La geopolítica y la seguridad energética han existido para Estados Unidos como una relación simbiótica desde los años 40 del pasado siglo. Esta visión ha sido de nuevo confirmada con la actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. La política de Seguridad Nacional de Washington hacia la región del Golfo y el estrecho de Ormuz ha sido diseñada conforme a esta premisa que entrelaza intereses estratégicos nacionales, geopolítica y seguridad energética, dando lugar a su propia concepción del mundo a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Sin embargo, ha sido el actual presidente Donald Trump el que se ha mostrado dispuesto a implementar los supuestos más extremos que los estrategas estadounidenses habían dibujado sobre el papel hace décadas pero no se atrevieron a aplicar.
Las líneas estratégicas de Estados Unidos hacia el Golfo remontan su trazo a 1945, cuando el presidente Roosevelt y el rey Abdulaziz Al Saud ‒fundador del reino que rubricó con el nombre de su dinastía y abuelo del actual príncipe heredero Mohamed bin Salman‒ firmaron un pacto de amistad a bordo del U.S.S. Quincy: Al Saud le garantizaba a Washington el acceso preferencial a su petróleo a cambio de la protección militar de Estados Unidos[1]. Nacía la doctrina "petróleo por seguridad".
En los años 80, la llamada Doctrina Carter vino a confirmar la implicación de EEUU en la región, con su compromiso explicitado de defender los yacimientos de hidrocarburos del Golfo contra amenazas externas. Y de nuevo se extendió más allá, a través del Corolario Reagan, para ampliar ese compromiso a la libre exportación del petróleo de la zona. Esta alianza con los regímenes aliados del Golfo ha perdurado a pesar de las guerras árabe-israelíes, los atentados del 11-S, la invasión de Irak en 2003 o el señalamiento del presidente Biden a Arabia Saudí en varias ocasiones durante su campaña electoral en 2019 y 2020 como "Estado paria"[2] tras el asesinato del periodista crítico Jamal Khashoggi, en 2018.
Una nueva guerra por el petróleo
El ataque de EE. UU. e Israel a Irán el 28 de febrero pasado ha recordado que la política de actuación que tradicionalmente ha seguido Washington en Oriente Medio sigue muy presente. El mundo se encuentra ante una nueva guerra por los recursos, como si hubiera retrocedido décadas. A principios de los años 2000, Washington estaba especialmente preocupado por asegurarse la estabilidad y el suministro de hidrocarburos del Golfo Árabe. Entre todas las regiones productoras del mundo esta era la única entonces con reservas suficientes para satisfacer la demanda de Estados Unidos (y del planeta)[3]. Así fue cómo Washington perfiló su visión para dominar el Golfo y asegurarse el abastecimiento, según la noción de "estrategia de extracción máxima". Dentro de este marco, el objetivo era establecer y defender regímenes amigos en la región para abrir la puerta a las operaciones de las compañías petrolíferas estadounidenses. Para eso había que asegurar el estrecho de Ormuz y protegerlo de cualquier intento de cerrar este paso, lo que pondría en peligro el suministro de crudo. Esto requería actuar en tres frentes:
- Estabilizar la monarquía de los Al Saud en Arabia Saudí y blindarla contra cualquier intento de insurrección.
- Derrocar al régimen de Saddam Husein en Irak y reemplazarlo por un gobierno aliado estable que impulsara la producción de petróleo. El temor en esos años era que Saddam repitiera la invasión de Kuwait en 1990 e intentara de nuevo apoderarse de yacimientos en ese país o en Arabia Saudí.
- Presionar a Irán, debilitar a la República Islámica y, en última instancia, provocar un cambio de régimen y reemplazarlo por otro afín.
Los atentados del 11-S supusieron una sacudida al corazón de esta teoría y facilitaron al entonces presidente George W. Bush la excusa perfecta para llevar a cabo esa estrategia. Irak, el eslabón más débil dentro de las amenazas regionales identificadas por Estados Unidos, fue elegido como el primer frente en el que actuar. Saddam estaba entonces enemistado con todos sus vecinos y corneado por las sanciones y Washington centró todas sus armas propagandísticas y militares en derrocarlo, como así ocurrió. Dos metas fundamentales confluían en la invasión de Irak, que Bush y su Gobierno veían como la clave para aumentar la seguridad en la región y a la vez incrementar la producción de crudo con la beneficiosa participación de sus empresas. Sin embargo, como luego se demostró, la estrategia no funcionó: la caída del régimen baazista y la falta de estrategia a largo plazo de la Administración Bush sumergieron a Irak en un ciclo de caos y violencia del que aún no se ha recuperado.
