No disparen al mediador: la campaña para socavar el papel de Qatar en las negociaciones de alto el fuego en Irán y Líbano

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Visita de Estado de Donald Trump a Qatar, 14 de mayo de 2025. Official White House Photo / Daniel Torok

A lo largo de las últimas tres décadas, la mediación en conflictos se ha convertido en un pilar fundamental de la política exterior de Qatar, partiendo de un modelo de diplomacia que había construido en torno al establecimiento de relaciones equilibradas con diversas potencias regionales e internacionales, incluyendo tanto Estados como actores no estatales. Esto le ha permitido actuar con éxito como mediador en algunas de las cuestiones regionales e internacionales más complejas[1], consolidando su posición como intermediario que goza de la confianza de partes difíciles de reunir en un marco de negociación único. Este éxito no fue el resultado de iniciativas puntuales, sino más bien el fruto de una planificación estratégica, la acumulación de experiencia y una inversión a largo plazo en las herramientas de la diplomacia, el diálogo y la gestión de crisis.

Sin embargo, los esfuerzos de Doha han sido repetidamente objeto de campañas políticas y mediáticas que cuestionan su legitimidad y su idoneidad para desempeñar ese papel. Estos ataques se intensifican cada vez que Qatar emerge como mediador en crisis en las que se entrecruzan intereses regionales e internacionales, como ocurrió durante el genocidio israelí contra la Franja de Gaza entre 2023 y 2025. Este patrón ha emergido con fuerza en las últimas semanas, después de que Qatar desempeñara un papel clave en la firma del memorando de entendimiento que suspendió la guerra de Estados Unidos contra Irán —un papel extendido a los acuerdos relacionados con el ataque de Israel a Líbano—. Las fuerzas opuestas a la tregua e insistentes en que la guerra debe continuar —tanto en Estados Unidos como en Israel, así como en algunos sectores de la oposición iraní— lanzaron una amplia campaña mediática y de presión que cuestionaba la neutralidad de la mediación de Qatar, presentándola como un actor parcial en lugar de como un mediador diplomático. Este discurso va más allá de cuestionar la actuación del mediador o de criticar las decisiones de política exterior, ya que intenta socavar el propio modelo de mediación que representa Qatar, reinterpretando los fundamentos de su eficacia como fuentes de parcialidad.

El papel de Qatar en la tregua entre Estados Unidos e Irán

Qatar desempeñó un papel fundamental en la consecución del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán. Su participación en este proceso no surgió de una iniciativa unilateral ni de un intento de monopolizar el proceso de mediación, sino que se desarrolló gradualmente, de una forma impuesta por la propia evolución de la crisis. En las primeras etapas, su papel se limitó a apoyar los esfuerzos de negociación existentes, especialmente los liderados por Pakistán, antes de pasar a participar directamente en la gestión del proceso de negociación, mientras otras vías se estancaban y resultaban incapaces de salvar la brecha entre Washington y Teherán. Durante esta etapa, Qatar intensificó sus contactos con ambas partes, no solo transmitiendo mensajes, sino también contribuyendo a acercar posiciones y a construir el nivel mínimo de confianza política necesario para que las negociaciones continuaran[2].

En un principio, Qatar no se mostró muy entusiasmado con la idea de asumir el papel de mediador principal[3], sobre todo porque su territorio fue objeto de repetidos ataques iraníes, que culminaron el 18 de marzo de 2026 con una operación contra la gigantesca planta de gas de Ras Laffan, lo que supuso la suspensión de aproximadamente el 17% de la capacidad de producción de gas natural licuado (GNL) del país. Al principio, Qatar prefirió distanciarse de cualquier esfuerzo de mediación[4], apostando en su lugar por las iniciativas en curso lideradas por otras partes regionales, hasta que estas fracasaron, lo que creó la necesidad de un mediador con canales de comunicación operativos con ambas partes.

Desde esta perspectiva, la decisión de Qatar de asumir el papel de mediador principal no fue meramente una expresión de su deseo de mediar, dado su interés en detener una guerra que le afectaba directamente. Tampoco representó un intento de expandir su influencia regional, ya que no es un Estado importante con tales esferas de influencia. Más bien, su participación fue una respuesta a la necesidad de negociar, ante el bloqueo del proceso existente. Estados Unidos e Irán se encontraban ante una situación en la que el coste de prolongar el enfrentamiento militar ya no era aceptable, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a hacer el tipo de concesiones unilaterales que permitieran poner fin a la crisis. A la luz de este callejón sin salida, Qatar se perfiló como la parte mejor preparada para gestionar las negociaciones, gracias a su red de relaciones, a la experiencia acumulada con diversos actores regionales e internacionales y al acceso que esto le ha proporcionado a todas las partes implicadas. También se benefició de su conocimiento de los entresijos de la disputa entre Washington y Teherán, fruto de rondas de mediación anteriores, como las negociaciones que condujeron con éxito a un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos e Irán en septiembre de 2023[5].

