Aumentar el coste del conflicto: la respuesta de Irán a la guerra de Estados Unidos e Israel

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Desfile militar en Teherán, el 22 de septiembre de 2023. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Casi una semana después del inicio de los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, que se saldaron con el asesinato de varios altos cargos políticos y militares en las primeras horas, la Asamblea de Expertos de Irán eligió a Mujtaba Jameneí, en votación secreta, como nuevo líder supremo de la República Islámica, en sustitución de su difunto padre, Alí Jameneí. Este último asalto supone la segunda vez que Irán es objeto de un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel en menos de un año. Este enfrentamiento se produce tras el fracaso de un posible acuerdo que había surgido durante las negociaciones celebradas en febrero bajo la mediación de Omán. Estados Unidos elevó el listón de sus condiciones para alcanzar un "acuerdo", exigiendo el desmantelamiento del programa nuclear iraní según el principio de "enriquecimiento cero" en territorio iraní, la retirada del uranio altamente enriquecido del país y la imposición de restricciones al programa de misiles balísticos de Irán, así como el fin de su apoyo a los aliados regionales[1]. Teherán consideró estas condiciones como un intento de traducir el resultado de la guerra anterior en concesiones estratégicas que socavarían el núcleo de su doctrina de seguridad y defensa. El conflicto en curso plantea interrogantes sobre cómo pretende Teherán gestionar la presión militar sostenida, así como sobre la posibilidad de otra ronda de combates en el futuro si el actual enfrentamiento no produce un resultado claro. Mucho dependerá del alcance de las exigencias estadounidenses y de la propia concepción de Irán sobre la ecuación de seguridad regional y sus programas nuclear y de misiles.

El camino hacia la guerra

La actual escalada estadounidense-israelí contra Irán representa, tanto operativa como políticamente, una fase avanzada de un conflicto prolongado que, en los últimos dos años, ha pasado de ser una guerra por delegación (proxy war) a una confrontación directa[2]. La primera chispa se encendió después de que Israel atacara el consulado iraní en Damasco el 1 de abril de 2024, y el enfrentamiento estalló plenamente más tarde, en el verano de 2025[3]. Irán había adoptado desde hacía tiempo una doctrina defensiva basada en evitar la confrontación directa con adversarios militarmente superiores, desde el final de la guerra entre Irán e Irak. En su lugar, se basaba en una "defensa adelantada" mediante el apoyo de una red de aliados y representantes destinados a disuadir cualquier ataque directo contra él. Sin embargo, la guerra de junio de 2025 marcó un punto de inflexión, ya que Irán se enfrentó a su primer asalto militar directo por parte de Israel, dirigido contra elementos de su programa nuclear, su programa de misiles y sus defensas aéreas. El ataque también provocó el asesinato de destacados líderes militares y de seguridad, así como de científicos nucleares. Irán respondió lanzando oleadas de misiles balísticos y drones contra Israel. La guerra terminó tras doce días con un alto el fuego impuesto por Estados Unidos, que intervino el último día atacando el programa nuclear iraní e infligiendo daños significativos.

Tras el fin de la guerra, Estados Unidos trató de aumentar la presión sobre Irán con el fin de traducir sus logros militares en un acuerdo político en virtud del cual Teherán aceptara renunciar por completo a su derecho a enriquecer uranio. Washington exigió que Irán entregara más de 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, aceptara restricciones al alcance de sus misiles balísticos y pusiera fin al apoyo a sus aliados regionales, a cambio del levantamiento gradual de las sanciones económicas estadounidenses relacionadas específicamente con su programa nuclear. Washington concede especial importancia a las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán, basándose en las conclusiones del Organismo Internacional de Energía Atómica recogidas en un informe presentado a su Junta de Gobernadores (GOV/2025/24). Según el informe, a fecha de 17 de mayo de 2025, las reservas totales de uranio enriquecido de Irán se estimaban en aproximadamente 9.247,6 kilogramos. Esto incluía alrededor de 408,6 kilogramos enriquecidos a niveles de hasta el 60%. El informe también señalaba dificultades para verificar ciertas actividades nucleares iraníes debido a las restricciones impuestas a los procedimientos de supervisión e inspección[4].

Al mismo tiempo, mientras Estados Unidos intensificaba la presión sobre Teherán para que volviera a la mesa de negociaciones y accediera a las demandas que planteaba, Irán se enfrentaba a graves presiones internas. Entre diciembre de 2025 y mediados de enero de 2026 estalló una gran ola de protestas, la mayor en el país desde 2022. Inicialmente desencadenadas por el deterioro de las condiciones económicas y el colapso de la moneda nacional, las protestas pronto plantearon reivindicaciones políticas más amplias. El Gobierno respondió con represión y un bloqueo informativo, incluido el corte de Internet. Estos acontecimientos proporcionaron a Washington herramientas adicionales para presionar a Teherán, que se vio acorralado entre presiones externas e internas.