Tampoco se cumplieron las expectativas estadounidenses de asegurarse un mayor flujo de hidrocarburos. Si la producción de crudo iraquí antes de la guerra era de 2,5 millones de barriles al día (mb/d), tras la guerra este nivel no se recuperó hasta la primavera de 2004. Hay que recordar que en 1990 la producción iraquí alcanzaba los 3,5 mb/d. El plan de Estados Unidos tras la invasión era aumentarla hasta los 5,5 mb/d[4]. Eso nunca sucedió. En la actualidad, esos planes parecen aún más lejanos. Antes de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán que comenzaron el 28 de febrero, Irak producía 4,3 mb/d[5]; tres semanas después del estallido del conflicto, la producción había caído más de un 70%, situándose apenas en 900.000 barriles al día[6].
Pero la ambición de EE. UU. para dominar la producción de hidrocarburos en el Golfo pudo más entonces y puede más ahora. La guerra contra Irán viene a completar el tercer pilar del "supuesto de las tres guerras" elaborado por los estrategas del Pentágono en los 2000[7]: asegurar Arabia Saudí, contener a Irak y debilitar a Irán. Con Trump, la estrategia de contención hacia Irán pasó a verse en un contexto ampliado en el que encajaba el cambio de régimen[8]. Este objetivo se alineó con el de Israel a partir de su ofensiva en Gaza. Después del hito que ha supuesto en el Oriente Medio del post 7-O la caída del régimen de al-Asad, el liderazgo iraní constituía el único remanente a la visión de Trump para la región, según la cual la política se subordina a la lógica salvaje de los mercados. La República Islámica, como último bastión de la militancia ideológica que irradiaba además hacia los actores paraestatales incluidos en su autodenominado 'Eje de la Resistencia', era un sistema que Washington contemplaba abolir.
La primera presidencia de Donald Trump ya supuso un desafío a la anterior línea estratégica de la seguridad nacional estadounidense, que había asumido que el cambio de régimen en Irán no estaba a su alcance. La decisión de Trump de salir del Acuerdo Nuclear firmado por las potencias occidentales e Irán y de imponer la "máxima presión" para doblegar a la República Islámica empezó a cuestionar la excepcionalidad de Irán en la doctrina "petróleo por seguridad". En 2020, Trump impulsó los llamados Acuerdos de Abraham, mediante los que promovió la normalización de relaciones con Israel de países del Golfo como Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, con la vocación de extenderlos a Arabia Saudí. Esta estrategia ponía a Israel en el centro de la simbiosis entre geopolítica y seguridad energética. En su segundo mandato, a partir de enero de 2024, ya en marcha el genocidio en Gaza y la extensión de la guerra al frente iraní, la postura de Trump confirma que ha incorporado a Israel a la estrategia y la visión de la región de Estados Unidos, no como aliado privilegiado sino como parte integrante de pleno derecho de esta doctrina.
Israel, el control de los recursos de la región y la alternativa a Ormuz
El actual conflicto contra Irán, en el que Estados Unidos e Israel han ido coordinados y de la mano, confirma esta idea y redibuja esa relación simbiótica entre geopolítica, intereses energéticos y seguridad nacional (en la que la seguridad de Israel está integrada en la propia de Estados Unidos). La forma en que el momento actual nos retrotrae al precedente de la invasión de Irak de 2003 deja muy claro que esa triple simbiosis sigue muy presente para Estados Unidos y que Israel la incorpora para sí. Las agresiones israelíes y la ocupación de más territorio en Gaza, Líbano y Siria le permiten poner a su disposición los enormes recursos gasísticos[9] en las costas de la Franja palestina y del país de los cedros y en el subsuelo de los Altos del Golán sirios. El 18 de marzo, el bombardeo israelí de las instalaciones iraníes asociadas al yacimiento de gas South Pars-North Field, que comparte con Qatar (el mayor reservorio del planeta y del que se extraía antes de la guerra un 20% del gas, que luego se procesa como gas licuado, del mundo), corrobora el objetivo de Israel de erigirse en un vértice de las rutas energéticas y comerciales regionales e intercontinentales[10]. Para ello, debilitar al actual régimen iraní es clave y también exponer la vulnerabilidad del estrecho de Ormuz para erigirse como alternativa segura.
