Gaza como asunto global: la impostura humanitaria

José Abu-Tarbush
José Abu-Tarbush Profesor titular en el Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna
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Gaza-EFEEPA-MOHAMMED-SABER

Resumen

El bloqueo de la ayuda humanitaria ha sido constante en la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza desde octubre de 2023. El objetivo oficial de esta campaña era reducir las capacidades gubernamentales y militares de Hamás y la liberación de los rehenes. Pero la táctica que Israel impuso fue el castigo colectivo a la población civil palestina, víctima preferente de sus sistemáticos e indiscriminados ataques y del uso de la ayuda humanitaria como instrumento de guerra. Armas y bloqueo humanitario confluyeron desde entonces en una misma estrategia de desplazamiento de la población gazatí, su concentración en determinadas áreas, su previsible deportación y su reemplazo por colonos israelíes. Miles de personas inocentes han sido asesinadas por ataques directos y también por la manipulación de la ayuda humanitaria y su sistemático bloqueo, que la ha convertido en una trampa mortal y ha provocado la hambruna inducida.

Antecedentes: la población civil como objetivo de guerra

El ensañamiento con la población civil palestina ha sido una pauta de comportamiento inherente a las campañas militares israelíes. Es un modelo de actuación que remite a la limpieza étnica de Palestina desde la guerra de 1948-1949, prolongada hasta la actualidad en los territorios palestinos ocupados desde 1967. Israel ha represaliado sistemáticamente cualquier contestación de la resistencia palestina a su ocupación militar con la adopción de castigos colectivos sobre los civiles. Pauta que extendió a los países del entorno con una presencia demográfica y política palestina significativa: las importantes comunidades de refugiados palestinos en la diáspora y el conjunto del movimiento nacional palestino agrupado en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). O bien por ser esos países escenario de confrontación con otros movimientos, como con Hezbolá en Líbano en 2006 y 2024.

Estas exhibiciones de fuerza por parte de Israel han buscado reafirmar su poder disuasorio en una región considerada hostil; disuadir la colaboración de la población ocupada con el movimiento anticolonial; incrementar los costes de la presencia de la OLP en los países receptores entonces o, más recientemente, la de otros actores no estatales de esos mismos países. Dichas represalias y operaciones de castigo colectivo suelen dejar un importante saldo de muertos y heridos entre la población civil, provocar la destrucción o daños significativos de bienes, infraestructuras y servicios civiles y causar masacres como -entre otras- la de Qana en Líbano en 1996, reiterada en 2006.

Ante la trascendencia mediática y política internacional de estos dramáticos sucesos, Israel suele desplazar la responsabilidad a la resistencia anticolonial y culpabilizar a las víctimas. Sólo en casos muy excepcionales ha admitido cierto error de cara a la galería mediática y diplomática, sin asumir rendición de cuentas ni reparación. El 17 de julio de 2025, después de que un proyectil disparado por un tanque israelí contra la única iglesia católica de Gaza dejara tres muertos y varios heridos, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, admitió ante el presidente estadounidense, Donald Trump, que "fue un error". Una explicación insuficiente y cuestionada por el Vaticano.

Incluso admitiendo -hipotéticamente- que en algún caso fuera "un disparo fortuito", resulta difícil aceptar que los continuos y sistemáticos bombardeos contra residencias, instituciones e infraestructuras civiles, cuando no directamente contra las personas que residen, trabajan o se refugian en éstas, hayan sido también resultado de repetidos errores del ejército israelí y no, por el contrario, fruto de una política deliberada que utiliza tecnologías tan sofisticadas como la Inteligencia Artificial y que ha hecho de los territorios palestinos un campo de pruebas de su industria militar[1].

Este patrón de conducta ha sido practicado a lo largo del tiempo e, incluso, institucionalizado, sin oficializarse por ser contrario al Derecho Internacional Humanitario. Así sucedió con la denominada Doctrina Dahiya, aplicada durante la guerra contra Líbano en 2006, consistente en restituir el poder disuasorio israelí ante cualquier ataque; incrementar sus costes humanos, materiales, económicos y políticos mediante una respuesta inmediata, decisiva y desproporcionada; causar la mayor destrucción humana y material posible; y considerar los núcleos poblados objetivos militares para infligir a los civiles un intenso sufrimiento y que desistan de apoyar a la resistencia.

