Corrientes intelectuales contemporáneas en el contexto del desarrollo árabe

Corrientes intelectuales contemporáneas en el contexto del desarrollo árabe
Albert Dagher
Albert Dagher Catedrático de Economía de la Universidad Libanesa

El Arab Center for Research and Policy Studies ha publicado en árabe Corrientes intelectuales contemporáneas en el contexto del desarrollo árabe, de Albert Dagher. El libro consta de 138 páginas y hace un análisis sobre las tendencias intelectuales que ofrecen soluciones más lógicas al problema del desarrollo árabe, presentando las ideas de tres corrientes contemporáneas que abordan el papel del Estado en el desarrollo como transición industrial: el institucionalismo comparativo, el poskeynesianismo y el nuevo estructuralismo. El libro ofrece una revisión de la bibliografía sobre la economía política del Estado árabe bajo la guía de las políticas alternativas en el ámbito del desarrollo sugeridas por la experiencia asiática: el único caso que ha permitido a los países que la han aplicado salir del atraso y lograr una "industrialización tardía".

El libro ofrece una guía teórica de las políticas de desarrollo árabe alternativas a través de estas tres escuelas de pensamiento, así como una guía práctica imbuida de sugerencias en los campos de la administración pública y la forma de abordar las relaciones internacionales, la educación superior y la industrialización.

Corrientes de pensamiento económico y desarrollo árabe

¿Es necesario ampliar el debate intelectual sobre el desarrollo árabe y las razones por las que se ha vuelto imposible? ¿Coincidieron los levantamientos árabes desde 2011 con un debate genuino sobre alternativas de desarrollo? ¿Siguen dominando el debate los enfoques neoliberales del desarrollo? ¿No existe una necesidad acuciante de examinar las corrientes intelectuales periféricas que, sin embargo, ofrecen soluciones más lógicas al problema del desarrollo?

Dagher explora tres corrientes contemporáneas que abordan el papel del Estado en el desarrollo como transición industrial y el papel del sistema internacional y sus ramificaciones en cada país en desarrollo a la hora de obstaculizar esta transformación: el enfoque institucional comparativo, el nuevo estructuralismo y el poskeynesianismo. La definición de la corriente institucionalista histórica vino básicamente de Karl Polanyi, para ser profundizada en los años 80 y 90 por institucionalistas como Peter Evans y Theda Skocpol. Los trabajos de estos autores la diferenciaron del neomarxismo y de los neoutilitaristas que proporcionaron la base intelectual del neoliberalismo en la década de 1980.

Se adoptaron los trabajos de Raymond Hinnebusch para definir el nuevo estructuralismo y para diferenciarlo del estructuralismo, que responsabiliza al sistema internacional del destino de los países del Tercer Mundo. A diferencia de ello, el nuevo estructuralismo explica el papel de las élites locales para hacer de la subordinación un hecho consumado. Los estudiosos poskeynesianos, es el caso en particular de Mario Seccareccia y Marc Lavoie, intentaron definir el pensamiento de Keynes de forma diferente a la escuela neoclásica e introducir el "keynesianismo de posguerra". Entre sus componentes más importantes figuran la prioridad de la demanda de inversión sobre el ahorro para lograr el crecimiento y la responsabilidad del Estado de asumir el lugar del sector privado en caso de que este decida no invertir. Esto tiene lugar cuando los miembros del sector privado se convierten en rentistas financieros, momento en el que Keynes sostiene que el Estado debe "nacionalizar la inversión" y convertirse en el "principal inversor" de la economía. Todas estas corrientes ofrecen una respuesta al problema del desarrollo. El institucionalismo comparativo pone de relieve la necesidad del papel del Estado en todo este proceso y establece las condiciones. El postkeynesianismo profundiza en las políticas estatales pertinentes y el nuevo estructuralismo identifica los obstáculos derivados de la naturaleza del sistema internacional que impiden al Estado asumir este papel.

Transformaciones del Estado árabe

Dagher postula que el problema clave del Estado árabe se hace patente a través de su administración pública, que no cumple las condiciones weberianas para el auge del capitalismo en Occidente. Una administración así se basaría en el mérito, daría seguridad laboral a los trabajadores, les protegería de los grupos de presión mediante garantías y les permitiría convertirse en expertos en sus respectivos campos estimulando así el desarrollo. Las instituciones internacionales han propuesto una solución desastrosa para las infladas burocracias del Tercer Mundo que parte de la base de que hay que despedir a los trabajadores y "racionalizar" la fuerza laboral para crear un "Estado mínimo". Ha sido imposible aplicar todo esto, por lo que estos trabajadores han tenido que afrontar en cambio recortes salariales y han dejado de poner mantenerse a sí mismos. Y lo que es más peligroso, esta evaluación de la reforma administrativa por parte de las instituciones internacionales parte del supuesto de que estos trabajadores podrán encontrar un empleo en el sector privado una vez que sean despedidos. El autor sostiene que esto es incorrecto, y que la muerte de la reforma administrativa (tal y como la ven estas instituciones) vendría de confiar en la economía de mercado y en la capacidad del sector privado para absorber esta mano de obra, eximiendo de toda responsabilidad al Estado.

Los últimos años han demostrado que ningún Estado árabe está dispuesto a cuestionar el proceso de integración en el sistema internacional. Más bien al contrario, estos Estados muestran un compromiso cada vez mayor con las agendas y directrices internacionales, como aceptar la "flotación" de las monedas nacionales como condición del FMI para obtener préstamos. Como esto implica una espectacular caída de los tipos de cambio, el precio de las importaciones aumenta, los salarios pierden poder adquisitivo y millones de personas caen por debajo del umbral de la pobreza. Esto ha coincidido con una mayor intervención internacional en el establecimiento de las élites árabes gobernantes y con el afianzamiento del autoritarismo y el clientelismo.

En cuanto a la industrialización, Dagher menciona que los estudiosos asociados a las instituciones internacionales admiten que los Estados que lograron una verdadera transición industrial en el siglo XX (como Corea del Sur, Taiwán y Japón) no quisieron depender de la inversión extranjera directa y, en su lugar, empezaron a comprar aparatos electrónicos para luego aprender a desmontarlos y volverlos a montar. De hecho, las experiencias con la dependencia de la inversión extranjera han demostrado que sus ventajas son escasas ya que conducen al empleo de un segmento reducido de la mano de obra y no contribuyen a la construcción de una base tecnológica nacional. Sin embargo, los expertos de estas instituciones siguen sugiriendo que la transferencia de tecnología a través de empresas extranjeras es el único enfoque para los países en desarrollo. Por el contrario, el autor sostiene que el modelo que los Estados árabes deberían seguir es el de Corea del Sur, Taiwán, Japón e Irán, en lo que se refiere a la adquisición de productos electrónicos a nivel internacional y aprender a desmontarlos como puerta de entrada a la construcción de una verdadera base tecnológica local y a la consecución de un desarrollo autónomo.

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