La reciente dimisión de Joseph Kent, quien fuera director del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos, apuntala este nuevo marco estratégico en el que Estados Unidos e Israel actúan como un solo país en esta guerra. Sus visiones se alinean y confluyen. En su carta de dimisión, Kent afirmó que "Irán no comportaba una amenaza inminente" para Estados Unidos y que la guerra comenzó "por la presión de Israel y su poderoso lobby americano"[11].
La actuación de Trump en Irán aparentemente contradice la línea trazada en la Estrategia de Defensa Nacional de 2026[12], en la que el Departamento de Guerra lanzó una declaración de intenciones para desenganchar a EE. UU. de Oriente Medio[13]. La región ‒según el documento‒ ya no se consideraba ni el mayor proveedor de energía ni el primer teatro de operaciones en la competencia por dominar el mundo. Sin embargo, Irán es citado como "la principal fuerza desestabilizadora" de la región y amenaza potencial. Esto está en línea con la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en 2025, en la que la Administración Trump ponía el acento en "impedir que una potencia adversaria domine Oriente Próximo, sus reservas de petróleo y gas y los puntos estratégicos por donde transitan"[14], es decir, Ormuz. Estas declaraciones demuestran que el contexto de este conflicto sigue anclado, pues, en la tradición doctrinal para controlar los recursos de la región, que sigue siendo clave para la economía global y para la hegemonía global. La actual guerra confirma la validez de los supuestos sobre los que Estados Unidos dibujó su influencia regional en los primeros 2000, mientras que el momento de debilidad regional e interna del régimen iraní desde la guerra de Gaza ha confluido en que se hagan realidad los tradicionales intereses de Estados Unidos, sumados ahora a los de Israel como nuevo hegemón.
Al mirar el gran tablero de ajedrez que ha sido siempre y es en la actualidad el estrecho de Ormuz hay que ampliar el mapa hasta incluir la región del mar Caspio y ver así que la pugna se extiende a Rusia y, en mayor medida desde el fin de la Guerra Fría, a China como rivales globales. El control de los recursos y la hegemonía mundial siguen entrelazadas en una simbiosis tan decisiva como para que Estados Unidos siga estando dispuesto a emprender guerras a cuenta de ello. La novedad que ha aportado la Administración Trump 2.0 es integrar a Israel como par en este armazón estratégico para la región. Israel ha tomado un papel de liderazgo en la competición por el poder y la seguridad energética en Oriente Medio y, en particular, en el combate a Irán y a su red de apoyo a actores no estatales en la región como potencial amenaza a sus intenciones. Esta alianza nos hace concluir que el enfrentamiento bélico que han iniciado EE. UU. e Israel contra Irán tiene como intención imponer una nueva realidad geopolítica en la que Israel sea el poder hegemónico y redirigir las rutas mundiales de hidrocarburos bajo la influencia de Israel, con eventuales costes para los países árabes del Golfo. Este no será el último conflicto por el control de los recursos energéticos en la región del Golfo.
