarios árabes es en la necesidad de apostar por la vía negociadora para resolver el contencioso nuclear iraní y, así, evitar una nueva espiral de violencia en Oriente Medio.
La política transaccional de Trump
Donald Trump ha coronado su gira por la península Arábiga con la firma de multimillonarios acuerdos comerciales con sus principales aliados árabes: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar. La gran sorpresa fue el encuentro que mantuvo con el presidente sirio Ahmad al-Sharaa en el que anunció el levantamiento de sanciones tras una devastadora guerra civil que se ha prolongado durante trece años. La gran decepción, no por esperada menos frustrante, fue su silencio cómplice ante el genocidio registrado en la Franja de Gaza, a pesar de que Hamás realizó un gesto de buena voluntad liberando previamente al rehén estadounidense-israelí Edan Alexander. Trump se limitó a señalar que "mucha gente está muriendo de hambre en Gaza", pero se abstuvo de presionar a Israel para que aceptase un alto el fuego que pusiese fin a sus desproporcionados ataques que se han cobrado, por el momento, la vida de 54.000 palestinos y ha reducido dicho territorio a escombros.
La gira desarrollada entre el 13 y el 16 de mayo se saldó con inversiones por valor de más de 2 billones de dólares de los países del Golfo en sectores clave de la industria estadounidense como el armamentístico, el aeronáutico o las tecnológicas (con especial énfasis en la inteligencia artificial). El propio Trump anunció que los acuerdos contribuirán a "hacer Estados Unidos grande de nuevo" y anticiparían "una nueva época dorada" para su país. El presidente no dejó pasar la oportunidad de alabar a sus anfitriones al señalar que "los países del Golfo han mostrado a esta región un camino hacia unas sociedades seguras y ordenadas que mejoran la calidad de vida, hacen florecer el crecimiento económico, expanden las libertades personales e incrementan las responsabilidades en el escenario mundial", aunque sin referirse a la persistencia del autoritarismo. En opinión de Brian Katulis, este estrechamiento de vínculos muestra que "dichos países están uniendo sus destinos con Estados Unidos de una forma difícil de imaginar hace tan sólo una década".
La primera parada de su gira fue Arabia Saudí, que prometió inversiones por valor de 600.000 millones de dólares, casi un tercio de ellas orientadas a la adquisición de armamento de última generación. También se firmaron contratos para la construcción de centros de datos de Inteligencia Artificial, la exportación de minerales críticos y el sector energético. El país más generoso, pese a no ser la economía más pujante de la región, ha sido EAU, que ha comprometido inversiones por valor de 1,4 billones de dólares en los próximos diez años. La última parada fue Qatar, que anunció su voluntad de invertir 243.000 millones de dólares, la mitad de ellos destinados a la compra de 210 aviones de Boeing para modernizar la flota de Qatar Airways. La posibilidad de que Trump acepte un Boeing 747 qatarí valorado en 400 millones de dólares para reemplazar al Air Force One ha desatado una fuerte controversia, no sólo por las posibles presiones ejercidas por el presidente sobre Qatar, sino también porque varios legisladores demócratas consideran que representaría una fragrante violación de la Constitución.
Los acuerdos alcanzados son coherentes con los planes de diversificación económica promovidos por los dirigentes del Golfo, orientados a reducir, de manera progresiva, su dependencia de los hidrocarburos. Todos los países de la región cuentan con ambiciosos planes plurianuales (la emiratí Visión 2031, la qatarí Visión 2030 y la saudí Visión 2030, entre otros) que apuestan por la inversión en sectores como las nuevas tecnologías, las energías renovables, las infraestructuras o el turismo. Igualmente, Arabia Saudí y EAU rivalizan por atraer inversiones internacionales y convertirse en nodos logísticos en las nuevas rutas comerciales: la china Iniciativa de la Franja y la Ruta y la india Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa.
De lo anteriormente dicho no se debería concluir que las monarquías del Golfo estén apostando todas sus cartas por Estados Unidos, ya que en ningún momento se han comprometido a reducir sus vínculos con China, su rival sistémico. Aunque Washington sigue siendo su principal aliado en términos geopolíticos, lo cierto es que los países del Golfo son plenamente conscientes de que el actual orden unipolar tiene los días contados y deben prepararse para un mundo multipolar en el que las potencias asiáticas van a cobrar cada vez un mayor protagonismo. De ahí que Arabia Saudí y EAU hayan sido invitadas a incorporarse al bloque de los BRICS+. En opinión de Alexandre Kateb, "en este contexto, parece racional que potencias regionales adopten alineamientos múltiples a largo plazo frente al 'momento unipolar' que se desvanece gradualmente, al tiempo que preserven sus fuertes lazos con Occidente, especialmente con Estados Unidos".
Las crecientes tensiones entre Trump y Netanyahu
Al contrario de lo ocurrido en 2017 en el viaje con el que inauguró su primera presidencia, en esta ocasión Trump se ha abstenido de visitar Israel, lo que ha dado lugar a todo tipo de especulaciones sobre un posible distanciamiento con Benjamín Netanyahu. Parece evidente que el primer ministro israelí no puede competir con las generosas inversiones de las monarquías del Golfo y que no está cómodo con el enfoque transaccional adoptado por la política exterior estadounidense, que relega a un segundo plano la cuestión ideológica. Como advirtiera Herb Keinon en un artículo publicado por The Jerusalem Post, "este es el nuevo Oriente Medio: menos valores compartidos y más inversiones compartidas; menos afinidad moral y más beneficios materiales. E Israel, si quiere seguir en el juego, debe ajustar su estrategia en consecuencia". Ante este riesgo, Matti Tuchfeld, corresponsal político del conservador Israel Hayom, ha señalado que el gobierno israelí está preparando diferentes planes de contingencia, ente ellos movilizar a las bases republicanas y a los fieles evangelistas, para afrontar un eventual enfriamiento de las relaciones bilaterales.
No cabe duda de que la puesta en marcha de los ambiciosos programas de desarrollo contemplados por Arabia Saudí, EAU y Qatar requiere un clima de estabilidad regional y una desescalada en los conflictos que han sacudido Oriente Medio en las últimas décadas. Por esta razón sus dirigentes apuestan por la vía negociadora para resolver las tensiones existentes. En el caso de Irán, su prioridad es evitar una guerra frontal entre Israel y el régimen islámico que se acabe desestabilizando Oriente Medio. De ahí que hayan aplaudido la apertura de negociaciones directas sobre su programa nuclear entre Washington y Teherán con la mediación de Omán. También consideran positivo el acuerdo entre la Casa Blanca y la milicia huzí yemení para garantizar la libre navegación de barcos de pabellón estadounidense en el estrecho de Bab al-Mandeb que da entrada al mar Rojo por el sur. Por último, las monarquías del Golfo celebran la reunión entre Trump y el presidente sirio Ahmad al-Sharaa que ha permitido el levantamiento de sanciones que pesaban sobre el país.
En estos tres frentes, las posiciones de Trump y Netanyahu son divergentes. Mientras el presidente estadounidense "quiere estabilidad, seguridad y beneficios económicos a nivel nacional y personal, así como el mínimo conflicto", tal y como subraya Giorgio Cafiero, el primer ministro es partidario de la vía militar para imponer su proyecto de un nuevo Oriente Medio bajo hegemonía israelí. En lo que respecta a la cuestión palestina, Netanyahu pretende culminar el proceso de anexión de Cisjordania y la limpieza étnica de la Franja de Gaza aprovechando la parálisis de la comunidad internacional. En lo que atañe al dossier iraní, intenta convencer al mandatario estadounidense de la imperiosa necesidad de bombardear sus reactores nucleares e impulsar un cambio de régimen. Como advierten Jeffrey Sachs y Sybil Fares, "el gobierno de Netanyahu tiene dos intereses principales: continuar la guerra en Gaza y Cisjordania para bloquear un Estado palestino y, en segundo lugar, arrastrar a Estados Unidos a una confrontación directa con Irán: ambos son contrarios a los intereses estadounidenses".
Tras retirarse del acuerdo nuclear y apostar por la estrategia de la "máxima presión" contra Teherán durante su primer mandato, Trump parece inclinado ahora a alcanzar un acuerdo con el régimen iraní en torno a su programa nuclear para evitar que siga enriqueciendo uranio. El presidente estadounidense es plenamente consciente de la manifiesta debilidad del líder supremo Ali Jamenei tras el desmantelamiento del Eje de la Resistencia dirigido por Irán e integrado por sus proxies regionales (el régimen de Bashar al-Asad en Siria, el Hezbolá libanés, el Hamás palestino y los huzíes yemeníes) y pretende rentabilizar a su favor las crecientes tensiones entre los sectores moderados y radicales, que difieren en la estrategia a adoptar para garantizar la supervivencia del régimen. En opinión de Alex Vatanka, "la República Islámica reconoce que su postura revolucionaria le ha dejado aislada mientras que otros países de la región se han modernizado. Los Estados árabes del Golfo han demostrado que abrazar la globalización, el comercio y la tecnología puede proporcionar poder y prestigio de manera más eficaz que la retórica desafiante".
