Resumen
El Índice de Opinión Árabe[1] (IOA), elaborado por el Arab Center for Research and Policy Studies, ofrece una visión actualizada de las percepciones políticas, económicas y geopolíticas en el Mundo Árabe. Un análisis comparado de sus ediciones anteriores permite observar la evolución de estas percepciones durante los últimos quince años.
Los resultados del IOA 2024/2025[2] evidencian una reconfiguración significativa de la opinión pública árabe en un contexto de crisis prolongadas, con el genocidio en Gaza como factor central y catalizador. Aunque se observa una mejora en la valoración del rumbo general de los países, persisten altos niveles percibidos de precariedad y desigualdad. El impacto de Gaza ha consolidado la causa palestina como eje del debate regional, reforzando el rechazo a la normalización con Israel, al tiempo que ha afianzado la percepción de Israel y Estados Unidos como los principales factores de inestabilidad y ha erosionado la credibilidad de la comunidad internacional por el doble rasero percibido en la aplicación del derecho internacional. En conjunto, los datos reflejan un malestar estructural profundo y una creciente sensación de inseguridad, impunidad e injusticia.
Condiciones de vida: giro al optimismo
Uno de los resultados más llamativos del IOA 2024/2025 es el cambio en la percepción sobre rumbo general de los países árabes. En 2022 predominaba una visión marcadamente pesimista: más de la mitad de los encuestados (52%) consideraban que su país iba por el mal camino, frente a un 42% que opinaba que avanzaba en la dirección correcta. Tres años después, esta relación se invierte de forma clara. En 2025, el 57% valoraba positivamente el rumbo general del país, mientras que el 37% mantenía una percepción negativa. Este giro puede explicarse por factores coyunturales, pero también por un ajuste más profundo de las expectativas sociales en un contexto de conflicto mantenido.
El cambio es especialmente visible en el Magreb. En 2022 solo el 41% de los encuestados valoraba positivamente el rumbo de su país; en 2025 la cifra ascendía al 59%. Por primera vez desde el inicio del IOA, la percepción positiva superaba de forma clara a la negativa, lo que supuso un cambio de paradigma. La mejora se reflejaba también en la valoración de la situación económica. En 2025, el 52% de los magrebíes encuestados evaluó positivamente su economía (11% muy buena y 41% buena), frente a los datos del IOA 2019/2020, cuando solo el 41% expresaba una valoración positiva (5% muy buena y 36% buena). Aunque el avance es moderado, su relevancia radica en que consolida por primera vez un umbral de percepción en positivo.
En el Mashreq, aunque las percepciones sobre el rumbo general de los países obtienen valoraciones más bajas que en el Magreb, la mirada optimista resulta igualmente significativa, sobre todo en la comparativa con la edición de 2022. En 2022, apenas el 14% consideraba que su país avanzaba en la dirección correcta, cifra que se elevó al 39% en 2025. La valoración de la economía sigue un patrón similar, pasando de un 17% de valoración positiva en 2019/2020 a un 28% en 2025. Estos datos resultan paradójicos en una región especialmente golpeada por los conflictos armados, pero debe interpretarse como una mejora relativa en un contexto de expectativas muy deterioradas, en las que los cambios percibidos como positivos adquieren un peso simbólico elevado.
El caso de Líbano merece una mención especial. El sondeo se realizó en marzo de 2025, coincidiendo con la elección de un nuevo presidente, la formación de un nuevo gobierno y el anuncio de reformas económicas e institucionales dirigidas a reforzar la autoridad del Estado[3]. Este contexto de reapertura política e institucional pudo influir de manera directa en la mejora de las percepciones, especialmente teniendo en cuenta el largo periodo de parálisis política de Líbano en los años previos.
