Estados Unidos anunció el 26 de junio que se había acordado un "marco trilateral" entre Líbano e Israel —con el apoyo estadounidense— que redefinía la naturaleza del conflicto entre ambos países[1]. Este acuerdo fue el resultado de cinco rondas de negociaciones directas patrocinadas por Estados Unidos desde el 14 de abril. El texto del acuerdo, anunciado por el Departamento de Estado estadounidense y firmado por la parte libanesa, estipula que el fin de la guerra y la retirada israelí del territorio libanés ocupado se producirán como resultado de acuerdos de seguridad basados en el desarme de Hezbolá, no solo en el sur, sino en todo el territorio libanés. Estos acuerdos han de ser implementados por el Gobierno libanés, supervisados por Estados Unidos y verificados por Israel.
En su contenido, redacción y tono, el acuerdo va más allá de todos los acuerdos previos que Líbano ha firmado con Israel —incluidos el Acuerdo de Armisticio de 1949, el "Acuerdo del 17 de mayo" de 1983, la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (que puso fin a la guerra de julio de 2006) e incluso el acuerdo de noviembre de 2024 que puso fin a una guerra de 66 días entre Hezbolá e Israel—. Mediante este último acuerdo, el Estado libanés consiente de facto la ocupación israelí, a la espera del desarme completo de Hezbolá. El marco sustituye la exigencia oficial libanesa de una retirada israelí por una obligación para el propio Estado libanés: desarmar primero a Hezbolá, como condición para la retirada de Israel. Se trata de una tarea que es incapaz de llevar a cabo.
Las cláusulas clave del acuerdo
El acuerdo, compuesto por 14 cláusulas, se basa en una premisa fundamental: que cualquier retirada o redespliegue israelí del sur de Líbano está condicionado a que el Gobierno libanés desarme a Hezbolá. Otorga a Estados Unidos un papel central en la supervisión de su implementación y vincula la reconstrucción y el apoyo económico a la reconstrucción del aparato de seguridad de Líbano[2], todo ello sujeto al consentimiento oficial libanés. Los detalles del acuerdo reflejan la intención de las partes de poner fin al estado de guerra entre ellas y transitar hacia un proceso de negociaciones directas, patrocinadas por Estados Unidos, para resolver las cuestiones pendientes y alcanzar una paz duradera.
El acuerdo establece asimismo un marco por fases para que el Ejército libanés restablezca la autoridad del Estado en todo el territorio libanés, mediante despliegues graduales en "zonas piloto" del sur. Esto se llevará a cabo en paralelo al desarme de los grupos armados no estatales y al desmantelamiento de su infraestructura militar, lo que permitirá la retirada gradual de las fuerzas israelíes del territorio libanés. El acuerdo reafirma el derecho exclusivo del Gobierno libanés al uso de la fuerza en su territorio y su autoridad para decidir sobre cuestiones de guerra y paz. Asimismo, establece un mecanismo de coordinación militar, en el que participa Estados Unidos, para supervisar y verificar la implementación de las medidas de seguridad asociadas.
Además, el acuerdo vincula el cumplimiento de estas obligaciones de seguridad con la puesta en marcha de un proceso integral para la reconstrucción y la recuperación económica de Líbano. El apoyo internacional, en particular el de Estados Unidos, está condicionado al logro de hitos específicos y verificables en lo que respecta a la extensión de la autoridad estatal, el desarme de los grupos armados y la prevención de que estos accedan a financiación o se beneficien de los fondos destinados a la reconstrucción. Estipula la creación de grupos de trabajo para negociar un acuerdo integral de paz y seguridad entre Líbano e Israel, así como la adopción de medidas de fomento de la confianza (entre ellas, el cese de las hostilidades, la cooperación en materia de detenidos y la recuperación de los restos de los fallecidos). Todo ello tiene como objetivo una transición gradual desde los acuerdos de alto el fuego hacia una relación estable y pacífica entre ambos países.
