El memorando de Islamabad: ¿alto el fuego o pausa estratégica?

Compartir
Sidelines_of_Islamabad_Talks

El 18 de junio de 2026, Estados Unidos e Irán anunciaron que habían acordado firmar un memorando de entendimiento, gracias a la mediación de Pakistán y Qatar, tras más de tres meses de guerra. El memorando estipula el cese de las operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano, la reapertura del estrecho de Ormuz y el inicio de negociaciones sobre el programa nuclear iraní, a cambio del levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes, junto con un paquete de medidas económicas y exenciones de sanciones[1]. El acuerdo representa el primer entendimiento directo entre ambas partes desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán el 28 de febrero. Sin embargo, no constituye una solución definitiva, sino que establece un marco transitorio para gestionar el período de posguerra. El memorando deja la mayoría de las cuestiones controvertidas de fondo para negociaciones posteriores, fijando un plazo de sesenta días para alcanzar un acuerdo definitivo. Por consiguiente, lo que se ha logrado es un marco preliminar que esboza principios generales y medidas de construcción de la confianza, más que un acuerdo estratégico integral. Su importancia, por lo tanto, radica en sus implicaciones políticas y estratégicas, ya que refleja los límites de imponer realidades mediante la fuerza militar y señala un desplazamiento del conflicto del campo de batalla a la mesa de negociación.

Limitaciones militares

La Administración Trump, instigada por Israel, entró en la guerra tanto por el deseo de Trump de proyectar fuerza como por su apuesta por políticas basadas en el poder. Trump y Netanyahu declararon objetivos de amplio alcance, entre los que se incluían la eliminación del programa nuclear iraní, el debilitamiento de su capacidad misilística, la reducción de su influencia regional e incluso la idea de un cambio de régimen mediante el debilitamiento de su control del poder y el desencadenamiento de un levantamiento interno para derrocarlo[2]. Estos objetivos fueron cambiando con el tiempo, pero el curso de las operaciones militares puso de manifiesto los límites de lo que se podía lograr por medios militares. A pesar de los intensos bombardeos dirigidos contra los dirigentes iraníes y su infraestructura militar y de seguridad -que provocaron el asesinato de altos mandos iraníes y del líder supremo del país, así como graves daños a instalaciones estratégicas-, el régimen iraní no colapsó, contrariamente a las expectativas de los servicios de inteligencia israelíes, ni perdió su capacidad para gobernar o para continuar la guerra[3]. Más bien al contrario, Teherán logró obligar a Washington a detener la guerra al aumentar el coste del conflicto, ya fuera atacando bases estadounidenses e instalaciones vitales en el territorio de aliados regionales, o cerrando el estrecho de Ormuz e interrumpiendo el tráfico marítimo internacional[4]. Irán, sin embargo, pagó un alto precio, que incluyó la destrucción de muchas de sus instalaciones vitales y daños significativos a su programa nuclear.

El estancamiento y el creciente coste económico diario hicieron que, para Washington, la guerra pasara de ser un intento de lograr una victoria decisiva a la gestión de una crisis de duración indefinida con crecientes riesgos económicos y de seguridad. La interrupción del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz amenazó el suministro energético mundial y avivó los temores de una crisis económica global, al tiempo que se hizo evidente que la continuación de la guerra no reportaría resultados políticos acordes con los crecientes costes asumidos por las distintas partes. En este contexto, el memorando de Islamabad refleja el reconocimiento mutuo de que continuar la guerra no generaría ventajas decisivas adicionales y que el giro hacia las negociaciones se había convertido en una opción más realista que la confrontación militar en curso.

