El nacimiento de la Tercera República de Líbano

Imad K. Harb
Imad K. Harb Director de Investigación y Análisis del Arab Center Washington DC
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El presidente de Líbano, Joseph Aoun, y el primer ministro, Nawaf Salam. X/ Presidencia de Líbano

La elección el pasado 9 de enero de 2025 de Joseph Aoun, comandante del Ejército libanés, como decimocuarto presidente de Líbano puede muy bien significar la inauguración de la Tercera República libanesa, un acontecimiento que podría marcar el comienzo de una nueva política para el país. La Primera República se instauró tras una rápida revuelta de un grupo de élites sectarias contra el gobierno francés en 1943 y con ella se inauguró el Líbano independiente. La Segunda República llegó con el final de la guerra civil de 1975-1990 y la firma de los Acuerdos de Taif en Arabia Saudí en 1989. Sin embargo, esta tercera es una promesa de nuevas esperanzas para el país si los agentes nacionales saben cómo aprovechar las ventajosas condiciones regionales e internacionales y evitar las trampas de la competencia entre facciones políticas que desembocaron en los actuales problemas políticos y económicos que sufre el Líbano.

Se consideró que Aoun era el candidato natural para el cargo más importante del país debido a su puesto como comandante de las Fuerzas Armadas Libanesas, que son probablemente la institución estatal más cohesionada y popular del Líbano. Aoun es el quinto comandante del ejército en ser elegido presidente desde 1958 en una república democrática constitucional, parlamentaria y multiconfesional. Si tenemos en cuenta los desafíos a los que se enfrentan tanto él como el país, su mandato de seis años pondrá a prueba su temple como líder y árbitro entre innumerables facciones y agendas políticas polémicas. De hecho, su éxito a la hora de abordar las complicaciones del Líbano y de acotar los intereses contrapuestos contribuirá a la supervivencia de esta Tercera República y, con ella, del país como Estado-nación independiente.

La primera señal de optimismo sobre la capacidad de Aoun para lanzar con éxito la Tercera República es la selección de Nawaf Salam como primer ministro designado por una mayoría de parlamentarios en las consultas que exige la Constitución.

Salam es un jurista de reconocido prestigio internacional y actualmente ejerce como presidente de la Corte Internacional de Justicia. Entre 2007 y 2017 representó al Líbano en las Naciones Unidas. Salam recibió 84 votos frente a los 9 de su rival, el actual primer ministro en funciones Najib Mikati, mientras que 34 miembros del Parlamento, incluidos los pertenecientes a Hezbolá y su aliado el Movimiento Amal, decidieron no respaldar a ningún candidato. Su abstención a la hora de nombrarlo y su preferencia por el amistoso Mikati priva a Salam del apoyo directo de los principales partidos que representan a la comunidad chií en el país. Esto podría suponer un obstáculo para el buen funcionamiento del nuevo gabinete.

Pero existe la posibilidad de que esto no se materialice habida cuenta tanto del alto grado de apoyo que Aoun y Salam recibieron en el Parlamento (99 y 84 votos de 128, respectivamente) como de la debilidad frente a otras facciones políticas que tiene Hezbolá, considerado durante mucho tiempo el responsable de la toma de decisiones finales en el gobierno y las políticas estatales. De hecho, si bien todavía es muy difícil afirmar que Israel ha derrotado definitivamente a Hezbolá tras más de 14 meses de conflicto, el partido ha quedado muy dañado y ha perdido gran parte de su invencibilidad debido a las circunstancias que rodearon su enfrentamiento con el Estado sionista. En primer lugar, sus zonas de apoyo popular en el sur, los suburbios del sur de Beirut y el noreste del país han sufrido una gran destrucción física e incalculables pérdidas económicas y esto plantea dudas sobre la capacidad del partido para proteger a sus electores.

En segundo lugar, al acceder a un alto el fuego con Israel, Hezbolá también se ha visto obligado a abandonar las zonas de operaciones militares al sur del río Litani y, por lo tanto, a ceder involuntariamente su pretensión de ser el defensor del país contra los ataques israelíes. En tercer lugar, con las Fuerzas Armadas Libanesas desplegándose gradualmente junto a la Fuerza Provisional para el Líbano de las Naciones Unidas a lo largo de la frontera con Israel y aceptando la aplicación de las estipulaciones del alto el fuego y de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU de 2006, Hezbolá tendrá dificultades para constituir una fuerza de combate en un futuro próximo. Estas consideraciones y la consiguiente incapacidad de Irán para reabastecer al partido con armas a través de Siria con vistas a fortalecerlo en la política interna del Líbano han hecho, a todos los efectos, que Hezbolá sea menos influyente en el proceso político y se muestre más abierto a un entendimiento. 

