Elecciones en Marruecos: un gobierno continuista para afrontar grandes desafíos sociales

Alfonso Casani
Alfonso Casani Profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid
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Parlamento de Marruecos, en Rabat. Wikimedia Commons CC0 1.0 / Taha Ahh

Resumen

Los resultados sin sorpresas que han arrojado las elecciones legislativas de Marruecos plantean, sin embargo, varios interrogantes para los próximos cinco años. El Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) se ha alzado con la victoria, aunque la gran protagonista de los comicios ha sido la abstención. En el centro del descontento electoral se sitúan los jóvenes, que sufren altas tasas de desempleo y cuya falta de oportunidades han puesto de manifiesto tanto las protestas de la Generación Z de octubre de 2025 como la crisis de Ceuta de este verano. Ambas cuestiones suponen un desafío a la capacidad del nuevo gobierno de abordar los grandes retos socioeconómicos que Marruecos tiene por delante en clave interna. En cuanto a la política exterior, de nuevo Ceuta, la cuestión del Sáhara Occidental y las relaciones con Israel marcarán la agenda.

Unas elecciones predecibles

El pasado 23 de septiembre se celebraron en Marruecos las elecciones legislativas que determinarán la nueva composición de la Cámara de representantes y el gobierno para los próximos cinco años. Sin mucha sorpresa, y tal y como había previsto la prensa local, el partido victorioso en los comicios ha sido el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), segunda formación en el actual gobierno de coalición saliente, que gana diez escaños pasando de los 87 a los 97 (prácticamente un cuarto de la cámara, de 395 escaños). De acuerdo con la Constitución, el PAM, como principal fuerza del país, será el encargado de formar gobierno, aunque la designación del candidato a primer ministro depende directamente del rey. Dos nombres parecen destacar sobre el resto como posibles candidatos: Fouzi Lekjaa, ministro de Presupuesto y, sobre todo, presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, cargo que le ha otorgado una amplia popularidad; y Fatima Zahra-Mansouri, alcadesa de Marrakech y ministra de Urbanismo, que otorgaría a Marruecos su primera mujer al frente del gobierno.

A pesar de la notable caída del, hasta ahora, primer socio de gobierno, la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), que ha perdido un tercio de los escaños (66 escaños frente a 102 en 2021), y del Partido Istiqlal, que pierde 17 escaños hasta los 65 escaños, los tres partidos salientes del gobierno de coalición consiguen renovar su posición como las tres fuerzas más votadas del país. La principal sorpresa la ofrece la formación islamista, el Partido de Justicia y Desarrollo (PJD), que remonta hasta la cuarta posición con 54 escaños, después del descalabro histórico vivido en 2021 (de 125 a 13 escaños) que puso fin a una década de liderazgo gubernamental. Con 26 partidos accediendo a la nueva Cámara, pero tradicionalmente ocho partidos aglutinando la mayor parte de los escaños, la situación del resto de partidos muestra escasas diferencias.

La gran protagonista de los comicios, sin embargo, ha sido la abstención, que asciende hasta el 61,9% del electorado inscrito, remontándose a los niveles de participación de 2007, que coincidieron con el peor resultado de la historia del país. La diferencia entre la población inscrita (15,8 millones de personas) y la población en edad de votar (aproximadamente 28 millones) hace aún más notable la falta de participación, que disminuye del 38,1% anunciado hasta el 22% real.

Los resultados presentados plantean distintas preguntas de cara a los próximos cinco años: ¿buscará el PAM una revalidación del gobierno de coalición o tratará de abrir el gobierno a nuevas formaciones? ¿Será esta renovación de la composición parlamentaria suficiente para hacer frente a los importantes desafíos internos a los que se enfrenta el país? ¿Tendrá el nuevo gobierno alguna consecuencia sobre la política exterior desarrollada por Marruecos?

Las siguientes secciones tratan de dar respuesta a estas preguntas, arrojando luz sobre los principales retos a los que se enfrenta el país, las propuestas presentadas durante las elecciones, y el impacto que los resultados pueden tener sobre las relaciones exteriores de Marruecos.