En estas circunstancias, Omán, Qatar y Turquía intentaron reabrir una vía diplomática destinada a evitar la guerra, que finalmente terminó en fracaso[5]. En retrospectiva, las negociaciones parecen haber servido en gran medida como cortina de humo mientras Estados Unidos e Israel completaban los preparativos para la guerra sin levantar sospechas en Teherán.

Los cálculos iraníes ante el estallido de la guerra

Washington inició la guerra con un ataque de "decapitación", en el que murió el líder supremo, Alí Jameneí, junto con varios altos dirigentes políticos y militares. Este patrón de objetivos sugiere que el objetivo político de la operación no era simplemente infligir pérdidas militares a Irán, sino asestar un golpe directo al centro de toma de decisiones del régimen, paralizando así su capacidad de actuar y obligándolo a rendirse bajo el impacto del ataque[6]. En este contexto, surgieron tres prioridades interrelacionadas para los dirigentes iraníes. La primera era garantizar la continuidad de las instituciones estatales y evitar el deterioro de la imagen de los dirigentes tras la pérdida de la máxima autoridad del régimen político. Los dirigentes iraníes parecieron actuar de acuerdo con un escenario preparado de antemano para hacer frente a tal contingencia. Teherán estableció rápidamente un consejo de liderazgo temporal de conformidad con el artículo 111 de la Constitución, compuesto por los jefes de los poderes ejecutivo y judicial, junto con un miembro del Consejo de Guardianes[7]. Esta medida tenía por objeto evitar un vacío de liderazgo y garantizar el funcionamiento continuado de las instituciones estatales.

La segunda prioridad fue organizar una respuesta militar rápida y en múltiples frentes destinada a impedir que la ventaja militar inicial del adversario se tradujera en un resultado político decisivo; en otras palabras, evitar que el primer ataque generara una situación de resolución estratégica inmediata. Mientras tanto, la tercera prioridad se centró en gestionar la escalada de tal manera que se incrementara el coste del enfrentamiento para los adversarios de Irán sin caer en una guerra regional generalizada que pudiera provocar una alineación internacional contra Teherán.

Este marco ayuda a explicar la doble naturaleza de los mensajes de Irán durante los primeros días de la guerra. Por un lado, las declaraciones oficiales hacían hincapié en el deseo de evitar la ampliación del conflicto e incluían garantías a los Estados vecinos de que Irán no los atacaría a menos que sus territorios o su espacio aéreo se utilizaran para lanzar ataques contra él[8]. Por otro lado, las declaraciones operativas iraníes subrayaban que su respuesta se dirigía contra las fuentes de los ataques que recibía y contra los lugares de despliegue de las fuerzas y los intereses estadounidenses en la región, al tiempo que acusaban a Israel de intentar empujar a la región hacia una escalada más amplia.

Las pruebas disponibles sugieren que Teherán trató de ampliar el alcance del enfrentamiento extendiéndolo gradualmente a tres escenarios principales que difieren en cuanto a coste y escalada. El primer ámbito afecta a Israel y a las bases estadounidenses, el segundo se extiende a los Estados árabes del Golfo y a su infraestructura vital, y el tercero se refiere a las rutas marítimas y los corredores de transporte de energía en el estrecho de Ormuz. Este enfoque gradual refleja un intento iraní de aumentar los costes de la guerra para sus adversarios y ampliar su alcance geográfico y político sin cruzar el umbral hacia una escalada incontrolada.

El primer ámbito demuestra la capacidad de tomar represalias tanto a nivel nacional como internacional. En este contexto, la respuesta de Irán adoptó la forma de lanzamientos de misiles balísticos y ataques con drones dirigidos contra objetivos dentro de Israel y bases militares estadounidenses. Esto puede entenderse como un esfuerzo por demostrar no solo que el ataque inicial de la guerra no logró paralizar a Irán ni obligarlo a someterse, sino también que el coste de ese ataque sería elevado para sus adversarios. También tenía como objetivo demostrar la capacidad de Irán para abrir múltiples frentes simultáneamente, aumentando así el coste de la confrontación para Estados Unidos y sus aliados regionales.

El segundo frente tiene como objetivo instalaciones de vital importancia económica en los Estados árabes del Golfo. Los ataques también afectaron a infraestructuras civiles y de servicios, con el objetivo de elevar el coste de la guerra para estos Estados y animarlos a presionar a Washington para que detuviera el conflicto, basándose en la lógica de que ningún Estado de la región debería gozar de seguridad mientras Irán no la tenga[9]. En este marco, los ataques contra los Estados del Golfo pueden interpretarse a través de dos lógicas políticas interconectadas. La primera consistía en enviar un mensaje disuasorio a los Estados vecinos de que permitir que su territorio o sus bases militares sirvieran de plataformas para operaciones contra Irán no estaría exento de costes. La segunda era ampliar el círculo de actores económicos perjudicados por la guerra, generando así presión política y económica sobre Washington para que rebajara sus exigencias políticas.

El tercer ámbito se refiere a la seguridad marítima y las exportaciones de energía, en particular en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores de tránsito energético más críticos del mundo. Oficialmente, Teherán trató de negar que hubiera cerrado el estrecho. El viceministro de Asuntos Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh, declaró que Irán no había dado ese paso y que estaba actuando como una "potencia responsable", añadiendo que Teherán lo anunciaría abiertamente si decidiera tomar tal medida[10]. Sin embargo, los acontecimientos sobre el terreno sugieren que la ausencia de un cierre formal no impide que el estrecho se vea efectivamente interrumpido debido a los riesgos de seguridad y a posibles ataques, sobre todo porque las compañías de seguros pueden negarse a asegurar a los buques que atraviesan el estrecho o elevar las primas por encima de los niveles que las petroleras pueden permitirse. Según se informa, un petrolero fue atacado mientras intentaba atravesar el estrecho, y al menos 150 petroleros y buques de gas han echado el ancla según los datos de seguimiento de buques[11]. En tales circunstancias, las herramientas de presión económica relacionadas con la energía y el transporte marítimo se convierten en un factor adicional que refuerza los instrumentos militares convencionales. El aumento de las primas de seguro, los costes de transporte marítimo y el riesgo de escasez de suministro ejercen una presión directa sobre los mercados energéticos mundiales. Esto se reflejó rápidamente en el aumento de los precios del petróleo, que alcanzaron los 120 dólares por barril el 8 de marzo antes de volver a caer a unos 90 dólares en medio de la preocupación por las repercusiones inflacionistas para la economía mundial[12].

No obstante, esto no significa que Irán disponga de un margen ilimitado para la escalada. Los ataques contra instalaciones civiles sensibles —como las plantas desalinizadoras de Bahréin— plantean la posibilidad de que el conflicto entre en una fase de ataques contra la infraestructura cotidiana. Tal desarrollo podría empujar a los Estados de la región hacia respuestas más contundentes y aumentar el riesgo de que la confrontación derive en una guerra regional más amplia. Por esta razón, el comportamiento iraní en esta etapa puede interpretarse como una escalera de presión que puede subirse o bajarse dependiendo del curso de la guerra y las interacciones políticas, más que como una estrategia de escalada ilimitada o destrucción total.

¿Qué opciones le quedan a Irán?

No hay duda de que Irán es la parte más directamente interesada en poner fin a la guerra. Sin embargo, no hay indicios de que esté dispuesto a rendirse ante la presión estadounidense-israelí. Por lo tanto, la única vía viable pasa por restablecer una vía política con el régimen actual en Irán. Hasta que Washington llegue a esta conclusión, los nuevos dirigentes iraníes se enfrentarán a importantes retos relacionados con el mantenimiento de la resiliencia y la continuación de la lucha. A medida que continúan las operaciones militares contra Irán y las respuestas iraníes, la trayectoria del enfrentamiento sigue abierta a varias posibilidades. La dificultad de verificar con precisión los acontecimientos sobre el terreno dentro de Irán significa que la evaluación de las direcciones futuras se basa principalmente en el análisis del comportamiento militar y político de los actores implicados. Los posibles escenarios pueden resumirse a grandes rasgos en cuatro escenarios principales.

El primer escenario es la continuación de una guerra de desgaste mutuo dentro de un techo de escalada elevado pero controlado. En tal escenario, el nivel de ataques en el Golfo fluctuaría, mientras que el estrecho de Ormuz permanecería efectivamente interrumpido sin una declaración oficial de cierre. Esta opción permite a Irán utilizar el estrecho como herramienta de presión, evitando al mismo tiempo los costes de un cierre total, especialmente mientras continúan los esfuerzos de mediación liderados por Omán, junto con los llamamientos internacionales para volver a las negociaciones. Dichos esfuerzos podrían dar sus frutos una vez que Estados Unidos llegue a la conclusión de que el régimen no puede ser derrocado únicamente mediante bombardeos aéreos.

El segundo escenario implica una expansión regional de la guerra si los ataques dirigidos contra las infraestructuras energéticas, hidráulicas y portuarias del Golfo se convierten en un patrón sistemático, o si los Estados del Golfo se involucran directamente en operaciones de respuesta. Esto se refleja en la declaración emitida por el Consejo de Cooperación del Golfo, que señaló el derecho a responder a los ataques iraníes y destacó la creciente preocupación por la seguridad energética y la seguridad marítima. En la actualidad, sin embargo, este escenario parece poco probable.

