Resumen
La ofensiva sobre Gaza, en la que 2,2 millones de vidas han sido arrastradas al fango de la devastación humanitaria, ha diezmado una economía de por sí maltrecha, haciendo poco razonable la "recuperación" de la situación previa a 2023. Entre tanto, Israel ha intensificado sus agresiones en Cisjordania, afianzando aún más la ocupación, desestabilizando su precaria economía y obstaculizando la vida cotidiana. En un archipiélago de ciudades palestinas aisladas, incluidas Jerusalén y la Línea Verde, las políticas de ocupación siguen comprometiendo los medios de subsistencia, lo que debilita las perspectivas económicas. Para hacer frente a esta catástrofe humanitaria y económica es indispensable replantear urgentemente las estructuras de apoyo a la renovación política y económica de Palestina, en particular el papel de los Estados árabes, los aliados internacionales y la diáspora palestina.
Mientras Israel sigue golpeando la Franja de Gaza, infligiendo un enorme sufrimiento al pueblo palestino, el impacto económico de la violencia puede parecer una cuestión secundaria. Sin embargo, Israel considera que la destrucción de la economía es fundamental para aplastar cualquier forma de resistencia palestina, como demuestra la destrucción sistemática de Gaza. Con la ofensiva israelí en curso, no es posible medir el coste de la guerra ni estimar el valor de sus pérdidas. Sin embargo, este artículo esboza las principales repercusiones de la guerra en la economía palestina, así como los efectos en cadena. También examina las perturbaciones económicas, financieras y sociales que ya se han producido o que es previsible que supongan un riesgo en el futuro. El artículo se adentra en la posibilidad de reconstruir Gaza y hacer habitable el territorio tras esta catástrofe, teniendo en cuenta las maniobras israelíes, estadounidenses y árabes sobre la cuestión de la "gobernanza" una vez terminada la guerra. Esta cuestión espinosa y a la vez existencial vendrá determinada por la evolución militar sobre el terreno y el grado en que Israel logre su objetivo declarado de eliminar a Hamás en Gaza, que sigue siendo incierto. Para examinar las diversas repercusiones potenciales de la guerra, es importante distinguir entre la economía de Gaza y la de Cisjordania y las comunidades palestinas vecinas, incluidos Jerusalén Este y el otro lado de la Línea Verde, que en conjunto son el hogar de unos siete millones de palestinos. Aunque estas zonas sufrirán una serie de perturbaciones similares y padecerán unas políticas hostiles y racistas por parte de Israel, persistirán grandes diferencias entre Gaza y las demás zonas de Palestina.
La economía de Gaza: de la crisis a la obliteración
Tras más de un decenio y medio de división y asedio, Gaza ya estaba al borde del colapso antes de la actual ofensiva. Años de destrucción, muertes y desplazamientos habían paralizado su economía en el primer semestre de 2023. Dada la limitada "actividad económica" de Gaza, funciona como una economía de subsistencia que apenas permite a los residentes del territorio aferrarse a la vida. A los pocos días, se hizo evidente la intención letal de la última ofensiva de Israel sobre la Franja de Gaza. Las primeras semanas de una destrucción sin precedentes de la infraestructura económica y las viviendas de Gaza pusieron de manifiesto que hablar de "pérdidas" económicas similares a las de anteriores ofensivas israelíes era poco realista y fútil.
Enfrentarse al impacto total de una guerra lanzada por un gigante militar respaldado por una economía 150 veces mayor implica que las perspectivas de Gaza de volver a su situación anterior a 2023 son escasas y que el concepto de "recuperación" económica carece en gran medida de sentido. Sin ahondar en el espantoso coste humano de la guerra, el análisis económico de Gaza describe uno de los escenarios más calamitosos de la historia reciente. Incluso en las condiciones más favorables ‒que las hostilidades cesen inmediatamente y la reconstrucción comience rápidamente‒, se prevé que el PIB per cápita de Gaza alcanzaría su punto de referencia de 2022 en 2028, incluso con una milagrosa tasa de crecimiento anual del PIB del 10%, y el nivel del PIB per cápita anterior al bloqueo registrado en 2006, en 2035[1]. Será imposible volver a poner en marcha los sectores de productos básicos, servicios y finanzas de Gaza hasta que se cubran las inconmensurables necesidades humanitarias de más de dos millones de palestinos sin recursos, desplazados, heridos y traumatizados.
