La cuestión del Estado: filosofía, teoría y contexto

Libro "La cuestión del Estado"
Azmi Bishara
Azmi Bishara Director General del Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS)

El Arab Center for Research & Policy Studies (Centro Árabe de Investigación y Estudios Políticos) ha publicado un nuevo libro de Azmi Bishara en árabe, La cuestión del Estado: filosofía, teoría y contexto (456 páginas). Los once capítulos versan sobre la filosofía, la teoría y los orígenes del Estado moderno; el contrato social y la filosofía del derecho de Hegel en su relación con los Estados; el Estado como doctrina (según Carl Schmidt) y la relación de la soberanía con la ciudadanía en el Estado moderno; la cuestión de la legitimidad del Estado (Max Weber y otros) y la distinción entre los conceptos de Estado y sistema de gobernanza; así como la transformación del nacionalismo en naciones dentro de los propios Estados.

Al examinar la filosofía y la teoría de la formación del Estado, la obra se adentra en un campo de conocimiento entrelazado en sus aspectos más fundamentales con la ciencia política y la sociología, dos de las disciplinas más importantes de las humanidades. Bishara nos presenta un enfoque novedoso sobre este tema y plantea el reto de elaborar un concepto crítico y humanista del Estado que dé cuenta de todas las críticas planteadas por la filosofía moral y política, la ciencia política, la sociología y el derecho desde perspectivas colectivistas, liberales o marxistas. Bishara explora también las consecuencias de la globalización y la era postestatal.

El Estado ha asumido más funciones y ha cobrado una importancia mayor y las expectativas individuales y de la sociedad al respecto han crecido a pesar de las predicciones ideológicas de su disolución. Además, la soberanía ha perdurado incluso en Estados débiles acosados por recalcitrantes conflictos civiles. Bishara sostiene que su concepto crítico de Estado se basa en lo que se ha escrito hasta la fecha y lo trasciende. La dimensión crítica del libro se plasma mejor en su atención a la fricción entre soberanía y ciudadanía, así como en la atención a la capacidad del hombre moderno para discernir el conflicto entre el Estado en el concepto y en la realidad (tal como sucede con los países árabes, entre otros).

Fundamentos intelectuales

La cuestión del Estado es la última entrega del proyecto intelectual de Bishara, que abarca cuatro de sus libros anteriores:

  • La sociedad civil (1996): Aunque ambos libros entienden el Estado como un requisito previo para la sociedad civil, La cuestión del Estado considera que un Estado fuerte es un requisito previo para una sociedad fuerte y repudia la noción de que los Estados fuertes coinciden necesariamente con "sociedades débiles" y de que por su parte existen Estados débiles con sociedades fuertes.
  • Religión y laicismo en el contexto histórico (2022), dos partes: Bishara remite a los lectores a dos extensos capítulos del primer volumen de la Parte II (Capítulo 2: Premisas de la Edad Media; Capítulo 5: El desarrollo de la lógica del Estado) en los que el autor analiza la aparición de la idea de Estado a finales de la Edad Media y principios del Renacimiento en Europa.
  • Sobre la cuestión árabe: introducción a un manifiesto democrático árabe (2007): En su última obra, Bishara profundiza en la distinción que hace este libro entre naciones y nacionalismos.
  • La transición democrática y su problemática: un estudio comparativo teórico y aplicado (2020): En este libro Bishara establece la estabilidad del Estado como requisito previo para el éxito de la transición democrática, además de la necesidad de que el ejército no se oponga a la transición y la élite política adopte una cultura propicia.