El bloqueo de la ayuda humanitaria

La actual ofensiva israelí no tiene precedentes en intensidad, duración, destrucción y letalidad. Rebasa, con creces, todas las registradas en los territorios palestinos ocupados en 2002, 2006, 2008-2009, 2012, 2014 y 2021. También el uso de la ayuda humanitaria como arma de guerra. El personal de las agencias humanitarias en la zona, con dilatada experiencia en otras regiones, afirma no haber visto nunca una situación similar. Los propios gazatíes manifiestan que nunca se había rebasado los límites de supervivencia actuales, debido al deliberado corte del suministro de alimentos, junto a la enorme devastación humana y material.

Desde el primer momento, el Gobierno israelí manifestó su intención de utilizar la ayuda humanitaria como instrumento de presión complementario a su intervención militar. Así se pronunciaron sus principales responsables gubernamentales, políticos y militares, junto a su ejecución con el corte de todos los suministros básicos (agua, electricidad, combustible, alimentos, medicinas e, intermitentemente, comunicaciones), al mismo tiempo que iniciaron la ofensiva militar. Este asalto dejaba un creciente e incesante rastro de muertes, heridos y desplazados, además de una galopante destrucción material: viviendas, hospitales, ambulatorios, farmacias, escuelas, universidades, centros de trabajo, administración pública, comisarías, panaderías, tierras de cultivo, ganaderías, carreteras, red de alcantarillado, tuberías, depuradoras de aguas residuales, embalses, almacenes, comercios, mezquitas, iglesias, bibliotecas y el archivo histórico de Gaza.

Cuando más apremiante era la ayuda humanitaria, Israel la bloqueó durante largos periodos. Y cuando ha permitido su entrada durante las denominadas "pausas humanitarias", lo ha hecho a cuentagotas, muy por debajo de las necesidades derivadas de la situación de emergencia y de la recibida antes de esta agresión. Entonces entraban entre 500 y 600 camiones diarios. Ahora, paralizados en la frontera, sólo se ha permitido la entrada -intermitente- de un número muy inferior. En esta estrecha franja costera, de apenas unos 365 kilómetros cuadrados, con cerca de 2,3 millones de habitantes en septiembre de 2023 -la mayoría de origen refugiado-, el 80% dependía de dicha ayuda, debido al bloqueo que impuso Israel desde 2007 y sus repetidas ofensivas militares. Esta ayuda ha sido siempre un instrumento coercitivo de Israel frente a los palestinos, incluso durante el Proceso de Oslo. En 2012 la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) advertía que Gaza podría ser "inhabitable" en 2020 si continuaba el bloqueo, unido a los daños causados por las campañas militares registradas hasta entonces.

Este panorama se ha agravado dantescamente desde el inicio de la ofensiva israelí. Toda la Franja de Gaza ha sido arrasada. Más del 92% de las viviendas han sido destruidas o dañadas severamente, así como el 98,5% de las tierras de cultivo, según la ONU. Semejante devastación remite a precedentes de la Segunda Guerra Mundial, por el volumen de toneladas de bombas arrojadas e ingente destrucción. Ha causado la muerte documentada de más de 65.000 personas; junto a unos 200.000 heridos; y un número desconocido -calculado en más de 30.000- de desaparecidos bajo los escombros y en campos de detención israelíes. El 83% de las muertes son civiles, según un informe desclasificado del ejército israelí[2].

Probablemente, el balance final en vidas humanas y destrucción material será mucho mayor del que se conoce ahora. Según la revista científica The Lancet, las muertes violentas durante los primeros ocho meses de la ofensiva israelí podrían ser un 41% mayor de las estimadas. Otro estudio posterior, titulado Violent and Nonviolent Death Tolls for the Gaza War: New Primary Evidence,elaborado por un equipo internacional de académicos, sostiene también que el número de víctimas mortales entre octubre de 2023 y enero de 2025 es cerca de un 40% más alto que la cifra reportada.

La devastación humana y material de Gaza no guarda relación con los objetivos militares esgrimidos por el Ejecutivo israelí. Su principal propósito es político. Sigue la lógica de la contrainsurgencia colonial: Israel castiga a los civiles por la presencia de una resistencia anticolonial. Ante los ataques del 7-O, el presidente del Estado israelí, Isaac Herzog, manifestó que "toda una nación es responsable". Unido a la sed de venganza y reafirmación de su poder disuasorio, los bombardeos indiscriminados contra civiles y el bloqueo humanitario responden también a un plan previamente concebido. Además de infligir un intenso sufrimiento, buscan que el pueblo palestino asuma de una vez por todas que es la parte débil de la ocupación colonial, acepte definitivamente su derrota y consiguiente renuncia a sus derechos.