Los retos económicos planteados por esta guerra se distinguen de los de anteriores episodios de violencia israelí debido a la enorme y creciente magnitud de destrucción física infligida a viviendas, fábricas y establecimientos comerciales, así como a servicios e instalaciones educativos y sanitarios. Las primeras estimaciones de daños revelan una destrucción a escala de guerra total. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) informó a finales de diciembre de que el 18% de las estructuras totales de la Franja de Gaza habían resultado dañadas o destruidas por la operación militar[2]. Otros análisis realizados con imágenes de satélite revelan que más de la mitad de los edificios de Gaza, principalmente en la zona norte, pueden haber quedado comprometidos o totalmente arrasados por el intenso conflicto, y que la destrucción se extiende también al sur. Esto significa romper todo el tejido económico del norte de la Franja de Gaza y perturbar lo que queda de la economía en el sur del territorio.
Los datos de la Oficina Central de Estadísticas de Palestina (PCBS) muestran una importante recesión económica en Gaza para el año 2023, debido a la devastación del último trimestre. Los resultados ilustran una contracción del 25% en la economía general con respecto a 2022, junto con un descenso del 26% en el PIB per cápita[3]. Al mismo tiempo, la región fue testigo de un alarmante aumento del 79% del desempleo. Se trata de la desaparición de todo el escaso crecimiento experimentado desde 1994. La cuestión aquí no es solo la magnitud de la destrucción de la producción económica, sino también si los engranajes de la economía pueden volver a ponerse en marcha, permitiéndole "recuperarse" de la sacudida que la ha dejado totalmente congelada durante meses. La economía de Gaza puede tardar meses, incluso años, en recuperar sus niveles de producción anteriores a la guerra. También es probable que hasta finales de 2024 no se atiendan las necesidades básicas de 2,2 millones de gazatíes antes de que puedan retomar un trabajo productivo.
Como muestra de la intención genocida de este ataque, el aparato israelí tomó como objetivo el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (UNRWA, por sus siglas en inglés). En febrero de 2024, 16 de los principales países donantes suspendieron su financiación a este organismo, justo cuando la población devastada más lo necesitaba. Con la suspensión de 440 millones de dólares en fondos ‒que suponen aproximadamente la mitad de su presupuesto básico para 2024‒ la UNRWA se enfrenta a la amenaza de cesar sus operaciones a menos que se restablezcan dichos fondos. Este hecho es crítico, dado el papel de UNRWA en la prestación de servicios esenciales a millones de gazatíes, donde ayuda en la entrega de alimentos, medicinas y agua, y gestiona refugios e instalaciones sanitarias en medio de la devastación de la guerra. En 2020, el 77% de los hogares gazatíes dependía de la ayuda, principalmente de UNRWA, que se centraba en la asistencia alimentaria y la gestión de efectivo. En la actualidad, han desaparecido los últimos resquicios de autosuficiencia para esta población.
Los indicadores del pasado permiten hacerse una idea de las posibles repercusiones que tendrá esta guerra, de las cuales ya son evidentes el colapso del Producto Interior Bruto (PIB) y la destrucción física masiva de las instalaciones residenciales y económicas, tanto privadas como públicas. Las anteriores oleadas de ataques israelíes contra Gaza (especialmente en 2008-2009 y 2014) fueron menos feroces y no se extendieron a todas las partes de la Franja. Tampoco supusieron una crisis humanitaria tan abrumadora ni desplazamientos de población de la magnitud de los que estamos presenciando actualmente, con los consiguientes niveles cada vez mayores de hambre, sed, enfermedades y traumas psicológicos. Las guerras anteriores contra Gaza provocaron "reveses" para su economía en forma de un retroceso del PIB que no superó el 10% en 2014 (el Banco Mundial informó de que el PIB de Gaza se redujo en unos 460 millones de dólares)[4], de los que se recuperó rápidamente gracias al programa de reconstrucción al año siguiente. Según la UNCTAD, los daños económicos directos derivados de la guerra de 2008-2009 ascendieron a 2.500 millones de dólares y las guerras de 2012 y 2014 infligieron daños físicos por valor de 2.700 millones de dólares. La Autoridad Palestina (AP) estimó los costes de reconstrucción en 3.900 millones de dólares[5]. Estas estimaciones nos dan una indicación de los posibles costes de la guerra para la producción y las infraestructuras en Gaza. La economía de la Franja de Gaza no ha recuperado el nivel anterior a la división y el asedio, cuando representaba un tercio de la "economía nacional palestina". Justo antes de la guerra actual, ascendía aproximadamente al 17% de la economía, con una producción local que no llegaba a los 3.000 millones de dólares[6].
