¿Es el antisionismo una forma de antisemitismo? El antisionismo como fenómeno judío

Azmi Bishara
Azmi Bishara Director General del Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS)
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Antisionismo vs. Antisemitismo

Tras su visita el miércoles al cementerio judío de Quatzenheim, en el este de Francia, después de que decenas de tumbas fueran vandalizadas con cruces gamadas, el presidente francés, Emmanuel Macron, se comprometió a tomar "medidas legales" para combatir el antisemitismo y dijo: "Actuaremos, aprobaremos leyes, castigaremos". Posteriormente, Macron visitó el Memorial del Holocausto en París junto a los presidentes del Senado y de la Asamblea Nacional. Al día siguiente, en un discurso pronunciado en la 34ª cena anual del grupo CRIF, Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia, Macron prometió que su país aplicaría en su legislación una definición de antisemitismo acorde con la utilizada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto. Se incluye aquí al antisionismo, que según Macron es "una de las formas modernas de antisemitismo"[1]. Es indudable que las abominables pintadas que profanan esas tumbas son delitos de odio antisemita. Pero ¿cómo relacionar todo esto con el antisionismo y las posiciones sobre Israel?

Independientemente de si Macron realmente quiere, o incluso puede, aprobar una legislación de este tipo, parece que el presidente francés es un ignorante tanto sobre el antisionismo como sobre el antisemitismo. Le sorprenderá descubrir tanto que algunos de los pensadores más importantes sobre el antisionismo son intelectuales judíos de diversas tendencias políticas, como que el propio antisionismo, al igual que el sionismo, es un fenómeno judío que surgió originalmente como una respuesta judía al sionismo. A Macron le resultará difícil clasificar el antisionismo como antisemita, dado que no existe ninguna conexión entre ambas ideas.

Quizás sea verdad que después del establecimiento de Israel, o poco antes de ello, y en medio de una intensa actividad sionista en Palestina, pueda haber habido cierta intersección entre el rechazo indígena del sionismo como proyecto colonial (no judío) y algunos elementos de la propaganda antisemita en Europa. Esta propaganda puede haber proporcionado terminología y teorías conspirativas listas para su importación a Palestina, pero no existía ninguna relación histórica o teórica entre ambos movimientos. El rechazo palestino y árabe al sionismo no era una cuestión de hostilidad étnica, religiosa o social hacia los judíos, sino de rechazo a la colonización de su país, de la misma manera que los argelinos se negaron a aceptar el colonialismo de colonos en su propio país e igual que han hecho otros pueblos y lo harían independientemente de su religión y de la religión de los colonos/colonizadores. Todas las resoluciones aprobadas por las conferencias palestina y siria de la década de 1920 establecieron ya desde entonces distinciones entre los judíos "nacionales" (es decir, indígenas) y los colonos judíos. El detestable (aunque poco frecuente) recurso de algunos discursos nacionalistas árabes a elementos del lenguaje de la extrema derecha europea, sobre todo tras la derrota de 1967, representa la generalización de la propaganda hostil en un contexto de un conflicto militar. La propaganda interna israelí no ha tenido el más mínimo reparo en utilizar imágenes y lenguaje racistas contra árabes y musulmanes. De hecho, el racismo antiárabe ha penetrado en el currículo educativo israelí, en el discurso militar y de los medios de comunicación y en muchas obras literarias[2].

Los judíos antisionistas han justificado su postura basándose en argumentos religiosos, morales o intelectuales, ya sean de izquierdas o liberales. Del mismo modo que hay judíos antisionistas, en Europa y en los Estados Unidos hay muchos antisemitas que admiran tanto a Israel como al sionismo. El objeto de admiración y alabanza pudiera ser el fuerte Estado de colonos establecido por el sionismo, el militarismo israelí o el modelo que Israel ha presentado a la hora de luchar tanto contra el terrorismo como contra los musulmanes. En algunos casos, la admiración es colusoria habida cuenta de que el sionismo actúa para librar a Europa de su población judía. Esto es lo que desean los antisemitas. Las corrientes antisemitas observan satisfechas cómo los judíos se agrupan en un país de Oriente Próximo y dejan de ser una molestia para Europa.

