El Arab Center for Research & Policy Studies (ACRPS) ha publicado en árabe Jerusalén: Limpieza étnica y formas de resistencia. El libro consta de 583 páginas y es obra de varios autores bajo la edición de Ayat Hamdan. Israel ha procurado judaizar la ciudad de Jerusalén durante más de medio siglo, desde su ocupación tras la guerra de junio de 1967. Como refuerzo de esta política, arraigada en la construcción de asentamientos y del muro del apartheid, Israel ha utilizado medios legales y administrativos que se han ido ampliando con el propósito de alterar el tejido social, cultural y económico de la ciudad mediante la inserción de grupos de asentamientos y el aislamiento de Jerusalén Este del resto de Cisjordania.
Habida cuenta de la importancia de Jerusalén en el conflicto árabe-israelí, en el libro se ponen de relieve los espacios de contención relacionados con la limpieza étnica israelí y los mecanismos de resistencia palestinos. En el libro se analiza el estatuto jurídico de Jerusalén, así como la realidad política, económica, social, cultural y religiosa de la ciudad y el papel de los movimientos de masas y los agentes sociales frente a las políticas israelíes de sustitución y judaización. El libro se divide en cuatro secciones: la historia y la lucha por los santos lugares; la educación y el conflicto por la conciencia; los instrumentos de control y los modos de resistencia; y Jerusalén en la historia internacional.
Educación y demografía
La ciudad de Jerusalén y sus habitantes se enfrentan a una serie de amenazas, presentes y futuras. La judaización es más potente que nunca y confina la presencia palestina a barrios aislados, reduciendo la población palestina de la ciudad al 20%, equivalente a la proporción de ciudadanos árabes de Israel. Estos cambios demográficos afectan también a los ámbitos de la educación, la sanidad, la construcción y el empleo. La educación es un componente esencial de la identidad y la pertenencia nacional jerosolimitana y está supeditada al mecanismo israelí de borrado, exclusión y distorsión al servicio del control de todos los aspectos de la vida en la ciudad. Israel está intentando judaizar e israelizar el espacio y el lugar de Jerusalén implantando nombres hebreos, expulsando siempre que puede a las familias árabes y proporcionando el mínimo de servicios sociales para ampliar la brecha entre la sociedad judía y la palestina. Los primeros se benefician de pleno de la riqueza y los recursos del país, mientras que los segundos tienen que sobrevivir con las migajas que quedan.
En el libro se afirma que los jerosolimitanos deben aferrarse a los programas escolares palestinos e idear nuevos planes educativos, a todos los niveles, que conciban Jerusalén no solamente como un hito religioso, sino como un poderoso símbolo político y la futura capital del Estado de Palestina. Al mismo tiempo, los palestinos deben elaborar estrategias contra las políticas de israelización junto con enérgicos esfuerzos diplomáticos para movilizar a los líderes políticos y económicos del mundo árabe en apoyo de las campañas de resistencia en Jerusalén.
A pesar de los diversos factores de crecimiento de la población y de los desiguales equilibrios de poder, la teoría del desplazamiento demográfico demuestra que tanto la población palestina como la población israelí de Jerusalén y sus alrededores experimentan un continuo "auge demográfico". El examen de la historia demuestra que un triunfo demográfico de una población sobre la otra es improbable en un futuro previsible, salvo en el caso de que se registrara una guerra en la que se practicara la limpieza étnica, sobre cuya base han surgido propuestas de solución geopolítica al conflicto palestino-israelí supeditadas a una solución de dos Estados.
Las investigaciones indican que las relaciones entre una minoría reprimida por la mayoría gobernante se desestabilizarán y descenderán a la confrontación si esta minoría supera el 30% del espacio que le ha sido asignado, como ha sido el caso de los jerosolimitanos palestinos. Es por este motivo que hayan empezado a exigir igualdad de derechos para que el país deje de ser un caso de ocupación y discriminación racial y se convierta en una nación colectiva y diversa en la que todos los ciudadanos sean iguales: la solución de un solo Estado.
Habida cuenta del contundente rechazo que esta propuesta suscita entre los israelíes, es poco probable que en un futuro próximo se llegue a una solución de la lucha demográfica y humanitaria en Jerusalén basada en los principios de justicia, igualdad y garantía de una vida digna. Desafíos aparte, los asentamientos entre palestinos e israelíes en Jerusalén y sus alrededores podrían servir de campo de pruebas para una resolución geopolítica de alcance nacional.
Jerusalén y la política estadounidense
Tradicionalmente, el lobby israelí en los Estados Unidos se ha centrado en dos puntos: la afinidad religiosa y cultural y la alianza estadounidense-israelí en Oriente Medio. Sin embargo, los judíos representan menos del 2% de la población estadounidense y los llamados "sionistas cristianos" apenas superan el 20%. Estas cifras y una lectura de la historia de la política estadounidense sobre Jerusalén e Israel sugieren que la religión no ha sido un factor decisivo en esta relación. Además, muchos expertos han puesto en duda la importancia estratégica de Israel para los Estados Unidos. En el libro se sugiere que el lobby israelí, a pesar de las variaciones entre grupos en cuanto a la permisibilidad de criticar las políticas israelíes, es el factor más importante en el apoyo político estadounidense a Israel, y que su papel demuestra la influencia preponderante de los factores internos (definidos por la recaudación de fondos políticos y la organización más que por la demografía religiosa o la cultura) en la toma de decisiones por parte de los Estados Unidos.