Cisjordania: gestión de una economía fragmentada y asediada
A diferencia de la destrucción sistemática de la Franja de Gaza, la economía de Cisjordania no se ha hundido, aunque sigue una trayectoria muy negativa debido a las restrictivas medidas de seguridad israelíes, la escalada de los ataques de los colonos en varias zonas y las crisis fiscales. Por un lado, los palestinos de Cisjordania han demostrado de forma continuada su solidaridad con Gaza, llevando a cabo actos de resistencia pacífica y armada; 409 palestinos, entre ellos 103 niños, habían perdido la vida hasta el 1 de marzo de 2024[7]. Por otro lado, aunque el sector privado ha retrocedido precipitadamente en su funcionamiento a escalas precarias, se siguen prestando servicios gubernamentales y municipales, los trabajadores siguen acudiendo a sus puestos de trabajo y el sector comercial ha encontrado la manera de mantener un flujo básico de bienes y servicios.
Aunque la situación dista mucho de la normalidad, Cisjordania no está en crisis total, dado que se mantiene un nivel mínimo de estabilidad interna, garantizado por los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina (aunque los residentes de los pueblos de Cisjordania fuera del alcance de la Autoridad siguen sufriendo ataques por parte de los colonos israelíes).
Cinco meses después, han quedado claras las características de las secuelas económicas en Cisjordania, acentuadas por la profunda incertidumbre sobre el futuro. El examen de estas repercusiones muestra que, incluso en ausencia de enfrentamientos militares generalizados, la economía palestina no volverá al estado anterior a la guerra en Cisjordania.
La presión sobre la economía está creciendo en las zonas de Cisjordania gestionadas por la AP desde varias fuentes; algunas apremiantes e inmediatas, mientras que otras tardarán más en aparecer pero tendrán efectos menos reversibles. Las anteriores crisis económicas en Cisjordania han incluido las pérdidas materiales derivadas de las incursiones israelíes entre 2001 y 2004, un declive económico de casi el 20% durante el mismo periodo y la destrucción de edificios e instalaciones públicas con un coste estimado de 2.500 millones de dólares[8]. En 2020, la economía palestina se contrajo un 12% en un año debido a la pandemia de coronavirus. Se esperaba que se recuperara a finales de 2023, suponiendo un crecimiento del PIB del 3%. Esa posibilidad desapareció debido a la guerra de Israel contra Gaza. Así pues, Cisjordania sigue enfrentándose a sucesivas oleadas de crisis económicas, que podrían converger en un tsunami si siguen reforzándose mutuamente. Algunas de estas olas ya se han materializado de alguna forma, aunque no en todo su potencial destructivo, mientras que otras siguen siendo inciertas.
La primera ola, que ya ha impactado, puede representar la mayor sacudida para la economía de Cisjordania, sobre todo en términos de demanda total y consumo. Desde el primer día de la guerra, unos 160.000 trabajadores de Cisjordania (aproximadamente el 20% de la mano de obra del territorio) y 20.000 gazatíes a los que se había permitido entrar en Israel para trabajar el año anterior dejaron de trabajar para empresarios israelíes. Estos trabajadores, en su mayoría jornaleros, habían estado aportando 3.000 millones de dólares anuales a la economía palestina, aproximadamente el 15% de la renta nacional, contribuyendo a mantener las tasas de desempleo en Cisjordania por debajo del 2%, frente al 45% en Gaza[9]. Esto sugiere que, a menos que se ofrezcan oportunidades de trabajo a estas personas a corto plazo, es probable que el desempleo aumente a más del 30% en Cisjordania y quizás hasta el 90% en la Franja de Gaza en el transcurso de la guerra. De hecho, la tasa de desempleo anual para 2023 alcanzó el 31%, muy por encima del 25% registrado a principios de año[10].
Dada la reticencia de los empresarios israelíes a mantener en plantilla a trabajadores "enemigos" (salvo en condiciones parecidas a las de los campos de trabajo de las prisiones) y la falta de voluntad de los trabajadores para asumir los riesgos asociados al hecho de trabajar para los israelíes, es poco probable que la gran mayoría vuelva a trabajar al menos hasta que termine la guerra, quizá meses después, o, en el caso de los de Gaza, quizá nunca. De hecho, existen numerosos informes de planes israelíes de sustituir una parte sustancial, si no la totalidad, de los trabajadores palestinos en los mercados israelíes por trabajadores extranjeros[11]. Esta duplicación de los solicitantes de empleo en Cisjordania provocará un descenso inmediato de la demanda de los consumidores, del poder adquisitivo de los hogares rurales más pobres y de la liquidez del mercado. También presionará a la baja los salarios locales. Otros descensos posteriores serán difíciles de absorber sin unas medidas rápidas que incluyan inversiones y subvenciones destinadas a crear rápidamente oportunidades de empleo local en los sectores de la manufactura, la construcción y los servicios.
La segunda oleada, cuyos efectos ya se dejan sentir, es el descenso de las visitas de ciudadanos palestinos de Israel y residentes en Jerusalén a los mercados del norte de Cisjordania, así como a los lugares turísticos de Jericó, Nablús y Ramala. Este descenso se ha manifestado a raíz de la guerra y ha provocado disrupciones pronunciadas del intercambio económico a través de la Línea Verde, acentuadas por las restricciones a la circulación entre Israel/Jerusalén y Cisjordania. Además, muchos de estos árabes habían invertido recientemente en apartamentos y casas en Jericó y en los distritos de Ramala[12]. En diciembre, el Instituto de Investigación de Política Económica Palestina (MAS) examinó las consecuencias financieras de las imposiciones israelíes, informando de notables contracciones en sectores económicos que antes crecían al menos un 10% anual (comercio minorista, servicios, turismo y sector inmobiliario). Si agregamos estas cifras, la contracción económica en estos sectores fundamentales supuso pérdidas financieras directas de entre 850 y 930 millones de shekels (232-253 millones de dólares) durante los tres primeros meses de la guerra, aproximadamente el 2% del PIB de Cisjordania para 2022. El cese continuado de esta importante fuente de ingresos añade presión a la baja sobre la demanda de los consumidores y el gasto privado, que habían ayudado a impulsar la producción, el consumo y la inversión en un sector privado que funcionaba relativamente bien antes de la guerra.
La próxima gran ofensiva podría resultar fatídica para la economía palestina. Con el extremista ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich, al frente, el gobierno de Israel intensificó sus expropiaciones de los ingresos mensuales de compensación que recauda y transfiere al Tesoro palestino, empeorando así una situación que se lleva arrastrando desde hace unos años. Estas nuevas expropiaciones representan el equivalente de los desembolsos salariales y las pensiones de la AP a Gaza, que afectan a unos 40.000 beneficiarios. Los ingresos procedentes de las expropiaciones son una parte vital para la AP, ya que suponen alrededor de dos terceras partes de sus ingresos anuales y son la principal fuente de los salarios de casi 147.000 funcionarios[13], así como de otras transferencias sociales, todo ello por un valor aproximado de 300 millones de dólares al mes. Estos fondos también ayudan a las familias endeudadas a pagar sus créditos con los bancos locales, que ascienden a unos 7.000 millones de dólares, y a atender las deudas de la propia AP con el sector bancario, que aumentaron a 2.100 millones de dólares a finales de 2023. La presión sobre estos ingresos ha obligado a la AP a cubrir aproximadamente el 80-85 % de los salarios de los empleados públicos desde noviembre de 2021.
A pesar de la intransigencia israelí, la Autoridad Palestina no recibió hasta febrero de 2024 una cantidad parcial de sus ingresos por valor de 114 millones de dólares, gracias a Noruega; ingresos que irán seguidos de otros pagos adicionales Al recibir solo dos veces los ingresos deducidos de la liquidación desde octubre de 2024, parece que la AP ha cedido a las crecientes presiones de un colapso financiero cercano. Aceptar estos planes inicuos es un mal presagio para el futuro de los reductos más básicos de estabilidad y soberanía de la AP, y amenaza con una nueva normalidad. Las consecuencias son múltiples y afectarán a la economía por múltiples canales. Si la crisis financiera de la AP persiste, no podrá desempeñar sus funciones sociales y de desarrollo más básicas, salvo atender al pago de los ya reducidos salarios públicos. En 2023, el consumo público y privado ha disminuido un 8% y un 3%, respectivamente. Además, la recesión económica se traducirá en una reducción del comercio, tanto de las importaciones como de las exportaciones, lo que mermará aún más los ingresos públicos.
El revés definitivo que amenaza la economía de Cisjordania es la fragmentación de los mercados nacionales, exacerbada por las tácticas de aislamiento de Israel y la violencia incontrolada de los colonos. De octubre a diciembre de 2023, un alarmante 85% de las empresas de Cisjordania informaron de problemas de distribución derivados de las restricciones israelíes a la circulación y la violencia de los colonos: la mitad de las empresas fueron incapaces de llegar a Jerusalén y una cuarta parte cortaron la distribución al sur[14]. Al mismo tiempo, el 60% de los principales importadores de alimentos tuvieron que hacer frente a una mayor seguridad en los puertos y a obstáculos burocráticos que inflaron los costes de transporte, almacenamiento y seguros, socavando los flujos de la cadena de suministro y la estabilidad del mercado[15]. Del mismo modo, el 61% de los productores exportadores se enfrentaron a obstáculos como el cierre de pasos y la reducción de los tiempos operativos, especialmente en el puente Allenby, lo que amplificó los gastos de transporte y los problemas de cobro[16]. Estas limitaciones han provocado un aislamiento y una angustia económica considerables en centros urbanos clave como Yenín y Nablús[17], donde las estrictas medidas han diezmado las economías locales, lo que ha afectado a miles de empresas y a sus diversos sectores.
Jerusalén ocupada y palestinos en Israel: islas en medio del mar israelí
Las perspectivas económicas para los residentes de Jerusalén Oriental ocupado y para los ciudadanos palestinos de Israel no son menos sombrías, incluso si excluimos la posibilidad de nuevos conflictos en estas zonas, que podrían incitar a la derecha racista israelí a perpetrar más ataques. Las acciones del gobierno israelí dirigidas a socavar la estabilidad económica de Jerusalén Este se han intensificado, materializándose en severas restricciones al comercio, los intercambios, el turismo y el transporte, exacerbando las vulnerabilidades preexistentes. Un tercio de la población activa de Jerusalén Este depende de los empleos en los mercados israelíes, que son cada vez más precarios. Un porcentaje similar vive del tráfico del turismo internacional y palestino en la ciudad, como por ejemplo la afluencia semanal de palestinos del interior de Israel que visitan la ciudad para el culto y las compras. Este tráfico se ha interrumpido por completo.
Estas tendencias indican un aumento del número de desempleados, cuya subsistencia depende de la seguridad social israelí para la prestación mensual básica y de los limitados servicios sanitarios y municipales. Además, los 350.000 palestinos de Jerusalén están casi completamente aislados de los empleos, los familiares y los servicios en Cisjordania. También están a merced de los servicios de seguridad israelíes, creados para reprimir cualquier movimiento popular o expresión de solidaridad con los palestinos de Gaza, y conviven con unos 650.000 israelíes en Jerusalén, incluidos aproximadamente 250.000 en asentamientos ilegales de Jerusalén Este. Las repercusiones económicas en cadena son evidentes en varios sectores: el comercio, el turismo y el transporte han sufrido un descenso vertiginoso. En la Ciudad Vieja de Jerusalén ‒el centro económico histórico‒ actualmente cerca del 80% de sus negocios han cerrado o funcionan bajo mínimos. El coste económico para la economía palestina de Jerusalén Este se calcula en 72 millones de shekels (19,6 millones de dólares) anuales, lo que supone un descenso significativo de las interacciones comerciales con Cisjordania.
Las perspectivas económicas para los aproximadamente 1,8 millones de palestinos que viven en Israel, considerados por el resto del país como una posible "quinta columna", no son mucho mejores. Los ciudadanos árabes de Israel reciben el mismo trato racista en el lugar de trabajo que los trabajadores de Cisjordania y Jerusalén. El flujo de compradores judíos a las ciudades árabes se ha ralentizado o detenido por completo. Al menos el 40% de los trabajadores de estas ciudades dependen de empleos en instituciones israelíes, que pueden despedir a estos trabajadores si la guerra se intensifica, incluso a falta de alternativas israelíes para cubrir sus puestos. La vuelta al statu quo anterior a la guerra llevaría meses, quizá años. Por lo tanto, este sector del pueblo palestino no puede depender de nadie más que de sí mismo y del Estado de Israel para proporcionar ayuda y satisfacer sus necesidades básicas. Actualmente están aislados de los palestinos de otras zonas, a pesar de haber aumentado significativamente sus relaciones económicas con ellos en los últimos años. Por lo tanto, hay pocas esperanzas para este importante porcentaje del pueblo palestino, salvo permanecer políticamente en silencio y apoyarse mutuamente. Incluso podrían enfrentarse a la misma Nakba que el resto del pueblo palestino en este momento histórico y fatídico de su larga lucha por la liberación del colonialismo sionista y la autodeterminación en su patria.
Un último factor es el riesgo que plantea la crisis económica de Israel, que comienza con un importante descenso del valor del shekel, una disminución de la producción agrícola e industrial local y la política de compra urgente de productos básicos en los mercados mundiales para apoyar la "economía de guerra" israelí. Por lo tanto, aunque Cisjordania se convierta en el escenario de un conflicto a gran escala, es probable que la guerra económica se desarrolle en múltiples frentes, poniendo en peligro sus finanzas.
Bajo la tempestad: desenterrar la resiliencia
Es incuestionable que octubre de 2023 marcó un violento punto de inflexión en la historia de la lucha de liberación nacional palestina. Al menos por el número de víctimas, la catástrofe de Gaza es una Nakba que recuerda a la de 1948. Podría incluso rivalizar con ella en términos de repercusiones políticas y cambios estratégicos, que aún no se han determinado. Nos enfrentamos a la plena ocupación israelí de toda Palestina, a una devastación económica arrolladora y a la alteración del orden político en el panorama interno palestino, en el escenario regional y más allá. Además, la realidad actual socava la suposición de que mantener un equilibrio entre estancamiento político, paz relativa y normalidad económica podría servir como estrategia eficaz para gestionar el conflicto. Esta noción, prevalente entre los círculos palestinos e israelíes dominantes, basada en la ilusión de que la estabilidad fomentaba el crecimiento económico y la calma percibida, se fue desvaneciendo poco a poco a lo largo de treinta años hasta culminar en el estallido de octubre de 2023.
La evidente disonancia entre la persistencia del statu quo y la escalada de enfrentamientos, y los problemas crónicos de gobernanza desde Oslo estalló de forma dramática el 7 de octubre de 2023. Las profundas repercusiones de este día histórico parecen haber dado vida a la urgencia de un Estado palestino. Aunque la sombría perspectiva de un mayor estrangulamiento de la lucha palestina se cierne seriamente, el estancamiento conceptual y de acción en torno a la solución de los dos Estados parece haberse resquebrajado, con un renovado interés internacional, incluso por parte de los Estados árabes, reforzado por la urgencia de la acción política palestina y el apoyo internacional. Tanto si este interés se materializa, como si resulta ilusorio al igual que sus predecesores, esta convergencia puede presionar a Israel para que haga concesiones, reavivando el camino hacia un Estado palestino soberano, tal como se previó en la declaración de 1988. En este contexto, la economía palestina se encuentra ante una encrucijada crucial entre el apoyo a una solución de dos Estados y la lucha contra la devastación y la economía de apartheid promovida por Israel.
A la luz de estos profundos cambios y dada la magnitud de la crisis actual, es importante destacar que los debates en torno a las respuestas "económicas" son secundarios frente a las transformaciones más amplias y significativas de la agenda política y económica palestina. Es evidente que la catástrofe a la que se enfrenta Gaza, y por extensión Palestina, requiere una respuesta urgente y polifacética que trascienda los marcos tradicionales de la ayuda internacional y la reconstrucción. La fragilidad económica de Gaza antes de la guerra ‒ya al borde del colapso a causa de la división y el asedio prolongados‒ sumada a la magnitud sin precedentes de la destrucción presenciada durante esta guerra genocida, ponen de manifiesto una crisis de proporciones históricas. Este reto se ve agravado por las repercusiones económicas que se extienden por Cisjordania y Jerusalén Este. El hecho de que Israel haya puesto en entredicho la legitimidad y la existencia de la UNRWA añade una dimensión nefasta a la crisis, amenazando el sustento de millones de personas que dependen de su ayuda humanitaria para la supervivencia básica.
En anteriores crisis externas, la ayuda humanitaria internacional y las contribuciones a la reconstrucción y la recuperación económica soportaron la mayor parte de la carga financiera de la destrucción israelí y las restricciones de la ocupación a la actividad económica. En la actualidad, la situación política mundial es esencialmente distinta. La ayuda internacional ha disminuido considerablemente en los últimos cinco años y, en cualquier caso, el papel de los donantes internacionales en la reconstrucción de la Franja de Gaza estará vinculado a los objetivos políticos que compartan con Israel respecto al futuro de la gobernanza palestina. En consecuencia, su papel sigue siendo dudoso en cuanto a sus intenciones y las condiciones que impondrán. La magnitud del reto de "compensar" por todo lo destruido y "revivir" a un pueblo desolado es imposible de calcular, pero las estimaciones se sitúan entre 10.000 y 20.000 millones de dólares en los próximos cinco años.[18]
Estos imperativos suscitan nuevos y viejos interrogantes sobre los pilares que sustentarían la renovación política palestina: ¿Soportarían los países árabes, a pesar de su incapacidad para defender a los palestinos, y a diferencia de sus aliados en Occidente, la carga financiera de esta catástrofe humanitaria y económica sin condiciones ni restricciones? ¿Es posible que los partidarios del pueblo palestino en América Latina, Asia y los países islámicos del Sur desempeñen un nuevo papel en la preservación de la causa palestina y el restablecimiento de los derechos negados a los palestinos? Una cuestión más importante se refiere al papel de la diáspora palestina, dispersa por todo el mundo. Para capear la feroz embestida contra el pueblo palestino es necesario aprovechar todas las capacidades de su población, no solo en la Palestina ocupada, sino también en el resto del mundo.
* Este trabajo fue publicado por el Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS). Puede consultarse aquí. Originalmente fue publicado en la revista académica de revisión por pares dedicada a las Ciencias Sociales Al Muntaqa, vol. 7, nº 15, enero-febrero, 2024. Puede consultarse en este enlace.
Las ideas expresadas en este documento corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.
Crédito de imagen: Shutterstock / Anas Mohammed
Anexo 1: Principales indicadores de la debilidad de la economía palestina antes de la guerra de Gaza (2018-2022)
Tabla 1): Población (en miles)
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| Palestina | 4915,3 | 5039 | 5101,2 | 5227,2 | 5403 |
| Cisjordania | 2953,9 | 3020 | 3053,2 | 3120,4 | 3214 |
| Franja de Gaza | 1961,4 | 2019 | 2048 | 2106,7 | 2188,9 |
Tabla 2): Mercado laboral (según la nueva definición de mano de obra de la Oficina Central Palestina de Estadísticas)
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| Trabajadores (miles) | 956,3 | 1013 | 956 | 1036 | 1136 |
| Porcentaje de la población activa de Cisjordania empleada en Israel | 18,2% | 17,2% | 17,1% | 18,8% | 22,5% |
| Salario medio diario de los trabajadores de Cisjordania que trabajan en Israel (en shekels) | 234,2 | 247,7 | 258,6 | 266,1 | 276,9 |
| Porcentaje de la población activa de Gaza empleada en Israel | 0% | 0% | 0,1% | 0,1% | 0,8% |
Tabla 3): Tasa de desempleo
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| Palestina | 26,2 | 25,3 | 25,9 | 26,4 | 24,4 |
| Cisjordania | 17,3 | 14,6 | 15,7 | 15,5 | 13,1 |
| Franja de Gaza | 43,1 | 45,1 | 46,6 | 46,9 | 45,3 |
Tabla 4.a): Indicadores macroeconómicos
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| PIB (precios de 2015, millones) | 15.616,2$ | 15.829$ | 14.037,4$ | 15.027,1$ | 15.612,5$ |
| Porcentaje de Gaza (PIB) | 18,1% | 17,9% | 17,6% | 17,2% | 17,4% |
| Renta nacional bruta disponible (millones) | 19.608,6$ | 19.960,7$ | $17.173,2$ | 18.982,4$ | 20.497,8$ |
| Porcentaje de Gaza (RNB) | 17,8$ | 17,6$ | 17,4$ | 16,8$ | 18,2$ |
Tabla 4.b): Indicadores macroeconómicos
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| Porcentaje de la Renta Nacional Bruta compuesta por los ingresos de los trabajadores en Israel | 12,7 | 11,6 | 12,5 | 14,9 | 15,0 |
| Gasto en consumo privado (precios de 2015, millones) | 13.570,1$ | 14.126,5$ | 12.367,2$ | 13.207,2$ | 15.908,7$ |
| Gasto público (precios de 2015, millones) | 3.318,9$ | $3.202,3$ | 3.213,5$ | 3.544,9$ | 3.174,4$ |
| Formación bruta de capital fijo (precios de 2015, millones) | 4.260,3$ | $4.177,1$ | 3.328,6$ | 3.770,2$ | 4.197,6$ |
| Porcentaje de Gaza (FBCF) | 9,8% | 10,1% | 7,6% | 6,9% | 7% |
| Exportaciones (precios corrientes, millones) | 2.578,7$ | $2.630,5$ | 2.335,9$ | 2.740,4$ | 2.911,4$ |
| Porcentaje de Gaza | 6,0% | 5,5% | 5,7% | 5,4% | 6,1% |
| Importaciones (precios corrientes, millones) | 8.256,8$ | $8.376,1$ | 7.189,1$ | 8.256,4$ | 10.377,6$ |
| Porcentaje de Gaza | 14,2% | 14,3% | 14,5% | 13,6% | 14,5% |
Tabla 5): Cifra PIB per cápita (precios de 2015 en USD)
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| Palestina | 3.417,7$ | 3.378,3$ | 2.922,5$ | 3.051,5$ | 3.086,8$ |
| Gaza | 1.458,3$ | 1.422,2$ | 1.207,6$ | 1.223,9$ | 1.256,8$ |
Tabla 6): Finanzas públicas (dinero en efectivo, en millones de USD)
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| Ingresos nacionales netos, incluida compensación | 3.462,9$ | 3.290,6$ | 3.526,2$ | 4.224,7$ | 4.685,1$ |
| Total ingresos de compensación | 2.255,3$ | 2.219,2$ | 2.399,9$ | 2.776,9$ | 3.146,2$ |
| Gastos corrientes | 3.660$ | 3.660,1$ | 3.954,9$ | 4.035,1$ | 4.158,1$ |
| Deuda pública | 2.369,5$ | 2.795,1$ | 3.649,4$ | 3.848,1$ | 3.542,7$ |