Claves externas

La precampaña electoral ha estado, sin duda, marcada por la crisis ocasionada en Ceuta por la entrada ilegal de 80.000 personas el pasado 30 de julio. El acontecimiento renovó el debate sobre los riesgos de la externalización de las fronteras europeas y de instrumentalización migratoria, así como sobre los problemas estructurales que empujan a la población marroquí a salir del país[1]. Mientras que el debate social ha tenido mucho impacto en la campaña, no ha ocurrido lo mismo con las reivindicaciones soberanistas, más allá de unas pocas alusiones iniciales realizadas en agosto, al calor de la tensión política generada por la situación. La publicación el 10 de septiembre de un comunicado oficial por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores[2] puso fin al silencio que había caracterizado al gobierno marroquí y cerró la cuestión en la agenda política.

Por otro lado, con una nueva votación sobre la renovación de MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental) prevista para finales de octubre, la cuestión del Sáhara Occidental constituye el segundo elemento clave al que atender mientras se desarrollan las elecciones. No en vano, el Sáhara Occidental constituye "el prisma a través del cual Marruecos considera su entorno internacional", como afirmó el rey Mohamed VI en 2022. Sin embargo, a pesar de su relevancia, el hecho de que la política exterior del país constituya un dominio reservado de Palacio, que designa al ministro de Asuntos Exteriores (uno de los denominados ministerios de soberanía) y que su desarrollo sea autónomo a la composición del gobierno hace que estos temas rara vez trasciendan al ámbito electoral.

Estrechamente vinculado a la cuestión saharaui figura el establecimiento de relaciones entre Marruecos e Israel. La normalización entre ambos países en 2020 se enmarcó en un acuerdo tripartito con Estados Unidos, que tuvo como contraparte el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el territorio del Sáhara. Desde entonces, Marruecos no solo ha ahondado en unas productivas relaciones económicas y, sobre todo, securitarias con Israel, incluyendo la apertura de una oficina de enlace diplomático en Tel Aviv, sino que ha visto cómo su propuesta de autonomía avanzada para este territorio obtenía un respaldo creciente por parte de la comunidad internacional –incluyendo España, que apoyó la propuesta en 2022–. El reconocimiento de la cuestión del Sáhara como "causa nacional" en Marruecos convierte este asunto en uno de los principales pilares del éxito de la política exterior impulsada desde Palacio.

Las relaciones Marruecos-Israel sí intervinieron de dos formas en las elecciones: de manera indirecta, a través de la publicación de un comunicado conjunto entre Marruecos, Israel y Estados Unidos el 16 de septiembre, ya en plena campaña, en el que se anunciaba una profundización en las relaciones entre ambos países, incluyendo la apertura de embajadas. De forma más explícita, a pesar de haber sido el partido firmante del acuerdo durante su segunda legislatura, el PJD ha hecho de la ruptura de relaciones con Israel uno de los principales ejes de su campaña, en contraposición directa con la postura de Palacio. El rechazo popular que desde 2020 ha suscitado la normalización de relaciones se ha convertido en un elemento directo de cuestionamiento de la política exterior marroquí[3].

Por último, no se puede subestimar el impacto de los éxitos futbolísticos de Marruecos en los dos últimos mundiales, así como el hecho de que el país acoja la próxima Copa del mundo, junto con España y Portugal. Este horizonte hará de la formación resultante de las elecciones el "gobierno del mundial", encargado de garantizar el éxito de esta tarea. En este contexto debe entenderse también la incorporación de Fouzi Lekjaa al PAM apenas dos meses antes de las elecciones, un movimiento que habría contribuido a reforzar significativamente la popularidad del partido.

Claves internas

Si bien la crisis de Ceuta ha vuelto a poner en evidencia la falta de oportunidades a la que se enfrenta la población marroquí, en especial los jóvenes, el problema ya se había hecho patente con las llamadas protestas de la Generación Z 212 el pasado octubre de 2025. En aquel momento, un cuarto de millón de jóvenes se organizó a través de la plataforma Discord y protestó en la calle contra la falta de inversión social, principalmente en los sectores educativo y sanitario (situación que había actuado como detonante de las protestas) y la ausencia de un modelo de desarrollo sostenible. Aunque las reivindicaciones se dirigieron al rey como interlocutor legítimo del país, también mostraron el fracaso del modelo de desarrollo social impulsado desde Palacio en 2021. Eslóganes como "los estadios están aquí, pero ¿dónde están los hospitales?" expresaban el rechazo de la política de megaproyectos adoptada por el gobierno saliente[4].

