El plan de Donald Trump para Gaza es un soplo de alivio después de dos años de horror y sufrimiento. Por primera vez en mucho tiempo hay una oportunidad para poner fin a la barbarie, la destrucción y las matanzas contra civiles. Es un alivio que los rehenes israelíes vivos que seguían en manos de Hamás hayan podido abrazar a sus familiares, que muchos rehenes y presos palestinos en cárceles israelíes las hayan abandonado, y que las familias de rehenes israelíes fallecidos les puedan dar una sepultura digna. Es una oportunidad para detener el genocidio contra la población palestina y para que entre la ayuda humanitaria tan necesaria para Gaza. Por todo ello, el plan representa una esperanza y un alivio tras tanta monstruosidad.
Sin embargo, el plan en cuestión constituye, ante todo, un alto el fuego, no un acuerdo de paz. Los 20 puntos que contiene son vagos y no ofrecen garantías para su cumplimiento. Nada de lo que se conoce de dicho plan representa un marco genuino para una paz duradera y justa entre israelíes y palestinos y, mucho menos, un plan de paz para todo Oriente Medio, a pesar de lo que haya afirmado Trump durante la pomposa cumbre celebrada el 13 de octubre en Egipto, con la participación de dirigentes de varios países, pero sin presencia de las partes enfrentadas. Para que fuera un plan de paz, haría falta que hiciera justicia para los dos pueblos: el palestino y el israelí. Y, a su vez, para que haya justicia tiene que haber libertad, igualdad, reparación y reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los palestinos como pueblo.
La cautela y el escepticismo se imponen, a juzgar por las numerosas experiencias del pasado que demuestran que Israel rompe los acuerdos de alto el fuego (la última vez, en marzo de este año). Es imprescindible que haya garantías y mecanismos de supervisión para que las dos partes cumplan lo acordado. Llama poderosamente la atención que se hayan dejado muchas cuestiones sin resolver ni concretar[1], como la envergadura y los plazos de la retirada israelí de Gaza (el plan sólo prevé que sea "gradual"), la cuestión del desarme de Hamás (Netanyahu introdujo cambios unilaterales en el plan que ya habían aceptado varios países árabes e islámicos) o cuál será el futuro político de la Franja y qué autoridad gobernará ese territorio devastado. Tampoco se especifica cómo se realizará el peligroso desescombro y la reconstrucción material de la que se habla en el texto.
La propuesta reproduce los mismos defectos de otros planes "de paz" anteriores fracasados, donde se consagra la paz a la dominación y el control del territorio palestino en manos de Israel[2]. Sin garantías para establecer un Estado palestino soberano y con unidad territorial, cualquier plan está destinado a no traer la paz. Así ocurrió en los Acuerdos de Oslo, Camp David o los Acuerdos de Abraham.
Que el plan de Trump avance hacia sus siguientes fases dependerá de la presión que esté dispuesto a ejercer el presidente estadounidense sobre el primer ministro israelí, y de la capacidad de maniobra de Netanyahu para torpedear la paz y continuar con su deseo y el de su gobierno extremista de seguir con la guerra para asegurarse la supervivencia política. Lamentablemente, el papel de la Unión Europea no será significativo en los esfuerzos para conseguir afianzar el avance del plan. Su posición es irrelevante tras mostrar su fractura interna y con países como Alemania negándose a cumplir las normas y los valores que dice defender la Unión.
Uniones y fisuras en Israel
Entre los palestinos existe el temor de que, una vez que han sido liberados los rehenes israelíes, Tel Aviv reanude los ataques sobre Gaza alegando una supuesta violación del acuerdo por parte de Hamás. Es el patrón al que nos tiene acostumbrados los sucesivos gobiernos de Netanyahu y que algunos de sus ministros ultraderechistas han defendido abiertamente[3].
En los días previos a la firma del acuerdo, Israel Democracy Institute publicó una encuesta que revelaba que el 66% de los israelíes consideraba que "había llegado el momento de poner fin a la guerra"[4], aunque la implementación del acuerdo suscita cierto escepticismo entre los encuestados. El gobierno israelí, que frecuentemente ha empleado la estrategia de la fuerza militar para sortear los escollos en las negociaciones con los palestinos, pierde además un pretexto para continuar su ofensiva tras la recuperación de los rehenes. El compromiso adquirido por Trump ante varios países árabes y musulmanes se convierte, además, en garante de que la paz está en marcha y de que la guerra ha llegado a su fin.
Lo cierto es que la sociedad israelí atraviesa una fractura profunda: en la Plaza de los Rehenes de Tel Aviv los congregados agradecían a Trump el regreso de los rehenes, mientras que Netanyahu recibía abucheos[5]. La escena refleja el desgaste del primer ministro y el cansancio generalizado ante una ofensiva militar que ha ido perdiendo respaldo. Atrás quedan los sondeos de opinión en los que el 87% de la población se manifestaba partidaria de la ofensiva militar[6]. En este cambio sustancial en la opinión pública israelí ha pesado más la preocupación por los rehenes, el retraso en traerlos de vuelta y la creciente presión internacional contra las operaciones en Gaza que una verdadera empatía ante el sufrimiento de los palestinos. Pero la llegada de los rehenes puede alterar nuevamente esta dinámica: el lunes 13 de octubre, casi todos los parlamentarios israelíes acogieron a Netanyahu con una ovación cerrada.
El país sigue sumido en un clima de división interna, aunque Israel siempre ha mostrado una notable capacidad de cerrar filas ante cualquier percepción de amenaza externa. La recuperación de los rehenes representa el desenlace feliz de un episodio tremendamente traumático para la población israelí, pero no borra las causas subyacentes de la crisis política. Las elecciones en 2026 –si no se adelantan– serán una prueba decisiva: queda por ver si Netanyahu, con procesos pendientes ante la justicia, logrará mantenerse en el poder o si finalmente se le exigen responsabilidades por su fracaso en la prevención y gestión del 7 de octubre. Las investigaciones sobre sus casos de corrupción y los eventuales fallos de seguridad podrían derivar en responsabilidades directas sobre su gobierno.
La estabilidad política en Israel dependerá de cómo se gestiona la nueva situación creada por el plan de Trump: si se opta por la rendición de cuentas y la transparencia o si se mantiene, como hasta ahora, la impunidad amparada por la urgencia del contexto bélico. El equilibrio entre la unidad nacional y la exigencia de responsabilidades será, sin duda, un factor clave y decisivo en el futuro más a largo plazo de Israel y todo su vecindario. De esto también dependerán las posibilidades de avanzar hacia la paz.
Gaza después de Hamás
Con el acuerdo firmado, mientras la geopolítica sigue tomando la forma de la diplomacia transaccional que ha impuesto Trump, la población gazatí ha emprendido el camino de regreso a lo que un día fueron sus hogares. No hay ningún lugar al que volver, salvo a una idea de patria. El hecho en sí de regresar ‒aunque sea a un cerro de escombros‒ es un gesto de afirmación del derecho a existir para los palestinos.
En medio del enorme sufrimiento, a los palestinos parece que solo les quedan los gestos, dado que su voz no ha sido consultada para elaborar los 20 puntos del plan de Trump. En el documento se menciona que la Franja será administrada por una autoridad provisional, un "comité de tecnócratas" locales sin afinidad política, para reorganizar los servicios públicos y municipales. Es simplemente un órgano de gestión. Las aspiraciones políticas de los palestinos quedan en el aire porque el enclave será supervisado por una llamada "Junta de Paz", presidida por el propio Donald Trump y, tal vez, por el ex primer ministro británico Tony Blair, en un giro que muchos ven con una continuación sin tapujos del proyecto colonialista para la región.
El futuro del Estado palestino es elusivo. En la hoja de ruta sólo se menciona como "aspiración", pero no se proponen pasos para que se concrete. La Autoridad Nacional Palestina (ANP) deberá, según el plan, llevar a cabo "reformas" profundas, una condición que parece estar hecha para que sea difícil de cumplir, después de décadas condenada a la irrelevancia política y la asfixia económica por parte de Israel. Aunque la ANP ha mostrado su disposición a trabajar con Trump y Blair en la consolidación de la tregua y en la reconstrucción[7], ya ha sido marginada desde el principio. Esto es un triunfo para Netanyahu, que ha rechazado la idea de que Gaza sea gobernada por la ANP.
Para Hamás, el actual plan supone una capitulación, porque le exige todo sin ofrecer ninguna garantía: liberar a todos los rehenes, su última carta de negociación; aceptar el desarme y someterse a una administración de tintes colonialistas que supervise la gestión de los servicios municipales. Está por ver hasta dónde está dispuesto a llegar el grupo islamista a cambio de su supervivencia política.
Por el momento, aunque está muy debilitado, Hamás sigue siendo la única autoridad en Gaza. Un informe de la plataforma ACLED[8] ha evidenciado que, entre marzo y septiembre, Hamás ha logrado adaptarse y sobrevivir pese a la estrategia militar de degradación empleada por Israel. Con su estructura armada seriamente dañada, se ha centrado en tácticas de guerrilla y ha logrado establecer mecanismos de gobernanza y de coerción para mantener su influencia. Las últimas informaciones periodísticas[9] confirman que aún mantiene su capacidad represiva y que, tras el alto el fuego, ha desatado una ola de castigos contra voces críticas y contra clanes acusados de colaborar con Israel.
Cuando los gazatíes se recuperen de la hambruna inducida por Israel[10], velen a sus seres queridos asesinados y tengan un techo bajo el que dormir, dentro de un plazo de tiempo indefinido, será la hora en que exijan a Hamás que rinda cuentas por las cenizas de Gaza.
Por último, la visión de Trump consolida la división entre Gaza y Cisjordania. No pone impedimentos para que Israel siga anexionándose territorio palestino, fragmentando y haciendo imposible un futuro Estado. Tampoco contempla mecanismos para unificar bajo una única entidad política los dos enclaves. En definitiva, es la consagración de los deseos de Netanyahu, ya que no compromete a Israel a reconocer los derechos de los palestinos en su tierra ni a aceptar una solución justa y duradera para la coexistencia de los dos pueblos en paz. Es la puerta abierta a que continúen las operaciones militares y el genocidio.
Crédito de imagen: X / The White House
Notas y referencias
[1] Véase: "El plan revisado de Trump para Gaza: consagrar la hegemonía israelí bajo el velo de la paz", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 2 de octubre de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/el-plan-revisado-de-trump-para-gaza-consagrar-la-hegemonia-israeli-bajo-el-velo-de-la-paz
[2] Boulos, Sonia, "El reconocimiento de Palestina en la ONU: ¿símbolo histórico o maniobra de contención colonial?", Documento de Estudio CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 23 de septiembre de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/el-reconocimiento-de-palestina-en-la-onu-simbolo-historico-o-maniobra-de-contencion-colonial
[3] "Smotrich calls for 'eradicating' Hamas in Gaza after Israeli hostages return", Al Arabiya English, 9 de octubre de 2025. Disponible en: https://english.alarabiya.net/News/middle-east/2025/10/09/farright-israeli-minister-bezalel-smotrich-says-will-not-vote-in-favor-of-gaza-ceasefire
[4] "Two years since Oct. 7: majority of Israelis say the time has come to end the war", The Israeli Democracy Institute, Israeli Voice Index. 30 de septiembre de 2025. Disponible en: https://en.idi.org.il/articles/61845
[5] "Cientos de miles de personas celebran en Israel el acuerdo de liberación de los rehenes en una protesta marcada por los abucheos a Netanyahu", Cadena SER, 12 de octubre de 2025. Disponible en: https://cadenaser.com/nacional/2025/10/11/miles-de-manifestantes-salen-a-las-calles-de-tel-aviv-en-apoyo-al-pueblo-palestino-cadena-ser
[6] "Israelis sharply divided on the question of a two-state solution in return for US assistance". The Israeli Democracy Institute, Israeli Voice Index. 5 de diciembre de 2023. Disponible en: https://en.idi.org.il/articles/51746. En este sondeo, el 87% de los encuestados se mostró partidario de reanudar la ofensiva militar en Gaza tras la breve tregua a finales de noviembre en 2023.
[7] "Palestinian Authority ready to help Trump's Gaza effort succeed, says official", Reuters, 12 de octubre de 2025. Disponible en: https://www.reuters.com/world/middle-east/palestinian-authority-ready-help-trumps-gaza-effort-succeed-says-official-2025-10-12
[8] "Gaza after two years: As Israel expands control and sows chaos, Hamas adapts to survive", ACLED, 17 de septiembre de 2025. Disponible en: https://acleddata.com/report/gaza-after-two-years-israel-expands-control-and-sows-chaos-hamas-adapts-survive
[9] Pita, Antonio y Deiros Bronte, Trinidad, "El alto el fuego en Gaza se enfrenta a su primera gran prueba", El País, 12 de octubre de 2025.
[10] Meneses, Rosa, "El hambre en Gaza, la perversa arma de Israel para desahuciar a la sociedad palestina", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 4 de agosto de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/el-hambre-en-gaza-la-perversa-arma-de-israel-para-desahuciar-a-la-sociedad-palestina