A pesar de su grave crisis económica, la incorporación de Siria en el IOA 2024/2025 no parece introducir un deterioro adicional en las percepciones generales de la región. Al contrario, su inclusión apunta a una mejora debido a las expectativas de apertura tras la caída de Bashar al-Asad. Encuestados por sus sentimientos ante la caída de al-Asad, los sirios manifestaron emociones positivas como esperanza, alivio o una mayor sensación de seguridad predominantemente. También destacaron emociones negativas como miedo, incertidumbre o tristeza, pero en menor medida e intensidad. Dada la importancia y novedad de las encuestas en Siria, el IOA ha publicado un informe específico sobre el país[4].
El caso del Valle del Nilo presenta una dinámica inversa y especialmente llamativa. En 2022, solo el 31% de los encuestados consideraba que Sudán y Egipto avanzaban por la dirección correcta, mientras que en 2025 la cifra ascendía al 52%. Estos datos resultan contraintuitivos si tenemos en cuenta que la guerra en Sudán estalló en abril de 2023 y desde entonces ha existido una intensa violencia entre las Fuerzas Armadas sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido[5]. Pero una lectura contextualizada puede ofrecernos claves. El IOA 2022 se realizó en un momento de elevada incertidumbre política tras el golpe militar de 2021, caracterizado por la marginalización del gobierno civil, protestas masivas, polarización y el colapso de las expectativas de cambio tras la caída de Omar al-Bashir en 2019. En contraste, la encuesta de 2025 se llevó a cabo tras más de un año de conflicto armado, cuando la guerra podría haberse asimilado como nueva normalidad, generando paradójicamente, una percepción relativa de mayor certidumbre frente al caos político del periodo transicional anterior. Sin embargo, la percepción de deterioro económico es evidente. En 2025, solo el 21% valoraba positivamente la economía frente al 44% registrado en 2019/2020. Este descenso refleja no solo los estragos económicos de la guerra en Sudán, sino también el deterioro experimentado por la economía egipcia en los últimos años.
Situación económica: mejoras relativas y persistencia de desigualdades
En conjunto, los indicadores de percepción económica ofrecen un panorama desigual. Entre 2022 y 2025, los niveles de suficiencia económica se mantuvieron relativamente estables, aunque con brechas regionales profundas. En 2025 el Magreb volvió a destacar por una percepción de mejora sostenida, mientras que el Mashreq acusó un deterioro de las percepciones económicas vinculado a las crisis estructurales y prolongadas en Siria, Gaza y Líbano. El Golfo árabe y el Valle del Nilo experimentaron también un empeoramiento relativo de sus percepciones económicas, pese a partir de realidades objetivas muy distintas, lo que refuerza la idea de que las percepciones de bienestar no dependen tanto de los ingresos como de las expectativas.
Un dato especialmente revelador es que el 47% de los encuestados del Mashreq declaró vivir en situación de necesidad. Esta elevada cifra no solo ilustra la magnitud de la crisis social y económica, sino que subraya una paradoja central del IOA 2024/2025: la coexistencia de percepciones de mejora general con niveles altísimos de precariedad percibida.
A largo plazo el porcentaje de personas que se declara en situación de necesidad ha descendido del 41% en 2021 al 28% en 2025. Pero este cambio no parece deberse a una recuperación económica objetiva, sino a la aceptación resignada del estancamiento económico estructural. Mientras que en 2022 predominaba una percepción económica negativa (54% negativa frente al 44% positiva), en 2025 las opiniones tendieron al equilibrio (49% negativa frente al 48% positiva).
En cuanto al deseo de emigrar, la variable se mantuvo relativamente estable desde 2011, en torno al 22-28%. No obstante, existen casos como Sudán, donde cerca del 50% de la población expresó voluntad migratoria independientemente de la coyuntura política, ya que el índice aparece casi invariable en todas las ediciones. Esto hace pensar que existen casos, como el sudanés, en los que la emigración no es una reacción a una crisis puntual, sino un impulso estructural profundamente arraigado.
La normalización con Israel, en revisión
Uno de los acontecimientos que más ha impactado de manera transversal y multidimensional en las percepciones árabes es el genocidio en Gaza. Con relación a la normalización con Israel, los índices generales se han mantenido estables respecto a otras ediciones (del 85 al 87% de oposición frente al 6 y el 9% de apoyo al reconocimiento de Israel). Sin embargo, esta aparente estabilidad oculta desplazamientos muy significativos en países clave. En concreto Marruecos y Sudán, los dos únicos países incluidos en el IOA que se adhirieron a los Acuerdos de Abraham en 2020.