Religión y nacionalismo

No existe un solapamiento de relevancia entre antisemitismo y antisionismo. Pero ¿por qué decir que el antisionismo es un fenómeno judío?

El sionismo surgió tras la creación de una nueva definición de judaísmo que transformó históricamente el significado de lo judío. Es lógico que la primera reacción a este acto fuera judía. Para los religiosos, el sionismo reformuló el judaísmo a partir del "pueblo elegido de Dios", del "pueblo del libro" o del "pueblo diferente a los demás pueblos" hasta una nación étnica que, al igual que otras naciones europeas del siglo XIX, pretende alcanzar la soberanía nacional en un Estado nacional. La única diferencia es que en este caso se hace fuera de Europa. Para los laicos, el sionismo reformuló el judaísmo y lo transformó de una religión (que no debería haber impedido su integración en las naciones de los Estados laicos de los que eran ciudadanos) a una identidad étnica.

La primera postura antisionista surgió en el seno de las corrientes religiosas judías más destacadas y no solamente porque el sionismo es un movimiento laico, sino porque el sionismo cometió el imperdonable crimen de secularizar el propio judaísmo al convertir la religión en una nacionalidad étnica.

Las corrientes religiosas judías han variado en su comprensión del pueblo elegido de Dios. Algunos grupos consideran que Dios ha colocado a los judíos por encima de otros pueblos, mientras que otros derivan el significado de "elegido" de la época de las profecías, lo que se traduce en deberes éticos y religiosos y en cargas adicionales y no en una serie de privilegios. Existen muchas otras ideas. En cualquier caso, existe un consenso general que rechaza la idea de que lo judío significa una nación que lucha por un Estado en este mundo. Algunos de estos movimientos esperan que el Mesías construya su Estado celestial y salve al pueblo judío. Así pues, el sionismo recibe la consideración de falsa profecía, representada por el proyecto de Estado, que se proclama a sí mismo como un (falso) Mesías y que interfiere en la obra de Dios. La mayoría de las corrientes religiosas judías, ya sean jasídicas, pseudomísticas o ultraortodoxas modalistas, se han opuesto a esta secularización de la comunidad judía como nación y no como religión[3].

Hubo una estrecha corriente de pensamiento religioso judío que se cruzó con el sionismo y que dio lugar al movimiento Mizrahi. En mi opinión y en la de muchos otros, este movimiento formó el núcleo del posterior solapamiento entre nacionalismo y religión en los movimientos de colonos y movimientos religiosos nacionalistas extremistas en Israel. Hasta el surgimiento de este movimiento existía una ruptura total entre la religiosidad judía y la "sionización". La expansión de los movimientos nacionalistas y religiosos en Israel se debe al crecimiento de la influencia de la Yeshiva Mercaz HaRav de Jerusalén y a la euforia israelí tras el "milagro divino" de 1967, que condujo a la ocupación de "Judea y Samaria" (Cisjordania) y a la "reunificación" del Israel bíblico bajo el Estado de Israel. Hasta entonces, el sionismo laico había hecho uso de la religión por necesidad ya que, en última instancia, era imposible justificar la elección de Palestina para establecer un Estado sin la conexión bíblica, y también porque la respuesta dada por el sionismo y el Estado de Israel a la pregunta de "¿quién es judío?" (una pregunta necesaria para definir la ciudadanía) era la de los judíos tal y como los define el judaísmo. Hace tiempo que predije que estos movimientos se expandirían y que su discurso se volvería hegemónico como resultado de las prácticas de la ocupación y de la convergencia del discurso sionista con el discurso religioso para justificar la ocupación de Jerusalén y Cisjordania[4].