Un marco para poner fin a la guerra

El memorando de Islamabad se basa en una ecuación central que vincula la desescalada en materia de seguridad con incentivos económicos. Irán acordó reabrir el estrecho de Ormuz, volver a las negociaciones sobre su programa nuclear y reafirmar su compromiso de no perseguir la adquisición de armas nucleares (a pesar de que el estrecho de Ormuz ya estaba abierto antes de la guerra y de que Irán ya se había comprometido a no buscar tales armas). A cambio, Estados Unidos accedió a levantar el bloqueo naval de los puertos iraníes, conceder amplias exenciones a las sanciones, permitir la reanudación de las exportaciones de petróleo iraní y liberar parte de los activos congelados de Irán. El memorando también prevé el establecimiento de un mecanismo para supervisar la aplicación y preparar un acuerdo definitivo, que deberá alcanzarse en un plazo de sesenta días. Sin embargo, la mayoría de las cuestiones que Washington había identificado como causas directas de la guerra se han aplazado a una fase posterior de las negociaciones. Cabe recordar que las negociaciones ya estaban en marcha en Ginebra y Mascat antes de que Estados Unidos las rompiera y se encaminara hacia la guerra.

Por consiguiente, el memorando se asemeja más a un marco para poner fin a la guerra, gestionar la crisis y volver a las negociaciones que a un acuerdo definitivo. Si bien ha logrado detener las operaciones militares y contener los riesgos de escalada, no ha abordado las causas fundamentales del conflicto entre ambas partes. En realidad, el estrecho de Ormuz constituía el verdadero núcleo del acuerdo, más que el programa nuclear de Irán, sobre todo porque la seguridad energética mundial había pasado a representar el eje central de la crisis.

La dimensión económica

Las características más destacadas del memorando son sus incentivos económicos. El acuerdo otorga a Irán beneficios directos, entre los que se incluyen la flexibilización de las restricciones a las exportaciones de petróleo, su reintegración gradual en el sistema financiero mundial y la liberación de activos financieros congelados estimados en decenas de miles de millones de dólares. Esta disposición fue uno de los principales puntos de discordia que estuvo a punto de hacer fracasar las negociaciones en más de una ocasión. Irán insistió en la liberación de una parte sustancial de sus fondos congelados, lo cual reviste especial importancia dadas las difíciles condiciones económicas a las que se ha enfrentado durante años de sanciones, agravadas aún más por la guerra. Se espera que estos fondos, junto con la reanudación de las exportaciones de petróleo, proporcionen al Gobierno iraní los recursos financieros necesarios para mitigar las repercusiones económicas y sociales del conflicto y para rehabilitar partes de su infraestructura económica e industrial dañadas durante la guerra[5].

Mientras tanto, estos acuerdos han suscitado dudas en Estados Unidos, en particular en lo que respecta a la eficacia de las políticas hacia Irán aplicadas por la Administración Trump desde su retirada del acuerdo nuclear de 2015 y su posterior entrada en una guerra destructiva. Trump había criticado en repetidas ocasiones a la Administración Obama por desbloquear activos iraníes congelados a cambio del compromiso de Irán de limitar el enriquecimiento a un máximo del 3,67%. Sin embargo, Trump accedió a desbloquear decenas de miles de millones de dólares en activos iraníes y a levantar las sanciones sobre las exportaciones de petróleo sin obtener compromisos claros por parte de Irán en relación con su programa nuclear.

El programa nuclear aplazado

Aunque el programa nuclear de Irán fue señalado como el desencadenante inmediato de la guerra, el memorando no ofrece una solución detallada. Se limita a reiterar el compromiso de Irán de no desarrollar armas nucleares, al tiempo que hace referencia a una reducción de los niveles de enriquecimiento de parte de su material almacenado bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica. Sin embargo, las cuestiones fundamentales siguen sin resolverse. El memorando no especifica si Irán conservará sus actuales capacidades de enriquecimiento, cuál será el destino de sus principales instalaciones nucleares ni cuál será la naturaleza del futuro régimen de supervisión e inspección. Tampoco ofrece una respuesta clara respecto a las reservas de uranio altamente enriquecido, que constituían el núcleo de la disputa entre ambas partes.

