El hambre en Gaza, la perversa arma de Israel para desahuciar a la sociedad palestina  

Rosa Meneses
Rosa Meneses Subdirectora del CEARC
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Un militar vigila cajas de ayuda humanitaria el 24 de julio de 2025, en Kerem Shalom (Israel). EFE/ Magda Gibelli

Resumen

Israel está llevando a cabo una "política calculada de inanición" en la Franja de Gaza. Desde que comenzó su ofensiva ha ido escalando el nivel de bloqueo de toda asistencia humanitaria básica hasta que el hambre ha alcanzado en el enclave "niveles catastróficos", según las agencias de Naciones Unidas. El hambre provocada es una estrategia de ingeniería social capaz no sólo de matar sino de comprometer a las generaciones siguientes, condenando a la sociedad palestina a un círculo de pobreza, violencia y subdesarrollo. Y, en última instancia, forma parte del plan de Israel de controlar el territorio y desahuciar a los palestinos. La utilización del hambre como arma de guerra tiene precedentes documentados, desde la provocada por los nazis en el Gueto de Varsovia, a Sudán o Yemen, y está tipificada en el Derecho Internacional como crimen de guerra. Pese a las advertencias de los organismos internacionales, las potencias occidentales siguen permitiendo a Israel cometer esta y otras atrocidades con total impunidad.

Una planeada política de inanición

La estrategia israelí de usar el hambre como arma de guerra en Gaza ha sido trazada paso a paso dentro de una narrativa de deshumanización de los palestinos. Fue delimitada al inicio de la ofensiva, cuando el ministro de Defensa Yoav Gallant dijo: "Gaza estará bajo un cierre total. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia". Desde entonces se ha ido intensificando[1]. El 2 de marzo pasado el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ordenó el bloqueo de toda la asistencia humanitaria, que antes ‒recordemos‒ ya llegaba con cuentagotas. Logró desplazar a las organizaciones internacionales e impuso un nuevo sistema de reparto de la ayuda.

Desde el 27 de mayo, este reparto está a cargo de la Fundación Humanitaria de Gaza (FHG), un organismo bajo control de empresas de seguridad privadas estadounidenses e israelíes. Los puntos de reparto de comida de la FHG están concentrados en cuatro, lo que obliga a miles de personas a desplazarse decenas de kilómetros y aguardar su turno a la intemperie durante largo tiempo, encerrados en recintos vallados. La masificación, el hambre, la desesperación, la incertidumbre, la arbitrariedad del reparto y la presencia de vigilancia y control militar generan una gran tensión en un contexto de devastación tras 21 meses de conflicto. Estas colas del hambre se han convertido en una trampa mortal en la que el ejército israelí y los mercenarios de FHG han asesinado a más de un millar de personas y herido a más de 7.000, según Naciones Unidas. El modus operandi de FHG no tiene nada de humanitario, según varias denuncias, entre ellas, el testimonio de un contratista que trabajó para esta organización. Anthony Aguilar, ex veterano del ejército estadounidense, ha contado cómo después de que él mismo le entregase un paquete de ayuda a un niño de no más de 12 años, Amir, que le dio las gracias y besó su mano, el ejército israelí lo mató[2].

No sólo el bloqueo de la ayuda humanitaria y los alimentos está causando desnutrición severa entre la población palestina, sino que la situación creada de inanición también alimenta la violencia, siembra el caos, aumenta la división y la inestabilidad política y contribuye a destruir el tejido comunitario, en una operación calculada de ingeniería social. El círculo vicioso de vencer el hambre es una carga mental insalvable que no deja lugar para pensar en nada más. Es reducir la vida a la mera lucha por la supervivencia. Obedece a una premeditación de Israel, que ha impuesto un sistema perverso en el que fuerza a las personas a elegir entre dos muertes: morir de hambre bajo los bombardeos o morir intentando conseguir comida en colas de reparto donde son blanco de los disparos de mercenarios y soldados.

Las "pausas tácticas humanitarias" anunciadas el 27 de julio por Israel para dejar paso a algo de comida son sólo un intento de contrarrestar la débil presión internacional con una cortina de humo. Son una maniobra de distracción mientras sigue operando este sistema que condena a los gazatíes a la inanición y continúa la guerra de destrucción de Gaza y la limpieza étnica. Según las organizaciones humanitarias internacionales, el total de la población ‒cerca de dos millones de personas‒ en Gaza sufre "una grave inseguridad alimentaria" y el enclave se encuentra al borde de una situación de "hambruna a gran escala". Una de cada tres personas pasa días sin comer, y el 80 % de todas las muertes por inanición registradas son de niños y niñas.

Unos pocos camiones de ayuda no van a revertir esta situación de hambruna provocada. El problema seguirá avanzando porque es una bomba de tiempo que se detonó hace meses. Hace falta mucho más que permitir unos cuantos repartos de cajas de alimentos básicos lanzadas desde el aire para tratar a los menores y adultos que ya están en situación de malnutrición aguda. Estos pacientes necesitan hospitalización y un tratamiento alimenticio especial para que sus organismos debilitados por el hambre crónica puedan tolerar los nutrientes y salir adelante y necesitan el cuidado médico de especialistas. Según expone el sociólogo Jean Ziegler[3]: "Administrar una ayuda de emergencia es algo muy difícil y se requiere un personal especializado muy bien preparado para esta tarea. Un niño en estado avanzado de hambre debe ser tratado siguiendo unos métodos muy precisos. Un trozo de pan o un puñado de arroz para un hombre, una mujer o un niño que padece hambre pueden ser mortales. El organismo de una persona hambrienta que llega al puesto de distribución está muy dañado, debilitado y alterado".

El doctor palestino Jamal Imam, especialista en nutrición de Save the Children en Gaza, ya avisó en un blog escrito el 7 de octubre de 2024 que cada día era testigo de incontables casos de niños y madres agonizando por falta de alimento. "La desnutrición aguda grave se produce cuando los músculos comienzan a atrofiarse, la visión se vuelve borrosa, el sistema inmunitario se debilita peligrosamente y, finalmente, los órganos dejan de funcionar. Sin tratamiento, puede provocar la muerte", constataba.

Son necesarios tratamientos específicos con sueros especiales para reconstituir las funciones vitales de los cuerpos desgastados por la falta de alimento. A menudo, el organismo de la persona afectada no tolera siquiera la realimentación: es un proceso muy complicado. "Un mal diagnóstico o, aún peor, la distribución indiscriminada de alimentos, especialmente de alimentos poco adecuados para el organismo débil de la víctima, puede matar a corto plazo a la persona que consigue llegar a un centro de distribución para buscar ayuda", recuerda Ziegler. En el caso de Gaza, esos centros de distribución de ayuda no están en manos de personal médico especializado y cooperantes de organizaciones internacionales civiles, sino de mercenarios armados de la oscura FHG y de soldados israelíes.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha advertido de que "el hambre ha alcanzado niveles catastróficos" en este tiempo en Gaza[4]. A fecha de la publicación de este análisis se han contabilizado casi 200 muertes por inanición, entre ellas al menos 88 niños, aunque los expertos advierten de que el balance de víctimas es conservador, al no poder registrar todos los datos. Esta falta de capacidad en el registro y el diagnóstico, debido a la destrucción del sistema hospitalario gazatí y a la exclusión de las agencias humanitarias, ha impedido a los organismos internacionales hacer el análisis necesario para declarar el nivel de hambruna en Gaza de forma oficial.

El hecho es que las consecuencias de esta hambruna provocada se están amasando en estos momentos y se verán claros a medio y largo plazo. Los niños con malnutrición tienen 10 veces más posibilidades de morir que los niños bien alimentados. Más allá del riesgo de morir de hambre, si se sobrevive a la inanición sus efectos perduran a largo plazo y condenan a toda una sociedad. Un menor de cinco años privado de comida en cantidad suficiente padecerá secuelas de por vida porque sus células cerebrales, que aún se están formando, sufren daños irreparables. Tendrá dificultades para el aprendizaje y el rendimiento escolar y será más vulnerable a enfermedades. La malnutrición es una condena que se transmite de madres a hijos, porque una madre subalimentada da a luz a niños que han sufrido carencias en su desarrollo durante la gestación debido a la falta de nutrientes.

El hambre prolongada afecta al desarrollo físico y cognitivo de la persona, daña el sistema inmunológico, debilita órganos vitales y compromete la salud futura tanto física como mental. Socialmente, prolonga el círculo de pobreza, aumenta la desigualdad y el conflicto y compromete el desarrollo político, social, económico e intelectual de las comunidades. En términos específicos, someter al hambre a un grupo social, afecta su desarrollo como comunidad: la fuerza laboral se resiente y se frena el crecimiento económico, los costes sanitarios se disparan, aumenta la pobreza y la inestabilidad y empuja a la migración forzada en busca de sustento. Pensemos ahora en la situación en Gaza y añadamos este factor, en un contexto de guerra, destrucción de infraestructuras vitales como centros educativos y hospitales, aniquilación de profesionales imprescindibles como médicos o profesores. Es un plan perfecto de destrucción del tejido social palestino, un genocidio silencioso ideado por Israel.

Otro aspecto del uso del arma alimentaria es la estrategia israelí de asegurarse de que la escasa ayuda humanitaria permitida no llegue a los que la necesitan. Eso se hace facilitando los saqueos y el contrabando por parte de bandas criminales que interceptan los convoyes humanitarios. Es lo que se ha definido como una "crisis de saqueos fabricada"[5] que no sólo provoca que se pierdan los recursos, sino que permite a Israel culpar a los propios palestinos de ello y seguir justificando el bloqueo de la ayuda para que "no caiga en manos de Hamás", lo cual es un castigo colectivo. Aquí hay otro actor clave: muchos de los saqueos han sido perpetrados por la milicia liderada por Yasser Abu Shabab, a la que Israel alienta y arma, según han admitido fuentes oficiales israelíes.    

Por tanto, estas pocas toneladas de ayuda básica y no especializada que Israel permite a raíz de las "pausas tácticas humanitarias" de finales de julio ‒una treintena de camiones diarios‒ sólo prolongarán la agonía del hambriento pueblo gazatí, añadirán más muertes y seguirán sembrando el caos y alimentando el círculo vicioso propagado por Israel. Lo único que puede revertir la situación es detener por completo la operación militar de Israel y los planes del gobierno ultraderechista para controlar Gaza. Cuando esto ocurra, es urgente implementar políticas de ayuda humanitaria específica y poner de nuevo en pie el sistema sanitario con el acceso sin restricciones de las organizaciones especializadas y las agencias de Naciones Unidas. Hasta ahora, Israel ha actuado para evitar esto amparado por Estados Unidos y sus vetos en la ONU.

Israel, en la 'lista negra' de la Historia

Las hambrunas causadas por la mano del hombre, como la de Gaza, siguen un mismo patrón. Los responsables políticos y líderes militares que fuerzan una hambruna conocen bien su funcionamiento y sus consecuencias, porque el arma alimentaria ha sido muy documentada históricamente. Sin retrotraernos a la Historia antigua, hay muchos ejemplos recientes que ayudan a vislumbrar la gravedad de lo que está haciendo hoy en Gaza el gobierno israelí. Existen amplios estudios y documentos sobre otros conflictos en los que la privación de recursos básicos ‒agua, comida y medicinas‒ ha sido utilizada como una forma de someter a los civiles a crueles humillaciones, presiones y, en última instancia, provocar la muerte sin disparar una sola bala. El fin es derrotar a los responsables de un bando a través de las penurias de su población, es impedir el desarrollo de una comunidad, es destruir un grupo social o humano.

Los pioneros en el estudio de las consecuencias del hambre en el cuerpo humano fueron un grupo de médicos y científicos judíos del Gueto de Varsovia. Recopilaron datos de ellos mismos y de sus pacientes, privados de alimentos, con el fin de estudiar los efectos biológicos del hambre y contribuir a encontrar tratamientos para la desnutrición. También querían documentar el uso del hambre como arma de guerra en manos de los nazis, para que el mundo conociese lo que sucedió y pudiera existir una condena, como así ocurrió.

Tras invadir Polonia en 1939, los nazis encerraron en el Gueto de Varsovia a casi medio millón de judíos y les privó de comida suficiente. Los médicos del gueto se organizaron para atender a la comunidad y recopilaron datos científicos. El 22 de julio de 1942, los nazis entraron en el gueto, arrasaron sus hospitales, mataron a muchos de los médicos y destruyeron sus investigaciones. Los científicos lograron después recomponer sus observaciones en un libro que consiguieron esconder y salvar. Según sus cálculos, unos 100.000 judíos del gueto murieron por el hambre forzada y por enfermedades que no pudieron superar debido a la desnutrición. La investigación, Maladie de famine (La enfermedad del hambre)[6], se publicó al final de la Segunda Guerra Mundial; luego el libro fue redescubierto en los archivos de la biblioteca de la Universidad de Tufts (EE. UU.), 75 años después. 

Uno de los ejemplos históricos que hoy están más vivos debido a la invasión rusa de Ucrania de 2022 es la gran hambruna que provocó Stalin en los años 30 del pasado siglo. El dictador soviético impuso la colectivización forzosa de las granjas y dio órdenes de incautar alimentos e impedir a los campesinos que se resistían a su decisión salir de sus pueblos para buscar alimentos. En el Holomodor murieron, entre 1932 y 1933, aproximadamente cuatro millones de ucranianos. 

En la guerra de Bosnia, el asedio y bloqueo de Sarajevo durante cuatro años provocó la muerte de miles de personas por inanición. En la guerra civil de Sudán, las hambrunas de los 80 y los 90 se produjeron en combinación con una falta de estrategia política de seguridad alimentaria y la utilización del terror contra la población civil por parte de las milicias, que quemaban cosechas y arrasaban con el ganado de las tribus rivales[7]. Datos de la OMS calculan que el 30% de la población del sur de Sudán padeció hambruna entre 1998 y 1999.

El régimen sirio también practicó esta táctica en el asedio de localidades rebeldes como Ghouta o Douma (2013). En Yemen, durante la pasada década, el bloqueo de puertos y de la entrada de alimentos durante los enfrentamientos de la guerra civil provocó la peor catástrofe humanitaria del momento, condenando al hambre a 17 millones de personas, entre ellos 2,2 millones de niños. En 2017 la imagen de Salim, un niño de siete años con desnutrición grave, se convirtió en un símbolo de esta atrocidad. Un año después, el pequeño seguía padeciendo secuelas irreversibles. Los efectos de esta hambruna inducida siguen actualmente bien presentes: según cifras de UNICEF, más del 55% de los menores de cinco años padecen desnutrición grave en el que es el país más pobre del Mundo Árabe. En otra parte del planeta, de nuevo se repitieron estas prácticas contra el Derecho Internacional: fue en la guerra de Tigray (Etiopía)[8], entre 2020 y 2022, cuando el régimen gubernamental bloqueó la región y provocó la inanición de más de nueve millones de personas.

La inducción de hambrunas deliberadamente contempla prácticas como las mencionadas de destruir cosechas y matar o robar ganado, además de imposibilitar la pesca, impedir la llegada de ayuda exterior, envenenar o inutilizar fuentes de agua, atacar infraestructuras agrícolas, imponer bloqueos militares o económicos, el desplazamiento forzoso de campesinos o la confiscación de sus tierras.

Como vemos, el hambre como arma de guerra se ha utilizado ampliamente por Estados y milicias, en una lista negra en la que hay que incluir a Israel. Porque también ha aplicado estas tácticas en el pasado y las sigue aplicando hoy en Cisjordania y Gaza[9]. En una burla pública más, Netanyahu ha negado que haya personas muriendo de hambre en Gaza. "No existe una política de hambruna en Gaza, y no hay hambruna en Gaza. Permitimos que la ayuda humanitaria entre en Gaza durante toda la guerra; de lo contrario, no habría habitantes en Gaza", ha declarado según la agencia Associated Press. Uno de los argumentos empleados por los políticos israelíes para negar la realidad es que los niños no mueren de hambre sino de "problemas médicos preexistentes". En sus palabras hay impunidad, perversión e ironía.

El hambre como arma de guerra adquiere una nueva dimensión en Gaza. El hambre no necesita que un soldado dispare un fusil o lance una bomba para matar, aparentemente no tiene rostro, pero en el caso de Gaza es fruto de la decisión política del gobierno de Netanyahu y de las autoridades militares[10]. Inducir el hambre es una forma de provocar la muerte tan destructiva y violenta como bombardear ciudades y sus efectos se prolongan en el futuro, ya que las secuelas para las personas que logran sobrevivir son de por vida y tienen consecuencias socialmente devastadoras. Las acciones de Israel apuntan a que se trata de una elección deliberada y coyuntural con el fin de provocar una situación estructural que empuje a la población a una nueva catástrofe deshumanizadora que fuerce su salida del territorio, dentro de su plan para apropiarse de la Franja de Gaza.

La impunidad de Israel ante el Derecho Internacional

Los dirigentes israelíes son conscientes de que el desarrollo de legislación internacional no ha llevado al fin de la impunidad en la inanición inducida. Los ejemplos que hemos mencionado más arriba y la situación en Gaza hablan elocuentemente de ello, pese a que en 2018 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 2417, que establece que el hambre es un delito intrínseco a los conflictos y condena su utilización como táctica de guerra. La hambruna provocada es un crimen contemplado en el Derecho Internacional y las convenciones internacionales ‒las cuales Israel como Estado está obligado a cumplir‒ clasifican como método de genocidio el sometimiento al hambre de la población. En parte, lo que los nazis perpetraron en el Gueto de Varsovia contribuyó a tipificarlo como delito en las Convenciones de Ginebra que se firmaron tras la Segunda Guerra Mundial[11] y en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) establece que "la inanición deliberada de una población civil es un crimen de guerra si se lleva a cabo mediante la retención de los suministros necesarios para su supervivencia". Este y otros crímenes de guerra llevaron a la CPI a emitir una orden de arresto internacional contra Netanyahu y su entonces ministro de Defensa Yoav Gallant en 2024. Paralelamente, se abrió a petición de Sudáfrica una investigación a Israel en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por el incumplimiento de las obligaciones que ampara la Convención contra el Delito de Genocidio.

El hecho es que existe legislación internacional para detener esta masacre silenciosa en Gaza. Sólo habría que aplicarla de forma efectiva al Estado de Israel como se haría con cualquier otro Estado que cometiera las mismas atrocidades. También existe la denuncia de numerosas organizaciones y figuras internacionales sobre la "política calculada de inanición de Israel en la Franja"[12]. Este 28 de julio dos importantes organizaciones pro Derechos Humanos israelíes, B'Tselem y Physicians for Human Rights Israel, dieron un valiente paso adelante y denunciaron que su gobierno está cometiendo un "genocidio" contra los palestinos en Gaza[13], mediante "el asesinato de decenas de miles de palestinos en Gaza, la destrucción de amplias zonas de ciudades palestinas, el desplazamiento forzoso de casi la totalidad de los dos millones de habitantes de Gaza, y la restricción del acceso a alimentos y otros suministros vitales".

Conclusión

Incumpliendo el Derecho Internacional, en medio de las condenas políticas y humanitarias crecientes, Israel sigue persiguiendo su objetivo de controlar Gaza y expulsar a los palestinos mientras actúa con impunidad y elude sus obligaciones con la comunidad internacional. La hambruna en Gaza es una hambruna negada, porque Israel blanquea la realidad aduciendo que se trata de "mentiras" y utilizando a Hamás para borrar sus propias atrocidades. Es una hambruna intencionada, pues ha sido creada y provocada deliberadamente con el objetivo inmediato de eliminar a una minoría indeseable y con el plan a largo plazo de forzar su exilio haciendo inviable, de todas las formas posibles, su permanencia en el territorio. Y es una hambruna que está ocurriendo delante de los ojos del mundo, exhibiéndose en directo en las pantallas, sin que ningún gobierno con capacidad para cambiar la situación haga nada para evitarla. Si la llamada comunidad internacional no actúa con medidas coercitivas y presión real para detener a Israel, éste seguirá imponiendo el hambre en Gaza como parte de su plan a largo plazo para controlar el territorio y desahuciar a la población palestina.  

Crédito de imagen:  EFE / Magda Gibelli


Notas y referencias

[1] Israel bloqueó totalmente la entrada de ayuda humanitaria a la Franja de Gaza en las seis primeras semanas desde el inicio de su ofensiva, el 8 de octubre de 2023. Los flujos de suministros han sido desde entonces irregulares. De los 500 camiones con provisiones y bienes que entraban diariamente al enclave antes de la guerra, se pasó a permitir apenas entre un centenar y una treintena, reduciendo drásticamente este tránsito con periodos de bloqueo total. Hay que mencionar que desde 2007 pesaba sobre la Franja un bloqueo por tierra, mar y aire impuesto por Israel según el cual sólo entraban bienes, combustible, alimentos y suministros médicos limitados y supervisados por Israel, y la población también era objeto de restricción de movimientos.

[2] Al Jazeera, "GHF whistleblower says boy killed by Israel just after he collected aid", 31 de julio de 2025. Disponible en: https://www.aljazeera.com/news/2025/7/31/ghf-whistleblower-says-boy-killed-by-israel-just-after-he-collected-aid

[3] Ziegler fue relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008. Las citas aquí reproducidas pertenecen a su libro El hambre en el mundo explicada a mi hijo (2000), Muchnik Editores, Barcelona.

[4] Los niveles de inseguridad alimentaria y hambruna se miden a través de la Clasificación Integrada de Fases de la Inseguridad Alimentaria (IPC, en sus siglas en inglés). Esta herramienta clasifica la severidad del hambre en cinco fases: 1) mínima/ninguna; 2) estrés; 3) crisis; 4) emergencia; 5) catástrofe/hambruna. La fase 5 es la más grave, caracterizada por la hambruna generalizada y donde se dan muertes por inanición y casos de desnutrición severa. Véase: https://www.ipcinfo.org/ipcinfo-website/ipc-overview-and-classification-system/en/. Entre el 1 de abril de 2025 y el 10 de mayo, el IPC en Gaza se situó en fase 2 y 3. El 11 de mayo se situó en fase 4. En mayo, la última actualización de alerta del IPC en Gaza, los indicadores señalan que el 39% de la población gazatí pasa varios días sin comer. La malnutrición aguda, uno de los indicadores de la fase de hambruna, ha alcanzado índices sin precedentes en el enclave. En dos meses se ha cuadriplicado entre los niños menores de 5 años, con el 16,5% afectados. Las proyecciones aproximan a la Franja a la fase de hambruna (5), al estimar que cerca de 71.000 niños menores de cinco años van a estar sufriendo desnutrición aguda de aquí a marzo de 2026. Véase: UNICEF, "Los organismos de las Naciones Unidas advierten de que los principales indicadores relacionados con la alimentación y la nutrición sobrepasan los umbrales de hambruna en Gaza", 29 de julio de 2025, en: https://www.unicef.org/es/comunicados-prensa/organismos-naciones-unidas-advierten-indicadores-alimentacion-sobrepasan-umbrales-hambruna-gaza

[5] Shehada, Muhammad (2025), "Israel's Four Pillars of Mass Starvation in Gaza", Afkar, Middle East Council on Global Affairs, 28 de julio. Disponible en: https://mecouncil.org/blog_posts/israels-four-pillars-of-mass-starvation-in-gaza/

[6] En inglés, la investigación se publicó como The Disease of Starvation: Clinical Research on Starvation in the Varsovia Ghetto in 1942. Pueden encontrarse más detalles sobre este episodio histórico en: Fitzpatrick, Merry y Rosenberg, Irwin (2022), "Médicos judíos del gueto de Varsovia documentaron en secreto los efectos de las políticas nazis de hambruna en un libro redescubierto recientemente", The Conversation, 17 de agosto. Disponible en: https://theconversation.com/medicos-judios-del-gueto-de-varsovia-documentaron-en-secreto-los-efectos-de-las-politicas-nazis-de-hambruna-en-un-libro-redescubierto-recientemente-188204

[7] En la hambruna de Bahr al Ghazal de 1998 convergieron causas naturales (la sequía provocada por el fenómeno de El Niño) y militares (milicias progubernamentales y guerrillas disidentes provocaron el desastre humanitario). Véase: Langa, Alfredo (2024). Hambre y guerra en la República de Sudán (1956-2011), Anaquel  de  Estudios Árabes 35(1), 19-39, en: https://dx.doi.org/10.5209/anqe.91366  

[8] Palacián de Inza, Blanca (2022), El hambre como arma de guerra. Tigray (Etiopía). Documento de Análisis IEEE nº. 54/2022. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Consúltese en:  https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2022/DIEEEA54_2022_BLAPAL_Hambre.pdf

[9] Muhareb, Mahmoud (2024), La guerra contra Gaza y la expulsión de los palestinos, Análisis CEARC, 28 de marzo. Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. Disponible en: https://www.cearc.net/la-guerra-contra-gaza-y-la-expulsion-de-los-palestinos/

[10] El bloqueo de los suministros básicos es uno de los puntos que contempla el llamado "plan de los generales" para derrotar a Hamás. Véase un análisis en: Bowen, Jeremy (2024), "Israeli attack on northern Gaza hints at retired general's 'surrender or starve' plan for war", BBC News, 12 de octubre. Disponible en: https://www.bbc.com/news/articles/c1e82yy0wxno.amp

[11] El artículo 14 del Protocolo Adicional de las Convenciones de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional (Protocolo II), del 8 de junio de 1977, titulado: "Protección de los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil", especifica:

"Queda prohibido, como método de combate, hacer padecer hambre a las personas civiles. En consecuencia, se prohíbe atacar, destruir, sustraer o inutilizar con ese fin los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, tales como los artículos alimenticios y las zonas agrícolas que los producen, las cosechas, el ganado, las instalaciones y reservas de agua potable y las obras de riego".

[12] En palabras de Jonathan Whittall, responsable de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en los territorios ocupados palestinos. Véase: https://www.bbc.com/mundo/articles/c05643p2612o

[13] B'Tselem (2025), Our genocide. El informe completo, publicado el 28 de julio, está disponible en: https://www.btselem.org/publications/202507_our_genocide


Bibliografía

Ayoub, Nizar (2025), "Las órdenes de detención de Netanyahu y Gallant ponen a la justicia internacional a prueba", Documento de Estudio, 5 de enero. Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. Disponible en: https://www.cearc.net/las-ordenes-de-detencion-de-netanyahu-y-gallant-ponen-a-la-justicia-internacional-a-prueba/

Boulos, Sonia (2025), "Las estrategias israelíes para lidiar con los esfuerzos de rendición de cuentas en los foros internacionales tras su incursión en Gaza", Documento de Estudio, 21 de mayo. Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. Disponible en: https://www.cearc.net/las-estrategias-israelies-para-lidiar-con-los-esfuerzos-de-rendicion-de-cuentas-en-los-foros-internacionales-tras-su-incursion-en-gaza/?_thumbnail_id=1564

Muhareb, Mahmoud (2024), "La guerra contra Gaza y la expulsión de los palestinos", Análisis CEARC, 28 de marzo. Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. Disponible en: https://www.cearc.net/la-guerra-contra-gaza-y-la-expulsion-de-los-palestinos/

Shehada, Muhammad (2025), "Israel's Four Pillars of Mass Starvation in Gaza", Afkar, Middle East Council on Global Affairs, 28 de julio. Consulta: https://mecouncil.org/blog_posts/israels-four-pillars-of-mass-starvation-in-gaza/

Ziegler, Jean (2000), El hambre en el mundo explicada a mi hijo, Muchnik Editores, Barcelona.

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