El Arab Center for Research and Policy Studies (ACRPS) ha publicado (en árabe) La política exterior de Qatar: estrategia frente a geografía, de Marwan Kabalan. El libro versa sobre la política exterior de Qatar, el papel que este país desempeña en la región y, más concretamente, sobre las raíces de su disputa con Arabia Saudí. Esta cuestión ha sido fuente de preocupación para la región árabe y el Golfo durante casi tres décadas y el libro arroja luz sobre un caso casi único en la política internacional. Qatar es un país pequeño que ha superado su dilema de seguridad desempeñando papeles importantes en una región sumamente competitiva. En el libro también se analiza la emocionante interacción entre la estructura de los sistemas regional e internacional y las aspiraciones de la élite gobernante de Qatar de desempeñar un papel influyente en el ámbito de la política internacional. En el libro también se analiza cómo Qatar se ha convertido en una fuerza de cambio dentro de su sistema regional y cómo ha logrado impulsar profundas transformaciones regionales con mayor o menor éxito. Esto ha puesto al país en un estado de confrontación con sus poderosos vecinos, en especial Arabia Saudí, pero también con Irán, Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Si bien el bloqueo ha servido como un poderoso recordatorio de la importancia de la geografía, una vez más, Qatar ha sabido utilizar estrategias efectivas para sortearlo sin grandes costos.
El libro consta de diez capítulos. En el primero, que traza el ascenso de Qatar desde su independencia, Kabalan sostiene que el entorno regional e internacional que prevaleció entre la independencia de Qatar y la llegada al poder del jeque Hamad llevó a Doha a unirse a Arabia Saudí en busca de la protección que no existía tras la salida de los británicos de la región y la reticencia de los estadounidenses a encontrar soluciones. Qatar también se acercó a Arabia Saudí tras el derrocamiento del shah de Irán y la declaración de una República Islámica revolucionaria que pretende exportar su modelo al extranjero. Qatar se sumó al resto de países árabes del Golfo, liderados por Arabia Saudí, en una coalición regional formada para hacer frente al peligro procedente del otro lado del Golfo. A lo largo de estos años, Qatar formó parte del consenso del Consejo de Cooperación del Golfo para hacer frente a la amenaza iraní y apoyar a Irak en la guerra de ocho años contra este país. La situación cambió drásticamente tras la invasión iraquí de Kuwait y el ataque saudí de 1992 al puesto fronterizo de Khofous. Esto provocó un profundo cambio en la percepción de Qatar de las amenazas a las que se enfrenta y llevó al país a planificar su propia política y a buscar el refuerzo de su seguridad de forma independiente, poniéndole en conflicto con Arabia Saudí.
En el segundo capítulo, Kabalan explica que la geografía sitúa a Qatar entre dos grandes potencias regionales que compiten por la hegemonía en la región. Arabia Saudí es el Estado del statu quo e Irán busca un cambio compatible con su proyecto regional. Qatar quiere hacerse con un papel regional que esté a la altura de sus ambiciones, pero sin poner en peligro su existencia habida cuenta de que sus dos grandes vecinos ven en el papel que Qatar pretende desempeñar como una amenaza para sus intereses respectivos. En el tercer capítulo, Kabalan explica que en su empeño por adoptar una política exterior independiente y desempeñar un papel regional influyente, la élite qatarí se encontró con una realidad geopolítica que no podía cambiar ni controlar. Pero también descubrió que podía idear estrategias inspiradas en los grandes avances tecnológicos y en ideas (poder blando) para sacar el máximo partido de sus puntos fuertes y reducir sus puntos débiles, representados por su presencia entre las grandes potencias regionales. En su afán por preservar su independencia, la élite qatarí también se benefició de las ventajas que ofrece la naturaleza del sistema regional en el que vive, caracterizado por las grandes contradicciones entre sus polos y por la posesión de recursos energéticos que alteran el equilibrio de poder.
En el cuarto capítulo, Kabalan escribe sobre la desaparición de la alianza tripartita (Egipto, Arabia Saudí y Siria) que llevaba años enfrentándose a Qatar tras la invasión de Irak. Se constituyó un nuevo escenario político basado en dos ejes: el "Eje de la Resistencia", compuesto por Irán, Siria, Hezbolá y Hamás, y el "eje de la moderación", en el que se incluían Arabia Saudí, Egipto, Jordania y los Emiratos Árabes Unidos. En la atmósfera de polarización que cristalizó aún más tras el asesinato de Rafik Hariri y la posterior guerra de julio en el Líbano (en 2006), Qatar se aproximó al "Eje de la Resistencia" ante la necesidad de mantener el equilibrio regional. Esto representó una importante baza para el eje frente a las presiones saudí-egipcias, ya que el conflicto entre estos dos ejes alcanzó su punto culminante en la guerra de julio, y Qatar prestó apoyo al "Eje de la Resistencia" política y diplomáticamente en las Naciones Unidas, en los medios de comunicación a través de la cobertura positiva de Al Jazeera, y en el plano financiero a través del compromiso del país de reconstruir tras la destrucción de la guerra en el sur del Líbano.
Discordia con Arabia Saudí
En el quinto capítulo, el autor demuestra cómo las revoluciones de la Primavera Árabe, en Egipto, especialmente y en cierta medida en Siria, representaron un importante punto de discordia entre Qatar y Arabia Saudí. Si bien Qatar apoyó las revoluciones árabes, Arabia Saudí en particular (e Irán en Siria también) las consideraron una gran amenaza para su seguridad y la continuidad de su régimen. Este importante conflicto geopolítico que enfrentó a ambos países en el contexto de los cambios en la región árabe fue una de las principales causas del estallido de la crisis de 2014 y, posteriormente, de la crisis de 2017. En el sexto capítulo, Kabalan señala que el cambio en la política exterior saudí vino acompañado de la consolidación de la autoridad del príncipe heredero Mohammed bin Salman. El nuevo príncipe heredero se enfrentó a desafíos políticos internos, procuró fortalecer su Gobierno y encarceló a las figuras religiosas que lideraron la oposición política a principios de los 90 y defendieron las protestas de la Primavera Árabe.
En el séptimo capítulo, el autor traza un paralelismo entre la política exterior estadounidense con respecto a la crisis del Golfo, fabricada en la Casa Blanca y dirigida por el yerno del presidente de Estados Unidos, Jared Kushner, en la que los contactos entre Arabia Saudí y Estados Unidos pasaban específicamente por un canal que llegaba directamente a la Casa Blanca a través del propio Kushner, sobre todo porque Washington no tuvo embajador en Riad durante los dos primeros años de la Administración de Donald Trump. Mientras que la posición de Kushner sobre Qatar venía dictada por intereses personales y financieros, otros elementos de la Administración del presidente Trump obedecían a factores ideológicos. Steve Bannon, asesor jefe del presidente, advirtió de que Estados Unidos estaban inmersos en una lucha existencial con las fuerzas del islamismo radical y justificó las tensiones con Qatar alegando la proximidad de este país a algunas corrientes islámicas, como los Hermanos Musulmanes, por mucho que recibieran la clasificación de moderadas. En el capítulo ocho, el autor pasa a analizar el futuro del Consejo de Cooperación del Golfo. Considerado en su día uno de los sistemas conjuntos de acción regional árabe más exitosos, las perspectivas del Consejo de Cooperación del Golfo se han vuelto inciertas.
En el capítulo noveno del libro se afirma que Qatar respondió rápidamente a las iniciativas para poner fin a la crisis después de que Riad retirara las trece condiciones que había impuesto a Qatar para su aprobación. Qatar se centró desde el principio en lograr un cambio en la posición saudí, de forma aislada de las demás partes y dada la importancia de Arabia Saudí, su ubicación geográfica y el hecho de que el único paso fronterizo terrestre de Qatar pasa por este país. El gran avance hacia la resolución de la crisis tuvo lugar durante la visita de Kushner a Riad y Doha a principios de diciembre de 2020, cuando ambas partes acordaron una declaración conjunta. Arabia Saudí convenció a los otros tres países para que dieran su consentimiento. En el décimo y último capítulo, Kabalan concluye diciendo que las interacciones regionales e internacionales brindan a Qatar grandes oportunidades y desafíos que afectan en gran medida a su política exterior y a sus opciones políticas y de seguridad, sobre todo a la luz del interés decreciente de los Estados Unidos en la región, lo que está animando a las potencias regionales y mundiales. La región del Golfo corre el riesgo de quedar en un vacío y si una potencia de la talla de los Estados Unidos se retira de un escenario importante, la ausencia atraerá a todas las partes interesadas, lo que empujará a Qatar a actuar automáticamente ante la amenaza a su seguridad y existencia.