Crédito de imagen: EFE / EPA
Notas y referencias
[1] Memorandum of Conversation Between the King of Saudi Arabia (Abdul Aziz Al Saud) and President Roosevelt, February 14, 1945, Aboard the U.S.S. "Quincy", 14 de febrero de 1945, Office of the Historian, 711.90F/2-1445. Disponible en:https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1945v08/d2. Para un relato completo del encuentro, véase el recuento que el coronel Eddy, único testigo de la conversación ya que fue el intérprete entre ambos líderes, dejó escrito: William A. Eddy, FDR meets Ibn Saud, 1954. Disponible en: https://ia803100.us.archive.org/27/items/FDRMEETSIBNSAUD/FDR%20MEETS%20IBN%20SAUD.pdf
[2] Rosa Meneses, "La Administración Biden ante el legado de Trump en Oriente Medio", en Manuela Mesa (coord.), Anuario Ceipaz 2020-2021: El mundo después de la pandemia: enfrentar la desigualdad y proteger el planeta, pp. 195-211, CEIPAZ, Madrid, 2021. Disponible en: https://ceipaz.org/wp-content/uploads/2021/05/10.RosaMeneses.pdf
[3] Michael T. Klare, Sangre y petróleo: peligros y consecuencias de la dependencia del crudo, Ed. Urano, Barcelona, 2006, pp. 119-125.
[4] Ibidem.
[5] Oil Market Report, International Energy Agency, marzo de 2026. El informe recoge los datos de enero de 2026. Disponible en: https://www.iea.org/reports/oil-market-report-march-2026
[6] Mohammed Aref y Ahmed Rasheed, "Exclusive: Iraq declares force majeure on foreign-operated oilfields over Hormuz disruption, sources say", Reuters, 21 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.reuters.com/business/energy/iraq-declares-force-majeure-foreign-operated-oilfields-over-hormuz-disruption-2026-03-20/
[7] Klare, Michael T., Guerras por los recursos. El futuro escenario del conflicto global. Ed. Urano, Barcelona, 2003.
[8] Douglas Barrie, John Raine, Antoine Levesques, "Middle East war: military strategic and diplomatic angles", International Institute for Strategic Studies, 10 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.iiss.org/online-analysis/online-analysis/2026/03/middle-east-war-military-strategic-and-diplomatic-angles/
[9] En el caso del Líbano, la ofensiva israelí reactivada tras el ataque a Irán ha puesto en el punto de mira el acuerdo entre ambos países para delimitar sus fronteras marítimas, firmado el 11 de octubre de 2022 con mediación estadounidense. Las fronteras terrestres siguen sin marcarse de forma oficial desde la creación de Israel en 1948, mientras ambos países continúan oficialmente en guerra. El factor clave para la demarcación marítima fue el descubrimiento de enormes bolsas de gas en la costa y la necesidad de un pacto para explotar los yacimientos en disputa. El acuerdo estableció que la reserva de Qana quedase bajo soberanía libanesa a cambio del pago de compensaciones económicas a Israel con parte de los beneficios de explotación, a través de la francesa TotalEnergies, mientras el bloque de Karish se resolvió a favor de Israel. Benjamin Netanyahu, entonces en la oposición, calificó la firma de "capitulación histórica". Poco después, en noviembre de 2022, Netanyahu volvió al poder como primer ministro de Israel gracias a la coalición más a la ultraderecha de la historia del país. El 12 de marzo de 2026, Netanyahu afirmó en medios israelíes que considera cancelar el acuerdo de demarcación marítima con Líbano. Véase: Rita el Jammal, "Lebanon's gas under threat as Israel may cancel 'maritime border demarcation'", The New Arab, 18 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.newarab.com/news/lebanons-gas-under-threat-israel-may-scrap-maritime-border
[10] Ignacio Álvarez-Ossorio, "La agenda energética oculta de Israel en el Golfo", elDiario.es, 21 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.eldiario.es/internacional/agenda-energetica-oculta-israel-golfo_129_13085843.html
[11] George Chidi, "Trump counter-terrorism chief quits over Iran war, blaming Israel", The Guardian, 17 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.theguardian.com/us-news/2026/mar/17/joe-kent-resigns-director-national-counterterrorism-center
[12] US Department of War, National Defense Strategy 2026. Restoring peace through strength for a new golden age of America, 23 de enero. Disponible en: https://media.defense.gov/2026/Jan/23/2003864773/-1/-1/0/2026-NATIONAL-DEFENSE-STRATEGY.PDF
[13] The Soufan Center, "Trump National Security Strategy Pivots from the Middle East", Intelbrief, 10 de diciembre de 2025. Disponible en: https://thesoufancenter.org/intelbrief-2025-december-10/
[14] The White House, National Security Strategy of the United States of America, noviembre de 2025. Disponible en: https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf