De Gaza a Ormuz: una guía de lectura de las apuestas de España en Oriente Medio

Eduard Soler i Lecha
Eduard Soler i Lecha Profesor agregado de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador asociado sénior en IBEI
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a los participantes de la 'Reunión de Madrid: por la aplicación de los dos Estados', en el Complejo de la Moncloa. | Pool Moncloa/Fernando Calvo. 13.9.2024

De Gaza a Ormuz, el gobierno de España no ha dudado en tomar riesgos: la crítica abierta a las acciones israelíes, menciones explícitas al concepto de genocidio, el reconocimiento de Palestina como Estado, el rechazo explícito de los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán o la negativa a que los estadounidenses pudieran emplear para estos ataques las bases y el espacio aéreo español. Esto ha despertado un creciente interés por entender los motivos que hay detrás de tal "atrevimiento".

Buena parte de las lecturas, sobre todo en España, se centran en cálculos de política interior. Sin negar la importancia de estos factores, este análisis sugiere una explicación más compleja, que incluye el estado de opinión de la sociedad española, el legado de la política española hacia la región, la memoria colectiva de otras decisiones sensibles (especialmente la guerra de Irak de 2003), la posición geográfica del país y su autoconcepción como potencia media. Además, el artículo invita a cuestionar algunos argumentos esgrimidos para descalificar la postura española: el supuesto antisemitismo del gobierno, su presunto antiamericanismo o un distanciamiento de Europa. La política española hacia Oriente Medio puede y debe ser objeto de debate, pero solo será productivo si evita descalificaciones que cierran la discusión antes de abrirla.

Sobre Gaza

La posición de España respecto a Gaza se asienta en dos premisas: condena de los ataques de Hamás y defensa del derecho internacional sin excepciones; y un principio de coherencia: los mismos criterios que se aplican en Ucrania deben aplicarse a Oriente Medio. Esta posición se fue definiendo tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, que España condenó sin ambigüedad. Sin embargo, a diferencia de otros socios y aliados, o de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no exhibió un apoyo incondicional a Israel.

España fue uno de los ocho Estados miembros de la UE que votaron a favor de la resolución de la Asamblea General de la ONU pidiendo un alto el fuego ya en octubre de 2023. Pocas semanas después, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, viajó junto al primer ministro belga, Alexander De Croo, a la frontera entre Gaza y Egipto, donde el presidente español afirmó que el derecho a la autodefensa tiene los límites que marca el derecho internacional humanitario, provocando una airada respuesta de Israel, que acusó a España de actuar como portavoz de Hamás. A partir de ahí, se consolidó una posición activa en la UE y, junto a Irlanda, solicitó a la Comisión Europea la revisión del acuerdo de asociación con Israel en febrero de 2024.

Con todo, fue el reconocimiento del Estado de Palestina en mayo de 2024, una medida coordinada con Irlanda y Noruega, lo que atrajo las miradas del resto del mundo. Este gesto, que formaba parte del debate político español desde hacía años, enviaba un triple mensaje: a los palestinos, como señal de esperanza; al Sur Global, como gesto de reconocimiento de las críticas a la inacción occidental; y a los socios europeos, como ejemplo de liderazgo en un momento de parálisis[1]. La reacción de Israel fue inmediata: represalias diplomáticas, nuevas acusaciones de "apoyo al terrorismo" y un calculado encuentro bilateral entre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el líder del partido de ultraderecha Vox, Santiago Abascal, pocos días después del reconocimiento.

A pesar de estas presiones, España no rebajó su posición respecto a Israel. En junio de 2024, España se sumó al caso de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia. En la cumbre de la OTAN de julio de 2024, Sánchez reiteró el mensaje de que "no podemos ni debemos permitirnos ser acusados por nadie de tener dobles estándares, doble rasero, en la defensa del derecho internacional" aludiendo específicamente a los paralelismos entre Gaza y Ucrania[2]. En septiembre de 2025 el rey de España, Felipe VI, en el discurso en la Asamblea General de la ONU, también empleó un lenguaje duro al exigir a Israel que pare la "masacre" en Gaza y los "actos aberrantes [que] repugnan a la conciencia humana"[3]. Ese mismo mes, España se adhirió al Grupo de La Haya, una coalición de más de treinta Estados impulsada por países como Sudáfrica y Colombia para coordinar medidas contra la impunidad. Estas medidas reforzaban una doble apuesta: por el multilateralismo y por la apertura al Sur Global.