En el centro de este descontento figuran los jóvenes, con una tasa de desempleo del 37,2%, frente al 13% de desempleo general, así como una población dependiente del sector informal, que a día de hoy continúa representando un tercio del PIB del país[5].

El terremoto que asoló la región de Marrakech-Safi en 2022, con una cifra de víctimas mortales que ascendía casi a los 3.000, y las críticas en torno a la incapacidad de gestión y la falta de infraestructura existente muestran una tercera arista de este problema social, enfatizando las desigualdades existentes entre los núcleos urbanos y las áreas rurales del país. Todo ello evidencia el auténtico desafío al que se enfrenta Marruecos, un crecimiento económico "a dos velocidades", fruto de las distintas pautas de inversión y desarrollo económico adoptadas.

En el plano político, el proceso de reconsolidación autoritaria vivido en Marruecos desde hace ya una década[6] hace cada vez más patente el distanciamiento entre el texto constitucional aprobado en 2011, al calor de la Primavera Árabe, y la práctica política. El escaso margen de maniobra que tiene el gobierno y el discurso omnipresente sobre las virtudes del rey en contraposición con los vicios del gobierno[7] ahondan en una crisis política que tiene en su centro la falta de confianza en las instituciones y los partidos políticos. El MIPA Trust Index[8] mostraba en 2023 que solo un 33% por la población confiaba en los partidos, mientras que la confianza en el gobierno se mantenía en el 43%, con un descenso del 26% frente a 2022. Los últimos resultados del Arab Barometer, publicados en 2024[9], sostienen esta tendencia, con solo un tercio de los jóvenes expresando su confianza en el gobierno.

Desde esta perspectiva, la decisión del primer ministro saliente, Aziz Ajanuch, de dimitir como secretario general de su partido –el RNI– en enero de 2026 y de no concurrir a las actuales elecciones fueron el primer reflejo del fracaso de la política económica impulsada por el gobierno saliente.

Los desafíos sociales y políticos ponen de relieve la brecha existente entre el fortalecimiento del posicionamiento geopolítico de Marruecos y la fragilidad del modelo socioeconómico que sustenta al país. También muestran las limitaciones de la reforma política impulsada durante la Primavera Árabe en 2011, que ha sido incapaz de poner fin a las réplicas contestatarias que desde entonces han sacudido el país de manera periódica.

Elecciones de 2026: grandes ambiciones, grandes limitaciones

El poder adquisitivo, el empleo y la soberanía han sido los ejes centrales de los programas electorales de los principales partidos políticos. Estos tres ámbitos son un claro reflejo del peso de lo social como desafío interno del país y muestran el impacto que cuestiones como la crisis de Ceuta y las protestas de la Generación Z han tenido en Marruecos. También coinciden con los ámbitos de acción identificados por el rey Mohamed VI en el discurso del trono, en línea con el papel directivo que han tenido tradicionalmente los discursos reales. En este se identificaban dos grandes ejes de acción: el fortalecimiento del Estado social y el refuerzo de la soberanía o autonomía estratégica, con un foco en la soberanía agroalimentaria, farmacéutica y de la industria de defensa[10].

El resultado son programas electorales muy similares en sus propuestas, en las que las principales diferencias radican en el papel otorgado al Estado en la elaboración de estas políticas, desde un Estado intervencionista para los partidos de tendencia socialdemócrata como la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) o el Partido del Progreso y el Socialismo (PPS), a una fuerte apuesta por el sector privado en el caso del RNI, con una postura intermedia en el caso del PAM y el PJD; y el sesgo social más liberal o conservador –este último, en el caso del PJD y el Partido Istiqlal– en temas como la familia y la moralización de la sociedad. Propuestas estrella como la creación de un millón de empleos por parte del PAM y el RNI (que repetía promesa electoral sin haber logrado cumplirla en su mandato en el gobierno), el aumento del salario mínimo interprofesional por parte del RNI (actualmente, en torno a 3.400 hasta los 5.000 dirhams) o la expansión de los sectores educativos y sanitarios abrieron el debate sobre la viabilidad presupuestaria de esos objetivos.