El tercer escenario supondría la aparición de una frágil desescalada o alto el fuego sin un acuerdo político estable. Tal resultado vendría impuesto no tanto por un auténtico acuerdo político como por los crecientes costes económicos de la guerra —como el aumento de los precios del petróleo y las perturbaciones en el transporte marítimo—. Esta situación podría reabrir la vía de negociación con el apoyo de Naciones Unidas.

El cuarto escenario se refiere a una presión creciente sobre el centro de toma de decisiones dentro de Irán, lo que podría ampliar las divisiones entre las élites políticas y militares sobre cómo gestionar la crisis. Esta posibilidad quedó insinuada en las declaraciones del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, sobre los ataques a los Estados del Golfo y las respuestas de las instituciones militares. En última instancia, la trayectoria del conflicto dependerá de la capacidad de las partes para contener la escalada, de la magnitud de los costes económicos, militares y políticos de la guerra para cada una de ellas, y de la eficacia de los esfuerzos de mediación diplomática destinados a poner fin al conflicto.

Publicado originalmente por el Arab Center for Research and Policy Studies, puede consultarse en inglés en este enlace.

Las ideas expresadas en este Análisis corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC.

Crédito de imagen: EFE / EPA / Abedin Taherkenareh


​Notas y referencias

[1] "La jugada de Trump y Netanyahu en Irán: Los cálculos estratégicos detrás de la operación 'Furia Épica", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 5/3/2026. Disponible en: https://www.cearc.net/la-jugada-de-trump-y-netanyahu-en-iran-los-calculos-estrategicos-detras-de-la-operacion-furia-epica/

[2] "Israel's War with Iran Moves out of the Shadows", Situation Assessment, Arab Center for Research and Policy Studies, 17/6/2025. Disponible en: https://www.dohainstitute.org/en/PoliticalStudies/Pages/israel-campaign-on-iran-and-the-iranian-response.aspx

[3] "Considerations and Prospects in Iran's Confrontation with Israel", Situation Assessment, Arab Center for Research and Policy Studies, 18/4/2024. Disponible en: https://www.dohainstitute.org/en/PoliticalStudies/Pages/considerations-and-prospects-for-the-conflict-between-iran-and-israel.aspx

[4] "Verificación y Vigilancia en la República Islámica del Irán a la luz de la Resolución 2231 (2015) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas", Informe del Director General, Organismo Internacional de Energía Atómica, 2/6/2025. Disponible en: https://www.iaea.org/sites/default/files/25/06/gov2025-24_sp.pdf

[5] "Iran Protests Stir International Convergences and Conflicting Interests", Situation Assessment, Arab Center for Research and Policy Studies, 20/1/2026. Disponible en: https://www.dohainstitute.org/en/PoliticalStudies/Pages/convergence-and-divergence-of-interests-in-international-positions-on-iran-protests.aspx

[6] "Read Trump's full statement on Iran attacks", PBS, 28/2/2026. Disponible en: https://www.pbs.org/newshour/world/read-trumps-full-statement-on-iran-attack

[7] John Hudson y Warren P. Strobel, "Intel report warns large-scale war 'unlikely' to oust Iran's regime", The Washington Post, 7/3/2026. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/national-security/2026/03/07/iran-intelligence-report-unlikely-oust-regime/

[8] "Iran's president apologizes for strikes on neighbors as missiles and drones still pound their cities", Associated Press, 7/3/2026. Disponible en: https://apnews.com/article/iran-israel-us-march-7-2026-d347fd6a03185f51d670bf4e7cbf5373

[9] "El Golfo en la línea de fuego: los cálculos y contradicciones de la estrategia iraní", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 9/3/2026. Disponible en: https://www.cearc.net/el-golfo-en-la-linea-de-fuego-los-calculos-y-contradicciones-de-la-estrategia-irani/

[10] "Iran responsible power, Strait of Hormuz not shut: Deputy Foreign Minister Saeed Khatibzadeh", The Economic Times, 7/3/2026. Disponible en: https://economictimes.indiatimes.com/news/international/world-news/iran-responsible-power-strait-of-hormuz-not-shut-deputy-foreign-minister-saeed-khatibzadeh/articleshow/129172917.cms

[11] "Hundreds of ships drop anchor in Middle East Gulf, data shows", Reuters, 1/3/2026. Disponible en: https://www.reuters.com/business/energy/hundreds-ships-drop-anchor-middle-east-gulf-us-war-iran-escalates-data-shows-2026-03-01/

[12] "Iran war pushes oil price above $90, threatening rise in global inflation", The Guardian, 6/3/2026. Disponible en: https://www.theguardian.com/business/2026/mar/06/iran-war-pushes-oil-price-above-90-dollars-a-barrel

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