En octubre de 2025, Sánchez asistió a la cumbre de paz de Sharm el-Sheikh copresidida por los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, para formalizar el alto el fuego entre Israel y Hamás, mostrando que la dureza de las posiciones españolas no implicaba autoexcluirse de los marcos de diálogo. En cambio, España parece haber asumido la inevitabilidad del deterioro de las relaciones con Israel mientras el gobierno de Netanyahu prosiga con las mismas políticas. En el otro lado de la balanza, España ha ganado una mayor proyección hacia el mundo árabe-islámico y parece que los ecos de la posición española han trascendido la esfera diplomática. Por ejemplo, según el Arab Opinion Index de 2024/2025, España fue el país europeo mejor valorado por la ciudadanía árabe en su posición respecto a Palestina, con un 43% de aprobación, muy por encima de Francia y Alemania (23%) o el Reino Unido (19%)[4].

Sobre Irán

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar conjunta contra Irán, a pesar de que había unas negociaciones en curso en las que, según el mediador omaní, se habían conseguido avances notables. La operación, ejecutada sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, fue rechazada por el presidente Sánchez quien, en un mensaje en redes sociales, afirmó que "supone una escalada y contribuye a un orden internacional más incierto y hostil".

Esta posición no se quedó en el ámbito declarativo. A principios de marzo, el gobierno denegó a Estados Unidos el uso de las bases militares de Rota y Morón para operaciones relacionadas con el conflicto, lo que forzó el traslado de quince aviones estadounidenses. También anunció su negativa al uso de su espacio aéreo para operaciones bélicas y rechazó cualquier cambio de mandato de la operación Aspides de la UE o el traslado de efectivos para reabrir el estrecho de Ormuz mientras durase el conflicto. Sin embargo, España desplegó la fragata Cristóbal Colón para reforzar la defensa aérea de Chipre tras el impacto de un dron en la base británica de Akrotiri y mantuvo desplegada la batería Patriot en Turquía, contribuyendo así a la interceptación de misiles iraníes sobre territorio turco. El gobierno diferenciaba así entre solidaridad defensiva con sus socios europeos y su negativa a facilitar operaciones ofensivas que podrían provocar una extensión del conflicto.

La extensión de la ofensiva israelí a Líbano añadió una dimensión especialmente sensible para España, que mantiene cerca de 700 cascos azules desplegados en el marco de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL). El 7 de abril de 2026, las fuerzas israelíes detuvieron brevemente a un sargento español que integraba un convoy logístico de la FINUL, provocando otra crisis diplomática: España convocó a la encargada de negocios de Israel en Madrid. Además, Sánchez fue inusualmente duro con Estados Unidos tras el anuncio del alto el fuego de dos semanas con Irán del 8 de abril, publicando un mensaje en redes sociales en el que afirmaba que "no aplaudirá a quienes incendian el mundo porque se presenten con un cubo"[5].

Las valoraciones estadounidenses sobre el papel de España en el conflicto tampoco fueron amables: Trump amenazó con cortar todo el comercio con España, y un correo interno del Pentágono, filtrado en abril de 2026, planteaba suspender a España de la OTAN[6]. El senador Lindsey Graham, estrecho aliado de Trump, pidió públicamente el traslado de los aviones estacionados en España a un país en el que pudiesen confiar. El secretario de Estado, Marco Rubio, cuestionó la utilidad de mantener bases en países que las deniegan en momentos de crisis. Michael Rubin, exasesor del Pentágono y analista del American Enterprise Institute, propuso reconocer Ceuta y Melilla como "territorio marroquí ocupado", mientras que el congresista Mario Díaz-Balart declaró que ambas ciudades están en el territorio de Marruecos[7].

Madrid respondió a estos ataques insistiendo en que España es un socio leal de la OTAN que se implica con despliegue efectivo de tropas en el Báltico, Líbano y el Mediterráneo oriental, y evitó enzarzarse en polémicas que tuvieran que ver con Marruecos. Además, la tensión bilateral entre Washington y Madrid acabó diluyéndose en una fractura más amplia entre estadounidenses y europeos a medida que otros socios europeos adoptaban medidas similares. Italia bloqueó aterrizajes en la base aérea de Sigonella; Francia rechazó un sobrevuelo estadounidense con equipamiento militar destinado a Israel. En este contexto, la Administración Trump dejó de singularizar a España para enmarcar sus críticas en un reproche más amplio a los aliados europeos.

Primera lectura: la política interior

Es tentador reducir la posición española a un cálculo de política interior: Sánchez habría encontrado en Oriente Medio un filón de popularidad y de conexión con amplias capas de la población. El argumento se sostiene porque Sánchez se enfrenta a un contexto interno adverso marcado por acusaciones de corrupción que afectan a cuadros de su partido y a su entorno familiar y un ciclo de derrotas en varias elecciones autonómicas, y porque, además, su demostrado interés en temas internacionales le facilita volcarse en el frente exterior.

Pero lo más significativo es que, efectivamente, sus posiciones sintonizan con la opinión pública española. Según el Barómetro del Real Instituto Elcano de julio de 2025, un 82% de los españoles considera que Israel ha cometido un genocidio en Gaza[8]; solo un 23% respalda los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán[9]; y un 81% percibe a Trump como una amenaza[10]. Además, puede que en términos de estrategia Sánchez haya sopesado que el principal partido de la oposición, el Partido Popular (PP), se encuentra visiblemente incómodo ante la guerra en Irán: según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de principios de marzo, el rechazo a esta guerra entre los votantes del PP se divide casi a partes iguales (48% frente a 45%), muy lejos del respaldo mayoritario que solo se observa entre el electorado de Vox[11].

Siguiendo en la dimensión doméstica, cabe señalar que España ha vivido un ciclo intenso de movilización propalestina: manifestaciones, llamamientos al boicot y actos de apoyo en grandes acontecimientos culturales y deportivos. Esa presión social no se articulaba en clave de apoyo a las posiciones del gobierno, sino que más bien lo empujaba a mostrarse más contundente. El embargo de armas a Israel aprobado en septiembre de 2025 es probablemente la medida en la que esta explicación interna resulta más convincente: remite tanto a la presión de la sociedad civil como a la dinámica del gobierno de coalición —fue una acción largamente reivindicada en la calle y asumida explícitamente por el socio de gobierno Sumar, aunque no exenta de tiranteces en su aplicación efectiva— más que a un cálculo personal de Sánchez. Ahora bien, esa clave interna se debilita en cuanto se mira más allá de Gaza: la movilización ha sido mucho menor ante los ataques sobre Irán o Líbano, lo que apunta a la singularidad de la causa palestina. Y ese contraste muestra algo relevante para este análisis: incluso allí donde apenas había presión popular, el gobierno ha tomado decisiones audaces. Ello sugiere que estas responden menos a una corriente de solidaridad con las víctimas o a la presión popular interna —intensa en el caso palestino, menos visible en el libanés y casi inexistente en el iraní— que al rechazo a determinadas conductas de Israel y de Estados Unidos.

Segunda lectura: el peso de la historia

La posición española no surge de la nada. España mantiene presencia consular en Jerusalén desde mediados del siglo XIX y durante el franquismo se sentaron las bases de lo que entonces se llamó la política de "fraternal amistad con los países árabes". En 1973 se tomó una de las decisiones con mayores paralelismos con el contexto actual: España negó el uso de las bases para las operaciones militares estadounidenses durante la guerra del Yom Kippur, lo que obligó a Washington a buscar alternativas logísticas a través de Portugal y se tradujo en amenazas estadounidenses de abandonar su neutralidad sobre Gibraltar y apoyar la descolonización del Sahara[12].

En plena transición democrática se produjo otra decisión trascendente: en 1979, el entonces presidente de gobierno Adolfo Suárez recibió al líder palestino Yaser Arafat en Madrid, convirtiéndose en el segundo dirigente occidental en hacerlo después del austriaco Bruno Kreisky. Y en 1986, el gobierno socialista de Felipe González accedió a normalizar relaciones con Israel — el último país de Europa occidental en hacerlo. Estos acercamientos permitieron la elección en 1991 de Madrid como sede para la Conferencia de Paz y facilitaron el lanzamiento del Proceso de Barcelona en 1995 en el que participaban en pie de igualdad Israel, Palestina y otros países árabes.

A diferencia de lo que sucede ahora, la política sobre Palestina se asentaba en grandes consensos. El presidente conservador José María Aznar (1996-2004) se reunió en varias ocasiones con Arafat, expresó la voluntad de reconocer Palestina como Estado y acogió en Madrid la primera cumbre del Cuarteto en 2002. Bajo el gobierno del también conservador Mariano Rajoy (2011-2018), España apoyó la membresía de Palestina en la UNESCO en 2011. El propio Rajoy, durante la visita del presidente palestino Mahmud Abbas a Madrid en 2012, afirmó que la solución de dos estados "tiene un carácter histórico y tradicional en España, que es apoyado por la mayoría de la población española y todos los partidos políticos"[13]. Este consenso se rompió en Oriente Medio, pero no fue respecto a Palestina, sino respecto al apoyo de Aznar a la intervención estadounidense en Irak de 2003. Esta decisión, altamente impopular, provocó una masiva respuesta social bajo el lema de "no a la guerra" que Sánchez ha recuperado para explicar su posición respecto a la guerra en Irán. Así pues, una lectura histórica permite trazar continuidades e inercias, especialmente respecto a Palestina, pero también unos puntos de ruptura anteriores a la llegada de Sánchez al poder.

Tercera lectura: una potencia media ante el desmantelamiento del orden internacional basado en reglas

España se concibe a sí misma como un país europeo, atlántico y mediterráneo que aspira a proyectarse como una potencia media globalmente relevante. Todos los gobiernos del período democrático han abrazado esta autoconcepción, traduciéndose en una implicación decidida en la construcción de una política exterior europea más robusta, la lealtad dentro de la OTAN, la contribución al sistema de la ONU y una singular atención hacia América Latina y los países de la cuenca mediterránea. Tanto hacia sus vecinos como en temas de alcance global, España ha asumido que el multilateralismo es coherente con los valores y principios que abraza la sociedad española, pero también el mecanismo más útil para defender sus intereses ya que, como el resto de las potencias medias, España tiene suficientes capacidades para proyectarse globalmente pero demasiado pocas para hacerlo en solitario y sin unas reglas que marquen las normas de juego.

Esa apuesta por el multilateralismo explica la alarma con la que España observa su progresiva erosión. El diagnóstico no comienza con Gaza: ya en 2014 el gobierno de Mariano Rajoy condenó la anexión de Crimea como una violación inaceptable del derecho internacional, y la invasión a gran escala de Ucrania en 2022 reforzó un consenso transversal sobre la necesidad de defender el orden basado en reglas. Lo que ha cambiado es la naturaleza de la amenaza. A la agresión rusa se suma ahora el desmantelamiento del orden por parte de quien fue su principal arquitecto: los ataques de Trump a las instituciones multilaterales, los aranceles y una guerra contra Irán sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU configuran un escenario en el que ese orden se desmonta activamente. Para una potencia media cuya influencia depende de que existan reglas, esto no es una crisis más. Los ecos del discurso en Davos del primer ministro de Canadá, Mark Carney, sobre el fin de una era también se escuchan en España, aunque con matices: donde Carney proclama una ruptura irreversible y propone construir un nuevo orden entre potencias medias, Sánchez comparte el diagnóstico pero no el pronóstico, y apuesta por reformar el sistema multilateral en lugar de darlo por perdido.

Frente a ese escenario, España ha articulado una respuesta en tres niveles. Primero, la defensa activa de las instituciones multilaterales: el apoyo sostenido a la UNRWA y a la FINUL —manteniendo tropas desplegadas incluso bajo fuego israelí— no es solo un gesto humanitario, sino una apuesta por preservar los instrumentos que confieren legitimidad a la acción internacional. Segundo, el respaldo a soluciones regionales: España ya había apoyado la Iniciativa de Paz Árabe en 2002, cuando Aznar participó en la cumbre de la Liga Árabe en Beirut, pero ahora ha intensificado esa línea con su implicación en el grupo de contacto árabe-islámico y en el Grupo de La Haya, combinando la vía europea con iniciativas que la trascienden. Tercero, la voluntad de tender puentes con el Sur Global, no como alternativa al compromiso europeo, sino como contribución a él, en un momento en que la acusación de doble rasero —firmeza con Rusia, pasividad ante Israel— ha erosionado profundamente la credibilidad de la UE en amplias regiones del mundo[14].

Lecturas críticas: entre la descalificación y la duda razonable

Frente a estas tres claves interpretativas, compatibles entre sí, también hay lecturas que no resisten un análisis basado en hechos. Es frecuente que los detractores de la posición del gobierno español —en Estados Unidos, Israel o dentro de la misma España— las invoquen no tanto para explicar esa posición como para desacreditarla de raíz y evitar así un debate más sustantivo sobre su conveniencia, factibilidad y despliegue.

La primera es que el español es un gobierno antisemita. Viene siendo habitual que cualquier crítica a las políticas de cualquier gobierno o del ejército israelí se despache como expresión antisemita[15]. Sin embargo, el gobierno español no ha formulado en ninguna ocasión planteamientos judeófobos —entendidos como un ataque a la religión o al pueblo judío— y, aunque se han deteriorado las relaciones con el Estado de Israel, se han mantenido instituciones públicas como el Centro Sefarad-Israel, dedicadas a la diplomacia pública y al acercamiento a las comunidades judías, especialmente las de origen sefardí. Estudios de opinión demuestran, además, que el antisemitismo no supera el 20% en ningún segmento ideológico[16]. En el fondo, estas lecturas buscan eludir cualquier debate sobre la legalidad de la ocupación o de las represalias israelíes; lo que ha hecho el gobierno español es tratar a Israel como un Estado sujeto, como los demás, a la legalidad internacional.

Una segunda lectura falaz descalifica al gobierno como antiamericano[17]. Estas lecturas olvidan que, hasta la llegada de Trump a la Casa Blanca, el gobierno español había cultivado intensamente las relaciones con la administración Biden: la cumbre de la OTAN en Madrid o el acuerdo para ampliar la base de Rota. Como en el caso israelí, se confunden intencionadamente las críticas a las políticas de un gobierno con un supuesto sentimiento antinacional. Lo que el gobierno español ha hecho —quizás con más vehemencia y anticipación que otros europeos— es expresar su inquietud por acciones concretas de la administración Trump y la necesidad de mayor autonomía ante unas garantías de seguridad debilitadas.

Una tercera lectura cuestionable es la que apunta al desenganche de España respecto a la política exterior europea[18]. No existe una posición común previa que impida el reconocimiento del Estado de Palestina o que exija que Israel sea tratado con unos criterios distintos a los aplicados al resto de socios. Además, no se ha producido ningún caso de obstruccionismo español en la política exterior europea, el gobierno se ha pronunciado a favor de la extensión de la mayoría cualificada y, cuando ha tomado acciones como el reconocimiento de Palestina o la demanda de revisión del acuerdo de asociación con Israel, ha buscado alianzas con otros Estados miembros e informado a las instituciones europeas. Como sucedió cuando Suecia reconoció el Estado de Palestina en 2014, estas acciones no son síntoma de deseuropeización, sino un intento de influir en las posiciones comunes desde posturas que pueden ser inicialmente minoritarias[19]. Los movimientos recientes de Alemania —que ha retirado su apoyo a Israel en la Corte Internacional de Justicia— y de Italia —que ha bloqueado la renovación de su acuerdo de defensa con Israel— sugieren que España no ha quedado aislada, sino que anticipó un giro más amplio, ejemplificado en el reconocimiento del Estado de Palestina por parte de 10 países occidentales, entre ellos Reino Unido y Francia, en septiembre de 2025. Lo mismo puede decirse respecto a la guerra en Irán.

Rebatir estas lecturas no debe impedir valorar críticas que sí tienen fundamento. Cabe preguntarse, por ejemplo, si una apuesta fuertemente personalizada en la figura de Sánchez puede sobrevivir a un cambio de gobierno. La experiencia sugiere que, en contextos de alta polarización, la alternancia conlleva enmiendas a la totalidad: en 2004 el gobierno socialista emprendió una "desaznarización" de la política exterior, con la retirada de tropas de Irak y la promesa de devolver España al corazón de Europa. Un gobierno conservador probablemente iniciaría una "desanchización" de la política hacia Estados Unidos y Oriente Medio. La duda es si ese proceso comprometería lo que hasta hace poco parecía patrimonio común: la defensa del multilateralismo o el compromiso con la solución de dos Estados.

Otra crítica razonable plantea si la defensa de estos valores, sin capacidad para cambiar por sí sola las preferencias de Estados Unidos o Israel, deja de ser una apuesta audaz para convertirse en temeraria. La respuesta dependerá de hasta dónde lleguen las represalias —directas o indirectas— de estadounidenses e israelíes, de si consiguen dirigirlas solo hacia España o quedan diluidas en ataques al conjunto de la UE, y de si alguien en Marruecos siente la tentación de aprovecharse, como le incitan algunas voces en Washington. Por último, también puede valorarse si las acciones del gobierno han tenido —o pueden tener— un impacto real sobre la vida cotidiana y la esperanza en el futuro de la ciudadanía palestina; e incluso si ese impacto era el objetivo o si el gobierno se contentaba con una acción performativa.