Con ese objetivo se han creado deliberadamente las condiciones materiales, políticas, económicas y sociales para forzar el desplazamiento interno como paso previo a la "emigración voluntaria" de los palestinos de Gaza; y acometer la limpieza étnica, parcial o total. Estos planes fueron concebidos y visibilizados desde el principio por los círculos gubernamentales, políticos, diplomáticos, militares, económicos, sociales y mediáticos israelíes. Recogidos -entre otros- en artículos en la prensa internacional, que apelaban a los países occidentales y al resto del mundo a acoger cupos de refugiados palestinos con objeto de despoblar Gaza. También se expresaron en convenciones de partidos de colonos y de extrema derecha, integrantes de la actual coalición gubernamental, que apuestan por la expulsión de los palestinos de Gaza y la colonización del territorio. Incluso, se manifestó en anuncios de agencias inmobiliarias israelíes sobre futuras residencias frente a las playas de este enclave costero.

El presidente Donald Trump respaldó estas proclamas coloniales y de limpieza étnica a su llegada a la Casa Blanca a principios de 2025, demandando que Egipto y Jordania acogieran a los palestinos de Gaza, al mismo tiempo que anunciaba que Estados Unidos asumiría su control para transformarla "en la Riviera de Oriente Medio". El posterior desarrollo del plan, filtrado por The Washington Post, de convertir Gaza en una cadena de megaciudades de alta tecnología, fue calificado como un intento disparatado de cubrir su limpieza étnica[3] o "una fusión de oportunismo político y política necrófila"[4].

Asedio total e inanición

Sin ese aval estadounidense, de inmunidad e impunidad internacional, difícilmente Israel podría seguir cometiendo los crímenes de guerra por desplazamiento "forzado, masivo y deliberado" o por "inanición deliberada de una población civil". Unido al genocidio por la intención, naturaleza y escala del asalto israelí a Gaza que, junto a las "destructivas condiciones de vida", persiguen "eliminar físicamente a los palestinos como grupo", según recoge la Relatora Especial de la ONU sobre la situación de los Derechos Humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese, en su informe Anatomía de un genocidio. En términos similares se ha pronunciado la ONG israelí B'Tselem en su documento Nuestro genocidio: "Un análisis de la política israelí en la Franja de Gaza y sus terribles consecuencias, junto con las declaraciones de altos cargos políticos y comandantes militares israelíes sobre los objetivos del ataque, lleva a la conclusión inequívoca de que Israel está tomando medidas coordinadas para destruir intencionalmente la sociedad palestina en la Franja de Gaza. En otras palabras: Israel está cometiendo genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza".

Al respaldo estadounidense se suma la complicidad de las grandes potencias occidentales como Reino Unido, Alemania y Francia; la ausencia de un compromiso más firme de otras como China; la pasividad, impotencia e indiferencia de terceros Estados y la connivencia de muchos gobiernos árabes alineados con Washington. Durante todo este tiempo, Israel ha medido la reacción de la comunidad internacional para calcular hasta dónde puede llegar sin grandes costes u obtener beneficios estratégicos considerablemente mayores a los de su peaje. Sin ninguna limitación significativa ni efectiva, ha visto el camino libre para proseguir con su estrategia de asedio e inanición.

Israel interpretó la vuelta de Trump a la Casa Blanca a principios de 2025 como luz verde para sus planes de limpieza étnica de Gaza. Después de acordar una tregua con Hamás en enero, el 18 de marzo la rompió unilateralmente y reanudó su ofensiva. Previamente, desde el 2 de marzo, interrumpió por enésima vez la escasa entrada de la ayuda humanitaria e impuso el bloqueo más prolongado de toda su ofensiva. Era sólo cuestión de días o semanas que la crisis humanitaria empeorara. En agosto, la ONU declaraba el estado de hambruna en Gaza, la primera oficialmente registrada en Oriente Medio. Cabe preguntarse si Israel agravaba deliberadamente la situación de emergencia humanitaria para presionar a la comunidad internacional, abrir la frontera con Egipto, evacuar al grueso de los gazatíes y consumar sus planes de limpieza étnica.