La crisis dio un giro significativo cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que daba marcha atrás en la escalada militar a la luz de los esfuerzos realizados por Qatar y varios otros países de la región[6]. Este giro allanó el camino para que Doha actuara diplomáticamente, tras haber pasado los meses anteriores intensificando sus contactos con Washington y Teherán mediante visitas recíprocas y reuniones de alto nivel sobre las formas de contener la crisis y fomentar la confianza entre ambas partes. En la fase final de las negociaciones, la delegación qatarí lideró la gestión de los detalles del acuerdo y contribuyó a resolver las cuestiones que obstaculizaban los esfuerzos para alcanzarlo, esto allanó el camino para pasar de la escalada militar a la vía diplomática[7].

Estos factores sustentaron la eficacia de la mediación de Qatar, permitiéndole actuar en un espacio de negociación en el que muchos otros mediadores habían tenido dificultades. A medida que las conversaciones entraban en sus fases decisivas, Qatar desempeñó un papel clave a la hora de abordar las cuestiones más complejas, entre ellas la de los activos congelados de Irán, los acuerdos de seguridad regional y el futuro de la navegación en el estrecho de Ormuz. El país llegó incluso a recibir elogios públicos de altos cargos estadounidenses, quienes destacaron el papel clave de la mediación qatarí para alcanzar el acuerdo[8].

Sin embargo, este éxito diplomático vino acompañado de una intensificación del discurso político y mediático que reinterpretaba el papel de Qatar desde un ángulo diferente. En lugar de considerar al país como un actor constructivo que ayudó a contener la crisis y a evitar que tuviera efectos profundos en la economía mundial, este discurso presentó los esfuerzos de mediación de Qatar como prueba de la creciente influencia del país y de su parcialidad hacia una de las facciones del conflicto —Estados Unidos o Irán, dependiendo de la fuente de las críticas—. En consecuencia, el éxito de la mediación no sirvió para reforzar la legitimidad de Doha. Más bien, se convirtió en uno de los principales motores de la reacción adversa —especialmente por parte de Israel, que buscaba impedir un alto el fuego—. Este discurso, cuyo objetivo era socavar cualquier esfuerzo de mediación, exige un análisis de sus narrativas subyacentes y de sus premisas clave.

Antecedentes

La campaña de desprestigio contra el papel mediador de Qatar que condujo al memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán no puede entenderse al margen del camino que ha recorrido Qatar para consolidarse como un mediador eficaz en algunas de las crisis regionales e internacionales más complejas[9]. Sin embargo, esta acumulación de experiencia y eficacia vino acompañada de crecientes intentos de poner en duda su papel, especialmente cuando sus esfuerzos comenzaron a abordar cuestiones con implicaciones directas para el desenlace de los conflictos regionales.

Desde este punto de vista, la controversia que siguió al acuerdo entre Estados Unidos e Irán no se centró tanto en los detalles del proceso de negociación o en la eficacia de los esfuerzos de mediación, sino más bien en atacar al propio mediador. Ciertos actores de los ámbitos político y mediático, especialmente en Estados Unidos e Israel —además de algunos círculos de la oposición iraní[10]—, trataron de presentar la red de relaciones que Qatar ha establecido con diversos actores de la región como prueba de parcialidad, en lugar de como los pilares esenciales de un proceso de mediación exitoso. Dicho de otro modo, el hecho de que Qatar disponga de canales de comunicación con las partes enfrentadas se presentó como prueba de falta de neutralidad, en lugar de como una de las herramientas básicas que le permitieron desempeñar el papel de intermediario.

Este discurso fue más allá de la crítica política, evolucionando hacia la búsqueda de alternativas a la mediación qatarí, e incluso hacia esfuerzos por socavarla y debilitarla. En los medios de comunicación conservadores estadounidenses, algunas voces proisraelíes o respaldadas por Israel propusieron la idea de confiar la mediación a otros países, como Suiza, basándose en que estos serían más neutrales. Cabe destacar que Qatar no tomó la iniciativa de solicitar este papel; más bien, le fue confiado tanto por Estados Unidos como por Irán, lo que confirma que el éxito de los esfuerzos de mediación depende menos de la neutralidad teórica del mediador que de su capacidad para mantener la confianza de todas las partes y mantener abiertos los canales de comunicación con ellas. Por lo tanto, una comparación entre mediadores revela que la eficacia en la mediación de conflictos internacionales no se mide únicamente por la neutralidad.

Tampoco es posible separar estas narrativas de la hostilidad y la incitación de Israel contra Qatar, especialmente a la luz de los esfuerzos de Doha por detener el ataque israelí contra la Franja de Gaza desde octubre de 2023. Como consecuencia, Israel intensificó su movilización contra los esfuerzos qataríes de múltiples formas, desde poner en duda su papel como mediador hasta acusarlo de aliarse con Hamás, todo lo cual culminó en un ataque directo contra Qatar. El 9 de septiembre de 2025, Israel lanzó misiles contra viviendas y edificios residenciales donde se alojaban miembros de la delegación negociadora del grupo palestino. Este ataque provocó varias muertes, entre ellas la del hijo del jefe de la delegación, Khalil al-Hayya, así como la de su director de oficina, varias personas más de su séquito y un guardia de seguridad qatarí, además de herir a varios civiles que se encontraban en el lugar[11].

Este ataque constituyó un caso de estudio muy inusual en el ámbito de las relaciones internacionales, en el que una de las partes en un conflicto atacó el territorio del Estado mediador con el objetivo de asesinar a los delegados de la otra parte[12]. Sin embargo, Qatar logró convertir este ataque en una herramienta de presión frente al agresor, lo que contribuyó a que su mediación concluyera con éxito y a poner fin a la guerra. No obstante, este éxito provocó una escalada de la campaña en su contra. Más recientemente, tras el papel decisivo y exitoso de Qatar en la consecución del acuerdo entre Estados Unidos e Irán el 17 de junio de 2026, este esfuerzo coordinado se ha redoblado. Los medios de comunicación israelíes y los denominados centros de investigación han difundido masivamente narrativas que cuestionan los motivos y las posiciones de Doha, sin dudar en citar informes basados en especulaciones, mentiras y rumores sin fundamento, junto con sus propios sesgos políticos e ideológicos.

El discurso de Israel no se limitó a repetir sus acusaciones sobre las relaciones de Qatar con Hamás o Irán. Más bien, trató de ampliar el alcance de las dudas sobre los esfuerzos de Doha para incluir temas no relacionados directamente con el proceso de mediación, como las acusaciones de corrupción, financiación política ilegal e inversiones extranjeras turbias[13], en un nuevo intento por socavar la credibilidad de Qatar como mediador internacional. Algunos de estos análisis llegaron incluso a interpretar el propio desarrollo de la guerra de una forma que servía a esta narrativa, al sugerir que la disminución de los ataques iraníes contra Qatar durante las últimas semanas de la guerra constituía una prueba de acuerdos privados entre Teherán y Doha[14]. Quienes formularon estas afirmaciones no aportaron pruebas que las respaldaran, ni tuvieron en cuenta el hecho de que una mediación exitosa requiere, por su propia naturaleza, canales de comunicación abiertos con las distintas partes en conflicto. Pero Israel, que se ha propuesto ampliar su influencia en la región, no se conforma con limitarse a incitar a la guerra: sospecha de todo aquel que se le oponga, como si la postura natural debiera ser someterse a todos y cada uno de los caprichos de Israel. Esto refleja una nueva estrategia israelí basada en una forma particularmente aguda de arrogancia, que podría resultar contraproducente para la propia sociedad israelí.

Un análisis del discurso promovido por algunos medios de comunicación estadounidenses conservadores y proisraelíes revela argumentos incoherentes, que van desde la crítica a políticas concretas hasta el cuestionamiento de los propios objetivos del mediador. El alcance de las acusaciones se amplió posteriormente para abarcar otras cuestiones, como las líneas editoriales de los medios financiados por Qatar, las relaciones de Doha con Pekín y sus inversiones en los campos de la tecnología y la Inteligencia Artificial —temas que afectan también a Israel y a otros países árabes del Golfo—. Todo esto tenía como objetivo crear una imagen mítica de Qatar y presionar a Estados Unidos para que lo excluyera de los esfuerzos de mediación y buscara otro intermediario[15]. El objetivo final era frustrar las negociaciones y garantizar que la guerra continuara, una postura que Israel ha defendido de forma más o menos explícita, lo que pone en duda sus afirmaciones sobre los esfuerzos de mediación de Qatar.

El discurso de Israel va más allá, replanteando el papel de Qatar como parte del sistema de influencia iraní en la región. En esta narrativa, las relaciones entre Doha y Teherán no se presentan como parte de una política exterior basada en el diálogo y el equilibrio, ni como un intento de reducir la tensión entre vecinos en una región compleja. Más bien, se consideran un reparto de funciones entre el "poder duro" de Irán y el "poder blando" representado por Qatar y que se manifiesta a través de la diplomacia, los medios de comunicación y la inversión[16].

Este enfoque ingenioso, influido por el tipo de teorías conspirativas que el racismo israelí suele atribuir a los árabes, conduce a una reinterpretación de las diversas herramientas de poder blando de Qatar, entre las que se incluyen las inversiones culturales, la financiación de universidades, la diplomacia pública y medios de comunicación como al-Jazeera English. Las replantea como extensiones de la influencia de Irán, de los Hermanos Musulmanes (tal y como se acusaba hasta hace poco) o como promotoras de actividades "terroristas", en lugar de como componentes de una política exterior independiente. Es imposible no darse cuenta de la ira de Israel ante la mera existencia de cualquier tipo de poder blando árabe.

Sin embargo, este enfoque se basa en suposiciones endebles que ignoran los contextos de muchos acontecimientos regionales e internacionales. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, las protestas generalizadas en las universidades estadounidenses desencadenadas por la guerra genocida de Israel contra Gaza, manifestaciones que se han convertido en parte de un acalorado debate tanto entre la élite como entre la opinión pública en Estados Unidos sobre el perjuicio que supone para el país su alianza con Israel, a la luz de los crímenes cometidos por el gobierno de extrema derecha israelí en Palestina. Esta perspectiva también presenta cada una de las herramientas de política exterior qatarí, independientemente de su naturaleza o función, como prueba de su implicación en un proyecto regional hostil a los intereses estadounidenses. Así pues, el discurso no se limita a criticar políticas específicas, sino que redefine la identidad del Estado y su papel regional a través de una lectura selectiva de sus compromisos exteriores.

Otra narrativa se basa en presentar a Qatar como un "Estado oportunista" que juega a dos bandas[17], combinando tanto una alianza de seguridad con Estados Unidos como relaciones con Irán y Hamás. Esto lo sitúa, según esta narrativa, en oposición a los belicistas de Estados Unidos e Israel, lo que le inhabilita para actuar como mediador neutral. Este argumento se basa en la suposición de que las alianzas de seguridad con Estados Unidos implican necesariamente una alineación política plena y una conformidad total con las posiciones de Washington. Sin embargo, la experiencia de Qatar demuestra que mantener alianzas estratégicas no le ha impedido llevar a cabo una política exterior independiente basada en mantener su compromiso con diversas partes y adoptar posturas de principios sobre causas justas, como la de Palestina, de conformidad con el derecho internacional. De hecho, es precisamente esta capacidad la que ha hecho posible la mediación qatarí en cuestiones en las que otros no han logrado ningún avance. En consecuencia, la oposición a su papel no parece estar dirigida contra la mediación como mecanismo de gestión de conflictos, sino que busca más bien a descarrilar las negociaciones, prolongar la guerra y garantizar el cumplimiento de los dictados israelíes en relación con Palestina, Líbano e Irán. Los discursos contrarios a Qatar no solo están redefiniendo el papel del mediador, sino que también están reduciendo el propio concepto de mediación y condicionando su legitimidad a la alineación con la visión de una de las partes, en lugar de basarla en su capacidad para rebajar las tensiones y allanar el camino hacia una solución política.

Líbano como escollo

La inclusión de la cuestión de Líbano en el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán supuso un cambio significativo en el proceso de negociación entre Washington y Teherán. La agresión de Israel contra su vecino del norte ya no se consideraba independiente de otras cuestiones del conflicto, sino más bien parte integrante de acuerdos regionales más amplios. Este vínculo trasladó el tema de Líbano de un marco bilateral a un contexto regional más amplio. Por el contrario, Israel ha tratado explícitamente de mantener el expediente libanés sujeto a sus propios cálculos y, posiblemente, de asegurarse el respaldo estadounidense a dichos cálculos.

Qatar no se limitó a facilitar la comunicación entre Washington y Teherán. Fue más allá intentando vincular tres vías paralelas: implementar los términos del memorando de entendimiento, apoyar las negociaciones para consolidar el alto el fuego entre Líbano e Israel, y establecer un marco político y de seguridad para evitar que el sur de Líbano se deslizara hacia una nueva ronda de enfrentamientos. Esto se manifestó en el apoyo a los mecanismos de supervisión del alto el fuego y en el fomento de los esfuerzos para estabilizar el sur de Líbano, junto con una presión intensificada para que Israel se retirara de las zonas que seguía ocupando tras haber cesado sus operaciones militares.

Sin embargo, este enfoque se topó con una clara oposición en los círculos políticos y mediáticos israelíes. Consideraban que la inclusión de Líbano en el acuerdo entre Estados Unidos e Irán imponía restricciones a la libertad de acción militar de Israel y legitimaba un enfoque de negociación que condicionaba la resolución de la cuestión libanesa a un acuerdo con Irán, en lugar de depender exclusivamente de canales directos con el Estado libanés[18]. En consecuencia, las críticas israelíes se centraron en los mecanismos propuestos para evitar fricciones militares y en lo que se percibía como un retroceso respecto a la concesión a Israel de un amplio margen de maniobra para la acción militar en el sur de Líbano —un cambio que ponía de manifiesto una creciente divergencia entre Washington y Tel Aviv en cuanto a la gestión de la fase posterior al acuerdo[19].

Estas objeciones no se limitaron a los nuevos acuerdos de seguridad, sino que se extendieron a una reinterpretación de la presencia general de Qatar en Líbano. Según esta narrativa, las contribuciones de Qatar a la reconstrucción del sur de Líbano tras la guerra de 2006 y su patrocinio del Acuerdo de Doha de 2008 ya no se consideraban esfuerzos para contener la división interna del país y evitar el colapso del estado. En cambio, se reinterpretaron como acciones que, directa o indirectamente, reforzaban la posición de Hezbolá dentro del sistema político libanés. Así, las diversas iniciativas de Qatar en Líbano quedaron englobadas en una única narrativa que vinculaba la diplomacia de Doha con la agenda regional de Teherán.

Esta perspectiva revela un cambio en el discurso de oposición a la mediación qatarí, que ha pasado de cuestionar la neutralidad del mediador a reescribir la propia historia de la crisis libanesa. Los esfuerzos de reconstrucción, la negociación de acuerdos políticos y la prestación de ayuda económica ya no se presentan como herramientas para aliviar el impacto de la guerra sobre la población civil o para evitar el colapso de las instituciones estatales. En cambio, se interpretan como medios para perpetuar la influencia de Hezbolá en Líbano —del mismo modo que cualquier apoyo a la asediada Franja de Gaza se presenta como un refuerzo de la autoridad de Hamás—. Esta postura de Israel contradice frontalmente los principios jurídicos internacionales y el Derecho Internacional Humanitario (DIH), ya que presenta el corte del suministro de alimentos, medicinas y suministros de primera necesidad a las zonas frecuentadas por los adversarios de Israel como una herramienta legítima, mientras que la ayuda humanitaria queda supeditada a condiciones políticas.

Esta interpretación pasa por alto una serie de factores estructurales que contribuyeron al auge de Hezbolá y a la consolidación de su influencia política y militar —en primer lugar, el conflicto en curso con Israel y las repetidas ocupaciones y violaciones de este último en territorio libanés—. Todos estos factores han llevado a un amplio sector de la sociedad libanesa a considerar a Hezbolá como un elemento clave en la ecuación de la disuasión frente a Israel. Además, la narrativa descrita anteriormente ignora el hecho de que las intervenciones de Qatar en Líbano, en diversas etapas, se produjeron en respuesta a crisis específicas causadas por guerras y divisiones internas, y no como intentos de reestructurar el equilibrio de poder político del país. En consecuencia, replantear la cuestión libanesa dentro de narrativas hostiles al papel qatarí no se basa en una evaluación objetiva de los resultados de la mediación, sino que refleja más bien un intento de ampliar el alcance de las acusaciones para criticar los diversos papeles regionales de Doha. Si bien estas narrativas se han centrado principalmente en cuestionar la neutralidad del mediador en la gestión de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, aquí vemos cómo se está reescribiendo la historia de la política qatarí en el propio Líbano. Esto permite presentar sus esfuerzos de mediación como la continuación de un sesgo de larga data, en lugar de como una iniciativa diplomática que, en diversos momentos, ha tenido como objetivo apoyar al Estado libanés y contener los conflictos armados y sus repercusiones.

Tácticas utilizadas para atacar el papel mediador de Qatar

Las críticas a los esfuerzos de mediación qatarí no pueden explicarse únicamente en función del desempeño del mediador. Por el contrario, deben entenderse dentro de un contexto más amplio vinculado a la naturaleza del acuerdo de alto el fuego entre Estados Unidos e Irán y a los resultados que este generó. El memorando de entendimiento se firmó en un momento en el que aún se albergaban esperanzas en la posibilidad de que las fuerzas militares estadounidenses e israelíes pudieran provocar un cambio radical en el campo de batalla —tanto en Irán como en Líbano— o imponer una solución política que, como mínimo, abordara los principales puntos de desacuerdo. Sin embargo, esto no sucedió. En cambio, la falta de un resultado decisivo dio lugar a una nueva ronda de negociaciones sobre cuestiones mucho más complejas, entre las que destacan el programa nuclear de Irán, los acuerdos de seguridad regional y el futuro del conflicto en Líbano. A la sombra de los persistentes desacuerdos sobre estas cuestiones, surgió una narrativa que pretendía responsabilizar al mediador, al menos en parte, del incumplimiento de esas expectativas y de la consiguiente complicación y estancamiento del proceso de negociación, a pesar de que las causas fundamentales del punto muerto radicaban en las posiciones divergentes de las partes beligerantes.

Parece que las críticas dirigidas a Qatar se referían en realidad a los resultados de la mediación más que a sus mecanismos. Para ciertos sectores de la élite política y mediática, especialmente en Israel y entre ciertos sectores conservadores estadounidenses, el problema no radicaba en la gestión de las negociaciones por parte de Doha, sino más bien en el hecho de que ayudara a contener la escalada militar, proporcionando un marco de negociación capaz de incorporar la cuestión de Líbano en acuerdos regionales más amplios, limitando así las perspectivas de la campaña militar defendida por algunos de estos grupos. En este sentido, el propio éxito de la mediación a la hora de rebajar las tensiones se convirtió en un motivo para poner en duda su legitimidad.

A este factor se sumaban otras consideraciones políticas y estratégicas, entre las que destacaban las objeciones a un proceso de negociación que podía reportar beneficios políticos a Teherán, en lugar de someterlo a la lógica de la presión militar. Israel también temía que vincular el asunto libanés a un acuerdo entre Estados Unidos e Irán pudiera limitar su libertad de acción militar en el sur de Líbano, reconfigurando así el entorno de seguridad circundante mediante acuerdos negociados que no se ajustarían a sus prioridades estratégicas. Tampoco hay que pasar por alto la dimensión competitiva inherente al papel de mediador, dados los esfuerzos de otras potencias regionales e internacionales por desempeñar funciones similares en la gestión de las crisis regionales.

Los datos también indican que, en lugar de tratarse de una serie de reacciones dispares, la campaña contra los esfuerzos de mediación de Qatar mostró un cierto grado de coordinación. Misbar[20], un sitio web de verificación de hechos e investigación centrado en la lucha contra las noticias falsas y la desinformación en las redes sociales, llevó a cabo un análisis que revela que, durante la fase crítica de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, hubo una intensa actividad en X (antes Twitter) que ponía en duda el papel de Qatar. Esto supuso más de 342.000 publicaciones procedentes de más de 160.000 cuentas, con un notable aumento de la interacción durante la segunda quincena de junio de 2026, cuando las negociaciones entraron en su fase crítica. El análisis revela además que una parte significativa de esta actividad se centró en un grupo relativamente pequeño de cuentas que reproducían repetidamente las mismas narrativas, lo que sugiere un cierto grado de coordinación a la hora de dirigir y reciclar este discurso, a través de cuentas falsas o de bots.

Las identidades de las cuentas que difundían este discurso revelan un diagrama de Venn compuesto por tres círculos principales: cuentas israelíes o proisraelíes, aquellas vinculadas a la derecha conservadora estadounidense y las afiliadas a la oposición monárquica iraní. Esta distribución indica que, más que reflejar una única postura política, la campaña representa una convergencia de partes con antecedentes políticos divergentes, unidas en su rechazo al acuerdo entre Estados Unidos e Irán e insistentes en que la guerra debe continuar hasta la caída del régimen iraní o la destrucción total de Irán.

Las características lingüísticas y geográficas de la campaña refuerzan esta conclusión. La mayor parte del contenido se publicó en inglés, lo que indica que el público objetivo no era la opinión pública árabe, sino más bien los círculos de toma de decisiones y la opinión pública en Occidente, en particular en Estados Unidos. La actividad se concentró en este último, junto con un número considerable de cuentas que operaban desde el Reino Unido y Francia. Por el contrario, la actividad procedente del interior de Irán fue limitada en comparación con la fuerte presencia de cuentas en persa fuera del país, lo que sugiere que los círculos de la oposición iraní contribuyeron a generar esta narrativa. Estos datos reflejan el carácter transnacional de la campaña, que unió a diversas redes en torno al objetivo único de socavar los esfuerzos de mediación de Qatar.

El análisis del contenido de estos tuits revela que el discurso no se centró en debatir los detalles de la mediación ni en evaluar el resultado. En cambio, replantea la iniciativa en términos de seguridad y política. El papel de Qatar se vinculó a narrativas sobre su supuesto apoyo al terrorismo, sus vínculos con Irán y Hamás, y la influencia de Doha en los círculos de toma de decisiones de Washington —temas que se alinean estrechamente con el discurso conservador predominante en Estados Unidos e Israel—. El debate se alejó de la evaluación del éxito o el fracaso. En su lugar, presentó la mediación como una actividad política controvertida al enmarcarla en marcos discursivos relacionados con la seguridad nacional, la lucha contra el terrorismo y la influencia iraní.

El análisis de Misbar demuestra además que la campaña se basó no solo en figuras públicas e influencers, sino también en una amplia red de cuentas, muchas de ellas de reciente creación o con pocos seguidores, que, no obstante, contribuyeron a amplificar la narrativa contraria a la mediación al retuitear intensamente el mismo contenido. A pesar del impacto limitado de estas cuentas a nivel individual, su actividad coordinada dentro de redes interactivas les permitió ampliar el alcance de sus mensajes y crear la impresión de un amplio consenso —un patrón que se ha vuelto habitual en las iniciativas de movilización digital en torno a cuestiones políticas y diplomáticas—.

En última instancia, la campaña pone de manifiesto una paradoja llamativa: este discurso hostil transformó los mismos atributos que conferían a la mediación qatarí su eficacia ampliamente reconocida en motivos para poner en duda su legitimidad. El hecho de que Qatar dispusiera de canales de comunicación con partes inaccesibles para las potencias occidentales, así como su capacidad para reunir a adversarios en una misma mesa de negociación, no se consideraron ventajas para el éxito de la mediación. Por el contrario, se presentaron como pruebas de parcialidad o connivencia, a pesar del principio de que tener acceso a todas las partes es un requisito previo fundamental para el éxito de la mediación en los conflictos internacionales.

Conclusión

La campaña dirigida contra la mediación de Qatar tras el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán refleja algo más que un desacuerdo sobre la actuación diplomática; revela una oposición sostenida a los esfuerzos destinados a poner fin a la guerra. Para reforzar esta postura, el discurso reformuló sistemáticamente los mismos atributos que sustentan la eficacia de Qatar —su acceso a todas las partes y su capacidad para facilitar el diálogo— como pruebas de parcialidad y connivencia. Al hacerlo, desvió la atención de la evaluación de los resultados hacia el cuestionamiento de la legitimidad del propio mediador.

Esta dinámica apunta a un debate más amplio sobre el significado y la práctica de la mediación. Las narrativas promovidas en diversos sectores de los medios de comunicación estadounidenses e israelíes, en los círculos políticos y en parte de la oposición iraní no rechazan la mediación como tal; más bien, cuestionan la neutralidad de cualquier mediador cuyos esfuerzos produzcan resultados que no se ajusten a sus preferencias estratégicas. El resultado es una confusión entre neutralidad, accesibilidad y parcialidad, por la que la colaboración con todas las partes —un requisito previo para el éxito de la mediación— se reinterpreta como parcialidad.

Más fundamentalmente, la campaña se dirige contra un modelo diplomático basado en el diálogo, la inclusividad y la desescalada. Sugiere que la eficacia de la mediación puede, paradójicamente, aumentar la probabilidad de que se produzcan ataques políticos e informativos contra el mediador, especialmente cuando los resultados negociados limitan las opciones militares o reconfiguran las dinámicas regionales de formas que no cuentan con el consenso de los actores clave.

En este contexto, la oposición a la mediación de Qatar forma parte de una lucha más amplia por el orden regional emergente tras los conflictos en Gaza, Líbano e Irán. Lo que está en juego no es solo el papel de mediadores concretos, sino hasta qué punto los actores regionales pueden configurar los resultados diplomáticos con independencia de los marcos impuestos desde el exterior. Los esfuerzos por desacreditar dicha mediación reflejan, en última instancia, un intento de reducir ese margen de maniobra, redefiniendo la credibilidad no en términos de resolución de conflictos, sino en consonancia con los intereses de las potencias dominantes.

Las ideas expresadas en este documento corresponden a los autores y no reflejan necesariamente la postura del CEARC

Este trabajo fue publicado originalmente en inglés por el Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS). Puede consultarse en este enlace.

Crédito de imagen: Official White House Photo / Daniel Torok


Notas y referencias

[1] Vassilis K. Fouskas, "Qatar and the Israel-Hamas Conflict: Hybrid Mediation Power on Display", Open Access Government, 24/11/2023. Disponible en: https://www.openaccessgovernment.org/qatar-and-the-israel-hamas-conflict-hybrid-mediation-power-on-display/170598/

[2] "The Decisive Mediator: How Qatar Led the Final-Hour Marathon to End the War Between Washington and Tehran", [en árabe], al-Jazeera, 21/6/2026. Disponible en: https://www.aljazeera.net/politics/2026/6/21/الوسيط-الحاسم-كيف-قادت-قطر-ماراثون

[3] Summer Said, Anat Peled y Robbie Gramer, "Qatar Resists Being Key Mediator", The Wall Street Journal, 6/4/2026. Disponible en: https://www.wsj.com/livecoverage/iran-war-news-2026/card/qatar-resists-being-key-mediator-in-u-s-iran-conflict-3H5r7Ib0RWpnkBFiEBqs

[4] Al inicio de la guerra contra Irán, el Gobierno de Qatar anunció que no participaba directamente en los esfuerzos de mediación, aunque apoyaba todas las vías diplomáticas, oficiales o extraoficiales, destinadas a poner fin al conflicto. Sus esfuerzos en esa fase se centraron en defender su territorio y hacer frente a las pérdidas derivadas de los diversos ataques que había sufrido. Hizo hincapié en que su postura desde el primer día había sido que la guerra debía terminarse por medios diplomáticos. Véase: "Advisor to the Prime Minister and Official Spokesperson for the Ministry of Foreign Affairs: Qatar is not involved in mediation between the US and Iran, but supports all diplomatic paths to end the war", [en árabe], Media Center of the Ministry of Foreign Affairs of the State of Qatar, 24/3/2026. Disponible en: https://mofa.gov.qa/جميع-أخبار-الوزارة/التفاصيل/1447/10/05/مستشار-رئيس-مجلس-الوزراء-المتحدث-الرسمي-لوزارة-الخارجية--قطر-غير-منخرطة-في-وساطة-بين-أمريكا-وإيران-وتدعم-جميع-المسارات-الدبلوماسية-لإنهاء-الحرب

[5] "The Teheran-Washington Deal: Released Iranian and American Prisoners", [en árabe], al-Jazeera, 18/9/2026. Disponible en: https://www.aljazeera.net/encyclopedia/2023/9/18/سجناء-إيرانيون-وأميركيون-يتنفسون

[6] Maegan Vazquez et al., "Trump Says Iran Ceasefire Deal in Final Stages, to be 'Announced Shortly", The Washington Post, 23/5/2026. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/national-security/2026/05/23/us-seeks-iran-ceasefire-extension-war-threats-loom/

[7] Anwar Al-Khateeb, "How Qatar's Quiet Diplomacy Helped Pave the Way for the US-Iran Deal", The New Arab, 16/6/2026. Disponible en: https://www.newarab.com/news/behind-scenes-qatar-helped-bridge-gap-between-us-iran