La segunda corriente que no concuerda con el sionismo es la izquierda judía. En los partidos comunistas, en particular los bolcheviques rusos, había quienes consideraban el sionismo un movimiento burgués que conducía a la separación de los trabajadores judíos de la lucha de la clase obrera por una sociedad más justa. Para ellos, la cuestión judía y la opresión de todas las minorías podían resolverse con el fin de la explotación y la lucha de clases. Había también bundistas judíos, que entendían el judaísmo como algo tanto religioso como nacional/cultural y creían que la cuestión judía se resolvería en el socialismo, si bien había problemas específicos de los judíos que debían resolverse obteniendo el estatus de minoría legal. Veían el sionismo como un movimiento aislacionista que pretendía unirse a la actividad colonial en el Mashreq árabe y no como una solución a la cuestión judía en Europa[5]. En los dominios rusos, Polonia y los países bálticos la izquierda judía organizada en movimientos y sindicatos engendró algunas corrientes sionistas que anhelaban combinar la liberación nacional y de clase mediante el establecimiento de colonias socialistas en Palestina. Sin embargo, no lograron resolver la contradicción entre lo que consideraban liberación nacional y de clase y sus prácticas de colonización de la patria de otro pueblo y permanecieron cautivos de esta contradicción. El movimiento antisionista de izquierdas se mantuvo fuerte durante todo el siglo XX ya que la proporción de judíos en los movimientos de izquierdas, comunistas y socialistas en Europa, incluida Francia, era alta en relación con la proporción de judíos de la población general. Creían que la solución a la cuestión judía pasaba por resolver el problema de las clases sociales en Europa.

Una tercera corriente está representada por los asimilacionistas judíos y la componen liberales, demócratas y otras fuerzas no ideológicas, como el filósofo judío Hermann Cohen y el escritor Karl Kraus, entre muchos otros. Incluso el propio padre del sionismo, Herzl, estaba a favor del asimilacionismo antes de presenciar el juicio Dreyfus en Francia. La mayoría de ellos creían que la transición de los europeos a la democracia liberal garantizaba a los judíos la ciudadanía y la integración dentro de sus sociedades[6]. Este fue el caso de la mayoría de los judíos de Alemania, Francia y Gran Bretaña, que se sintieron sorprendidos por el nazismo al recordarles su condición de judíos. Las desgracias personales y los trágicos finales de personalidades como Stefan Zweig, y quizá también Walter Benjamin, dieron una expresión particular a este hecho. Pero más importantes son los millones de judíos a los que ningún escritor o pensador dio expresión. En la obra de Zygmunt Baumann en la que extrae las lecciones del Holocausto, especialmente en su Modernidad y Holocausto, el autor intenta vincular una posición general contra el racismo, el extremismo nacionalista y la xenofobia con una oposición al trato israelí hacia el pueblo palestino. A lo largo de su libro, Baumann rechaza la pretensión israelí de hablar en nombre de las víctimas y la instrumentalización sionista del Holocausto[7]. Hannah Arendt y otros pensadores precedieron con críticas similares que partían de la moral universal del Holocausto y del rechazo a cualquier tipo de racismo, incluido el racismo judío.

Desde entonces, el sionismo culpa de los fracasos de su política a los judíos que considera engañados por las ideas del socialismo y el liberalismo. Los escritores sionistas se jactan del éxito del sionismo al adoptar la ideología predominante de la época, el nacionalismo. Los sionistas, antaño una minoría entre los judíos, han tenido éxito allí donde han fracasado las ideas más populares entre los judíos. Bajo su punto de vista, el sionismo reconoció que la solución a los problemas étnicos no era la democracia liberal ni el socialismo, sino el establecimiento del Estado. En su opinión, el nazismo y el antisemitismo son la mejor prueba de que el sionismo era la opción correcta y de que los asimilacionistas de Alemania, Francia y el resto de Europa estaban equivocados.

Ninguno de los debates celebrados hasta ahora ha tenido en cuenta la naturaleza de esta "solución nacional" a la cuestión judía: un proyecto colonial aplicado a costa de otros. Esto sigue siendo reflejo de un debate interno europeo, principalmente judío.

La enfermedad crónica europea

¿Cómo afrontará estas cuestiones el señor Macron? La ignorancia no es una excusa para un jefe de Estado, máxime si se trata de un Estado importante. Estos debates forman parte de la historia de Francia y no solamente de Alemania. Como demuestra la experiencia de Herzl, el antisemitismo francés contribuyó al surgimiento del sionismo. Francia proporcionó un prototipo de integración civil, pero a pesar de ello el antisemitismo asomó su fea cabeza en el juicio Dreyfus, "despertando" a Herzl y abriéndole los ojos a una "realidad" que no había visto antes: que la discriminación contra los judíos en los países europeos era una enfermedad crónica e incurable y que los judíos seguirían siendo extranjeros en Europa por mucho que intentaran asimilarse[8].

El aliado ideológico objetivo no intencionado del sionismo es el antisemitismo. Así lo apuntó el pensador judío Claude Montefiore a principios del siglo XX en su crítica a la creación de una doble lealtad para los judíos[9]. Además, el sionismo desde el principio no solamente consideró el antisemitismo como una enfermedad eterna que azotaba a los pueblos de los países en los que vivían los judíos, sino que también modeló una visión negativa (casi racista) del carácter de un judío débil, humillado y rechazado que carecía de carácter nacional y de sentimiento nacional.

El libro de Herzl describe el Estado judío con descripciones despectivas de los inmigrantes judíos rusos en Europa Central, en una terminología que casi no desentonaría en un diccionario antisemita[10]. Más tarde, el sionismo desarrolló el "perfil" del judío israelí, seguro de sí mismo hasta la agresión, que trabaja la tierra y lleva armas, y que consigue salvarse del victimismo convirtiéndose en un ocupante (un victimario).

Históricamente, fue el antisemitismo y las oleadas de persecución sufridas por los judíos lo que dio origen a su proyecto. Los grupos judíos fueron persuadidos para emigrar de sus países bajo el peso de cada nueva oleada de antisemitismo que se registraba en Europa, ya fueran los Cien Negros en Rusia, los nazis en Alemania o el racismo en Francia. En cualquier caso, después de cada oleada, fueron los Estados Unidos (siempre que se pudo), y no Israel, el destino de la mayoría de los inmigrantes. Incluso cuando fueron perseguidos, la mayoría de los judíos no se hicieron sionistas. Para ellos, el proyecto sionista era algo distinto y que pretendía alcanzar objetivos que nada tenían que ver con el alivio de su sufrimiento.

Es natural que los no judíos no sean sionistas. El sionismo es un movimiento judío. Se trata de un movimiento que no concierne a los no judíos a menos que sea una amenaza o implique ideas y prácticas que contradigan sus principios. Y no todos los intelectuales en desacuerdo con el sionismo se volvieron necesariamente hostiles o esencialmente antisionistas. Además, tampoco es que tuviera una posición negativa hacia los judíos.

Los que odiaban a los judíos por motivos religiosos, étnicos o sociales (las tres fuentes del antisemitismo) ya lo hacían antes de que surgiera el sionismo. La mayoría de los que estaban en contra del sionismo eran judíos. El antisemitismo, religioso, social y racista, es un fenómeno racista que existía antes del sionismo. Pero ya no es el fenómeno central en la vida política y social de Occidente y nunca se convirtió en un fenómeno global, a diferencia de lo que Israel ha intentado presentar como tal para obtener beneficios políticos[11].

El sionismo en Palestina

No se puede decir que los árabes y los musulmanes del siglo XIX fueran antisionistas. Ni siquiera sabían qué era esto y no significaba nada para ellos. Cuando la hostilidad al sionismo surgió en Palestina, no era algo intelectual, sino la actitud colectiva de los campesinos, los intelectuales y la burguesía nacional de un pueblo que llevaba siglos viviendo en Palestina y que se oponía a los asentamientos en su tierra, sobre todo después de darse cuenta de que se trataba de un proyecto político para establecer un Estado tras la Declaración Balfour adoptada como parte del Mandato Británico.

El establecimiento de un Estado judío en un país en el que entonces vivía una mayoría árabe y una pequeña minoría judía solamente podía significar su expulsión de sus tierras. En aquella época reinaba la tolerancia y los judíos religiosos vivían en Palestina antes del sionismo, como demuestran los numerosos barrios judíos de Jerusalén, Hebrón, Tiberíades y Safed. Los pueblos árabes no estaban familiarizados con el antisemitismo. El Imperio Otomano y los países árabes sufrieron ocasionalmente oleadas de incitación y prácticas brutales contra las minorías religiosas, sobre todo en tiempos de crisis. Sin embargo, era más la excepción que la regla. No se produjeron fenómenos antijudíos especialmente hostiles que pudieran calificarse de antisemitismo. Cabe señalar que una de las primeras condenas contra el asentamiento sionista laico en Palestina fue emitida por la propia comunidad judía ortodoxa de Jerusalén. Fueron ellos los primeros en denunciar ideológicamente el asentamiento sionista en Palestina en una petición dirigida al sultán otomano[12].

Las actitudes judías respecto al sionismo han cambiado desde que consiguió establecer un Estado. El sionismo siguió siendo un movimiento minoritario entre los judíos a nivel internacional hasta la victoria israelí en la guerra de 1967, que consiguió despertar una amplia empatía judía hacia Israel y convenció a los judíos de todo el mundo de que el proyecto era realista y no una mera aventura. Sin embargo, el cambio más importante tuvo lugar dentro del propio Israel. La realidad del Estado difiere de la idea y el movimiento y de sus vínculos con los intereses, las contradicciones económicas y sociales internas, las cuestiones de identidad israelí, las alianzas y políticas internas y externas, los conflictos regionales e internacionales y las cuestiones geoestratégicas. Muchos partidos religiosos han quedado vinculados a los servicios prestados por el Estado y "sionizados" por su implicación en el nacionalismo israelí durante la lucha contra los árabes. Una izquierda y una derecha israelíes que únicamente tenían una afinidad insignificante con la izquierda y la derecha judías antes del establecimiento del Estado judío surgieron mano a mano con el militarismo israelí y la vanidad del poder al tiempo que se engendraba un conflicto sobre el carácter laico/religioso del Estado. Herzl se convirtió en un laicista moderado en comparación con los de este Estado. Herzl fue partidario de conceder los mismos derechos civiles a los árabes y abogaba por evitar Jerusalén y el llamado "Monte del Templo" para preservar el carácter laico de su futuro Estado. Sin embargo Israel, que ocupa la totalidad de Jerusalén, Cisjordania y los Altos del Golán, asedia Gaza y posee armas nucleares, sigue desempeñando el papel de víctima y utilizando el recuerdo del Holocausto para representar a unas víctimas que nunca pidieron que Israel las representara, además de acusar de antisemitismo a cualquiera que critique la política de Israel en Occidente.

Las cuestiones del racismo y el sionismo acabaron solapándose con las políticas internacionales. El 10 de noviembre de 1975, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 3379, que afirmaba que "el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial". Esta resolución fue anulada por la resolución 46/86 el 16 de diciembre de 1991, tras el colapso del comunismo[13].

En ambos casos, las consideraciones estaban relacionadas con las alianzas internacionales y un cambio en el equilibrio de poder internacional entre la etapa de alianzas entre países neutrales y el ámbito socialista en las décadas de los 60 y los 70, en la que la OLP alcanzó un peso cualitativo, y la ruptura de estas alianzas. Las alianzas de Israel con los Estados Unidos desempeñaron un papel clave en todo esto, pero el antisemitismo no era tanto el asunto en cuestión como las prácticas israelíes contra el pueblo palestino bajo ocupación. Todo esto no solamente no ha cambiado sino que más bien se ha exacerbado y los niveles de racismo en el propio Israel no han hecho nada más que aumentar según todo tipo de encuestas israelíes[14].