Con unas estrategias de comunicación política más orientadas a la crítica personal y la movilización de las redes clientelares que al análisis programático, la campaña enfrentó desde un inicio al RNI o al PAM, con distintos reproches por su actuación como socios de coalición. Ambos partidos fueron pronto identificados por la prensa como los principales líderes en intencionalidad de voto (las encuestas electorales como tal continúan estando prohibidas en el país). Por su parte, el PJD se posicionó como voz crítica del RNI de Ajanuch, acusado de ser el epítome de la colisión entre dinero y poder, al tiempo que apostaba por un programa transformador para recuperar a su electorado, que incluía medidas contra la corrupción, la modificación del sistema electoral y, sobre todo, la ruptura de relaciones con Israel.

Las nuevas medidas incorporadas a la ley electoral, que preveían ayudas económicas para la participación electoral de los menores de 35 años, con independencia de su afiliación partidista, y la creación de listas regionales reservadas a candidatas femeninas (que asignan 90 escaños de los 395 de la Cámara) no parecen haber tenido mucho efecto en los resultados de los comicios.

De hecho, la baja participación de los jóvenes, la reducida presencia de mujeres en las listas y las dificultades a las que se enfrentan los marroquíes residentes en el extranjero constituyen las tres principales anomalías que persisten en el modelo electoral marroquí. Mientras que los jóvenes de entre 18 y 24 años representaban tan solo el 4% de los inscritos en las elecciones, la participación de las mujeres en las listas de los partidos continúa estando condicionada por su concentración en las listas reservadas, encabezando únicamente el 7% de las listas en las circunscripciones locales, que asignarán los 305 escaños restantes. Por su parte, los marroquíes residentes en el extranjero constituyen un colectivo de más de cinco millones de personas que continúa sin disponer de mecanismos efectivos para ejercer su derecho al voto desde el exterior, y sin tener posibilidad de presentarse como candidatos en circunscripciones específicamente reservadas para ellos.

Por último, es necesario destacar que, a pesar de la aparente competición entre candidatos, persiste en Marruecos un modelo electoral que limita la competencia efectiva y contribuye a debilitar el escaso margen de acción que tiene el gobierno para el ejercicio de sus funciones, lo que sin duda ahonda en la desafección y escaso interés mostrado por la población.

Nos encontramos, en primer lugar, un modelo de partidos débil, de cuadros, con escaso arraigo social o base militante, y movilizado principalmente durante el periodo electoral. Esto está derivando en un modelo electoral cada vez más virtualizado, en el que la competición se orienta a la ocupación del espacio mediático, frente al espacio público de la calle. Esto contribuye a que aquellos partidos con mayores recursos económicos adquieran una mayor proyección mediática. Al igual que en 2021, el RNI ha monopolizado el espacio de las redes sociales, acaparando el 77% de los gastos totales de inversión en Facebook e Instagram[11]. Al mismo tiempo, las escasas diferencias en los programas electorales y las dificultades de cumplimiento de las propuestas realizadas limitan el atractivo de los partidos. Un buen ejemplo lo encontramos en las limitaciones presupuestarias que impondrá al gobierno la preparación del mundial 2030 durante los próximos años.

En segundo lugar, el modelo electoral marroquí genera una gran fragmentación parlamentaria, limitando, de facto, la capacidad de acción del Parlamento. La reforma del sistema electoral en 2021, de forma que el cociente de voto se obtiene no a partir de los números de votos (dividido entre el número de escaños), sino del número de inscritos, contribuye a la atomización de la oposición, que queda dividida en un alto número de partidos con pocos escaños y capacidad de intervención real.