En Marruecos, el apoyo al reconocimiento de Israel se desplomó de forma abrupta, pasando del 20% en 2022, casi dos años después de la normalización, a un escaso 4% en 2025, a raíz de la guerra de Gaza. Este descenso devuelve los niveles de apoyo a cifras prácticamente idénticas a las del periodo previo a los acuerdos, esto es, el 4% en el IOA 2019/2020.
En Sudán, desde 2014 hasta 2022 el apoyo al reconocimiento de Israel había sido relativamente alto, (entre el 13 y el 23%), muy por encima de la media árabe, sin embargo, a raíz del conflicto en Gaza descendió hasta el 7%. Los bajos índices en Marruecos y Sudán demuestran el escaso apoyo social a la normalización con Israel en la actualidad.
El caso de Arabia Saudí añade un matiz adicional de gran relevancia política. En ediciones anteriores, los saudíes presentaban sistemáticamente los niveles más bajos de oposición al reconocimiento de Israel. En 2022, solo el 38% se oponía a la normalización frente a la media árabe situada en el 84%. En 2025, sin embargo, la oposición ascendió al 61% frente al 87% de promedio. Aunque continúa siendo el país con menor nivel de rechazo, el incremento de una edición a otra es sustancial y políticamente relevante, si se tiene en cuenta que justo antes del genocidio, la normalización saudí era percibida como inminente y que existen claros incentivos estratégicos para que Arabia Saudí formalice la normalización, entre ellos el beneficio potencial para la Visión 2030 y en particular, para el megaproyecto Neom. Un proyecto concebido como un polo de desarrollo emergente en el mar Rojo que se podría beneficiar de acuerdos bilaterales con Israel tras una eventual normalización. Actualmente, Arabia Saudí, junto a Yemen y Yibuti, son los únicos países costeros del mar Rojo sin normalizar relaciones con Israel.
En términos generales, los datos que nos ofrece el IOA no solo evidencian la ausencia de una base social amplia para la normalización, sino que apuntan a un retroceso significativo del apoyo incluso en aquellos contextos donde el proceso ya estaba consolidado o próximo a materializarse. Si bien la guerra en Gaza no genera ex novo el rechazo al reconocimiento, sí acelera y radicaliza posiciones preexistentes y erosiona aún más la legitimidad social de los acuerdos alcanzados.
Este endurecimiento se refleja también en la evolución de los argumentos que fundamentan la oposición a la normalización. En las primeras ediciones del IOA predominaban las lecturas que definían a Israel como Estado racista (12% en 2011 frente al 5% en 2025). En cambio, en los últimos años ha ganado terreno la idea de Israel como proyecto colonial (31,5% en 2025, frente al 23,4% en 2011), o como Estado responsable de la expulsión, opresión y asesinato de los palestinos (9,1% frente al 5,5%), y como potencia con ambiciones expansionistas regionales (13,3% frente a 2,4%).
Esta reconfiguración del marco interpretativo refuerza la centralidad de Palestina como causa árabe, el 80% de los encuestados en 2025 consideró a Palestina una causa árabe, el porcentaje más alto de la última década, frente al 75% de ediciones anteriores. Marruecos y Arabia Saudí registraron los índices más bajos (64% y 62% respectivamente), una dinámica observable ya en ediciones anteriores.
Más revelador resulta el análisis de la pregunta inversa. En 2025, fueron los libaneses y los propios palestinos quienes consideraron en mayor medida la causa palestina como exclusivamente palestina, (29% y 24% respectivamente), una tendencia presente desde 2011 y que se ha intensificado sobre todo en el caso libanés en los últimos años (17% en 2011 al 28% en 2022).