Se implementaba así el denominado Plan de los Generales[5], aplicado durante toda la ofensiva, incluso antes de su concepción. Ideado para despoblar el norte de Gaza mediante una estrategia de asedio, corte de suministros básicos para forzar el desplazamiento de la población y declarar objetivo militar a la que permaneciera al norte del corredor Netzarim. Se adoptó nuevamente para el asalto de la ciudad de Gaza en agosto de 2025 y el consiguiente desalojo de sus habitantes, estimados en cerca de un millón, incrementando el riesgo de morir por bombardeos o inanición.

Durante este asedio total y prolongado, las agencias internacionales destacadas en la zona fueron reemplazadas con la suplantación, privatización y militarización de la ayuda humanitaria. En su lugar, Estados Unidos e Israel crearon y financiaron una controvertida Fundación Humanitaria de Gaza (FHG) en febrero de 2025, que comenzó a operar en mayo. Integrada por exmilitares estadounidenses, sin bagaje conocido en la materia, suplantó a las experimentadas y eficientes agencias humanitarias internacionales. Estas últimas tenían establecidos unos 400 puntos de distribución que la FHG redujo a cuatro para asistir a más de dos millones de personas, tres ubicados en el sur de Gaza y uno en el corredor de Netzarim. Cada centro tiene -en teoría- una capacidad de distribución para unas 300.000 personas, por lo que -en el mejor de los casos- sólo lograría atender a 1,2 millones de personas, dejando a cerca de la mitad de la población de Gaza sin ayuda alguna.

Estos puntos de distribución son vigilados por soldados y empresas privadas de seguridad israelíes que disparan a diario contra personas desarmadas, desesperadas y hambrientas. Hasta la fecha se contabilizan unos 2.500 muertos y más de 4.000 heridos. Personas que acuden en busca de alimentos terminan sin comida, heridas de diversa gravedad o bien envueltas en una mortaja. Pese al riesgo que entraña ir a estos puntos de distribución por los disparos indiscriminados del ejército israelí, la opción que resta es una trampa igualmente mortal: la de morir de hambre.

Las personas más vulnerables, débiles y necesitadas no pueden realizar esas largas caminatas de kilómetros a los puestos de distribución ni cargar paquetes. En lugar de aligerar la situación de emergencia humanitaria, la FHG la ha agravado. Esta suplantación humanitaria ha sido criticada por más de 170 ONG de Derechos Humanos internacionales -Médicos sin Fronteras, Save the Children, Oxfam y Amnistía Internacional, entre otras- e, incluso, israelíes, que pidieron el cierre de la FHG y la restitución del mecanismo operativo de la ONU.

Todo indica que la principal función de la FHG es complementar la política de limpieza étnica más que la acción humanitaria. Bajo este camuflaje humanitario, Israel sigue desplazando a la población palestina y concentrándola en áreas muy determinadas como paso previo a su eventual deportación a terceros países. El ministro de Defensa, Israel Katz, anunció la creación de una "ciudad humanitaria" en Rafah para acoger a unos 600.000 gazatíes, que sus críticos califican como un verdadero "campo de concentración", en el que se podrá entrar, pero no salir, salvo como zona de tránsito a su expulsión definitiva de Gaza.

Conclusión

La hambruna devasta Gaza[6]. Es resultado de una catástrofe humanitaria inducida por una política colonial a la vieja usanza con tecnología del siglo XXI. El uso del hambre como arma de guerra carece de precedentes en la región, al menos en duración, intensidad, aniquilación humana y destrucción material. El bloqueo, suplantación e instrumentalización de la ayuda humanitaria enmascaran una estrategia de asedio total e inanición. Ha provocado el colapso de la sociedad palestina en Gaza, ha forzado el desplazamiento y la concentración de su población con objeto de proceder a su eventual expulsión y reemplazo por colonos israelíes. Inflige un intenso sufrimiento, cobrándose la vida de decenas de miles de personas, y deja secuelas de por vida entre sus supervivientes, descendientes y generaciones futuras. Afecta también al sistema normativo internacional y señala tendencias nocivas en el potencial comportamiento de otros actores internacionales.

El desafío al Derecho Internacional por Israel no es nuevo, ni ajeno a la inmunidad e impunidad que detenta en el sistema internacional. Esta anomalía explica su violación sistemática del Derecho Internacional Humanitario. Israel jamás ha asumido su responsabilidad como potencia ocupante, recogida en el IV Convenio de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adicionales relativos a la protección debida a las personas civiles en tiempos de guerra. Lejos de garantizar la seguridad de los civiles bajo ocupación militar, es su depredador. El ilimitado castigo a los civiles no garantiza el resultado estratégico perseguido. No se puede ganar una guerra contra una idea o ideología.