Conclusiones

La política española hacia Oriente Medio puede y debe ser objeto de debate: sobre la conveniencia y los motivos de las decisiones del gobierno, sobre si los riesgos asumidos son proporcionales a los resultados esperados y a las capacidades de España, o sobre si la identificación de la política con la figura de Sánchez compromete su sostenibilidad. Pero ese debate solo será productivo si evita las simplificaciones y las descalificaciones sin fundamento, y si cruza todas las claves: domésticas, históricas y estructurales. Solo así, de Gaza a Ormuz, se entienden unas decisiones que han colocado a España en el centro de una controversia que trasciende sus fronteras. Con ellas, España puede estar anticipando un giro europeo y reconectando con el Sur Global, pero también acabar quedando a merced de represalias israelíes y estadounidenses en un momento en que flaquea la solidaridad entre socios y aliados.

Las ideas expresadas en este documento corresponden al autor y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.

Crédito de imagen: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a los participantes de la 'Reunión de Madrid: por la aplicación de los dos Estados', en el Complejo de la Moncloa. | Pool Moncloa/Fernando Calvo. 13.9.2024


[1] Kausch, K., "The Triple Message in Spain's Recognition of Palestine", GMFUS Insights, 22 de mayo de 2024. Disponible en: https://www.gmfus.org/news/triple-message-spains-recognition-palestine

[2] Rueda de prensa del presidente Sánchez en la cumbre de la OTAN, 11 de julio de 2024. Disponible en: https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/Paginas/2024/20240711-sanchez-rueda-de-prensa-cumbre-otan.aspx

[3] Discurso del rey Felipe VI en el debate general del 80º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Nueva York, 24 de septiembre de 2025. Casa de S.M. el Rey. Disponible en: https://www.casareal.es/ES/Actividades/Paginas/actividades_discursos_detalle.aspx?data=6737

[4] "Índice de Opinión Árabe 2024/2025: amplio apoyo de la ciudadanía a la democracia como sistema de gobierno, mientras España es el país europeo mejor valorado en la región por sus políticas hacia Palestina", Documento de Estudio, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), 22 de enero de 2026. Disponible en: https://www.cearc.net/indice-de-opinion-arabe-2024-2025-amplio-apoyo-de-la-ciudadania-a-la-democracia-como-sistema-de-gobierno-mientras-espana-es-el-pais-europeo-mejor-valorado-en-la-region-por-sus-politicas-hacia-palest. Véase también Rodríguez, C. y Barreñada, I., "Turkey, Spain and the Palestine Question", Documento de Trabajo nº 249/2026, Fundación Alternativas, 2026, p. 25. Disponible en: https://fundacionalternativas.org/publicaciones/turkey-spain-and-the-palestine-question

[5] Publicación del presidente Sánchez en X, 8 de abril de 2026. Disponible en: https://x.com/sanchezcastejon/status/2041782467946840255

[6] Sobre las amenazas comerciales de Trump, véase "Trump threatens to halt US trade with Spain over military bases, defence spending", Reuters, 3 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.reuters.com/business/trump-says-us-will-cut-all-trade-with-spain-2026-03-03. Sobre el correo interno del Pentágono, véase "Exclusive: Pentagon email floats suspending Spain from NATO, other steps over Iran rift, source says", Reuters, 24 de abril de 2026. Disponible en: https://www.reuters.com/world/pentagon-email-floats-suspending-spain-nato-other-steps-over-iran-rift-source-2026-04-24

[7] "Ceuta, Melilla Are Not in Spain': Top Rubio Ally Escalates Against Madrid", Morocco World News, 4 de abril de 2026. Disponible en: https://www.moroccoworldnews.com/2026/04/285816/ceuta-melilla-are-not-in-spain-top-rubio-ally-escalates-against-madrid

[8] Real Instituto Elcano, 45ª oleada del Barómetro (BRIE), julio de 2025. Disponible en: https://realinstitutoelcano.org/encuestas/45-oleada-barometro-del-real-instituto-elcano-julio-2025