El contexto del acuerdo
El acuerdo entre Líbano e Israel se firmó en el contexto de una guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. Hezbolá se sumó a ese conflicto por voluntad propia, sin consultar a la población libanesa ni siquiera a su propia base social. Dicho esto, hasta entonces había respetado el alto el fuego vigente desde el 27 de noviembre de 2024, un compromiso que Israel no había cumplido —al igual que sigue violando el alto el fuego en Gaza—. Tras el ataque de Hezbolá contra Israel el 2 de marzo, y en un intento por evitar que Líbano se viera arrastrado a otra guerra más, el Gobierno libanés convocó apresuradamente una sesión presidida por el presidente Joseph Aoun. El Gobierno emitió una resolución en la que condenaba cualquier acción militar lanzada desde territorio libanés y afirmaba que las decisiones sobre la guerra y la paz debían recaer exclusivamente en el Estado. La resolución también imponía una prohibición inmediata de las actividades militares y de seguridad de Hezbolá[3]. Antes de la reunión del Consejo de Ministros, el presidente había calificado las acciones de Hezbolá de "irresponsables", señalando que corrían el riesgo de arrastrar a Líbano al conflicto regional —una opinión compartida por el primer ministro Nawaf Salam, quien se comprometió a proteger los intereses del pueblo libanés[4].
La decisión del Gobierno libanés del 2 de marzo supuso la culminación de un largo proceso de presión por parte de Estados Unidos destinado a desarmar a Hezbolá. Este proceso había comenzado el 7 de agosto de 2025, cuando Beirut aceptó una propuesta del enviado estadounidense Tom Barrack para consolidar el alto el fuego de 2024 entre Líbano e Israel, lo que incluía establecer un calendario para el desarme de Hezbolá[5]. Sin embargo, la guerra contra Irán introdujo una nueva dimensión en la lucha interna libanesa en torno al desarme de Hezbolá. Mientras Irán insistía en que Líbano se incluyera en el acuerdo de alto el fuego con Estados Unidos mediado por Pakistán el 8 de abril de 2026 —sobre todo teniendo en cuenta que Hezbolá había entrado en la guerra en apoyo de Irán—, Israel insistía en desvincular a Líbano de la vía de Islamabad y en conservar su propia libertad de acción dentro del territorio libanés, una postura que había mantenido desde el acuerdo de noviembre de 2024.
Antes del anuncio del alto el fuego con Irán, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había informado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que Israel respetaría la tregua, pero subrayó públicamente que esta "no incluye a Líbano"[6]. En un intento por impedir que Irán vinculara ambas vías, Israel también aceptó una propuesta presentada por el presidente Aoun el 9 de marzo —que anteriormente había ignorado— para declarar un alto el fuego general, junto con la retirada israelí del territorio libanés ocupado y los esfuerzos para abordar el asunto de las armas que se encuentran fuera del control estatal, a cambio de entablar negociaciones directas con Israel para poner fin al estado de guerra entre ambos países[7].
Tras el cambio de postura de Israel respecto a la propuesta libanesa, Estados Unidos acogió en Washington unas negociaciones bilaterales directas entre Líbano e Israel el 14 de abril de 2026, aproximadamente una semana después de que se alcanzara el acuerdo de alto el fuego con Irán. Tras la primera ronda de negociaciones entre las delegaciones libanesa e israelí el 16 de abril de 2026, Trump anunció una tregua de diez días en Líbano[8], que entró en vigor al día siguiente. El acuerdo de alto el fuego parecía, por tanto, ser el resultado de dichas negociaciones. Sin embargo, la tregua anunciada por Trump no abarcaba todo el territorio libanés. En cambio, Israel intentó posteriormente conectar el suburbio sur de Beirut y bastión de Hezbolá, Dahiya, con los centros urbanos del norte de Israel, al tiempo que conservaba su libertad de acción contra Hezbolá en el sur de Líbano, donde los ataques del grupo se habían limitado a las fuerzas israelíes presentes en suelo libanés.
Divisiones libanesas respecto a Irán
Los esfuerzos de Israel por desvincular las negociaciones de Estados Unidos con Líbano de vía iraní coincidían con los deseos del Gobierno libanés, especialmente después de que Irán tomara represalias contra un ataque israelí del 7 de junio contra los suburbios del sur de Beirut con el pretexto de que se habían lanzado dos proyectiles desde Líbano hacia el norte de Israel. Este intercambio vinculó firmemente la trayectoria de la guerra en Líbano con la del conflicto de Irán con Estados Unidos en el Golfo. Esta dinámica se cristalizó en el memorando de entendimiento firmado por Washington y Teherán en Ginebra el 18 de junio, que estipulaba el cese de las hostilidades en todos los frentes —incluido Líbano—, así como la reapertura del estrecho de Ormuz y el inicio de negociaciones sobre el programa nuclear iraní, a cambio del levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes y la creación de un paquete de incentivos económicos y alivio de sanciones[9].