Esta ambigüedad refleja el alcance de la divergencia entre las posiciones estadounidense e iraní y pone de relieve que la siguiente fase de las negociaciones probablemente será más difícil que lograr el alto el fuego en sí. La cuestión nuclear no es meramente técnica; afecta a los equilibrios de seguridad regionales, a la posición de Irán en la región y al futuro del régimen de sanciones internacionales. Además, el programa nuclear de Irán se ha convertido en una cuestión de dignidad nacional. Es probable que Irán acabe aceptando un acuerdo que le permita conservar un derecho teórico al enriquecimiento, reduciendo efectivamente dicho enriquecimiento a cero durante un período que podría prolongarse hasta 15 o 20 años, junto con la dilución o el reprocesamiento de las reservas de uranio enriquecido bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica. Sin embargo, esto sigue estando muy lejos de la exigencia con la que Trump inició la guerra: que Irán renunciara, en principio, a su derecho a enriquecer uranio.

Dimensiones regionales

Irán no considera el acuerdo meramente como un cese de las hostilidades, sino como el inicio de un nuevo marco de seguridad regional que limite su vulnerabilidad ante futuros ataques. Por ello, la importancia del memorando trasciende de su dimensión bilateral entre Irán y Estados Unidos, abarcando implicaciones regionales más amplias. La guerra ha reafirmado la importancia estratégica del estrecho de Ormuz como uno de los corredores marítimos más críticos del mundo. La crisis ha demostrado que Irán conserva la capacidad de influir en el comercio mundial y en los flujos energéticos, lo que le proporciona una importante baza de negociación en cualquier acuerdo de seguridad relativo al Golfo.

Es evidente que Irán no tiene intención de renunciar a su influencia sobre el estrecho de Ormuz ni de reconocer ninguna pérdida de soberanía en la zona. Por el contrario, pretende transformar su influencia en una fuente de legitimidad y beneficio económico, posiblemente mediante el cobro de tasas por servicios o acuerdos conjuntos de navegación con Omán. El memorando compromete explícitamente a Irán a hacer "todo lo posible" para garantizar el paso seguro de los buques mercantes -sin imponer tasa alguna- durante un período de sesenta días entre el "Golfo Pérsico y el mar de Omán, y viceversa". Además, estipula que Teherán entablará conversaciones con Omán para determinar los futuros acuerdos de gestión y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, en consulta con los Estados ribereños del Golfo y de conformidad con el derecho internacional y los derechos soberanos de dichos Estados.

Entre las disposiciones que han suscitado especial atención destaca la referencia explícita a Líbano dentro del compromiso de poner fin a las operaciones militares en todos los frentes. Esto refleja la conexión entre Líbano y el contexto regional más amplio, confirmando que la estabilidad en Líbano ya no puede disociarse de la trayectoria de las relaciones entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, esta cláusula sigue supeditada a la voluntad de Israel de participar en los esfuerzos para poner fin a la guerra y tiene un efecto práctico limitado, ya que no obliga a Israel a retirarse de las zonas que ocupó durante el conflicto, ni establece mecanismos para garantizar el respeto de la soberanía libanesa. Su valor principal, por lo tanto, radica en su importancia política más que en su carácter de acuerdo de seguridad exigible. Esta limitación queda aún más patente por la postura declarada de Israel de que no se considera vinculado por ningún acuerdo relativo a Líbano en el marco de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán[6]. Israel también ha proseguido sus operaciones militares en Líbano, al tiempo que afirma que mantendrá su libertad de acción para hacer frente a lo que considera amenazas a la seguridad a lo largo de su frontera norte.

Del mismo modo que la presión israelí sostenida durante décadas ha animado a Estados Unidos a enfrentarse militarmente a Irán, los actuales esfuerzos políticos y militares israelíes por socavar la vía negociadora representan el principal obstáculo para mantener un proceso que, por lo demás, goza de un amplio apoyo internacional.