En su encuentro con Netanyahu el pasado 7 de abril en la Casa Blanca, Trump anunció por sorpresa el inicio de una ronda de negociaciones directas entre su enviado especial Steve Witkoff y Abbas Araghchi, ministro de Asuntos Exterior iraní, con la mediación omaní. Durante su viaje al Golfo, el mandatario estadounidense señaló en referencia a Irán: "Realmente queremos que sea un país de éxito. Queremos que sea un país maravilloso, seguro y grandioso, pero no puede tener un arma nuclear". La destitución el 1 de mayo de su Consejo de Seguridad Nacional Mike Waltz, considerado "un aliado incondicional de Israel" por el periódico Yediot Ahronot, podría deberse a su implicación en los preparativos para atacar el programa nuclear iraníes, lo que evidencia que Trump no tolerará las tradicionales injerencias israelíes para sabotear las negociaciones con Irán.
Trump ante la limpieza étnica en Gaza
Esta política de apaciguamiento promovida por el presidente Trump en algunos de los frentes de Oriente Medio choca frontalmente con la política del "cuanto peor, mejor" alentada por Netanyahu. No obstante, estas diferencias no deberían ser, en ningún caso, magnificadas ya que, a pesar de las discrepancias existentes, lo cierto es que la alianza estadounidense-israelí sigue gozando de buena salud, tal y como demuestra el hecho de que Trump apenas haya aludido a la crisis humanitaria en la Franja de Gaza en su reciente visita y siga proporcionando armamento a Israel para que continúe su guerra de aniquilación con el pretexto de combatir a Hamás.
Tras la ruptura unilateral del alto el fuego por parte de Netanyahu, el 2 de marzo, Israel impidió la entrada de agua, alimentos, medicinas y combustible durante dos meses y medio hasta que la presión internacional le obligó a permitir la entrada de algunas docenas de camiones para aliviar la crisis humanitaria. En este interludio, Israel ha alentado la creación de la controvertida Fundación Humanitaria de Gaza, fundada por ex miembros de la CIA y del Ejército israelí, que pretende suplantar a la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos que viene prestando ayuda humanitaria a la población palestina desde su establecimiento en 1949. La dramática situación sobre el terreno ha llevado a Médicos Sin Fronteras a señalar que el enclave palestino ha pasado de ser "un campo de concentración" a una "fosa común". El lanzamiento de la operación Carros de Gideon para vaciar de población amplias zonas de la franja y concentrarla en la frontera con Egipto parece ser el preámbulo de una expulsión masiva que cuenta con el respaldo de un 82% de la población judía israelí, según una reciente encuesta realizada por la Pennsylvania State University.
Aunque durante su gira presidencial, Trump se mostró partidario de finalizar la guerra "tan rápido como sea posible" e indicó que "los palestinos merecen un futuro mucho mejor", lo cierto es que sus palabras no han sido acompañadas de presiones sobre el gobierno israelí para que frene su ofensiva. Por el contrario, dichas declaraciones deberían entenderse más bien como un intento de apaciguar a los mandatarios árabes, que afrontan una evidente presión por parte de sus opiniones públicas, mayoritariamente solidarias con la población palestina y contrarias a la normalización de relaciones con Israel, tal y como demuestran la encuesta del Arab Center de Washington DC "Arab Public Opinion about Israel's War on Gaza".
No debe olvidarse que en su reunión con Netanyahu el pasado 5 de febrero, Trump se mostró a favor de la expulsión de la población de Gaza para establecer, sobre sus ruinas, una Riviera de Oriente Medio. La tajante negativa del presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi y del rey jordano Abdalá II a convertirse en cómplices de dicha limpieza étnica ha llevado a la administración norteamericana a barajar otras opciones como Sudán y Libia, a donde confía expulsar al menos a la mitad de la población. Probablemente, la riqueza gasística de la costa gazatí, que alberga los yacimientos de Marine 1 y 2, juegue un papel central en las aspiraciones de control del reducto palestino tanto por parte de Estados Unidos como de Israel[1].
El futuro de los Acuerdos de Abraham
El mandatario estadounidense es plenamente consciente de que la destrucción de la Franja de Gaza y la guerra sin cuartel contra Hamas impide, al menos por el momento, retomar el proceso de normalización de relaciones entre Israel y el mundo árabe que, durante su primera presidencia, impulsó mediante la firma de los Acuerdos de Abraham de 2020. Arabia Saudí ha condicionado el establecimiento de relaciones con Israel a que se retire de la Franja de Gaza, permita su reconstrucción y de luz verde a la creación de un Estado palestino, algo inviable mientras Israel sea gobernada por el triunvirato radical de Benjamín Netanyahu, Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir. Como advierte Dana El Kurd, "irónicamente, la intransigencia del Estado israelí ha contribuido a reducir la probabilidad de una normalización árabe-israelí. El extremismo cada vez mayor del gobierno israelí, armado por Estados Unidos y empeñado en objetivos maximalistas de limpieza étnica, ha demostrado a los regímenes árabes que no hay espacio para la negociación, ni en la cuestión palestina ni en ninguna otra".