[9] Encuesta de El País y 40db sobre los ataques a Irán, 6 de marzo de 2026. Disponible en: https://elpais.com/espana/2026-03-06/el-68-de-los-espanoles-rechaza-la-guerra-de-trump-y-netanyahu.html

[10] "Los españoles ven a Trump como la mayor amenaza por delante de Putin" El País, 6 de marzo de 2026. Disponible en: https://elpais.com/espana/2026-04-06/los-espanoles-ven-a-trump-como-la-mayor-amenaza-por-delante-de-putin.html

[11] Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Barómetro de marzo 2026 (estudio nº 3546), pregunta 2, tabulación por recuerdo de voto en las elecciones generales de 2023; trabajo de campo del 2 al 6 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.cis.es/es/estudios/barometro-de-marzo-2026

[12] Para mayor detalle, véase Powell, C., El amigo americano: España y Estados Unidos, de la dictadura a la democracia, Galaxia Gutenberg, Madrid, 2011, pp. 140-170.

[13] Declaraciones de Mariano Rajoy recogidas en Álvarez-Ossorio, I., "Spain and the Palestine Question", Interactive Encyclopedia of the Palestine Question, Institute for Palestine Studies. Disponible en: https://www.palquest.org/en/highlight/35847/spain-and-palestine-question. Sobre el consenso bipartidista previo, incluidas las medidas adoptadas bajo el gobierno de Mariano Rajoy, véase también Barreñada, I. (coord.), Abu-Tarbush, J., Álvarez-Ossorio, I. y Sanahuja, J. A., Entre España y Palestina: revisión crítica de unas relaciones, Bellaterra, Barcelona, 2018.

[14] Sobre la aspiración de España a ejercer de puente geopolítico entre Europa y el Sur Global en un contexto de erosión del multilateralismo, véase Molina I. y del Amo, P. (coords.), "España en el mundo en 2025: perspectivas y desafíos", Policy Paper, Real Instituto Elcano, enero de 2025. Disponible en: https://www.realinstitutoelcano.org/policy-paper/espana-en-el-mundo-en-2025-perspectivas-y-desafios

[15] Véase, por ejemplo, Israel Foreign Ministry (@IsraelMFA), post en X, 8 de septiembre de 2025. Disponible en: https://x.com/IsraelMFA/status/1965001082217660749. En él, el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, acusa al gobierno español de emplear una "retórica desenfrenada que destila odio" y de llevar a cabo "un ataque anti-israelí y antisemita continuo".

[16] Real Instituto Elcano, 45ª oleada del Barómetro, op. cit, pp. 8-15.

[17] A diferencia de la acusación de antisemitismo, formulada explícitamente por responsables israelíes, la de antiamericanismo circula de forma más difusa. Analistas conservadores la emplean abiertamente (López Alegre, J., "El imposible pacto de Estado que Sánchez no quiere y a Feijóo no le conviene", Agenda Pública, 15 de abril de 2025. Disponible en: https://agendapublica.es/noticia/19787/imposible-pacto-estado-sanchez-no-quiere-feijoo-no-le-conviene), y fuentes diplomáticas la expresan bajo anonimato (Waldersee, V., "Spain's Sanchez reaps gains from anti-Trump stance, testing ties with U.S.", Reuters, 20 de febrero de 2026. Disponible en: https://www.reuters.com/world/spains-sanchez-reaps-gains-anti-trump-stance-testing-ties-with-us-2026-02-20).

[18] En noviembre de 2023, Feijóo acusó a Sánchez de haber roto el "consenso" español sobre el conflicto entre Israel y Palestina, calificó como de "ocurrencia" el reconocimiento del Estado palestino y le afeó no haber consultado con sus homólogos de la UE antes de plantearlo. "Feijóo pide a Sánchez que 'se deje de ocurrencias' sobre Israel y Palestina y 'no cree un conflicto diplomático", El Mundo, 26 de noviembre de 2023. Disponible en: https://www.elmundo.es/espana/2023/11/26/65634537fdddffbd778b4580.html

[19] Aggestam, L. y Bicchi, F., New Directions in EU Foreign Policy Governance: Cross-loading, Leadership and Informal Groupings. JCMS: Journal of Common Market Studies, vol. 57, no. 3, mayo de 2019, pp. 515-532. Disponible en: https://doi.org/10.1111/jcms.12846

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