El ultraderechista de los países occidentales actuales, cuyo discurso político y cultura concuerdan con el "perfil" de un antisemita, es un admirador de Israel y de Netanyahu. Admira la construcción por parte de Israel del muro de separación en Palestina y sus tratos con los árabes, que constituyen un ejemplo a seguir para Europa y Estados Unidos. Ama a Putin y a Trump y odia a los musulmanes. El antisemitismo contemporáneo no es antisionismo, sino xenofobia y, más concretamente, islamofobia. El antisemitismo no puede combatirse congraciándose con los grupos de presión y los políticos israelíes durante una reunión del lobby, sino que requiere que combatamos todo tipo de racismo, independientemente de que vaya dirigido contra judíos, musulmanes, negros o blancos.

* Este Análisis fue publicado originalmente por el Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS). Puede consultarse aquí.

Crédito de imagen: ACRPS


Notas y referencias

[1] Véase: "Macron anuncia medidas para combatir el antisemitismo en Francia", (original en inglés) France 24, 21 de febrero de 2019, consultado en: https://amp.france24.com/en/20190220-macron-announces-measures-combat-anti-semitism-france-crif-definition-anti-zionism; y Richard Lough, "El presidente francés Macron dice que el antisionismo es una forma de antisemitismo", (original en inglés) Reuters, 21 de febrero de 2019, consultado en: https://uk.reuters.com/article/uk-france-antisemitism-idUKKCN1QA1GX.

[2] Daniel Bar-Tal y Yona Teichman, Stereotypes and Prejudice in Conflict: Representations of Arabs in Israeli Jewish Society (Cambridge: Cambridge University Press, 2009). Mazal Mualem, "El racismo antiárabe se convierte en herramienta en las elecciones israelíes", (original en inglés) Al-Monitor, 10 de febrero de 2015, en: http://bit.ly/2Udgp5i; Nurit Peled-Elhanan, Palestine in Israeli School Books: Ideology and Propaganda in Education, (Nueva York: I.B. Tauris, 2012); Ben White, Palestinians in Israel: Segregation, Discrimination and Democracy, prólogo de Haneen Zoabi (Londres: Pluto Press, 2012), Ali Abunimah, "Racismo e incitación antiárabes en Israel" (original en inglés), The Electronic Intifada, 30 de marzo de 2008, en: http://bit.ly/2IAmS8V

[3] Es bien conocida la postura de los judíos ortodoxos, incluida la constitución del partido antisionista Agudat Israel en 1912. No hay espacio aquí para citar amplios ejemplos de la hostilidad aguda y emocional que los judíos ortodoxos sentían hacia el sionismo. Sin embargo, se puede decir lo mismo del judaísmo reformista. Las posturas antisionistas aparecieron incluso antes del Primer Congreso Sionista de 1897, por ejemplo en la conservadora Conferencia de Fráncfort (1845) y en la Conferencia Rabínica de Filadelfia (1869), o en la Plataforma de Pittsburgh (1885), así como en una resolución emitida en la primera Conferencia Central del Grupo Reformista (1890).

[4] Azmi Bishara, "Dawwamat ad-Din wa'd-Dawla fi Isra'il", ad-Dirasat al-Filistiniyya 1:3 (verano de 1990), pág. 24 (consultado el 28/02/2019), en: https://bit.ly/2Eyv7hv

[5] Por ejemplo, la sección judía del Partido Comunista Soviético (Yevsektsiya) adoptó una posición explícitamente antisionista en sus esfuerzos por movilizar a los trabajadores judíos en organizaciones revolucionarias, y abogó por una solución a la "cuestión judía" basada en la lucha contra el capitalismo, el imperialismo y la discriminación racial y religiosa, que incluía la lucha contra los capitalistas judíos aliados del sionismo.