Logros y retos

Una lectura preliminar del memorando sugiere que Teherán puede presentar el acuerdo a nivel nacional como el resultado de su resistencia frente a la presión militar y económica durante la guerra. El memorando llega tras meses de conflicto que comenzaron bajo una retórica estadounidense e israelí destinada a remodelar fundamentalmente el equilibrio de poder regional y a vincular el fin de la guerra a la imposición de duras condiciones a Irán, llegando incluso hasta la capitulación total. En este contexto, los dirigentes iraníes parecen dispuestos a destacar como una victoria el cambio en la postura de Estados Unidos que ha pasado de perseguir objetivos bélicos por la vía militar a aceptar un proceso negociado que aborde las cuestiones controvertidas dentro de un marco político y diplomático.

Esto va más allá de consideraciones simbólicas y se extiende al contenido mismo del memorando. El acuerdo no incluye compromisos claros respecto al desmantelamiento del programa nuclear de Irán, el fin de su programa de misiles balísticos o el abandono de sus aliados regionales -objetivos que ocuparon un lugar destacado en el discurso estadounidense e israelí durante las primeras fases de la guerra-. Además, las cuestiones más delicadas, en particular el futuro del enriquecimiento nuclear y el destino de las reservas de uranio altamente enriquecido, se han aplazado a una fase posterior sin resultados predefinidos. Irán también parece haber logrado reforzar la importancia central del estrecho de Ormuz como palanca geopolítica clave en cualquier ecuación de seguridad regional. La guerra ha demostrado que la capacidad de Teherán para influir en el tráfico marítimo y en los suministros energéticos mundiales implica que no puede ser ignorado ni excluido de los acuerdos relativos a la seguridad del Golfo y las rutas marítimas. Es probable que esta influencia siga marcando los cálculos de todas las partes en las próximas negociaciones. Desde esta perspectiva, puede decirse que la guerra ha terminado sin que Estados Unidos e Israel hayan logrado la mayoría de los objetivos políticos y estratégicos planteados al inicio de esta.

Por el contrario, la Administración Trump se enfrenta al reto de cómo presentar el acuerdo a nivel nacional. Si bien puede atribuirse el mérito de haber detenido la guerra, reabierto el estrecho de Ormuz y llevado a Irán de vuelta a la mesa de negociaciones, su capacidad para presentar el acuerdo como un éxito estratégico dependerá de los resultados de las próximas negociaciones, en particular en lo que respecta al programa nuclear iraní. Los críticos sostienen que la Administración ha concedido a Teherán beneficios económicos tangibles antes de obtener concesiones sustanciales en las cuestiones más delicadas. En consecuencia, la Administración ha subrayado que el acuerdo no supone el fin de la presión sobre Irán, y que la opción de reimponer sanciones -o incluso recurrir a la fuerza militar- sigue estando sobre la mesa en caso de que las negociaciones fracasen o Irán incumpla sus compromisos.

Las perspectivas del acuerdo también están ligadas a los caprichos del primer ministro israelí. Aunque el Gobierno de Netanyahu ha evitado una confrontación pública directa con la Administración Trump, no ha ocultado sus reservas respecto al contenido del memorando, ya que este no aborda las capacidades misilísticas de Irán, su red de aliados regionales ni resuelve de forma concluyente la cuestión nuclear, al tiempo que obliga de hecho a Israel a poner fin a la guerra en Líbano. Por lo tanto, Israel teme que el resultado de la guerra, tal y como se refleja en el memorando, pueda haber consolidado la posición regional de Irán y aliviado la presión económica y militar sobre él, en lugar de conducir al colapso o incluso al debilitamiento de su régimen. En consecuencia, Israel representa el mayor obstáculo para la aplicación del acuerdo. No se considera vinculado por las disposiciones relativas al teatro de operaciones libanés, incluidas en el entendimiento entre Estados Unidos e Irán, y sigue reivindicando su libertad de acción militar allí donde perciba amenazas para su seguridad. Es probable que esta divergencia plantee desafíos adicionales a cualquier esfuerzo por transformar el entendimiento actual en acuerdos de seguridad regional más estables.