Una consecuencia directa de todas estas tribulaciones de Hezbolá es la inequívoca posibilidad de que el partido ya no pueda obligar al esperado gabinete de Nawaf Salam a aceptar el principio de "Ejército, pueblo, resistencia" como parte de su programa de gobierno en potencia. También puede haber perdido su capacidad de obligar a este gabinete a ceder a la oposición —que Hezbolá podría muy bien liderar a partir de ahora— un tercio de los puestos del gabinete para que pueda optar constitucionalmente por el colapso del Gobierno al ordenar la dimisión de sus ministros, algo que ya hicieron el partido y sus aliados en 2011 contra el antiguo primer ministro Saad Hariri. Estos dos principios (la trifecta de ejército, pueblo, resistencia y la contingencia de un tercio) han sido "espadas de Damocles" que pendían sobre las cabezas de los sucesivos primeros ministros. Esto ha permitido a Hezbolá dictar las políticas y decisiones gubernamentales en detrimento de una gobernanza eficaz. Con sus fuertes lazos con Irán, Hezbolá también permitió a Teherán tener una influencia desmesurada en Beirut en detrimento de la soberanía e independencia del Líbano.

Por otra parte, la elección de Aoun y la selección de Salam recibieron una buena acogida y apoyo a nivel regional e internacional. Quizás el acontecimiento más ventajoso para el lanzamiento de una prometedora Tercera República en el Líbano fuera el colapso del régimen de Bashar al-Assad en Siria y el surgimiento de lo que hasta ahora parece ser una versión moderada de un sistema político islamista centrado en reestructurar el orden político de Siria y reactivar su economía.

Durante una visita reciente del primer ministro Mikati a Damasco, el nuevo gobernante de Siria, Ahmad al-Sharaa, se comprometió a mantener la neutralidad en el tratamiento de los asuntos internos del Líbano, una postura muy alejada del trato preferencial que Siria, bajo el régimen de Assad, dio a Hezbolá y a sus aliados durante décadas antes de su derrocamiento. Hezbolá fue fundamental para evitar el colapso del régimen sirio durante la Revolución Siria, ya que envió a miles de sus combatientes para luchar contra la oposición a Assad. Como resultado, el dominio de Hezbolá en la política libanesa antes de la caída de Assad alineó al Líbano directamente con el bando sirio-iraní a pesar de la oposición política y popular generalizada a vincular el país al "Eje de la Resistencia" liderado por Irán. Otro círculo de apoyo al nuevo orden del Líbano procedió de las potencias internacionales y del Mundo Árabe; en particular, de los Estados del Golfo, los Estados Unidos y Francia. Las buenas relaciones con los países del Golfo no auguran solamente una renovación de los lazos con el Mundo Árabe en general, sino que también garantizarán la financiación necesaria para la recuperación económica y la reconstrucción tras una larga guerra entre Hezbolá e Israel. Hoy en día, el Líbano necesita poner en orden la  economía del país  tras un colapso financiero precipitado y una grave devaluación de la moneda nacional. Según datos del Banco Mundial, el Líbano tuvo que hacer frente a  8.500 millones de dólares en "daños físicos y pérdidas económicas" como consecuencia de la guerra de Hezbolá con Israel. Fuentes informaron de que Arabia Saudí se había comprometido a proporcionar ayuda para la reconstrucción del Líbano en caso de que Aoun fuera elegido presidente, un deseo que se materializó el 9 de enero. Otros países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo también se han comprometido  a ayudar al nuevo gobierno libanés tras su constitución.

Las condiciones actuales tras la elección de Aoun y la selección de Salam son, de hecho, propicias para el lanzamiento de la Tercera República del Líbano. Para que tenga éxito, existen tres requisitos importantes. En primer lugar, la república debe recibir el pleno apoyo y la cooperación del pueblo libanés para que el Estado libanés restablezca sus instituciones soberanas y el respeto del Estado de derecho. En segundo lugar, el presidente Aoun y el primer ministro designado Salam deben demostrar su habilidad diplomática a nivel nacional, regional e internacional. En tercer lugar y habida cuenta de la situación de inestabilidad en el Mediterráneo oriental, la comunidad internacional debe esforzarse por ayudar a los nuevos dirigentes del país a superar los numerosos y difíciles obstáculos a los que se enfrentarán. Sobre todo, es importante que las principales potencias influyentes se unan para frenar los agresivos planes de Israel en el sur del Líbano y contra todo el país.

* Este trabajo fue publicado originalmente por el Arab Center Washington D. C. Puede consultarse aquí.

Las ideas expresadas en este Comentario corresponden al autor y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.

Crédito de la imagen: X / Presidencia de Líbano

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