La lucha interna en Líbano en torno a su relación con Irán fue uno de los principales motivos que impulsaron la decisión de las autoridades libanesas de entablar negociaciones directas con Israel y aceptar un acuerdo que condicionaba la retirada israelí del sur de Líbano al desarme de Hezbolá. El acuerdo llegó incluso a incluir el compromiso de ambos países de cesar "todas las acciones hostiles o adversas en los foros políticos o jurídicos internacionales", una exigencia que iba más allá incluso de las incluidas en los acuerdos de normalización. Esta insistencia oficial libanesa en desvincular ambas vías —o, como la calificaron los críticos, la incapacidad de Beirut para aprovechar las nuevas circunstancias— aceleró el proceso de negociación, lo que condujo en última instancia a la firma del marco trilateral.
Mientras que el presidente y el primer ministro insisten en el derecho soberano de Líbano a negociar por sí mismo, rechazan cualquier vínculo entre la toma de decisiones de Beirut y las negociaciones entre Irán y Estados Unidos, y consideran que la negociación es la única vía para poner fin a la guerra y garantizar la retirada israelí del sur, Hezbolá insiste en que fue la presión que Irán ejerció sobre Estados Unidos al cerrar el estrecho de Ormuz —y no las negociaciones directas del Gobierno con Israel— lo que obligó a un alto el fuego en Líbano. El movimiento cree que son la resistencia armada y la coordinación con Irán las que obligarán a Israel a retirarse del territorio libanés ocupado. Por lo tanto, se decanta por un enfoque basado en un acuerdo regional y busca aprovechar cualquier presión internacional o regional sobre Israel, en lugar de participar en un proceso de negociación directa en el que Líbano tiene poca influencia[10].
Dada esta profunda división interna y el propio deseo del Gobierno libanés de liberarse de la órbita de Irán, Beirut aceptó un acuerdo que vinculaba la retirada israelí del sur, los esfuerzos de reconstrucción y el retorno de los desplazados al compromiso de Hezbolá de desarmarse. En realidad, sin embargo, vinculó estos resultados a su propia capacidad —y a la de sus aliados— para desarmar al movimiento, al tiempo que se sometía a nuevas restricciones al aceptar los dictados estadounidenses, tal y como se le presentaron y sin discusión alguna.
Análisis del acuerdo
Una lectura atenta del marco trilateral revela un intento estadounidense-israelí de remodelar el panorama político y de seguridad que había surgido en Líbano tras la guerra de julio de 2006. A diferencia de acuerdos anteriores, el último acuerdo no se limita a poner fin a la guerra, sino que redefine sus causas fundamentales. Por primera vez en la historia de los acuerdos árabe-israelíes, el texto identifica a la resistencia, y no a la ocupación, como la causa principal del conflicto entre Líbano e Israel. Al hacerlo, desplaza la esencia del conflicto libanés-israelí hacia la estructura interna del propio Estado libanés. Y lo que es más grave, atribuye la culpa de la ocupación en curso a Hezbolá, presentando la insistencia del grupo en conservar sus armas como la razón de la ocupación continuada del territorio libanés por parte de Israel. En otras palabras, presenta el efecto como la causa. Desde esta perspectiva, y a diferencia de los acuerdos de 2006 y 2024, el acuerdo no pretende simplemente detener las operaciones militares o establecer medidas de seguridad fronteriza. En cambio, busca alterar el entorno que Israel y Estados Unidos consideran la fuente del conflicto: la existencia de una fuerza militar independiente del Estado libanés, cuya posesión continuada de armas supone una amenaza para Israel.