En conjunto, los datos sugieren que mientras Palestina se reafirma como causa árabe a escala regional y adquiere una lectura interpretativa más profunda e histórica, en los contextos directamente afectados por el conflicto la percepción es diferente. En Líbano parece haber pesado el desgaste acumulado del conflicto y su impacto directo en la política interna; en Palestina, la frustración y la sensación de abandono frente un entorno árabe retóricamente solidario pero políticamente inoperante.
Israel y Estados Unidos como amenazas: percepciones del entorno
Más allá del rechazo a la normalización, los datos de 2024/2025 reforzaron una percepción estructuralmente negativa del entorno geopolítico. Israel se identificó como la principal amenaza para la seguridad de la región por el 44% de los encuestados, seguido por Estados Unidos, que ocupó el segundo lugar con un 21%, muy por delante de cualquier otro actor regional o internacional, incluido Irán, que aparecía en un tercer lugar con solo el 6%.
La comparación con ediciones anteriores introduce un matiz relevante. Entre 2015 y 2019, Israel redujo ligeramente su peso relativo como país más amenazante, de un 45% en 2015 al 37% en 2019-2020, sin perder por ello su centralidad. En el IOA 2024/2025, tras el inicio del genocidio en Gaza, Israel recuperaba índices del 44%. Pero este descenso temporal no debe atribuirse a una mejora de imagen, sino a la asunción de Israel como un factor permanente de inseguridad percibido.
Estados Unidos sigue una evolución inversa. Aunque ocupa de manera permanente el segundo puesto como país más amenazante en todas las ediciones del IOA, en la década comprendida entre 2015 y 2025 es cuando alcanzó sus valores más elevados. En 2016 era identificado como amenaza por el 27% de los encuestados, por el 29% en 2019/2020, y en cambio, por el 21% en 2025. Este incremento en años anteriores coincide con periodos de un intenso intervencionismo militar en escenarios como Yemen, Irak y Siria, en el marco de la denominada lucha antiterrorista. Los datos demuestran que, para amplios sectores de las sociedades árabes, especialmente en el Mashreq, Estados Unidos no aparece como actor externo ocasional, sino como parte estructural del conflicto regional.
Cuando la pregunta se formula en términos de estabilidad regional, el consenso es aún más amplio: el 84% consideró que las políticas de Israel amenazan la seguridad del Mundo Árabe y el 77% opinó lo mismo de las políticas estadounidenses, reforzando la percepción de Israel y Estados Unidos como una amenaza externa persistente. En conjunto, estos datos apuntan a una lectura cada vez más estructural del orden regional, en el que las amenazas no se perciben como episodios aislados, sino como parte de un marco de poder consolidado, injusto y difícilmente reversible.
Occidente y la pérdida de credibilidad
La lectura crítica del entorno internacional se expresa con particular claridad en la evaluación de Estados Unidos y, en menor medida, de países europeos. En 2025, el 56% de los encuestados afirmaba tener una opinión negativa de Estados Unidos. De manera significativa, el 54% atribuía esta valoración negativa a su política exterior, mientras que solo el 24% lo relacionaba con los valores culturales. Esta diferencia resulta clave, ya que sugiere que no se trata de un rechazo cultural a Estados Unidos, sino una erosión de su credibilidad política y moral relacionada con su política exterior.
El caso palestino refuerza esta lectura. El 76% evaluó negativamente la política estadounidense en relación con Palestina y el 55% rechazó la idea de que Estados Unidos sea un garante de los derechos humanos en la región.
Esta lectura, sin embargo, no es simétrica. Mientras que en las sociedades árabes el rechazo a Estados Unidos se articula principalmente en términos políticos, los árabes perciben que Estados Unidos y los países europeos les rechazan por razones diferentes. En 2025, el 60% de los encuestados manifestó que los países occidentales tienen una visión negativa respecto a los árabes fundamentada en: razones religiosas (25%), campañas de desprestigio (20%), diferencias culturales (14%), lectura negativa de las conductas árabes (14%) o racismo (13%). Es decir, mientras que los árabes expresan que su oposición a Estados Unidos es política, perciben un rechazo desde Estados Unidos y Europa en clave identitaria, lo que alimenta la sensación de incomprensión.