En tercer lugar, la persistencia de prácticas como el transfuguismo político, en un país caracterizado por la escasa lealtad partidista, sumada a la movilización de prácticas clientelares, especialmente en las zonas rurales, empañan el ejercicio electoral. En esta ocasión, el fichaje de Fouzi Lekjaa como candidato del PAM supuso todo un terremoto de transfuguismo[12].

La iniciativa adoptada por Transparency Maroc, que envió una carta a los principales partidos políticos animándolos a apoyar una serie de medidas contra la corrupción, y las escasas respuestas recibidas (únicamente 4 partidos de los 12 contactados –USFP, PPS, PSU y FGD, todos ellos de izquierdas–) parecen confirmar la persistencia de este tipo de prácticas y conductas.

En cuarto lugar, el diseño constitucional limita la capacidad efectiva del poder ejecutivo. El papel ejecutivo reservado al rey, la persistencia de ministerios de soberanía elegidos directamente por este (que incluyen los ministerios del Interior, de Asuntos Exteriores, de Habous y Asuntos Islámicos, el secretario general de Gobierno y el ministro delegado de Administración y Defensa), así la capacidad del ministro del Interior de diseñar las circunscripciones electorales, limitan el interés de la población por unas elecciones en las que los representantes electos tienen un poder de actuación limitado.

Por último, aunque los índices de represión directa son muy bajos, la reforma de la ley relativa a la Cámara de representantes (ley 53.25) para incluir una cláusula prohibiendo la difusión de noticias falsas abre la puerta a la limitación de la libertad de expresión durante el periodo electoral. Por su lado, la campaña de llamada al boicot de las elecciones lanzada por el partido de extrema izquierda Vía Democrática en las calles del país fue duramente reprimida, culminando con la detención de una veintena de sus miembros[13].

Conclusiones: posibles consecuencias de la formación de un nuevo gobierno

Recuperando las preguntas planteadas al inicio, aunque aún es pronto para confirmarlo, la composición parlamentaria resultante de las elecciones permitiría renovar la coalición de gobierno, que ha conservado la mayoría parlamentaria, con el PJD como posible fuerza de oposición. La alternancia del liderazgo del gobierno entre el RNI y el PAM contribuiría a paliar el desgaste experimentado por el RNI bajo el liderazgo de Ajanuch. Se apostaría, así, por un gobierno estable de cara a 2030 y la celebración del mundial de fútbol, capaz de abordar las necesidades presupuestarias del país sin promover cambios transformadores. La posibilidad de que el PAM pudiese sustituir al RNI por una coalición más amplia con otros partidos como la USFP y el Movimiento Popular (MP) tampoco supondría, en cualquier caso, un cambio en las políticas gubernamentales.

En lo que respecta a la política exterior, la separación de competencias entre gobierno y palacio, así como el mantenimiento de esta área como dominio reservado de este último, hace suponer que los resultados electorales no impactarán en la política exterior desarrollada por Marruecos. Aunque la normalización de las relaciones con Israel ha aparecido en distintos momentos de la campaña y puede considerarse uno de los ejes del éxito electoral del PJD, confirmando al mismo tiempo la existencia de un claro rechazo social hacia esta cuestión, no parece que ello vaya a traducirse en un cambio sustantivo de los alineamientos geopolíticos del país. Por otro lado, tanto las declaraciones postelectorales del PAM sobre la importancia de mantener unas buenas relaciones con España como, sobre todo, la reunión el pasado 24 de septiembre entre el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y su homólogo español, José Manuel Albares, permiten anticipar una posible distensión en las relaciones entre ambos países.

Una cuestión diferente es la capacidad del gobierno entrante de abordar los desafíos socioeconómicos que experimenta Marruecos, la mayoría de ellos estructurales y difíciles de abordar en un solo mandato o sin promover reformas de calado. La revalidación de resultados electorales en 2026 confirma el cambio de ciclo ya anunciado en 2021, que dejaba atrás una década marcada por las tensiones en torno a los límites del ejercicio del poder ejecutivo por parte de Palacio, derivadas tanto de la presión popular ejercida en 2011 como de las tensiones políticas experimentadas durante los gobiernos liderados por el PJD. Los acontecimientos de los últimos años, sin embargo, también ponen de manifiesto el carácter incompleto de este cambio de ciclo y el cierre en falso de las dinámicas que lo habían propiciado. El nuevo escenario político continúa sin ofrecer una respuesta suficiente al descontento expresado ya durante la Primavera Árabe, que sigue manifestándose de manera recurrente a través de movilizaciones sociales.