Tabla 7): Sector bancario (en millones de USD)
| 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| Activo / Pasivo bancario | 16.125$ | 17.825,5$ | 19.886,2$ | 21.673$ | 21.404,4$ |
| Depósitos públicos | 12.227,3$ | 13.384,7$ | 15.138,3$ | 16.518,1$ | 16.468,2$ |
| Facilidades de crédito | 8.432,3$ | 9.039,1$ | 10.078,7$ | 10.747,2$ | 11.045$ |
Notas y referencias
[1] "Preliminary Assessment of the Economic Impact of the Destruction in Gaza and Prospects for Economic Recovery", Evaluación rápida, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), enero de 2024, consultado el 17/03/2024, en https://tinyurl.com/46m7b34n
[2] "Gaza: Unprecedented Destruction Will Take Tens of Billions of Dollars and Decades to Reverse", Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), 31/01/2024, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/2sc4bjdc
[3] "Preliminary Assessment of the Economic Impact of the Destruction in Gaza and Prospects for Economic Recovery".
[4] "Fundamental Shocks Pushed the Gazan Economy to the Brink of Collapse on the Eve of the War", resumen económico n.º 3, Instituto Palestino de Investigación de Política Económica (MAS), 30 de octubre de 2023, consultado el 17/03/2024, en: https://bit.ly/3QRqCUw
[5] Ibid.
[6] "Palestinian Central Bureau of Statistics (PCBS) Issues a Press Release on the Impact of the Israeli Siege on Gaza Strip", Estado de Palestina, Oficina Central de Estadística, 09/11/2023, consultado el 27/03/2023, en: https://tinyurl.com/2awtwy6e
[7] "Hostilities in the Gaza Strip and Israel | Flash Update #130", Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, 01/03/2024, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/446atmph
[8] Ibid.
[9] "Palestinian Central Bureau of Statistics (PCBS) Presents the Main Findings of Labour Force Survey in 2022", Estado de Palestina, Oficina Central Palestina de Estadística, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/52n27c5v
[10] "The Performance of the Palestinian Economy during 2023 and the Economic Forecasts for 2024", Estado de Palestina, Oficina Central Palestina de Estadística, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/4633sk77
[11] Saudamini Jain, "As Indian Workers Queue Up to Work in Israel, Safety Concerns and Moral Questions Arise", Haaretz, 19/02/2024, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/2kpkvnhf
[12] "Naḥw al-Taʿāwwun al-Iqtiṣādī wa-l-Takāmul bayn al-Filasṭīniyyīn ʿalā Ṭarfay 'al-Khaṭ al-Akhḍar'", Análisis de políticas, Instituto Palestino de Investigación de Política Económica (MAS), Centro Árabe de Investigación y Estudios Políticos, 25 de mayo de 2023, consultado el 17/03/2024, en: https://bit.ly/40uT81q
[13] "Wage Bill and Employment Diagnostic: Key Drivers and Policy Recommendations", Informe, Grupo del Banco Mundial, 15 de diciembre de 2022, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/2scz7yc3
[14] "Palestine Economic Update December 2024", Actualización económica, Instituto de Investigación de Política Económica Palestina (MAS), 1 de diciembre de 2023, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/bdz6knk7a
[15] Ibid.
[16] Ibid.
[17] "Economic Losses and Damage to Infrastructure in Nablus and Jenin since the Start of the Israeli Aggression Against the Gaza Strip and West Bank", Resumen económico n.º 10, Instituto de Investigación de Política Económica Palestina (MAS), 25 de enero de 2024, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/mwkf5v5d
[18] Nidal Al-Mughrabi & Ali Sawafta, "Who is Mohammad Mustafa, the new Palestinian PM?", Reuters, 29/02/2024, consultado el 17/03/2024, en: https://tinyurl.com/2kspt9wm
Bibliografía
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