El levantamiento del 17 de octubre en Líbano: plazas y testimonios

El levantamiento del 17 de octubre en el Líbano: Plazas y testimonios
Khaled Ziadeh
Khaled Ziadeh Director de la oficina en Beirut del Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS)
Mohammed Abi Samra
Mohammed Abi Samra Periodista y novelista

Coordinadores de la edición

El Arab Center for Research & Policy Studies ha publicado en árabe la obra El levantamiento del 17 de octubre en Líbano: plazas y testimonios. El libro consta de 512 páginas, cuenta con las aportaciones de Paul Tabar entre otros y su preparación, coordinación y edición han corrido a cargo de Khaled Ziadeh y Mohammed Abi Samra. Metodológicamente este libro entraría en la clasificación de Historia Contemporánea, en la que los historiadores se ocupan de estudiar los acontecimientos mediante la observación y el uso de testimonios y documentos escritos y orales. La Historia Contemporánea forma parte de la Historia Política porque aborda los acontecimientos revolucionarios y las transformaciones derivadas de los disturbios y levantamientos junto con la evolución económica y cultural. Gran parte de la labor del libro está dedicada a documentar el levantamiento y estudiar algunas de sus condiciones previas y acontecimientos, así como a fomentar el debate sobre lo que consiguió y lo que no consiguió. El libro es una contribución a la investigación sobre los levantamientos y la sociología de la política en Líbano y en otros países árabes.

El 17 de octubre y la Primavera Árabe

Líbano asistió a tres momentos entre 2011 y 2019 durante los cuales se registraron manifestaciones de los activistas en las calles. En 2011, tras las revoluciones de la Primavera Árabe, los manifestantes corearon por primera vez el famoso eslogan: "El pueblo quiere derrocar al régimen" [al-shaʿb yurīd ʾisqāṭ al-niẓām]. No hubo represión, como ocurría en Libia, Egipto y Siria, donde el régimen se centra en torno al jefe de gobierno. En Líbano, el régimen está dividido entre un conjunto de movimientos y partidos sectarios con actitudes diversas hacia la revolución en Siria.

En 2013, los manifestantes volvieron a tomar las calles después de que el Parlamento prorrogara su propia legislatura con el pretexto de unas condiciones desfavorables para las elecciones. A pesar de no ser nada convincente, fue una excusa que se repetiría varias veces hasta 2018. Quizá el movimiento más popular de todos ellos surgió a raíz de la crisis de la basura en 2015 bajo el lema "¡Apestáis!" [ṭolʿet rīḥetkon], dirigido a las incompetentes autoridades incapaces de resolver el problema de la recogida de basuras. A diferencia de las protestas de 2011 y 2013, el movimiento de 2015 contó con un amplio apoyo entre los libaneses, que empezaban a ser conscientes del alcance de la corrupción y la incompetencia de su Gobierno.

La revolución y los expatriados

El levantamiento del 17 de octubre de 2019 y los acontecimientos posteriores ponen de relieve la necesidad de adoptar una perspectiva no territorial sobre Líbano para comprender y analizar la participación de los expatriados, habida cuenta de su repercusión en Líbano como sociedad y régimen político. A través de esta perspectiva, el papel de la diáspora pasa de ser una especie de participación subordinada en la patria a un fenómeno separado e independiente con sus propios modos de influencia (por ejemplo, grupos de presión, uso intensivo de los medios sociales, manifestaciones, publicación de declaraciones y peticiones, etc.) que se reproducen en la identidad y la organización para promover la imagen que los expatriados tienen de su propio país. De esta manera se puede evaluar la relevancia de la diáspora sin caer en el error de reducirla a un simple eco o manifestación de lo que sucede en el país de origen.

Para amplios segmentos de la diáspora, esta interacción dio lugar a un tipo de afiliación nacional que trasciende las lealtades locales politizadas, sobre todo las sectarias, como queda patente en los llamamientos a acabar con el régimen sectario y los políticos que lo simbolizan. A medida que las comunidades transrregionales de expatriados tomaban forma y fijaban objetivos, dando impulso y continuidad a las reformas que nacieron el 17 de octubre, surgió una identidad de la diáspora transnacional imaginada como base para activar y desarrollar el papel de la diáspora libanesa, cuya pérdida de confianza en la clase dirigente representaba un paso esencial hacia la transformación de la situación política y económica y la construcción de un país mejor para todos.

Fracasos de la revolución

El movimiento del 17 de octubre solamente pudo galvanizar a la opinión pública durante sus primeros seis meses y tuvo algo de respaldo de los medios de comunicación privados. En ese momento, la competencia mediática irradiaba positividad en términos de mensajes intencionados, hasta que empezó a decaer y las figuras que preferían no limitarse a un grupo o alianza concretos argumentaron, de forma poco convincente, que el movimiento debía mantenerse libre de un liderazgo definido. El rechazo del movimiento a la institucionalización y a las reivindicaciones revolucionarias tuvo repercusiones en la opinión pública. Un número considerable de críticos atribuyó este fracaso a la falta de planificación, coordinación y uso juicioso de la inversión para dirigir a la opinión pública hacia una alternativa claramente definida.

Además, los preparativos para las elecciones parlamentarias tuvieron que hacer frente a deficiencias de todo tipo: ausencia de listas de coalición; ausencia de una base de candidatos (contrariamente a lo que afirman algunas organizaciones de la sociedad civil que confían, aunque sea implícitamente, en la financiación masiva y en los programas de los partidos); intensificación del conflicto entre los poderes tradicionales a pesar de su intersección en la batalla por la soberanía; falta de actividad académica en los sondeos de opinión que ayudarían a definir qué tipo de candidatos deberían unirse a la contienda y sus posibilidades de éxito; ninguneo de la importancia de dirigirse al electorado para que tome las decisiones correctas; y fracaso de los esfuerzos excepcionales de la diáspora libanesa para lograr una transformación en la participación electoral a favor de la reforma.

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