Más allá de las aportaciones teóricas, en la introducción del libro Bishara escribe que su objetivo es que La cuestión del Estado se convierta en una obra de referencia para académicos y estudiantes por igual en la que se esboza la teoría, la filosofía y los problemas del Estado moderno. Si bien inicialmente el libro constaba de 14 capítulos, Bishara eliminó los tres últimos (sobre las reformas del Tanzimat otomano, el desarrollo del Estado árabe y la era del Estado-nación) ya que tiene previsto dedicarles una monografía aparte, prevista para publicar más adelante. El autor considera incorrecto introducir cuestiones de especial interés para un público árabe al final de un texto eminentemente teórico. Bishara además no deseaba repetir una experiencia pasada, cuando se añadieron capítulos exhaustivos sobre Irak al final del libro Sectarismo sin sectas, de 2018 y traducido al inglés en 2021.

Contenido del libro

En la introducción, Bishara escribe que la inspiración inicial para escribir el libro la tuvo en 2021, tras pronunciar una conferencia titulada "Estado, nación y gobernanza: interconexión y diferenciación" en la octava edición de la Conferencia de Ciencias Sociales y Humanidades del ACRPS. En lugar de publicar la conferencia, Bishara optó por ampliarla en una obra teórica con la quería cerrar la laguna existente en el conocimiento sobre el Estado y las teorías relacionadas: una laguna que no podían colmatar por sí solas las dos secciones mencionadas de Religión y laicismo y el capítulo de Transición democrática.

El autor añade que la exigencia de escribir un manuscrito sobre el Estado en el Mundo Árabe coincide con la necesidad de aclarar cuestiones de ciudadanía, soberanía, legitimidad y ética universal, en particular la cuestión de cómo mejorar la definición de Estado y el significado de la ciudadanía como parte del mismo. Otros temas acuciantes son la relación entre soberanía, legitimidad y ciudadanía; la relación entre nacionalismo y nación; y la distinción entre Estados y regímenes. Asimismo, La cuestión del Estado lleva a cabo una revisión de la teorización occidental del Estado desde una perspectiva alternativa.

En el capítulo 1, Bishara aborda la importancia de estudiar el Estado y advierte de que no se trata de una tarea para tomarse a la ligera, al tiempo que ofrece propuestas basadas en casos reales para ajustar las definiciones convencionales del Estado. A continuación, Bishara investiga la distinción entre, por un lado, el Estado antiguo como relación entre gobernantes y gobernados y, por otro, el Estado moderno en el que gobernantes y gobernados se unen en una entidad común. En el capítulo se presenta a la ciudadanía como componente esencial del Estado contemporáneo y concluye con una evaluación del declive de las ideologías que predicen la desaparición del Estado.

Bishara dedica el capítulo 2 a diferenciar la filosofía política de la teoría política –siendo el método científico indispensable, incluso para las cuestiones normativas, con esta última– y argumenta a continuación que los complejos fenómenos sociales no se pueden explicar con un único principio sin que la ideología entre a desempeñar un papel. El capítulo prosigue con la consideración de las concepciones nacionalista, funcionalista e institucionalista del Estado, identifica el liberalismo como teoría normativa tanto de la gobernanza como de la sociedad y concluye con un estudio sobre qué diferencia al Estado moderno de los imperios.

En el capítulo 3 se muestra cómo la historia no comenzó con individuos, sino con colectivos que conformaron los Estados antiguos y que los argumentos de Nicolás Maquiavelo al respecto son más realistas que los principios del contrato social. En el capítulo se explica que el Estado moderno no surgió de un vacío sino de poderes existentes que, tras la expansión regional, adoptaron la forma de soberanía y un código de leyes para regir legítimamente el Estado moderno. En este capítulo, Bishara pone de relieve la distinción entre la ley y los deseos de los gobernantes, y luego pasa a analizar el desarrollo de los órganos del Estado moderno y el papel de la guerra en la transición (en el camino hacia el establecimiento de un Estado moderno) de una monarquía limitada y parlamentaria a una monarquía absoluta.