Por lo tanto, en esta fase resulta difícil hablar de forma definitiva de ganadores y perdedores. El memorando representa principalmente un marco para poner fin a la guerra y abrir una nueva vía de negociación, mientras que la cuestión de los beneficios y concesiones tangibles seguirá dependiendo de los resultados de futuras negociaciones sobre el programa nuclear, las sanciones y los acuerdos de seguridad regional. Cualquier juicio definitivo sobre los resultados del acuerdo sería prematuro, a menos que el actual entendimiento evolucione hacia un acuerdo político y de seguridad más integral y duradero.

Conclusión

El memorando de Islamabad supone un cambio significativo en la trayectoria del conflicto entre Estados Unidos e Irán, al trasladar la acción del campo de batalla a la mesa de negociación. Sin embargo, este cambio no implica que se hayan resuelto las causas subyacentes del conflicto. Es mejor entender el memorando como un marco para gestionar los desacuerdos más que como un acuerdo definitivo. Sus perspectivas de éxito dependerán de la capacidad de las partes para alcanzar un entendimiento duradero sobre las cuestiones aplazadas, entre las que destacan el programa nuclear de Irán, las sanciones y los acuerdos de seguridad regional. También vendrán determinadas por las posiciones de los actores regionales -en particular Israel, que se opone al acuerdo- y por la capacidad de los mediadores para evitar una nueva escalada. Por el momento, el memorando constituye un mecanismo para contener la escalada militar más que para resolver el conflicto en su esencia. Que evolucione hasta convertirse en la base de un nuevo orden regional o que se mantenga como una tregua temporal dependerá de los resultados de las próximas negociaciones y de la capacidad de las partes para traducir los entendimientos preliminares en compromisos políticos y de seguridad sostenidos.

Este Análisis fue publicado originalmente por el Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS). Puede consultarse en inglés en este enlace.

Las ideas expresadas en este Análisis corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC

Crédito de imagen: Hamed Malekpour / Mehr News Agency / Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC BY 4.0) / https://media.mehrnews.com/d/2026/04/11/4/5983733.jpg / Imagen editada por CEARC


Notas y referencias

[1] "The Full Text of the Memorandum of Understanding between the United States and Iran", Arab Center Washington DC, 17/6/2026. Disponible en: https://arabcenterdc.org/resource/memorandum-of-understanding-between-the-united-states-of-america-and-the-islamic-republic-of-iran/

[2] "'Furia Épica': los contradictorios objetivos bélicos de Washington en Irán", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 8/3/2026. Disponible en: https://www.cearc.net/furia-epica-los-contradictorios-objetivos-belicos-de-washington-en-iran/

[3] "Aumentar el coste del conflicto: la respuesta de Irán a la guerra de Estados Unidos e Israel", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 12/3/2026. Disponible en https://www.cearc.net/aumentar-el-coste-de-la-guerra-la-respuesta-de-iran-a-la-guerra-de-estados-unidos-e-israel/

[4] "El alto el fuego en la guerra contra Irán: factores determinantes y perspectivas", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 12/4/2026. Disponible en: https://www.cearc.net/el-alto-el-fuego-en-la-guerra-contra-iran-factores-determinantes-y-perspectivas/

[5] "El levantamiento de las sanciones al petróleo iraní es el mayor beneficio inmediato del memorando de entendimiento", (en árabe), al-Araby al-Jadeed, 18/6/2026. Disponible en:  https://www.alaraby.co.uk/economy/رفع-العقوبات-عن-النفط-الإيراني-أكبر-المكاسب-العاجلة-لمذكرة-التفاهم

[6] Emanuel Fabian et al., "Ministers Say Israel won't be Bound by Iran Deal, as Opposition Castigates Netanyahu's 'Absolute Failure'", The Times of Israel, 15/6/2026. Disponible en: https://www.timesofisrael.com/israel-vows-to-stay-in-south-lebanon-if-iran-strikes-well-hit-it-with-full-force/

CONTENIDO RELACIONADO