[8] "Vice President JD Vance Briefs Members of the Media", The White House, 18/6/2026. Disponible en: https://www.whitehouse.gov/videos/vice-president-jd-vance-briefs-members-of-the-media-jun-18-2026/; "Joint Statement Following the Ministerial Meeting of the United States and the Gulf Cooperation Council (GCC)", U.S. Department of State, 25/6/2026. Disponible en: https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesperson/2026/06/joint-statement-following-the-ministerial-meeting-of-the-united-states-and-the-gulf-cooperation-council-gcc. Durante una reunión con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, celebrada al margen de la cumbre del G7 en Francia, el propio presidente Donald Trump elogió el papel mediador de Doha. Véase: "A Bridge Between Adversaries: How did Qatari Mediation Help Protect the Negotiation Process Between Washington and Iran?", [en árabe], al-Araby TV, 17/6/2026. Disponible en: https://www.alaraby.com/news/جسر-بين-الخصوم-كيف-ساهمت-الوساطة-القطرية-بحماية-مسار-التفاوض-بين-واشنطن-وإيران

[9] "Issues that Qatari mediation has succeeded in resolving through agreements", [en árabe] al-Jazeera, 19/3/2025. Disponible en: https://www.aljazeera.net/encyclopedia/2017/1/25/قطر-وسيط-النهايات-السعيدة

[10] Estas partes consideraban el acuerdo como un salvavidas para el régimen iraní, lo que se oponía directamente a su visión de derrocarlo mediante la fuerza militar o incitando a protestas populares. En consecuencia, arremetieron contra todas las partes que contribuyeron a su firma, incluido Qatar. Véase: Danny Zaken, "Senior Iranian Opposition Figure: Qatar Bribed the Entire Region, the IDF is our Hope", Israel Hayom, 17/6/2026. Disponible en: https://www.israelhayom.com/2026/06/17/senior-iranian-opposition-figure-qatar-bribed-the-entire-region-the-idf-is-our-hope/

[11] "Qatari Interior Ministry: Security Personnel Killed in Israeli Aggression on Doha", [en árabe], al-Araby al-Jadeed, 9/9/2025. Disponible en: https://www.alaraby.co.uk/politics/الداخلية-القطرية-استشهاد-عنصر-أمن-في-العدوان-الإسرائيلي-على-الدوحة

[12] "La agresión israelí contra Qatar: motivaciones y repercusiones", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 12/9/2025. Disponible en: https://www.cearc.net/la-agresion-israeli-contra-qatar-motivaciones-y-repercusiones/

[13] Shachar Kleiman, "US-Iran deal leaves Qatar on top", Israel Hayom, 16/6/2026. Disponible en: https://www.israelhayom.com/2026/06/16/us-iran-deal-leaves-qatar-on-top/  

[14] Ibid, Kleiman.

[15] "How about NOT Relying on Qatar as an Honest US-Iran Broker?" New York Post, 24/6/2025. Disponible en: https://nypost.com/2025/06/24/opinion/how-about-not-relying-on-qatar-as-an-honest-us-iran-broker/

[16] Aviram Bellaishe, "Iran builds proxies, Qatar peddles influence: Decoding Doha's double game – analysis", The Jerusalem Post, 7/5/2026: Disponible en: https://www.jpost.com/jerusalem-report/article-895256

[17] Munir Dahir, "Qatar: A mediator or sponsor of terror? Time to draw the line", Ynet Global, 13/9/2025. Disponible en: https://www.ynetnews.com/opinions-analysis/article/b1woaumjle

[18] Ibid, Kleiman.

[19] Por el contrario, Israel consideró el acuerdo marco firmado por Estados Unidos, Israel y Líbano el 26 de junio de 2026 como "un paso importante hacia la normalización de las relaciones entre Jerusalén y Beirut. Por ahora, permite que las FDI permanezcan en áreas clave del sur de Líbano para prevenir nuevas amenazas transfronterizas del grupo terrorista Hezbolá, respaldado por Irán". Véase: Mark Dubowitz, "US Quietly Shelves Proposed Hezbollah 'Deconfliction Mechanism", Policy Brief, The Foundation for Defense of Democracies, 30/6/2026. Disponible en: https://www.fdd.org/analysis/2026/06/30/u-s-quietly-shelves-proposed-hezbollah-deconfliction-mechanism/

[20] "Israeli accounts lead a digital attack on Qatar over its mediation between Washington and Tehran", [en árabe], Misbar, 5/7/2026. Disponible en: https://www.misbar.com/media/videos/حسابات-إسرائيلية-تقود-هجومًا-رقميًا-على-قطر-بسبب-وساطتها-بين-واشنطن-وطهران ; "It targeted Qatari mediation and the US and Iranian negotiating teams: Al Araby TV investigation reveals systematic campaign on X", [en árabe], al-Araby TV / X, 6/7/2026. Disponible en: https://x.com/AlarabyTV/status/2074008624775745651   

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