En el capítulo 4, Bishara postula que los primeros teóricos del Estado, en su mayoría clérigos o juristas, fueron los que se encargaron de defender la autoridad soberana frente a las incursiones de la Iglesia. El autor sostiene que el Estado es un medio, no un fin, desde el punto de vista del derecho natural, y que el contrato social no puede entenderse sin la oposición a las guerras de religión y la creencia de que la solución era elevar el Estado por encima de la contienda logrando el consenso en torno a una entidad política común: encarnada para Tomás de Aquino por el gobernante y para Jean-Jacques Rousseau por la "voluntad general". El autor dedica mucho espacio en este capítulo a una perspectiva alternativa de las ideas de Rousseau y las enmarca al mismo tiempo como axiomas del pensamiento republicano y de la democracia cívica.

Bishara dedica una gran parte del capítulo 5 a la crítica que hace Friedrich Hegel del pensamiento de la Ilustración, especialmente a Kant, así como a la idea de que la libertad y la ética se dirigen a la sociedad desde el exterior. Es aquí donde Bishara sostiene que es el Estado el que reifica la praxis ética. El autor prosigue en este capítulo abordando la crítica de Karl Marx a la visión de Hegel sobre la gestión estatal de la sociedad, la expectativa de que el Estado se disuelva en la sociedad y la afirmación de que el Estado refleja el bien mayor, así como la demostración de Marx de cómo el Estado representa intereses de clase privados y no públicos. En el capítulo se apunta la cuestión de los regímenes socialistas, que mantienen a las sociedades bajo el control del Estado (en lugar de viceversa), y el hecho de que estos regímenes aumentan la maquinaria estatal en lugar de desmantelarla, como dicta la actitud marxista hacia el Estado.

En el capítulo 6, Bishara profundiza en el debate sobre si el Estado es una entidad única con una voluntad unificada, es decir, que si se trata de una persona jurídica por encima de la sociedad, y estudia cómo el utilitarismo y el liberalismo clásico utilizan esta distinción como base de la soberanía absoluta del Estado. Si bien algunos estudiosos han rechazado la noción de soberanía absoluta, en el capítulo se aborda su visión del Estado como persona jurídica en el derecho internacional y constitucional. En el capítulo también se analiza el auge y la caída del pluralismo, una escuela de pensamiento que advertía del peligro de la enorme brecha entre el individuo y la soberanía absoluta del Estado. A continuación se incluye una crítica sobre la concepción de este pluralismo sobre la soberanía y su insistencia en tratar al Estado como una federación de colectivos.

En el capítulo 7 se analiza la soberanía como autoridad suprema y final que puede caracterizarse como absoluta sin que ello implique una carencia de limitaciones y que no se opone a la democracia, sino a la desobediencia y la rebelión. En el capítulo se demuestra que la idea de Estado no es la misma que la de imperio, como se refleja principalmente en el poder legislativo, seguido de los demás poderes del Estado. El monopolio de la violencia organizada no precede a la noción de Estado de derecho en el Estado moderno, sino que se deriva de ella (por lo menos en teoría, si no históricamente). La incursión del Imperio Otomano en la legislación a través de las reformas del Tanzimat coincidió con una contradicción emergente entre Estado e imperio. Esto se debe a que el primer componente de la soberanía, el monopolio del Estado sobre la legislación, precede a su monopolio sobre la violencia organizada, ambos requisitos (ciertamente insuficientes) del Estado moderno. En el capítulo se argumenta que es pura demagogia reivindicar la soberanía popular a pesar de que el pueblo carece del poder de legislar (mediante la elección de una legislatura).

En el capítulo 8 se aborda la necesidad de evitar definiciones reduccionistas del Estado y se argumenta que la definición que hace Weber del Estado moderno se basa en sus características estructurales. Tras confirmar que la burocracia ostenta el monopolio del uso legítimo de la violencia, Bishara aborda las distinciones cruciales entre autoridad y poder y entre Estado y otras formas de autoridad. El autor analiza el énfasis que Émile Durkheim pone en las funciones administrativas, pedagógicas y éticas del Estado en la era moderna frente a la no normatividad y la atomización de la modernidad. En el capítulo se señala que el hecho de que el Estado derive su legitimidad de su monopolio de la violencia no implica necesariamente la legitimidad de este monopolio. Más bien, la legitimidad concedida a la violencia estatal surge de diversas fuentes constitucionales, éticas y culturales.