Además, el texto redefine el concepto de soberanía libanesa. En el discurso político libanés desde el Acuerdo de Taif de 1989, que puso fin a la guerra civil del país, la soberanía se ha vinculado al fin de la ocupación israelí. En cambio, el último acuerdo vincula la soberanía al desarme de Hezbolá. Además, aunque el marco se presenta como recíproco, una lectura detenida de sus términos revela un claro desequilibrio entre las obligaciones de los dos signatarios. Se exige a Líbano que desarme a todos los grupos armados presentes en su territorio, desmantele su infraestructura militar, proteja sus fronteras, impida el flujo de fondos hacia dichos grupos, reestructure su aparato de seguridad y establezca mecanismos de supervisión, quedando la ayuda económica supeditada al cumplimiento de estas obligaciones. Israel, por su parte, no ofrece ningún compromiso de este tipo. En cambio, condiciona el redespliegue de sus fuerzas al cumplimiento de estas condiciones por parte de Líbano. La retirada de Israel depende, por tanto, de la implementación por parte de Líbano, en lugar de constituir una obligación jurídica independiente. Este acuerdo otorga a Israel el derecho a detener su aplicación siempre que considere que Líbano no ha cumplido con sus obligaciones, lo que, en la práctica, legitima la ocupación continuada a menos que la parte libanesa cumpla la condición clave para ponerle fin: el desarme de Hezbolá.
El acuerdo también supone un cambio notable en el papel de Washington. Estados Unidos no es meramente el patrocinador del acuerdo, sino la principal autoridad que supervisa su aplicación. Washington participa en la verificación del desarme de Hezbolá, lidera el grupo de coordinación militar, supervisa los mecanismos de apoyo financiero y militar, y condiciona la ayuda económica a su propia evaluación del proceso de implementación. Otra paradoja clave radica en el hecho de que el acuerdo resta importancia a cuestiones que en su día constituyeron el núcleo del conflicto libanés-israelí, como la ocupación israelí, las fronteras, las violaciones israelíes y los prisioneros. En cambio, se centra en reestructurar el equilibrio de poder dentro de Líbano.
En consecuencia, el acuerdo transforma la cuestión de Hezbolá de un asunto vinculado al conflicto árabe-israelí a uno que atañe a la construcción del Estado libanés y a su capacidad para mantener el monopolio del uso de la fuerza. Esto refleja un cambio en el enfoque de Estados Unidos, que ahora considera que el conflicto libanés-israelí debe abordarse en primer lugar mediante la reestructuración del Estado libanés, en lugar de mediante el fin de la ocupación. Esta premisa contradice la realidad de que Hezbolá no es simplemente una organización militar, sino un actor político y social con una base popular y una red de alianzas nacionales y regionales. Todo ello aumenta el riesgo de que Líbano se vea empujado al borde de la guerra civil, al enfrentar entre sí a las fuerzas políticas y sociales libanesas y exponer al estamento militar libanés a graves peligros al encargarle el desarme de Hezbolá antes de que se alcance un consenso interno en Líbano y sin abordar las razones que Hezbolá esgrime para conservar sus armas, ejerciendo presión para que se produzca una retirada israelí y garantizando el regreso de los refugiados y las personas desplazadas a sus pueblos.
Conclusión
El marco trilateral no supone un paso hacia el fin de la guerra, cuyas causas fundamentales son la ocupación en curso y los ataques de Israel contra Líbano. Por el contrario, constituye un intento de redefinir el conflicto, responsabilizando a Hezbolá del mismo y vinculando su resolución a la capacidad del Gobierno libanés para desarmar al movimiento, independientemente de si se pueden cumplir las condiciones necesarias para ello. Dado que el Estado no puede desarmar a Hezbolá sin desencadenar una guerra civil, se ha visto atrapado, en la práctica, entre dos opciones: la guerra civil o la ocupación israelí continuada y el desplazamiento de los residentes del sur. En consecuencia, la realidad sobre el terreno permanece inalterada y la ocupación israelí persiste, pero ahora el acuerdo cuenta con consentimiento libanés.
Por su parte, Netanyahu considera el acuerdo como un logro personal. Si algún actor internacional exigiera una retirada, ahora puede esgrimir un acuerdo que lleva la firma del representante libanés. Líbano sigue enfrentándose a divisiones internas, especialmente en lo que respecta al papel de Irán en el país, al rechazo de Hezbolá al marco acordado y a la dificultad de desvincular la escena libanesa de la trayectoria de las relaciones entre Estados Unidos e Irán. En consecuencia, el Estado no podrá monopolizar el uso de la fuerza, hacer valer su soberanía e independencia sobre su territorio ni controlar las decisiones de guerra y paz —derechos inherentes a Líbano al igual que a cualquier otra nación— a menos que estas medidas vayan acompañadas de una retirada israelí del territorio libanés ocupado, un acuerdo político interno que redefinan la relación entre el Estado y Hezbolá, y un entendimiento regional más amplio que ponga fin a la injerencia extranjera en los asuntos libaneses.