El hecho de que la normalización israelo-saudí haya quedado relegada por el momento no quiere decir que los Acuerdos de Abraham estén en peligro. A pesar de la catastrófica situación de Gaza y Cisjordania, ni EAU ni Bahréin se plantean revisar sus relaciones con Israel. Más bien al contrario, han apostado por el fortalecimiento de sus vínculos mediante la intensificación de la cooperación en seguridad y defensa. Bahréin firmó en 2022 un memorando de entendimiento en materia de defensa todavía vigente. EAU, por su parte, rubricó un acuerdo de libre comercio con Israel que se cifró como objetivo alcanzar los 10.000 millones de dólares en intercambios en un periodo de cinco años. Ante los ataques huzíes a los barcos de pabellón israelí en el estrecho de Bab al-Mandeb, EAU decidió abrir el Corredor Dubai-Haifa, una ruta terrestre alternativa para abastecer de productos a Israel a través de territorio saudí y jordano. Tampoco las relaciones israelo-marroquíes se han resentido en el curso de los dos últimos años, en los que Israel se ha consolidado como el tercer exportador de armas al país magrebí según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) con la venta masiva de misiles, drones y satélites espía.
El levantamiento de sanciones a Siria
La principal sorpresa del viaje ha sido el encuentro en Riad entre Donald Trump y el presidente interino sirio, Ahmad al-Sharaa, y el anuncio del levantamiento de las sanciones estadounidenses que pesaban sobre el régimen desde hace décadas, medida que llevará tiempo aplicar ya que requiere la aprobación de la Cámara de Representantes. Aunque la mayor parte del mérito de dicho encuentro corresponde al primer ministro y príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, no debe infravalorarse el papel desempeñado por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que mantiene unas estrechas relaciones con el inquilino de la Casa Blanca. Esta reunión es todavía más relevante si tenemos en cuenta que la Organización para la Liberación del Levante (HTS, en sus siglas en árabe) todavía se encuentra en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado y que por la captura de al-Sharaa se ofrece una recompensa de diez millones de dólares.
Dicho encuentro representa un claro aldabonazo en el camino del reconocimiento de al-Sharaa como nuevo hombre fuerte de Siria por parte de la comunidad internacional y, además, otorga al líder sirio un balón de oxígeno frente a los intentos por parte de Israel de alentar las divisiones sectarias en las zonas de mayoría drusa para desestabilizar el país. El levantamiento de las sanciones es un paso crucial para la estabilización de una Siria inmersa en una incierta transición, ya que podría contribuir a impulsar el proceso de reconstrucción de un país devastado tras trece años de cruenta guerra civil, al proporcionar un marco de seguridad jurídica que allanase las inversiones de las monarquías del Golfo.
A cambio del levantamiento de sanciones, Trump exigió al gobernante sirio una serie de medidas, tal y como recoge el semanario árabe Al Majalla, entre ellas el respeto a las minorías confesionales y étnicas, la normalización de relaciones con Israel, la prohibición de cualquier actividad política palestina, la declaración de la Guardia Revolucionaria iraní y del Hezbolá libanés como organizaciones terroristas, el acceso a las plantas de armas químicas, la investigación sobre el destino de los estadounidenses desaparecidos y el combate contra los remanentes del denominado Estado Islámico, así como la autorización para que Estados Unidos pueda desarrollar operaciones antiterroristas libremente en territorio sirio.
Conclusión
De lo anteriormente dicho cabe deducir que el enfoque transaccional adoptado por Estados Unidos perjudica a Israel que apuesta por el escenario de "cuanto peor, mejor" para vaciar la Franja de Gaza de su población y anexar buena parte de Cisjordania y, por el contrario, beneficia a las monarquías del Golfo, que interpretan que una desescalada en la conflictividad regional favorecería la puesta en práctica de sus ambiciosos planes de desarrollo. De ahí que hayan aplaudido la apertura de un canal de negociación directa entre la Administración Trump e Irán para resolver el contencioso nuclear, así como el levantamiento de sanciones al régimen sirio que contribuirá a la estabilización del país árabe. Sin duda, el principal fracaso de las monarquías del Golfo ha sido su manifiesta incapacidad para impulsar un alto el fuego en la Franja de Gaza, asunto en el cual Trump no parece dispuesto a realizar la más mínima concesión a sus aliados regionales árabes.
Las ideas expresadas en este documento corresponden al autor y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.
Crédito de imagen: X / The White House
Notas y referencias
[1] Un informe publicado en 2015 por Brookings Institution señalaba que "el desarrollo de Gaza Marine permitiría un suministro abundante y seguro de energía relativamente limpia que favorecería la mejora de la economía y el bienestar de los habitantes de la Franja de Gaza, al tiempo que mejoraría las perspectivas de otros millones de habitantes de Cisjordania".