En el capítulo 9 se estudia uno de los temas más importantes del libro: demostrar que la ciudadanía se ha convertido en parte de cómo se define el Estado moderno. El estudio arranca con la historia medieval de la ciudadanía en las ciudades libres fuera de los Estados (con los derechos y obligaciones asociados). A continuación, Bishara analiza la transición de la ciudadanía a la modernidad a través de la Revolución Francesa y la idea de que gobernantes y gobernados podían coexistir como miembros de una entidad conocida como Estado; con el tiempo, a pesar de haberse correlacionado en gran medida con la pertenencia a un colectivo nacional determinado, la ciudadanía asumiría su autonomía histórica. Además, Bishara analiza críticamente la cronología de T.H. Marshall sobre el desarrollo de los derechos civiles, políticos y luego sociales en Gran Bretaña.

En el capítulo 10 se postula que es imposible separar los Estados premodernos de los sistemas de gobierno y, a continuación, se incluye un análisis que hace una posible distinción conceptual entre Estados modernos y sistemas de gobierno que subyace a las percepciones populares contemporáneas. Bishara plantea la hipótesis de que las instituciones estatales y el régimen coinciden en los casos contrastados de democracia y totalitarismo, pero difieren en los casos de autoritarismo y democracia frágil.

Bishara finaliza el libro en su capítulo 11 comparando y contrastando la construcción del Estado con la construcción de la Nación y analizando cómo se relacionan entre sí. El capítulo analiza el papel de los nacionalismos en el surgimiento de los Estados contemporáneos y el papel de los Estados en la formación de los nacionalismos, así como la diferencia entre Estados nacionalistas y "Estados-nación". Bishara investiga la dinámica de la relación entre los individuos y la sociedad y entre el Estado y la ética en la esfera pública; el conflicto entre la ciudadanía y los grupos comunitarios como campo ético; el Estado como campo ético cuando existe una nación de ciudadanos, independientemente de su intersección histórica con (o divergencia de) el nacionalismo en muchos países; así como las condiciones para (y la imprevisibilidad de) el éxito de las naciones que albergan múltiples nacionalidades.

¿Es La cuestión del Estado una obra de filosofía política? ¿De sociología? ¿De ciencia política? ¿Es pertinente tal clasificación? En el caso de la filosofía política griega, vemos que este conjunto de textos se escribió sobre la vida en las ciudades griegas, su administración, las luchas por el poder, las guerras, etcétera. Pero antes de que se ramificara en las ciencias, recibía el nombre de filosofía porque ofrecía un análisis racional de la realidad y del ser humano que no parte de la mitología ni de las fuerzas invisibles. Con raíces en el estudio de la naturaleza humana, este campo formuló las afirmaciones generales sobre las sociedades humanas que conocían los filósofos griegos.

Esto es muy distinto de la disciplina académica dentro de la filosofía moral que hoy denominamos filosofía política. Bishara aborda la filosofía como cimiento de un procedimiento exhaustivo y racional para evaluar los fenómenos y analiza los motivos humanos subyacentes, al tiempo que trata de llegar a inferencias teóricas que mejoren nuestra comprensión de los fenómenos sociales. Sin embargo, el autor sostiene que esta tarea ya no es posible sin estudiar la historia y aplicar los paradigmas de campos como la sociología, la ciencia política, el derecho, la economía y la psicología según las necesidades de cada momento y no de acuerdo con una metodología predeterminada. En opinión de Bishara, es precisamente esta interdisciplinariedad –y no los trabajos académicos difíciles de entender incluso para los filósofos– la que podría revigorizar la filosofía y justificar su existencia.

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