A falta de tales medidas, el acuerdo corre el riesgo de convertirse simplemente en un nuevo marco para la gestión de crisis, o incluso de desencadenar una nueva crisis en el corazón de Líbano, en lugar de servir como puerta de entrada a una resolución sostenible del conflicto. Se trata de una posibilidad que las autoridades libanesas, en su afán por liberarse de la "tutela iraní" a cualquier precio, claramente no han tenido en cuenta.
Este Análisis fue publicado originalmente por el Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS), puede consultarse en inglés en este enlace.
Las ideas expresadas en este Análisis corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC
Crédito de imagen: Official State Department photo / James C. Pan.
Notas y referencias
[1] Marco Rubio, secretario de Estado, "The United States, Israel and Lebanon Sign the Trilateral Framework", U.S. Department of State (comunicado de prensa), 26/6/2026. Disponible en: https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesperson/2026/06/the-united-states-israel-and-lebanon-sign-the-trilateral-framework
[2] "Full text of Lebanon-Israel framework agreement", Naharnet, 27/6/2026. Disponible en: https://www.naharnet.com/stories/en/320949-full-text-of-lebanon-israel-framework-agreement
[3] "Líbano prohíbe las actividades militares de Hezbolá y exige que entregue sus armas" (en árabe) al-Jazeera, 2/3/2026. Disponible en: https://www.aljazeera.net/news/2026/3/2/عاجل-رئيس-الحكومة-اللبنانية-نعلن
[4] Sohair Mahmud, "Nawaf Salam advierte contra las 'aventuras irresponsables" (en árabe), Arabian Week, s.f. Disponible en: https://arabianweek.news/نواف-سلام-يحذر-من-مغامرات-غير-مسؤولة/
[5] "Lebanon Seeks a State Monopoly on Arms: Political and Security Implications", Arab Center for Research and Policy Studies, 13/8/2025. Disponible en: https://www.dohainstitute.org/en/PoliticalStudies/Pages/security-and-political-implications-of-the-lebanese-governments-decision-to-establish-state-monopoly-on-arms.aspx
[6] Alexander Ward y Michael Amon, "Israel Says Cease-Fire Doesn't Extend to Its Invasion of Lebanon", The Wall Street Journal, 7/4/2026. Disponible en: https://www.wsj.com/livecoverage/iran-war-2026-trump-deadline-latest-news/card/israel-says-cease-fire-doesn-t-extend-to-its-invasion-of-lebanon-0L2NXkuBsBpmOGNnqhBT
[7] "The Iran–Israel Standoff over Lebanon: A Truly United Front?" Arab Center for Research and Policy Studies, 11/6/2026. Disponible en: https://www.dohainstitute.org/en/PoliticalStudies/Pages/iran-israel-standoff-over-lebanon-unity-of-fronts-or-separate-trajectories.aspx
[8] Barak Ravid y Dave Lawler, "Trump announces 10-day ceasefire between Israel and Lebanon", Axios, 16/4/2026. Disponible en: https://www.axios.com/2026/04/16/lebanon-ceasefire-trump-aoun-israel-netanyahu
[9] "El memorando de Islamabad: ¿alto el fuego o pausa estratégica?", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 25/6/2026. Disponible en: https://www.cearc.net/el-memorando-de-islamabad-alto-el-fuego-o-pausa-estrategica/
[10] "Naim Qassem: cuatro factores nos ayudan a superar esta etapa, y rendirse no es la solución" (en árabe), Arab 48, 4/5/2026. Disponible en: https://www.arab48.com/أخبار-عربية-ودولية/أخبار--الوطن-العربي/2026/05/04/نعيم-قاسم-4-مؤثرات-تساعدنا-على-اجتياز-هذه-المرحلة-والاستسلام-لن-يكون-الحل