Israel ha impedido el acceso a la ayuda humanitaria y el funcionamiento de las agencias humanitarias internacionales. A las que descalificó y, luego, suplantó mediante la fiscalización, subcontratación, privatización y militarización de dicha ayuda, utilizada como instrumento de guerra. "Hacer padecer hambre como método de guerra" viola el Derecho Internacional Humanitario y constituye un crimen de guerra e, incluso, según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, un delito de genocidio por someter intencionadamente a un "grupo a condiciones de existencia que haya de acarrear su destrucción física, total o parcial" (artículo 6.c.)[7].

Israel desafía el sistema normativo internacional y a la misma sociedad internacional, impone sus criterios sobre el terreno, sella nuevas tendencias o las reproduce: en Cisjordania está provocando la mayor expulsión de palestinos -más de 40.000- de sus hogares desde 1967. Sería erróneo considerar que estas pautas comenzaron en octubre de 2023. Poseen una larga data, recrudecidas desde entonces ante una coyuntura mundial de desactivación de la ONU, debilidad del sistema multilateral y, no menos, de respaldo y complicidad en unos casos o bien de ausencia de voluntad política e impotencia en otros.

Gaza dejó de ser una cuestión local desde hace tiempo -si es que alguna vez lo fue- para transformarse en un asunto global. El genocidio en curso no es ajeno al apoyo y connivencia de las principales potencias mundiales. Algunas comienzan a mostrar tímidos signos de distanciamiento adoptando gestos simbólicos, como el anuncio del reconocimiento -condicionado- del Estado palestino o el controvertido, caótico e ineficaz lanzamiento de ayuda desde el aire. Todavía queda un importante camino por recorrer para traducir esas manifestaciones en una presión y acciones efectivas sobre el terreno. Sólo cobrarán credibilidad cuando logren detener definitivamente los crímenes de guerra, de lesa humanidad y de genocidio, exijan rendición de cuentas y reparación por los mismos.

Las ideas expresadas en este documento corresponden al autor y no reflejan necesariamente la postura del CEARC

Crédito de imagen: EFE / EPA / Mohammed Saber


Notas y referencias

[1] Loewenstein, Antony, El laboratorio palestino. Cómo Israel exporta al mundo la tecnología de la ocupación, Capitán Swing, Madrid, 2024.

[2] Abraham, Yuval, "Israeli army database suggests at least 83% of Gaza dead were civilians", +972 Magazine, 21 de agosto de 2025. Disponible en: https://www.972mag.com/israeli-intelligence-database-83-percent-civilians-militants/

[3] Beaumont, Peter y Alice Speri, "Leaked 'Gaza Riviera' plan dismissed as 'insane' attempt to covert ethnic cleasing", The Guardian, 1 de septiembre de 2025. Disponible en: https://www.theguardian.com/world/2025/sep/01/leaked-gaza-riviera-plan-dismissed-as-insane-attempt-to-cover-ethnic-cleansing

[4] Martínez de la Fe, Eduardo, "Las élites tecnológicas huyen del mundo que han contribuido a construir y destruir", Levante, 2 de septiembre de 2025. Disponible en: https://www.levante-emv.com/tendencias21/2025/09/02/elites-tecnologicas-huyen-mundo-han-121149358.html

[5] Véase Hamad Zahonero, Leyla, "Posibles implicaciones para Oriente Medio y el Mediterráneo si Israel consuma el 'Plan de los Generales", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 3 de octubre de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/posibles-implicaciones-para-oriente-medio-y-el-mediterraneo-si-israel-consuma-el-plan-de-los-generales

[6] Véase Meneses, Rosa, "El hambre en Gaza, la perversa arma de Israel para desahuciar a la sociedad palestina", Análisis CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 4 de agosto de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/el-hambre-en-gaza-la-perversa-arma-de-israel-para-desahuciar-a-la-sociedad-palestina

[7] Véase Boulos, Sonia, "El reconocimiento de Palestina en la ONU: ¿símbolo histórico o maniobra de contención colonial?", Documento de Estudio CEARC, Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, 23 de septiembre de 2025. Disponible en: https://www.cearc.net/el-reconocimiento-de-palestina-en-la-onu-simbolo-historico-o-maniobra-de-contencion-colonial

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