[6] Durante la primera mitad del siglo XIX, Marx y Bruno Bauer debatieron si la solución era la democracia liberal o el socialismo. Bauer consideraba que la ciudadanía en cualquier Estado democrático laico europeo era suficiente para integrar a los judíos como ciudadanos, mientras que Marx creía que primero había que liberar a la sociedad del capital para que los judíos también se liberaran.

[7] Zygmunt Bauman, Modernidad y Holocausto (Ithaca, N.Y.: Cornell University Press, 1989). Editado en español por Ediciones Sequitur.

[8] El caso Dreyfus comenzó en 1894 cuando el capitán Alfred Dreyfus, un judío francés, fue acusado de traición por haber enviado archivos confidenciales franceses a Alemania. El caso dividió a los intelectuales y políticos franceses hasta 1906 y su consecuencia fue que la "solución al problema judío" se convirtiera en una obsesión para Hertzl. Véase: Katrin Schultheiss, "The Dreyfus Affair and History", Journal of The Historical Society, vol. 12, núm. 2 (junio de 2012), págs. 189 a 203, consultado el 28/02/2019, en: https://bit.ly/2HaWd0f; "Herzl", Neue Freie Presse, junio de 1899, en: Alex Bein, Theodor Herzl: A Biography (Nueva York: Jewish Publication Society of America, 1941).

[9] Geoffrey Alderman, Modern British Jewry, (Nueva York: Clarendon Press of Oxford University Press, 1992) Rev. ed.1998, pág. 232.

[10] Theodor Herzl, A Jewish State: An Attempt at a Modern Solution of the Jewish Question (Nueva York: The Maccabaean Publishing Co, 1904), págs. 12 y 13.

[11] La congresista estadounidense Ilhan Omar fue objeto de una amplia campaña que la acusaba de antisemitismo por una publicación en Twitter en la que criticaba a un grupo de presión israelí (AIPAC), un lobby que trabaja abierta y oficialmente para influir en los responsables políticos cuyas actividades deberían ser objeto de críticas, duras críticas si es necesario. En unas doce horas, la dirección del partido demócrata emitió una declaración en la que reprendía a la congresista por su publicación, por la que esta a su vez se disculpó. Muchos republicanos siguieron pidiendo su expulsión de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso. Véase: "La congresista musulmana Ilhan Omar, en medio de una polémica por antisemitismo tras criticar a políticos proisraelíes" (original en inglés) The New Arab, 12/02/2019, en: http://bit.ly/2EcDYUV; John Bowden, "La congresista Omar borra los tuits en el centro de la polémica antisemita", (original en inglés) The Hill, 26/02/2019, en https://bit.ly/2Vmwcif; Sheryl Gay Stolberg, "Ilhan Omar se disculpa por unas declaraciones condenadas como antisemitas", (original en inglés), The New York Times, 11/02/2019, en https://nyti.ms/2I9ywY3

[12] Zvi Sobel, Benjamin Beit-Hallahmi (eds.), Tradition, Innovation, Conflict: Jewishness and Judaism in Contemporary Israel, (Nueva York, State University of New York Press, 2012), págs. 5 a 7.

[13] "Resolución 3379 de la Asamblea General de las Naciones Unidas: Eliminación de todas las formas de discriminación racial", 10 de noviembre de 1975, en: http://bit.ly/2Tha6QM; "Resolución 46/86 de la Asamblea General, Revocación de la resolución 3379", 16 de diciembre de 1991, en: http://bit.ly/2SYRWDW

[14] Véase: "Huquq al-Insan 2016: Tahdidat wa-Furas" (original en árabe), ACRI, 16/12/2016 (consultado el 26/02/2019 en http://bit.ly/2IErryU); Aviram Zino, "El racismo en Israel está en auge" (original en inglés), Ynet News, 12/08/2007, en: http://bit.ly/2Nu0zAH.

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