Siria y la importancia de la dimensión local

Leila Nachawati Rego
Leila Nachawati Rego Profesora de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid
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Mujeres sirias demandan justicia para sus familiares detenidos y desaparecidos en una marcha en Idlib el 22 de diciembre de 2024. EFE/EPA/BILAL AL HAMMOUD

Comprender Siria requiere un triple análisis: local, regional y global. Sin embargo, mientras que abundan los enfoques centrados en la geopolítica y la influencia de actores regionales e internacionales, los análisis en clave local siguen siendo marginales en gran parte de la producción académica y mediática internacional. Esta ausencia contrasta con el trabajo que sí llevan años desarrollando numerosos investigadores, periodistas y activistas sirios desde dentro del país y desde el exilio, a través de medios como al-Jumhuriya, Enab Baladi o SyriaUntold. Es precisamente esta mirada local, centrada en los procesos sociales, culturales y políticos impulsados desde abajo, la que permite entender qué está realmente en juego en un país que intenta avanzar tras más de medio siglo de dictadura y casi quince años de revolución y guerra.

Los más de cincuenta años de tiranía del clan al-Asad convirtieron Siria en un agujero negro informativo, del que apenas se filtraba nada hacia el exterior. La represión ejercida dio lugar a un país hermético que aislaba a su ciudadanía y que apenas recibía cobertura. En 2011, en plena ola de levantamientos y procesos revolucionarios surgidos bautizados como Primavera Árabe, Siria pasó de un hermetismo casi absoluto a ser "el conflicto más mediatizado del mundo". El estallido de contenidos generados por la población a través de plataformas de internet fue tan rápido y abundante que el levantamiento popular sirio llegó a describirse como "la revolución YouTube". Sin embargo, estos contenidos no siempre iban acompañados del contexto necesario para su comprensión por parte del resto del mundo. Frente a una avalancha de mensajes, vídeos e imágenes (muchos de ellos muy gráficos y violentos, difíciles de procesar y contextualizar), se impusieron discursos centrados en aspectos militares y geoestratégicos. A medida que las manifestaciones pacíficas derivaban en un levantamiento armado, tras la brutal represión del régimen, se impuso una lucha por la hegemonía del país supeditada a las injerencias de potencias como Rusia, Irán, Estados Unidos, Arabia Saudí o Turquía. Este marco eclipsó en gran medida las cuestiones internas, las motivaciones y los avances impulsados por la propia ciudadanía siria.

En la actualidad, después del colapso de la dinastía al-Asad en Siria a finales de 2024, los acercamientos al país continúan en gran parte centrados en los factores geopolíticos, tanto regionales como globales. Reconocer su influencia es sin duda necesario para calibrar las amenazas externas y las alianzas que condicionan los procesos que atraviesa Siria, ubicada en un territorio de enorme importancia estratégica. Desde enero de 2025, los sirios han vivido intentos de desestabilización por parte de Rusia y de Irán, un aumento de la influencia turca, intercambio de misiles entre Israel e Irán ("dos enemigos de Siria", según titular de al-Jumhuriya) y presiones derivadas de los avances israelíes más allá de los altos del Golán. También, en un gesto imprevisto y muy bien recibido, un acuerdo con Estados Unidos para el levantamiento de las sanciones que asfixian a la población, en particular a la más desfavorecida. Pero ¿qué ocurre en el interior del país?

Una ventana para la acción política, social y comunitaria

Cualquier acercamiento a Siria debe partir de la situación de devastación económica en la que está sumida (en torno al 90% de los sirios viven bajo el umbral de la pobreza) y de la urgencia de proporcionar servicios básicos a una población exhausta. En este contexto, la caída del régimen de al-Asad ha abierto un espacio único para la acción política, social y comunitaria. El gobierno de transición, aún frágil y sometido a enormes presiones externas e internas, ha tomado medidas como la redacción de una carta constitucional y un proceso nacional de consultas con comunidades locales, minorías y exiliados retornados. Se han establecido comités para la recuperación de infraestructuras básicas, y mecanismos para la repatriación voluntaria y segura de refugiados. Además, tras el levantamiento parcial de las sanciones internacionales comienzan a desbloquearse recursos básicos para la reconstrucción y la importación de bienes de primera necesidad. En este clima de tímida reapertura económica, destacan iniciativas como la convocatoria a la Feria Internacional de Damasco por parte de la Cámara de Comercio, que busca reactivar los intercambios comerciales y atraer inversiones.

Pero los esfuerzos de reconstrucción y reconciliación no parten solo de las instituciones gubernamentales. Son, en buena medida, fruto de la experiencia acumulada durante más de una década de proceso revolucionario y organización comunitaria al margen de la dictadura. A lo largo de estos años, la sociedad siria ha tejido una densa red de iniciativas locales que hoy cobran un nuevo protagonismo. Destacan, por ejemplo, los semilleros autogestionados en zonas rurales de Idlib o la región de Hama, donde agricultores y comunidades desplazadas han puesto en marcha proyectos de cultivo cooperativo y recuperación de tierras abandonadas. En la región del Éufrates, se están reactivando sistemas tradicionales de gestión del agua y del riego que el régimen había desmantelado o dejado en ruinas. Surgen foros vecinales y asambleas de barrio que, de forma autónoma, gestionan la distribución de ayuda humanitaria, organizan brigadas de limpieza y promueven espacios educativos alternativos para niños y jóvenes que han quedado fuera del sistema escolar. Muchas de estas iniciativas son herencia de los Comités de Coordinación Local surgidos en los primeros años del proceso revolucionario, y algunos de sus integrantes son los mismos activistas que desafiaron al régimen por un lado y a quienes, como ISIS, trataron de llenar el vacío de poder con sus propias agendas reaccionarias.

Mujeres y justicia transicional

En el ámbito de la justicia transicional, es fundamental el impulso de la sociedad civil, a través de esfuerzos colectivos como el de Familias Sirias por la Libertad, encabezado principalmente por mujeres que reclaman información sobre los desaparecidos y justicia por los crímenes cometidos por el régimen, y también por grupos como ISIS. Estas mujeres, muchas de ellas madres, hermanas o esposas de detenidos y ejecutados, son uno de los pilares del proceso de memoria y rendición de cuentas, como lo son a menudo las mujeres en los procesos de post-conflicto. Iniciativas como Familias del Archivo César o el Centro de Documentación de Violaciones continúan recopilando pruebas para los procesos judiciales en curso tanto dentro como fuera del país. El papel de las mujeres es central no solo en estas luchas por la justicia, sino también en los espacios de reconstrucción local, donde gestionan programas de mediación comunitaria, escuelas en campamentos de desplazados o consejos de reconciliación para desactivar las tensiones sectarias reavivadas tras el colapso del régimen, incluidos los terribles crímenes en la provincia de Sweida.

El presente y futuro de Siria, en definitiva, no dependen solo de las decisiones que se tomen en los despachos de las grandes potencias. Dependen, también, de la capacidad de las iniciativas locales para consolidarse, de cómo se articulen con un proyecto común de país y del respaldo que reciban de una comunidad internacional que durante muchos años ha dado la espalda a las demandas y reivindicaciones de justicia, libertad y dignidad de la población siria.

Las ideas expresadas en este Comentario corresponden a la autora y no reflejan necesariamente la postura del CEARC

Crédito de imagen: EFE / EPA / Bilal al Hammoud

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