En contraste, países percibidos como alineados con el Derecho Internacional, como Sudáfrica, o países con posiciones diferenciadas en el contexto europeo, como España, recibieron valoraciones más positivas. Este contraste apunta a que el criterio dominante no es cultural ni religioso, sino político. Más que una defensa del Derecho Internacional, estas valoraciones reflejan el rechazo a su vulneración sistemática por parte de Estados Unidos e Israel en relación con la causa palestina (y otras causas árabes) y la percepción de un doble rasero en la actuación de la comunidad internacional.
Democracia, instituciones y expectativas: estabilidad política sin legitimidad plena
Otro rasgo destacable del IOA 2024/2025 es el ligero descenso del apoyo declarado a la democracia en las sociedades árabes, que pasó de un 71% en 2022 a un 67% en 2025. Este retroceso no implica necesariamente un abandono del ideal democrático.
En cuanto a la confianza en las instituciones, el ejército continúa siendo la institución que genera mayores niveles de respaldo social. En 2025, el 60% de los encuestados declaró tener una confianza muy alta en las fuerzas armadas, alcanzando el 88% si sumamos todas las variables positivas. Estos niveles se mantuvieron estables desde 2022. El nivel máximo de confianza alta se alcanzó en 2017 (68% muy alta y 90% en total), mientras que el mínimo se situó en 2011 (49% muy alta y 77% en total). Este descenso en la confianza en los militares de debe sobre todo a los índices bajos registrados en Yemen (15% muy alta y 61% agregada), debido a la represión militar en las revueltas, y en Irak (8% muy alta, 58% agregada), como consecuencia de la desconfianza a la reestructuración del ejército durante el periodo posterior a la invasión estadounidense.
En el extremo opuesto, los parlamentos siguen siendo las instituciones peor valoradas. Solo el 24% expresó una alta confianza y un agregado del 51% y, aunque los indicadores mejoraron respecto a 2011 (12% confianza alta, 24% agregada), continuaban siendo muy bajos y reflejan una crisis persistente del modelo de representación en gran parte del Mundo Árabe. Una percepción negativa que afecta también a los partidos políticos.
Resulta igualmente relevante la mejora gradual en la percepción sobre la aplicación igualitaria de la ley. Frente a unos valores medios muy bajos en 2011 (para el 19%, el Estado aplicaba la ley de manera igualitaria y un 48% consideraba que el Estado discriminaba a determinados grupos), en 2025 un 40% consideró que la aplicación de la ley se efectúa de manera igualitaria y un 37% opinó que existe discriminación. Mientras que en los países del Golfo esta percepción es muy alta, en el Mashreq, con Irak a la cabeza, es alarmantemente baja. Lo que demuestra una confianza en el Estado de derecho muy desigual en las percepciones árabes.
En relación con la corrupción, los índices demostraron una notable mejoría en las percepciones árabes: mientras que en el IOA 2011 los encuestados consideraban que la corrupción estaba en algún grado extendida (56% muy extendida, 28% prevalente, 7% no muy prevalente), dichos niveles descendieron en 2025 a: 31% muy extendida, 35% prevalente y 18% no muy prevalente.
En conjunto, la percepción de seguridad política mostró una ligera mejora entre 2022 y 2025. Más significativa aún ha sido la evolución de la percepción política en general. En 2022 predominaba una valoración negativa del entorno político (49%) frente a una positiva (44%). En 2025 la situación se invirtió de forma clara: el 55% ofreció una evaluación positiva, frente a un 38% negativa, con los países del Golfo como la región donde ésta resulta más pronunciada. Sin embargo, el giro no debe interpretarse necesariamente como un aumento de la legitimidad democrática. Más bien apunta a una valoración positiva de la estabilidad política en sí misma, incluso cuando se alcanza a costa de restricciones políticas y limitaciones de libertades. En contextos de guerra e incertidumbre, la estabilidad aparece como un bien prioritario desplazando incluso las aspiraciones de apertura democrática.