Las ideas expresadas en este Análisis corresponden al autor y no reflejan necesariamente la postura del CEARC

Crédito de imagen: Wikimedia Commons CC0 1.0 / Taha Ahh


Notas y referencias

[1] Abdelhak Bassou, "La crisis de Ceuta de julio de 2026: Condiciones estructurales, amplificadores coyunturales y factores desencadenantes", Policy Center for the New South, PB 47/26, 13/08/2026. Disponible en: https://www.policycenter.ma/publications/la-crisis-de-ceuta-de-julio-de-2026-condiciones-estructurales-amplificadores

[2] "Derniers développements des relations maroco-espagnoles: précisions du ministère des Affaires étrangères (communiqué)", Agence MAP, 10/09/26. Disponible en: https://www.mapnews.ma/fr/actualites/politique/derniers-d%C3%A9veloppements-des-relations-maroco-espagnoles-pr%C3%A9cisions-du-minist%C3%A8re

[3] Alfonso Casani, Francesco Colin e Irene Fernández-Molina, "Foreign Policy and Domestic Opposition Spaces under Authoritarianism: Moroccan Political Reconfigurations in Response to Israel's Wars on Gaza". Government and Opposition 60 (4): 1292–312, Cambridge Core, 28/08/2026. Disponible en: https://doi.org/10.1017/gov.2025.10022

[4] Francesco Colin, "Gen Z 212 Earthquake Youth Shaking Morocco's Politics", Arab Reform Initiative, 16/10/2025. Disponible en: https://www.arab-reform.net/publication/gen-z-212-earthquake-youth-shaking-moroccos-politics

[5] Aicha el-Amrani, "The Informal Economy Poses a Challenge to the Social Protection Program", Moroccan Institute for Policy Analysis (MIPA), 3/07/2026. Disponible en: https://mipa.institute/?p=13210&lang=en

[6] Véase por ejemplo los datos del BTI Transformation Index, disponibles en: https://bti-project.org/en/reports/country-dashboard/MAR

[7] Mounia Bennani-Chraïbi, "The King Is Good, the Political Class Is Bad': A Tired Myth". Jadaliyya, 5/09/2017. Disponible en: https://www.jadaliyya.com/Details/34540

[8] Mohammed Masbah, Rachid Aourraz y Hajar Idrissi, "The Trust in Institutions Index IV 2023, Is Political Trust in Morocco Declining?", Moroccan Institute for Policy Analysis (MIPA), 6/09/2023. Disponible en: https://mipa.institute/?p=10689&lang=en

[9] Arab Barometer, "Morocco- Country Reports", Arab Barometer, 2017-2024, Disponible en: https://www.arabbarometer.org/countries/morocco

[10] Discurso de Mohamed VI con motivo de la Fiesta del Trono. Disponible en: https://diplomatie.ma/es/sm-el-rey-dirige-un-discurso-la-naci%C3%B3n-con-motivo-de-la-fiesta-del-trono-texto-%C3%ADntegro-0

[11] "Élections: combine l'État donne-t-il aux partis? Où passe cet argent? Sont-ils contrôlés?", Telquel, 4/09/2026. Disponible en: https://telquel.ma/2026/09/04/elections-combien-letat-donne-t-il-aux-partis-ou-passe-cet-argent-sont-ils-controles_2005756

[12] Mohammed Boudarham, "Pratiques électorales: transhumance, népotisme, "zroud" et rabatteurs…Ces mauvais reflexes à la peau dure", Telquel, 4/09/2026. Disponible en: https://telquel.ma/2026/09/04/pratiques-electorales-ces-mauvais-reflexes-a-la-peau-dure_2005788

[13] "Morocco arrests campaigners behind election boycott movement days before vote", The New Arab, 21/09/2026. Disponible en: https://www.newarab.com/news/morocco-arrests-election-boycott-campaigners-days-vote

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