Conclusión
El Índice de Opinión Árabe (IOA) 2024/2025 no parece responder a un factor coyuntural, sino a la consolidación de una lectura más crítica del entorno regional e internacional. Frente a ediciones anteriores, las percepciones árabes se articulan hoy menos en clave simbólica y más en términos políticos y morales. El genocidio en Gaza ha jugado un rol acelerador en este desplazamiento.
La causa palestina se reafirma como eje central del nuevo marco. Deja de ser solo un referente identitario y pasa a operar como criterio de evaluación política. Gaza se consolida como un trauma compartido y este cambio contribuye a generar el rechazo a la normalización con Israel y a debilitar su legitimidad en contextos donde estaba consolidada o cerca de alcanzarse. Los datos parecen demostrar que, a corto o medio plazo, no parece que se generen nuevos apoyos sociales a eventuales normalizaciones.
En el plano internacional, la pérdida de credibilidad de Estados Unidos y de Europa responde menos a un rechazo cultural que a la percepción de doble rasero. La distancia se amplía teniendo en cuenta que la crítica árabe se formula en términos políticos, pero el rechazo hacia los árabes desde los países occidentales se percibe en clave identitaria.
A nivel interno, el IOA 2024/2025 muestra una paradoja: mejoran las valoraciones sobre el rumbo general de los países, la estabilidad política y económica, mientras persisten altos niveles de precariedad, desconfianza institucional y desgaste social. Más que una mejora estructural, estos datos apuntan a un ajuste de expectativas tras años de crisis prolongada y conflicto sostenido.
Todos estos indicadores hacen pensar que el IOA 2024/2025 no anticipa un cambio de ciclo, sino la estabilización de un malestar profundo y endémico que ha reconfigurado las expectativas, las alianzas y las legitimidades en el Mundo Árabe. Solo una revisión de la política exterior estadounidense y europea en el Mundo Árabe podría revertir este creciente distanciamiento respecto a las sociedades árabes.
Crédito de imagen: EFE / EPA / Youssef Badawi
Notas y referencias
[1] Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, "Índice de Opinión Árabe 2024/2025: Amplio apoyo de la ciudadanía a la democracia como sistema de gobierno, mientras España es el país europeo mejor valorado en la región por sus políticas hacia Palestina", Documento de estudio, 22 de enero de 2026. Disponible en: https://www.cearc.net/indice-de-opinion-arabe-2024-2025-amplio-apoyo-de-la-ciudadania-a-la-democracia-como-sistema-de-gobierno-mientras-espana-es-el-pais-europeo-mejor-valorado-en-la-region-por-sus-politicas-hacia-palest/
[2] La última edición del Índice de Opinión Árabe (IOA), con un tamaño muestral de 40.130 personas, se llevó a cabo a través de entrevistas personales entre noviembre de 2024 y agosto de 2025 en 15 países de la región (Arabia Saudí, Kuwait, Irak, Jordania, Palestina, Líbano, Egipto, Sudán, Túnez, Marruecos y Mauritania, Qatar, Libia y Siria), lo que representaría aproximadamente 368 millones de habitantes, es decir cerca del 74% de la población árabe residente en la región.
[3] Rosa Meneses, "Líbano, ante el decisivo reto de refundar el Estado", Comentario CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 23 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/libano-ante-el-decisivo-reto-de-refundar-el-estado/
[4] Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, "Índice de Opinión Pública en Siria 2025: optimismo por la situación tras la caída de al-Asad y esperanza ante la tendencia hacia la estabilidad", Análisis CEARC, 16 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/indice-de-opinion-publica-en-siria-2025-optimismo-por-la-situacion-tras-la-caida-de-al-asad-y-esperanza-ante-la-tendencia-hacia-la-estabilidad/
[5] Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita, "Sudán y las derivadas de un conflicto 'multi proxy'", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 4 de diciembre de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/sudan-y-las-derivadas-de-un-conflicto-multi-proxy/